martes, 19 de agosto de 2014

PAQUITO D´RIVERA Y EL CONCIERTO PARA SAXOFÓN DE BUSTAMANTE

Muy probablemente, partir de este nuevo relumbre que ha tenido la obra, al ser interpretada por uno de los músicos más conocidos en todo el mundo, otros saxofonistas se interesen por disfrutar esa experiencia.

Crónicas domincanas
La historia de la música académica está llena de obras que en su estreno no tuvieron suerte ni con el público ni con la crítica, pero luego se convirtieron en parte incuestionable del repertorio de todas las orquestas del mundo, así como también han habido muchas que siendo recibidas con grandes reverencias, pasaron, en un abrir y cerrar de ojos, al olvido; por eso, cuando una obra de arte nos mueve el tapete, nos saca del curso tradicional, o nos llena de dudas, lo mejor es esperar a que el tiempo diga la última palabra.

El párrafo anterior no es más que un pie forzado para reflexionar acerca del Concierto para saxofón y orquesta de Bienvenido Bustamante, el cual siempre me ha parecido que tiene demasiada carga de música popular para ser un concierto académico y demasiados elementos académicos para ser música bailable.

Eso es por una parte, pero por la otra, no tengo dudas, desde la primera vez que lo escuché, que es una de esas obras que no admite indiferencias, cuando ella suena, suena, y es casi imposible voltear para otro lado, sobre todo si uno ha nacido por el Mar de las Antillas. Es una obra que se nos acomoda en el oído de principio a fin.

Las últimas experiencias ante esta pieza las tuve el pasado 13 y 15 de agosto, cuando el saxofonista Paquito D´Rivera la interpretó, primero en el Teatro Nacional Eduardo Brito y después en la Fortaleza Ozama en una fiesta popular.

El señor D´Rivera reúne lo mejor de lo culto y de lo popular, su formación académica es estricta y su gran solvencia intelectual le permiten descubrir las esencias de los estilos musicales, tiene una inagotable capacidad para improvisar y una depurada técnica que le posibilitan pasar por el instrumento todos aquellos complicados temas repentistas que su mente crea. 

Así, un artista con estas cualidades, ante una obra como la de Bustamante constituyó, a mi entender, un suceso importante para la obra, le dio una perspectiva diferente, trató de equilibrar las fuerzas de ambos estilos. Por una parte el señor D´Rivera fue estricto en la dicción, preciso en las digitaciones, incluso en los pasajes que exigen velocidades supersónicas -en los que la tradición popular convoca a tocar a grosso modo-, y la presencia de un sonido culto a través de toda la obra -incluso donde la tradición popular convocaría a romperlo-.

El hecho cierto es que la obra de Bustamante, se ha ido internacionalizando y eso le hace bien. Ha sido estrenada en Cuba y Chile por Miguel Villafruela, ha sido interpretada en la República Dominicana por algunos de los más importantes solistas de ese instrumento; entre ellos, Choco de León, quien la estrenó; Luis Ruiz, quien hizo una versión para flauta, Remy Vargas y Sandy Gabriel, y muy probablemente, a partir de este nuevo relumbre que ha tenido la obra, al ser interpretada por uno de los músicos más conocidos en todo el mundo, otros saxofonistas se interesen por disfrutar esa experiencia, la cual, dicho sea de paso, es todo un reto, porque la obra es demandante, y así, como quien no quiere la cosa, está llena de pasajes de ardua solución.

Además, la obra para saxofón y orquesta de Bustamante contiene esa exigencia extra a la que me he referido, entiendo que para abordarla con suerte es necesario equilibrar los lenguajes diferentes que se tejen en ella de manera feroz, de tal modo, que si el solista no se pone a tiro, le puede salir un baile en lugar de un concierto. 

PE.: No estaría de más que alguien comisionara la escritura académica de la güira y la tambora que lleva la obra de Bustamante, porque como es sabido, esos instrumentos folclóricos rara vez se escriben por el compositor, debido a que se tiene por descontado que en el patio siempre aparecerá quien toque de oído esos instrumentos. Pero sucede que cuando la obra sale del patio y llega a los atriles de otros países, en los que esos instrumentos no son conocidos, pues se arma la de San Quintín.

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