Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de diciembre de 2025

DOS VIEJOS PÁNICOS CON EL NUDO AL CUELLO.

Santo Domingo. 30.11.2025. Teatro Nacional Eduardo Brito. Sala Ravelo. Dos viejos Pánicos, Virgilio Piñera; Producción General, Dunia De Windt - DW Producciones; Asistente de Producción y Dirección, Éricka Martínez; Dirección, Raúl Martín; Orestes Amador, Tabo; Elvira Taveras, Tuta (sic); Escenografía, Fidel López – Skene; Diseño de Vestuario, Raúl Martín; Luces, Raúl Martín; Arreglos Musicales, Edel Almeida Mompié; Maquillaje – Peluquería, Warden Brea; Diseño afiche – Programa de mano, Mayo Oviedo; Fotografías, Mika Pasco.

«Porque te has pasado los años con los brazos en alto frente al cañón de una pistola».

@AGS

Hay obras, como todas las de Virgilio Piñera, que necesitan una preparación para enfrentarlas y sacarles el máximo provecho, para poder disfrutarlas en sus más diversas lecturas. Por eso, hice mis apuntes previos y pude llegar a la sala dispuesto a llevarme todo cuanto pudiera. Y así me resultó, llené mis alforjas con lo que en mi opinión son aportes a la obra original; entre estos, edad y nombre de los personajes, escenografía, tramoya y música. Por otra parte, lo meramente interpretativo: dirección de actores, expresión corporal, coreografías, movimiento escénico, voces, dicción y actuación. Y, como de comentar se trata, así lo haré.

El armonioso conjunto visual y la fuerza de cada uno de los signos que impactan al público hacen que la puesta en escena nos amarre la soga al cuello. Una sensación que a lo largo de una hora y tantos minutos se va apretando hasta la catarsis, hasta sentir que un nudo en la garganta nos provoca la risa y/o el llanto.

La obra, que no es para nada una comedia -sino un juego escénico desde el absurdo cotidiano- provocó risas en la mayor parte del público durante un buen trecho. Y es justo porque el arte, cuando consigue hacerse valer, es polisémico, tiene muchas capas de lecturas y por supuesto, la más superficial que nos entrega Virgilio Piñera en Dos viejos pánicos, es el ridículo que hacen dos viejos peleándose en la escena. Elvira Taveras (Tuta) (sic) y Orestes Amador (Tabo), no fueron culpables de esas hilaridades, sus señales eran algo más que eso.

No puedo decir que es una adaptación, y muchísimo menos una versión libre del original, pero sí una interpretación bien informada de la obra de Piñera. Según lo que recuerdo haber visto en La Habana y de lo que brota del texto original, la parquedad de la escena es fundamental en la estética piñeriana; sin embargo, esta puesta en escena trajo aportes, algo bien difícil de hacer con lo que ya es un clásico del teatro americano.

La edad y nombre de los personajes cambia, ellos tienen 60 años en el original, pero lógicamente hoy en día una persona de esa edad aún no se considera un anciano. En el original, ella es Tota, pero ese nombre, en el imaginario dominicano tiene otras connotaciones que perturbarían la idea piñeriana del personaje. La escenografía, que en el original es minimalista, aquí se convierte en la magnificación de un signo. El total empapelado de las paredes y el piso con fotos de recortes de periódicos y revistas, amplifica la acción de Tabo, quien como venganza -por envidia, miedo y resentimiento-, se ha impuesto la misión de recortar y quemar las imágenes de niños y jóvenes. La escenografía se convierte en un signo abrumador de los sentimientos de Tabo, por supuesto que en este caso la tecnología jugó un papel primordial, porque si en 1968 lo más factible era colgar algunas «fotos de caras masculinas y femeninas en las paredes», hoy es viable empapelar toda la escena con fotos de recortes de periódicos y revistas.

@AGS

Según Piñera, la escenografía incluía solo «dos camas de una plaza», las que fueron sustituidas por dos artefactos idénticos ideados por el director y construidos por el escenógrafo, unos muebles que adquieren múltiples significados a través de la obra, formando parte tanto de la escenografía como de la tramoya: Sarcófago, cama, panteón y tribuna, dos enseres que son movidos por ambos actores mediante coreografías ágiles y muy bien logradas.

Aquí también me parece que la tecnología puso su mano, porque para construir un mueble de tales dimensiones, flexible y resistente, con el peso adecuado para que cada actor lo pudiera manipular sin grandes esfuerzos, debió existir un material apropiado que quizás en 1968 no era factible obtener o imaginar.

La música, que tanto abunda en la escena cubana, Piñera decidió omitirla, no aparece ni siquiera la palabra en boca de los personajes; sin embargo, al entrar a la sala nos recibe una selección de grabaciones del dúo Hermanas Martí y de manera incidental, arreglos de otras obras acompañan algunas escenas.

La dirección de actores, hasta donde pude comprender, propició que cada actor sacara lo mejor de sí en cada línea y estuviera para el otro en todo momento, que la expresión corporal fuera armónica, la de dos ancianos a veces torpes, ni uno más ni otro menos; la fluida coordinación de las complejas coreografías, sobre todo las que incluían los dos raros muebles antes mencionados, lo que convierte la coreografía en todo un movimiento escénico; las muestras de rechazo, pero sobre todo las de afecto contenido, sugerido y otras veces -como hacia el final de la obra-, explícitos y entrañables.

Las voces y la dicción de Elvira (Tuta) y Orestes (Tabo) no dejaron nada que desear, cada palabra, cada sílaba se pudo escuchar claramente, marcando cada una de ellas, con sus significados, el sentido preciso del discurso dramático, del desarrollo de la historia, del espíritu que Piñera plasmó en esos textos. Todo lo cual fue construyendo el estado más propicio para el momento que, en mi opinión, se da el do de pecho en la obra, el momento en el que Tabo enfrenta al público con los brazos en cruz y dice:

Tener que despertar y tener que vivir con este miedo y tener que jugar para no tenerlo y cuando no entiendes nada de lo que te pasa y cuando juegas lo mismo tienes miedo y no entiendes nada de lo que pasa y solo sabes que el miedo está aquí (Se toca la cabeza) o aquí (Se toca el pecho) o aquí (Se toca el estómago) Y él apretando, apretando y tú crees que lo has matado por ti, por mí, pero matas nada y piensas que si lograras matarlo sería una reparación, una reparación que la vida te da, porque te has pasado los años con las manos en alto frente al cañón de una pistola.

Entonces se vio sacar los pañuelos y una que otra respiración profunda en el patio de butacas, había sucedido lo que siempre he sentido como el clímax de la obra, sobre todo ese remate con la última frase: «porque te has pasado los años con las manos en alto frente al cañón de una pistola». Este fue el más fuerte apretón de la soga, el más vívido contacto de la imagen con la imaginación del público. Orestes Amador consiguió aquí una actuación que le movió el piso a todos los presentes, ambos artistas habían preparado los espíritus para este momento y ocurrió la catarsis.

A partir de esta escena Piñera va cerrando la historia, va desatando los nudos que tejió y comienza el final, el último tema: La planilla. Y aquí debo repetir lo que ya escribí en los apuntes, aquí tampoco hay nada metafórico para Virgilio Piñera, incluso, por esos mismos años, en la novela Las Iniciales de la Tierra, Jesús Díaz, basó su historia en el enfrentamiento del protagonista con lo que llegó a conocerse en Cuba como el «cuentametuvida», una planilla en la que los individuos debían escribir todas sus intimidades, a riesgo de ser estigmatizados, perseguidos y encarcelados por declarar ideas que pudieran considerarse contrarias a la ideología hegemónica.

Virgilio Piñera (1912-1979)
@Fuente externa

Seguidamente juegan a la «transfiguración», justo lo necesario para evadir las consecuencias de decir la verdad en la «planilla», justo lo imprescindible para sobrevivir un día más en semejante régimen carcelario. La transfiguración, la mentira o la doble moral es la solución para poder dormir una noche más, para poder vivir una noche más.

Para el público que asistió la tarde del domingo 30 de noviembre a la sala Ravelo a ver la puesta en escena de Dos viejos pánicos, las metáforas, las imágenes, los símiles y todos los recursos literarios y dramáticos con los que juega Piñera en la obra, fueron signos que cada cual significó de acuerdo a su imaginación y sus realidades; sin embargo, como ya escribí la semana pasada, «cuando se adelanta hacia el proscenio la prosaica existencia de quien cargaba en su mochila todos los delitos condenados por la nueva tiranía, la metáfora se esfuma, se pierde entre el difumino de la poesía, la palabra, y la realidad. Cuando el absurdo adquiere la categoría de lógico, la metáfora se ensuelve y la realidad juega a ser metáfora».

Qué bueno que este excelente equipo decidió abordar con tan buen tino esta obra, una pieza que, siendo un clásico de las letras hispanoamericanas, aún es poco conocida. Bravo por hacerlo y hacerlo bien, por contribuir a perpetuar la obra de uno de los más importantes escritores de este lado del mundo, y ojalá que se repita, que puedan llevarla por otros países y presentarla en los más importantes festivales de teatro del mundo. Ojalá se abran nuevos mercados para tan buen producto. Ojalá. 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

VIRGILIO PIÑERA Y EL JUEGO ABSURDO CON EL MIEDO.

A propósito de la puesta en escena de Dos viejos pánicos en Santo Domingo.

Está tan descarnada la realidad, tan obvia, que Virgilio, muerto de miedo cuando era cuestionado, intentaba arroparla con metáforas como quien apaga un cuerpo en llamas.

Del 21 al 30 de noviembre en el Teatro Nacional Eduardo Brito de Santo Domingo, Elvira Taveras y Orestes Amador estarán presentando la obra Dos Viejos Pánicos, de Virgilio Piñera, una obra que fue Premio de Teatro Casa de las Américas en 1968. Como tengo la intención de ir a alguna de esas funciones, estuve repasando el texto, el contexto, y mis recuerdos de aquellos años, cuando ya en Cuba todo era un secreto de estado y algunos acontecimientos se susurraban de boca a oído. De ese ejercicio previo a la experiencia de volver a enfrentar la obra en la escena, hice estas anotaciones que cuelgo en mi blog por si hay alguien a quien pueda interesar.

Cuando se alcanza a ver la realidad que enfrentó Virgilio Piñera (1912-1979) mientras escribía Dos Viejos Pánicos (1967), cuando se desgarra el velo de la magia, y se muestran las flores del mal de «esa crápula invulnerable»[1], cuando se adelanta hacia el proscenio la prosaica existencia de quien cargaba en su mochila todos los delitos condenados por la nueva tiranía, la metáfora se esfuma, se pierde entre el difumino de la poesía, la palabra, y la realidad. Cuando el absurdo adquiere la categoría de lógico, la metáfora se ensuelve y la realidad juega a ser metáfora.

Virgilio Piñera y Fidel Castro @Fuente Externa

Piñera vio sentarse a su lado al nuevo tirano y le escuchó, con sus propios oídos, barajar palabras como naipes y mostrar, con su lógica irracional, que el camino al paredón era el único posible para quienes le adversaran; entonces Virgilio, en su desatino, con la fuerza de los débiles, solamente dijo: «Yo lo que quiero decir es que yo no sé por qué, pero yo tengo mucho miedo»[2].

«Hemos fusilado y seguiremos fusilando», había dicho el argentino Guevara en las Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964, cuando ya en la fortaleza bajo su mando se había visto la muerte y el miedo, el miedo y la muerte en cientos de rostros que cargaban en sus mochilas los mismos delitos que Virgilio Piñera.

La metáfora se desgarra al saber que en 1961 el tirano advirtió a los que estaban en su contra que, para seguir respirando de ahí en lo adelante, deberían lucir con orgullo una marca estampada con hierro candente sobre sus almas que rezaría: «Con la tiranía todo, contra la tiranía ningún derecho»[3]. Con otras palabras, pero fue lo que dijo.

Virgilio Piñera temía porque vio cómo se infunde el terror; sin embargo, un desenfreno brutal le provocaba el deseo de venganza, el deseo de burlar el miedo, de no olvidar que «había pasado años con las manos en alto frente al cañón de una pistola», y jugaba entonces a no tener miedo, y entonces escribía, ensartaba palabras como centellas en lo obscuro, y se negaba a hacer de su arte un arma de la dictadura. Se negaba a entrar por el aro y se entregaba a jugar a perder el miedo ante el paredón donde era acribillado con palabras como estas:  

Si uno se pregunta de dónde sale tanto miedo y trata de explicarse esta obra, teniendo en cuenta el medio social revolucionario en que se produce, no va a encontrar respuesta posible. Nada más lejos de la Revolución que esa atmósfera, sin salida posible, en que Virgilio Piñera ha volcado sus pánicos. La nueva sociedad no ha influido en la obra, no ha sido por lo menos, entendido, por un autor, que se aferró a viejas frustraciones que carecen de razón. Ni siquiera una ráfaga del mundo nuevo entra en el viejo mundo de Piñera. Su frustración se amarró de tal manera a sí misma que la obra resulta extemporánea, totalmente ajena a nosotros, extraña a esa manera de hacer cubanos que Piñera ha defendido alguna vez como característica de su teatro[4].

La osadía le valió el Premio de Teatro Casa de las Américas, y la condena al ostracismo y a no ver nunca el estreno de su obra, la que fue censurada mientras los inquisidores esperaban que perdiera el poder de generar catarsis y a que el autor muriera de miedo. Y tanto tardaron en morir él y la catarsis que no fue hasta 1990 que subió a escena por primera vez en Cuba la obra galardonada.

Está tan descarnada la realidad, tan obvia, que Virgilio, muerto de miedo cuando era cuestionado, intentaba arroparla con metáforas como quien apaga un cuerpo en llamas, Piñera pretende explicar su obra -aunque sabe que el arte no se explica con palabras- y echa mano a la estética del teatro del absurdo, a teorías y dramaturgias, intenta salvarse y salvarla porque ya han sido condenados por la «crápula invulnerable». Virgilio y su obra han sido borrados, han sido condenados a morir en vida.

Según nos dice Alba Saura Clares:

En Dos viejos pánicos conoceremos la historia de Tota y Tabo, dos ancianos, de unos sesenta años, que se sienten ante las puertas de la muerte. Desde su habitación, solos y desplazados del mundo, dialogan y pasan el tiempo en espera del momento en que la muerte llegue, pero aterrorizados por este hecho. En su lucha por la supervivencia, estos viejos piñerianos juegan a recrear el momento de la muerte, a representarlo, para pasar el tiempo y liberarse de sus terrores, así como planean, de forma recurrente, acabar con el miedo, matarlo; pero el miedo es más fuerte y más grande que ellos, más poderoso y agresivo, y nunca podrán vencerle[5].

Esa es la punta del témpano de hielo en el océano, ese es el visón en llamas con el que pretende Virgilio Piñera apagar el cuerpo que flamea, ese cuerpo, que es el suyo, el que fue a dar con sus huesos al calabozo real acusado de pederastia, que fue acosado por la muerte en vida, el cuerpo en llamas desde el que una voz en desatino atinó solamente a decir que tenía miedo.

Abilio Estévez, rememorando el fin de año de 1978 que habían celebrado juntos, nos dice que:

Hacía poco más de un año que la seguridad del Estado nos había prohibido que nos viéramos. Por su amistad conmigo, a Piñera se le había tachado de «desviar ideológicamente a la juventud, de corromperla». Asimismo, se nos había impedido regresar a Villa Manuela (Piñera la había rebautizado como «la Ciudad Celeste»), la casa del pintor Yoni Ibáñez[6].

Y todos estos miedos aún perduran entre millones de cubanos. A esta hora, en este minuto, el pánico que sintió Virgilio aún tiene quienes lo infundan y quienes lo sufran. Así nos lo dice Dagoberto Valdés en el siguiente párrafo de un artículo publicado hace apenas unas horas:

El miedo campea en Cuba. Miedo a las enfermedades y a la muerte. Miedo al hambre y a la miseria. Miedo a los ciclones y al desamparo. Miedo a la violencia. Miedo a la represión y a la cárcel. Miedo a la mentira y a la difamación. Miedo al régimen y a la corrupción. Miedo a la incertidumbre del presente y al qué pasará en el futuro[7].

Piñera no pretendía que el público cerrara los ojos ante una escena, sino que los abriera ante la realidad aterradora de que en Cuba campeara el miedo como lo hace hoy. Y con todos estos apuntes iré al TN Eduardo Brito a ver la puesta en escena de Dos viejos pánicos, de Virgilio Piñera. 26/XI/2025. Residencial Millenium V-IX, Santo Domingo, RD.

Artículos recomendados: 

Historia del miedo virgiliano, por Manuel Sosa 

Virgilio Piñera, al señor Fidel Castro


[1] Cfr.: El vino del asesino, poema CVI del poemario «Las Flores del Mal», de Charles Baudelaire, p 158 [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en: https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/Baudelaire,%20Charles%20-%20las%20flores%20del%20mal.pdf  

[2] Cfr.: Virgilio en la Ciudad Celeste. Documental de Eliezer Pérez Angueira. minuto 9:23. [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=k8l8PYaOpN8

[4] Ávila, Leopoldo. 1968. «Dos viejos pánicos». En revista Verde Olivo, n. 47, La Habana, 28 de octubre, p 19 [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en: https://rialta.org/leopoldo-avila-dos-viejos-panicos/

[5] Saura Clares, Alba. «El teatro de la crueldad y el metateatro en la obra de virgilio piñera: dos viejos pánicos frente a las criadas de jean genet». En Cuadernos del Hipogrifo. Revista de Literatura Hispanoamericana y Comparada ISSN 2282-4030 (Roma) 205-206 [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en:  https://www.revistaelhipogrifo.com/wp-content/uploads/2013/04/202-2154.pdf

[6] Estévez, Abilio. 2012. «Virgilio Piñera. Centenario de un maldito». En Cuadernos Hispanoamericanos, 741, marzo pp 49, 56 [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=virgilio+pi%C3%B1era.+centenario+de+un+maldito  

[7] Valdés, Dagoberto. 2025. «El que controla el ego, controla el miedo». En Convivencia. Centro de Estudios. [En línea] [Fecha de consulta 28/11/2025] Disponible en:  https://centroconvivencia.org/23978-2/

domingo, 14 de septiembre de 2025

LA IN-CONVENIENTE SOLEDAD

Y la soledad, como hilo conductor, como expresión de la existencia humana, como avatar a vencer por cada uno de los personajes, es resuelto en el mejor sentido.

@Ags

Aquilatar esos estados de aislamiento en los que transcurre la vida, ha sido un tema recurrente en la obra de artistas y filósofos; entre muchas otras, Eleonor Rigby, de Los Beatles, La Luna, de Jorge Luis Borges; Cien años de soledad, de García Márquez; la Ofelia, de Millais; Un niño, de Juan Bosch; y la obra de teatro El inconveniente, basada en el texto de 100 mts2, de Juan Carlos Rubio, estrenada en 2009 en el Teatro 8, de Miami.

El pasado sábado 13 tuve la oportunidad de verla en la sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito, de Santo Domingo y fueron dos horas muy agradables. Sus personajes Luis-Orestes Amador, «el inconveniente»-Lola-Xiomara Rodríguez, y la «buscavidas»-Beba Rojas se encargaron de la magia, y lograron hacerlo sin que el público notara que aquello no era exactamente la vida real, sino su recreación, la magia fue conseguida porque la risa y el nudo en la garganta, se hicieron públicos y notorios en las carcajadas y en los largos silencios. 

@Ags

Y la soledad, como hilo conductor, como expresión de la existencia humana, como avatar a vencer por cada uno de los personajes, es resuelto en el mejor sentido: derribando el muro que por torpezas o temores se ha construido para desacreditar la soledad, ese estado salvaje que si sabemos domar se convierte en fuente de riquezas. La transformación de los cien metros cuadrados, al igual que el portazo de Nora en Casa de Muñecas, de Ibsen, abre un nuevo camino y da a la obra un final optimista, como optimista ha de ser la soledad cuando se vive como fuente de creación hacia afuera y hacia adentro, cuando no se siente como luna colmada de antiguos llantos, ni como si fuéramos enterrados junto a nuestro nombre, ni como si la aceptáramos como el fatal destino, ni como si fuera el silencio atolondrado de una soledad espantosa, sino como, al igual que a Borges, no nos duele porque bastante esfuerzo hemos hecho al tolerarnos a nosotros mismos y a nuestras manías. Derribar el muro no es derribar la soledad, sino convertirla en fuente de lo que está después.

Lamentablemente no hubo programas de mano que dieran los créditos de todos y cada uno de los que empujaron el muro para hacer esa magia que, desde el escenario, tocó los sentidos del público, nos colocó delante de nosotros mismos y nos recordó que la soledad es un estado natural del ser humano, y que, a pesar de nuestra afición por ser gregarios, nacemos y morimos solos, y de eso no hay por qué hacer un bulto. Gracias a todos los que hicieron posible la magia de anoche. Santo Domingo, 14 sep. 2025

domingo, 24 de agosto de 2025

IONESCO, PETER WEISS, VIRGILIO PIÑERA, HAFFE SERULLE. TEATRO DEL ABSURDO.

Evocaciones en la mente de un espectador

SD. 23 ago. 2025. Sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito. Cuerpos de Barro, obra original de Haffe Serulle. Producción General, Raíces Escénicas & Haffe Serulle. Regiduría, Michelle Cruz López. Iluminación, Javier Suero. Vestuario, Juan Tavárez. Maquillaje, Taína Peña. Relaciones Públicas, Rosa Arredondo. Contenido y Redes, Saúl Rodríguez, Evan Daviddi, Yen Guerrero y Escarlet Alburquerque. Diseño Gráfico, Saúl Rodríguez, Yen Guerrero y Érika Martínez. Fotografías, Mika Pasco y Francheska Peralta. Spot de Redes, Doce Films. 
 
La obra transcurre con un ondulante ritmo en el que las tensiones y distensiones dejan respirar a los sentidos, me sentí cómodo en los descansos, en las distensiones que dan paso a nuevas tensiones, y así hasta el final.

@AGS
La obra comenzó a eso de las ocho y treinta de la noche con un 
prólogo  a manera de performance, a las puertas de la sala, donde se había acumulado el público acostumbrado a acomodarse en sus asientos antes de esa hora. Esa sorpresa fuera de la sala no me gustó, pero eso no es importante, al parecer el resto del público, que fue numeroso para una función de su tipo en esta ciudad, recibió con agrado ese contacto directo con los tres actores: Stuart Ortiz (el viejo esposo), Lissette Jiménez (la joven esposa adúltera) y Saúl Rodríguez (el amante violinista).

La sigilosa salida del esposo viejo de detrás de la puerta de la sala, su vestuario con reminiscencias que divagaban entre lo castrense, lo circense (du soleil), lo mágico maravilloso (el general en su laberinto) y la desgarrada voz con recuerdos de Darth Vader (Star Wars), fue seguida de los otros dos personajes; ella, con un provocativo vestido punzó que dilató las pupilas de más de uno en el público; él, con el atuendo más sencillo, pero con hechuras semejantes al lucido por el viejo.

En realidad no le presté mucha atención a la improvisación, aunque repito, eso no es importante porque los tres interactuaron a sus anchas con los presentes, hasta que finalmente todos comenzaron a entrar en la sala y yo pude concluir mi ritual de dejarme caer en la trampa.

La primera imagen que brotaba del escenario me dio los primeros signos para enhebrar mis evocaciones. Largas telas movidas a gusto por los personajes, telas muy efectivas y muy exploradas también en la danza, personajes absurdos como ya los he descrito, en una situación muy cotidiana, pero expresada desde el desorden, el caos de las ideas o desde la estética de un Weiss en La persecución y muerte de Jean Paul Marat, representada por los internos del asilo de Charenton, dirigida por el marqués de Sade. Muy convencido de esto quedé en la escena erótica en la que se aprecia claramente una erección en el violinista. O en la estética de Piñera en Dos viejos pánicos (*), donde una pareja de viejos esposos se enfrenta a sus recuerdos en un escenario sin más utensilios que dos catres separados desde donde se lanzan sus ráfagas inconexas de recuerdos doloridos y felices. O en la estética de Ionesco en la Cantante Calva, donde se encañona con un arma mordaz a la familia disfuncional.

@AGS
La obra transcurre con un ondulante ritmo en el que las tensiones y distensiones dejan respirar a los sentidos, me sentí cómodo en los descansos, en las distensiones que dan paso a nuevas tensiones, y así hasta el final.

Y no me gustó la performance, porque me quitó esa sensación de incertidumbre que provoca la entrada a la sala de teatro, ese momento en el que sabemos que estamos cayendo en una trampa de la que no saldremos los mismos, y luego las imágenes desde las tablas te van arrugando, removiendo o estirando la piel, pero como dije, eso no es importante, es solo un criterio. El arte, cuando es de verdad, provoca emociones muy disímiles, polisémicas, estiran y retuercen la piel y los sentidos y esta obra lo consigue.

Y claro, el arte no es perfecto, el artista siempre está creando, por lo que sí debo poner un periquito: la poética de los textos, originales del director y dramaturgo Haffe Serulle, no se compadecen con las imágenes, demasiado llano para mi gusto y falto de ritmo por momentos, las palabras no hilvanan bien, el texto no deja muchos recuerdos, no evoca muchas imágenes, lo que sí consiguen la escena, el vestuario, las desgarradas voces y la fluidez que alcanzan los actores al expresar esos textos. Y no se trata de que los diálogos sean inconexos, se trata de que a cada línea le vendrían muy bien algunas metáforas, imágenes, musicalidad al hilvanar una palabra con otra y hasta refranes conocidos.

Por otra parte, es una verdadera pena, que tanto esfuerzo y gasto material y espiritual no encuentre en esta ciudad el público suficiente como para reponer durante largas temporadas obras como esta, o intereses públicos y privados que la lleven a otros escenarios del país.

En conclusión, estremecido por esos Cuerpos fue grato evocar tanto teatro, fue bueno salir de la sala siendo otro. 


Disponible en Hypermedia
y en Cuesta Libro

(*) Lamentablemente no he podido encontrar en vídeo la puesta en escena de Dos viejos pánicos, es probable que esto se deba al cerco que el régimen castrista ha tendido alrededor de la vida y obra de Virgilio, pero en su lugar recomiendo un programa de radio, en el que comentan con muy buen tino su obra. Dos viejos pánicos fue premio de Teatro Casa de las Américas 1968 y no se estrenó en Cuba hasta 1990, en la sala Covarrubias del Teatro Nacional, función a la que tuve la suerte de asistir.     


Otras páginas de interés:

La cantante calva, (Ionesco) pdf

Marat-Sade (Peter Weiss) pdf (inglés)

Marat-Sade (Peter Weiss) pdf (español)

Entrevista con Virgilio Piñera. pdf


martes, 28 de enero de 2025

LA TIERRA FÉRTIL PARA FUNDAR LIBERTADES SE NOS MUERE

Santo Domingo. RD. 26. 01. 2025. Una puesta en escena en la sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito. (*)

Un gran esfuerzo por denunciar la tiranía castrista que desde hace 66 años desguaza la cultura cubana, un uso excelente de documentos audiovisuales de gran valor, pocas veces exhibidos. Un gran esfuerzo por mostrar de manera descarnada las satrapías a que está sometida la isla vecina. Una potente denuncia. 

Un tremendo esfuerzo por llevar al público un tema que muchos no quieren tocar, pero fue una oportunidad artística perdida. El tema se quedó en el panfleto porque el texto carece de ritmo y poesía, y la monologuista, a pesar del enorme trabajo que debió realizar para dialogar durante una hora con voces en off, no logró amarrar al público. Su voz y su expresión corporal, sobre todo en los amagos de danza, no la acompañaron.
Escena para Mi amiga la de al lao

A pesar de todo, ambos, obra e intérprete, por mirar de frente lo que otros disimulan, merecen una prolongada ovación, mucho más atronadora que la escuchada la tarde del 26 de enero en la Sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito. Gracias por traer a la escena un tema que pocos artistas cubanos se atreven a incluir en sus obras. 

Gracias por el gesto solidario con la vecina de al lao, por poner el dedo en la llaga, por denunciar que se nos muere la que alguna vez fue patria para quienes escapaban de otros tiranos, la que alguna vez fue tierra fértil para fundar libertades en su vecindario. Gracias.

(*) No hubo programas de mano ni código QR para informar debidamente los créditos.


Disponible en Hypermedia
y en Cuesta Libro

UN PALACIO AL DESNUDO

Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*) Todo el edificio fue restaurado en 1929. En aquella ocasión se le retiró, no sin po...