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domingo, 31 de agosto de 2025

LAS PARTITURAS DE ALFONSECA ¿RAJANDO LA LEÑA ESTÁN?

La vindicación de Céspedes y Casado

La música es una ciencia como otra cualquiera, que requiere ante todo la alfabetización del individuo que emite un criterio musicológico, en este caso la alfabetización no se refiere a la posibilidad de leer, escribir e inteligir palabras, sino música. 

Cantigas de Santa María. Facsímil.
@Fuente Externa

Distinguido señor Diógenes Céspedes, ante todo mis felicitaciones por lo extenso de su artículo en cuatro entregas titulado «Fernando Casado y la vindicación dominicanista del merengue, el bolero, la criolla, el son y los palitos». (Areíto-Hoy 28 jun., 22 ago., 26 jul., 9 ago., 2025). Esta es una verdadera fuente de información, que los investigadores del tema recibirán con júbilo, porque entre otras muchas cosas, en uno de sus párrafos, nos recuerda una de las más importantes revelaciones que ha hecho el señor Casado, quien citando a Esteban Peña Morell, afirma que en Santo Domingo se conservan danzas-merengue pentagramizadas (sic) compuestas por el «coronel Juan Bautista Alfonseca en 1810 cuando tenía 18 años». Concluyendo así que «no fue a mitad del siglo XIX que Alfonseca escribió los primeros merengues. Fue en 1810 y siguió su producción entre esa fecha y el 26 de noviembre de 1854». (*)

La Borinqueña, Danza-Merengue de Salvador Llamozas, publicada
en 1880 en el Zancudo de Caracas, Vzla. 

Sería un invaluable aporte a la Historia de la Música Popular Dominicana y Caribeña, que esas partituras, al igual que las utilizadas en la investigación de los otros géneros mencionados, fueran publicadas, sobre todo, porque como usted sabe la música no se puede explicar con palabras sino con la música misma, y como la música es un arte temporal que desaparece de la faz de la tierra cuando deja de vibrar la última nota, la única prueba de su existencia -de Guido de Arezzo acá-, ha sido la música escrita -y después de 1898 también la música grabada-, por eso las culturas ágrafas son tan difíciles de estudiar.

Código QR: Los Agramonte, merengue de J.
Espínola, Orquesta Internacional. 
Victor. NY, 1928

La puesta a disposición de la inteligentsia global de esas partituras daría un verdadero impulso a las investigaciones de la música caribeña del siglo XIX, porque esto posibilitaría el rastreo a través de esas partituras de las formas y los contenidos, los que como usted sabe son como el ADN de la música. Los patrones rítmicos, las armonías, las formas musicales, las secuencias melódicas, las tonalidades y el temperamento, etc., tan caras al momento de establecer criterios acertados acerca del análisis musical de una obra y su historia, porque como usted sabe, la música es una ciencia como otra cualquiera, que requiere ante todo la alfabetización del individuo que emite un criterio musicológico, en este caso la alfabetización no se refiere a la posibilidad de leer, escribir e inteligir palabras, sino música. 

Código QR: En sabana grande, merengue
de J. A. Hernández. Grupo Quisqueya.
Columbia. NY, 1929.


Cierto es que en la música pueden encontrar objetos de estudio investigadores de muy disímiles áreas del conocimiento; entre ellos, antropólogos, sociólogos, físicos, ingenieros en acústica, etc., ah, y la especialidad que más me gusta desde hace algunas décadas: los neurocientíficos, quienes han descubierto algunos de los procesos asombrosos que se producen en el cerebro humano al escuchar e interpretar la música, y cómo ésta actúa con más efectividad en las personas con amplios conocimientos de apreciación musical y con hábitos de escucha críticos, con lo que se confirma científicamente los beneficios que provoca el disfrute inteligente de la música.

Le felicito una vez más a usted y al señor Casado por tan extenso análisis, y espero que más temprano que tarde estén al alcance de los investigadores esas partituras de Alfonseca publicadas entre 1810 y 1854, las que contribuirían a la mejor comprensión de los criterios emitidos en su artículo en cuatro entregas con tanta fluidez de palabras. Santo Domingo, 22 ago. 2025

martes, 20 de mayo de 2025

OPERACIÓN PICO: EL DÍA QUE FC ESTUVO DISPUESTO A BOMBARDEAR LA REPÚBLICA DOMINICANA

 Prohibido olvidar

Tomado de DiarioLibre

Para confundir a las tropas estadounidenses ubicadas en la base naval de Guantánamo, se ordenó 
un ejercicio a gran escala que haría parecer el movimiento de los MiG-21 como un proceso
de rutina (Captura de pantalla @ FARVISION - YouTube)

Como muestra de músculo ante el gobierno dominicano y presionar la liberación de los pescadores, Fidel ordenó a un escuadrón compuesto por 12 MiG-21, efectuar un vuelo rasante sobre la ciudad de Puerto Plata, al norte de República Dominicana, que simulara un ataque sobre esa ciudad.

La Habana. A principios de setiembre de 1977 unos buques pesqueros cubanos fueron detenidos por guardacostas de Santo Domingo (según otra versión, era el buque mercante «Capitán Leo» que venía de vuelta de Angola). Los dominicanos acusaban a las tripulaciones de violar las aguas territoriales de la República Dominicana y pretendían incluso procesar a los pescadores. Estos a su vez alegaban que faenaban en aguas internacionales cuando fueron obligados a cambiar de ruta por las naves dominicanas, e internados en Puerto Plata. En el incidente, dos F-51D Mustang de la FAD, los FAD 1912 y FAD 1916, sobrevolaban los barcos cubanos. El Gobierno dominicano de Joaquín Balaguer aparentemente sospechaba que los buques estaban en misiones de espionaje, mientras que el cubano pensaba a su vez que por la intransigencia dominicana a devolverlos y arreglar el asunto por la vía diplomática, se trataba de una provocación anticubana, algo que no estaba dispuesto a aceptar.

El día 8 de setiembre de 1977 se reúnen con Fidel Castro en el ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR), el jefe de la DAAFAR, general Francisco Cabrera, el Jefe de la Brigada de Cazas de San Antonio, teniente coronel Rubén Martínez Puente, el sustituto del Jefe de la DAAFAR, coronel Rafael del Pino, y otros jefes militares de alto rango. Cuando aparece Castro, éste explica la situación. El gobierno dominicano se mostraba reticente a arreglar el caso armoniosamente y era hasta arrogante. El gobierno cubano no toleraría afrentas al honor del país y de sus ciudadanos, por lo que sin renunciar a los esfuerzos diplomáticos, se decidió a demostrar irrefutablemente que las cosas no se quedarían así y que los pescadores no serían abandonados a su suerte.

Para presionar al gobierno dominicano a liberar inmediatamente el buque, un escuadrón completo de 12 MiG-21 bis, los más versátiles y potentes aviones de la FAR, debía efectuar un vuelo rasante sobre la ciudad de Puerto Plata, que aterrorizaría a los dominicanos y serviría de mensaje a su gobierno, para demostrar que los MiGs cubanos llegaban hasta allí y que estaban dispuestos a todo para liberar a sus compatriotas. Si entonces en un plazo de 24 horas los dominicanos no liberan el buque, el escuadrón de MiG-21bis bombardearía las unidades militares dominicanas en Santo Domingo, Puerto Plata y luego las de Santiago de los Caballeros. Castro les recuerda que esa hora «H» debía ser a las 10:00 de la mañana del día 10 de septiembre. Se pone en marcha la «Operación Pico».

Se prepara el ataque

Ya se había cursado la orden a las unidades de la Fuerza Aérea, que reforzaban la zona oriental de Cuba, colocando varios escuadrones de MiG-21 en Moa, Santiago de Cuba, Baracoa y Guantánamo, lo cual crearía en Oriente una correlación de fuerzas muy favorable, que disuadiría a los Estados Unidos a intervenir. Los MiG-21MF de la zona oriental despegarían para asegurar la cobertura aérea de la misión. Los Puntos de Conducción de tierra impartirían órdenes falsas para desinformar. Las tropas del Ejército Oriental estaban movilizadas en supuestas maniobras tácticas y un riguroso secreto y silencio oficial total cubría la operación, por lo que el escuadrón de MiG-21bis sería detectado sólo al volver de la misión. Los radares de reserva se habían colocado en puntos estratégicos orientales cerca de la Punta de Maisí, para controlar las posibles rutas de vuelo de la aviación dominicana en caso de que decidiera responder. Las unidades de rescate y salvamento estaban listas para salir por si algún piloto tuviera que eyectarse. 

Cada MiG-21bis llevaría en este primer vuelo un tanque adicional de combustible de 800 litros y cuatro misiles térmicos K-13 (AA-2). En caso de una segunda misión de ataque real, la División Oriental de la DAAFAR les situaría el armamento y los MiG-21 llevarían bombas FAB-250 y FAB-500, de 250 y 500 kg respectivamente, y los terribles racimos de cohetes S-24.

De nuevo, como era frecuente en las operaciones del mando cubano, la acción era otra iniciativa propia, ajena al gobierno soviético, a los que no se podía mezclar en el incidente. Si los dominicanos llevaban el caso a las Naciones Unidas se debían tomar medidas para que todo el armamento suspendido y los tanques no tuvieran letras rusas, y no fueran usados como prueba acusatoria contra la URSS. Los tanques auxiliares eran necesarios para el vuelo, pero de vuelta ya vacíos se convertían en un estorbo, pues empeoraban la relación consumo-recorrido, y debían ser lanzados al mar.

Como flotarían un buen rato podrían llegar a las costas dominicanas (como llegó a ocurrir en realidad), por lo que había que limpiarlos. El espacio aéreo de Haití tampoco debía ser violado. El asunto debía implicar sólo a Cuba y a República Dominicana.

Del Pino recibe la orden de escoger a los 12 pilotos más experimentados para la primera misión, y que deben ser preparados con el mejor escuadrón de MiG-21bis de San Antonio. Se dirige inmediatamente a la esa base mientras, el jefe de la Brigada de Cazas de allí, teniente coronel Rubén Martínez Puente, ganando tiempo, ordena a su sustituto, el mayor Henry Pérez Martínez, uno de los mejores pilotos cubanos: «Oye, necesito que selecciones doce pilotos, entre ellos tú, para cumplir una misión importante». Henry Pérez inmediatamente se dedica a escoger a los mejores pilotos de la base de San Antonio, y cuando va al despacho de Martínez a acordar los nombres, allí ya se encuentra Rafael del Pino. Ambos aprueban la lista de pilotos, reparten a los hombres por tres escuadrillas de 4 MiG-21 cada una, y le explican que el líder de la misión será Del Pino y que Henry Pérez no irá como jefe de escuadrilla, sino como número suyo, para tomar el mando del escuadrón en caso de que le ocurra algo a Del Pino. Todo esto significaba que el peso principal de los preparativos recaería sobre Henry Pérez, pues aunque Del Pino es audaz y arriesgado en el aire, «era terriblemente apático a todo lo que no fuera volar», por palabras de Pérez.

Los 12 pilotos serían: coronel Rafael del Pino, mayor Henry Pérez Martínez, teniente coronel Jorge Villardel, mayor Benigno Gonzáles Cortés, capitán Arnaldo Torres Biart, capitán Manuel Rojas García, capitán Rigoberto Morales, capitán Evelio Bravo, capitán Armando Castellanos, capitán Raúl Hernández Vidal, mayor Pedro Pérez y capitán Díaz. Eran todos excelentes pilotos de alta profesionalidad y algunos con experiencia de combate, como el mayor Benigno Cortés, quien había sido jefe del primer escuadrón de MiG-21MF llegado a Angola en 1976, y que acompañaba a Del Pino cuando éste con su MiG-21MF destruyó un Fokker F-27 enemigo en ese país, el 13 de marzo de 1976.

Al mediodía los pilotos escogidos fueron reunidos en el salón de briefings a esperar indicaciones especiales de un alto jefe que debía llegar de un momento a otro. Los pilotos se impacientaban cuando de repente, Rigoberto Morales, que espiaba por la ventana, les grita: «Caballeros, es Fidel, ¡es Fidel!».

La participación directa de FC en el plan para bombardear a RD (Tomado de Periódico cubano)

Fidel Castro decide no quedarse de brazos cruzados ante la afrenta de los dominicanos y el 8 de septiembre de 1977 realiza una reunión secreta en el ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR), con el jefe de la Defensa Antiaérea de las FAR (DAAFAR), general Francisco Cabrera, el Jefe de la Brigada de Cazas de San Antonio, teniente coronel Rubén Martínez Puente, el sustituto del Jefe de la DAAFAR, coronel Rafael del Pino, quien años más tarde, luego de ser ascendido a general, escaparía hacia los Estados Unidos a bordo de una avioneta junto a su familia.

Fidel explicó a sus subordinados que el gobierno cubano no toleraría afrentas al honor del país y de sus ciudadanos, por lo que, sin renunciar a los esfuerzos diplomáticos, decidió a demostrar irrefutablemente que las cosas no se quedarían así y que los pescadores no serían abandonados a su suerte.

¡Me las van a pagar! ¡Estos dominicanos me las van a pagar! − exclamaba Castro.

Como muestra de músculo ante el gobierno dominicano y presionar la liberación de los pescadores, Fidel ordenó a un escuadrón compuesto por 12 MiG-21, efectuar un vuelo rasante sobre la ciudad de Puerto Plata, al norte de República Dominicana, que simulara un ataque sobre esa ciudad.

De esta forma demostraba que los MiG-21 cubanos podían llegar hasta allí y que estaban «dispuestos a todo».

Si entonces en un plazo de 24 horas los dominicanos no liberan el buque, el escuadrón de MiG-21bis bombardearía las unidades militares dominicanas en Santo Domingo, Puerto Plata y luego las de Santiago de los Caballeros.

Castro les recuerda que esa hora “H” debía ser a las 10:00 de la mañana del día 10 de septiembre. Se pone en marcha la «Operación Pico».

Se prepara el ataque

Para preparar el ataque, los cazas cubanos partieron desde la base aérea de San Antonio, ubicada en el occidente cubano, hacia la unidad militar ubicada en Guantánamo desde donde partirían hacia la República Dominicana.

Para confundir a las tropas estadounidenses ubicadas en la base naval de Guantánamo se ordenó un ejercicio militar a gran escala que haría parecer el movimiento de los MiG-21 como un proceso de rutina.

Igualmente se colocaron varios escuadrones de estos cazas en Moa, Santiago de Cuba, Baracoa y Guantánamo, lo cual crearía en Oriente una correlación de fuerzas muy favorable, que disuadiría a los Estados Unidos a intervenir.

Los MiG-21MF de la zona oriental despegarían para asegurar la cobertura aérea de la misión. Los Puntos de Conducción de tierra impartirían órdenes falsas para desinformar.

Las tropas del Ejército Oriental estaban movilizadas en supuestas maniobras tácticas y un riguroso secreto y silencio oficial total cubría la operación, por lo que el escuadrón de MiG-21bis sería detectado solo al volver de la misión.

Además, radares de reserva se habían colocado en puntos estratégicos orientales cerca de la Punta de Maisí, para controlar las posibles rutas de vuelo de la aviación dominicana en caso de que decidiera responder.

Según las revelaciones hechas años después por el propio general Del Pino, cada MiG-21 llevaría en este primer vuelo un tanque adicional de combustible de 800 litros y cuatro misiles térmicos K-13 (AA-2).

En caso de una segunda misión de ataque real, la División Oriental de la DAAFAR les situaría el armamento y los MiG-21 llevarían bombas FAB-250 y FAB-500, de 250 y 500 kg, respectivamente, y los terribles racimos de cohetes S-24.

La «Operación Pico»

En la mañana del 9 de septiembre de 1977, el escuadrón de MiG-21 es reabastecido en Guantánamo, luego de partir de la base de San Antonio.

A las 8:30 horas toman rumbo hacia la República Dominicana, evadiendo el espacio aéreo de Haití. El vuelo de 580 kilómetros se desarrolló con normalidad, y a 20 km de Puerto Plata se separaron en parejas para «atacar» a sus objetivos y no estorbarse entre ellas.

La operación consistió en hacer varios pases de vuelos rasantes y conectar la postcombustión para romper la barrera del sonido, un estruendo mayúsculo sobre aquella urbe que rompió cristales y causó pánico entre sus habitantes.

Imitan movimientos de ataque pero sin emplear armamentos. Del Pino realiza un vuelo tan bajo, que su líder Henry Pérez pensó que se tragaría todas las antenas de la ciudad. Pasaron a corta distancia de un hotel, donde los turistas confundidos pensaron que se trataba de una maniobra de las tropas estadounidenses. La destreza de Del Pino era sumamente reconocida dentro de las tropas cubanas.

La misión concluye exitosamente y los MiG-21 bis regresan a Guantánamo luego de aterrorizar a la población local y enviar una clara advertencia al gobierno de Balaguer. Una vez en Guantánamo, del Pino es citado por Fidel para que se dirigiera a La Habana y relatara los detalles de la misión. Según cuenta el militar, una vez en el MINFAR, tuvo que esperar unos minutos, pues los jefes militares cubanos estaban leyendo copias de conversaciones entre los altos mandos militares quisqueyanos y su presidente.

Del Pino manifiesta sentirse sorprendido, pues nunca pensó que los servicios de inteligencia cubanos tuviesen la capacidad de monitorear las conversaciones de un jefe de Estado de otro país. Los dominicanos se comunican a través de un cable cifrado a las 13:00 horas de ese 9 de septiembre, manifestando que estaban dispuestos a arreglar el incidente por la vía diplomática, sin embargo, no liberan a ninguno de los pescadores.

Fidel Castro les da un ultimátum de 24 horas a los dominicanos para liberar a los pescadores cubanos, si no bombardearía, esta vez con armamento real, una de las ciudades de ese país. El objetivo escogido fue la capital, Santo Domingo, específicamente la base aérea de San Isidro.

A las 8:30 a.m. del día siguiente, 10 de septiembre, los MiG-21 bis de la Fuerza Aérea cubana se encontraban alistados con bombas rusas FAB-500 de 500 kilogramos para despegar hacia la República Dominicana y llevar el conflicto hasta las últimas consecuencias. Mientras Del Pino esperaba la confirmación para el despegue, en ese momento llega un cable cifrado de La Habana en el cual decía: «Barco devuelto. Regresar el circo a casa a las 14:00 horas. Firmado: Senén Casas Regueiros, Jefe del Estado Mayor General».

De esta forma, culminaba una de las crisis más tensas entre dos naciones caribeñas por aquellos años. Se impuso la razón y no se realizó un bombardeo que sin dudas iba a marcar la historia entre ambos países.

sábado, 22 de febrero de 2020

(SON Y SALSA) Y LA SALSA LE DIJO AL SON: «QUÍTATE TÚ PA´PONERME YO»

En el octogésimo quinto aniversario del natalicio de Johnny Pacheco (1 de 5)

Johnny Pacheco y Jerry Masucci le dieron vida a una disquera, Fania Records, que asumió el reto de suplir con salsa el mercado al que dejaron de llegar los productos de la música popular cubana.

Johnny Pacheco (Santiago de los Caballeros, República Dominicana 1935)

El próximo 25 de marzo, si mis fuentes no fallan, Juan Azarías Pacheco Kiniping cumplirá 85 años de edad, y para festejarlo haré lo único que está en mis manos hacer: publicar cada semana en mi blog algunos de los artículos que durante las dos primeras décadas del siglo XXI escribí tratando de darle una explicación teórica a lo que Johnny fue capaz de hacer en la práctica: torcerle el pescuezo al mercado de la música que utilizaba los productos de la música popular cubana y sustituir aquellos por los productos de la salsa.

Pero ¿qué es la salsa?, ¿es un género musical?, ¿cuáles fueron las causas que provocaron el desabastecimiento de los productos de la música cubana en el mercado internacional?, ¿la salsa es música cubana?, ¿el barrio de Nueva York desplazó a La Habana como termómetro del mercado de la música? Trataré de dar respuesta a estas preguntas, pero diré de entrada que Johnny Pacheco inventó la salsa.

El cortometraje Salsa propició que se
identificaran como salsa los productos
de la música cubana que comercializaba
la Fania 
Pues, sí, Johnny inventó la salsa. Sí, usted ha leído bien, Johnny, dominicano, nacido en Santiago de los Caballeros, inventó eso que millones bailan alrededor del mundo y que sin más ni más le llaman salsa. Pero eso, dicho así, pudiera provocar dos reacciones totalmente opuestas; una, a quienes les importa un bledo teorizar, y estos son casi siempre los bailadores y consumidores asiduos de salsa, quienes bailan no más escuchan una síncopa en clave cubana y a quienes a las diez de última ni les importa si lo que suena es una de las consagradas como Siembra, Mi gente, Diosa del ritmo, Quítate tú o cualquiera recién salida al mercado. Este grupo, al que le importa un bledo teorizar, y que le da lo mismo que Quítate tú sea un son montuno, Siembra un bolero son, Mi gente una rumba, o que Diosa del ritmo sea una guaracha es en realidad el público que disfruta bailar con eso que desde 1976, más o menos, le llaman salsa.

Otros reaccionarán con más «filosofía» y quizás presten atención a mis dichos y disientan absolutamente; pero, si usted llegó a leer hasta aquí, le invito a descubrir conmigo las respuestas a algunas de las preguntas que me ocuparon la sesera por largo tiempo y a festejar la obra de un músico extraordinario. Compartiré mis dudas, preguntas y respuestas y trataré de documentar las causas por las cuales, entre otras cosas, La Habana no sería más la jueza del mercado, nunca más se establecerían los gustos del público desde las pantallas de los televisores cubanos y que nunca más los salones de baile, como los de Prado y Neptuno o el Tropicana, darían las pautas a seguir en el negocio de la música, que las páginas de Bohemia o Vanidades no celebrarían los triunfos de las estrellas que titilaban en los escenarios cubanos y estas se convertirían en cánones a seguir. Trataré de argumentar por qué las ondas de Radio Progreso o la Mil diez nunca más llenarían el éter con las estrellas que brillaban en Cuba y las esparcirían por todo el Caribe, y trataré de documentar las causas por las que dejó de existir el sistema de estrellas que se impuso en los mercados desde Cuba durante la primera mitad del siglo XX y por qué se desmanteló el posicionamiento de los productos de la música cubana en el mercado.

Mi nuevo tumbao. Cañonazo. El Gran Pacheco, (LP 321)
fue el primer disco que publicó la Fania (1964)

Johnny Pacheco y Jerry Masucci le dieron vida a una disquera, Fania Records, que asumió el reto de suplir con salsa el mercado al que dejaron de llegar los productos de la música popular cubana hechos en Cuba y en las múltiples disqueras que a través del mundo estaban asociadas en la producción, divulgación y distribución de la música cubana. En los artículos que publicaré en este blog, trataré de responder y documentar cómo fue que el mercado de la música pudo vivir sin Cuba y sin los cubanos, que a la música cubana, como a cualquier otro producto, se le podía resignificar, recapitalizar e identificar con cualquier palabra que el público creara y/o aceptara, y que no era necesario darle al producto los nombres de rumba, charanga, pachanga, danzón, mambo o cha-cha-chá con los que se habían vendido durante la primera mitad del siglo XX toneladas de discos y se habían destruido en las pistas de bailes millones de pares de zapatos. Trataré de documentar como fue que la salsa le dijo al son: «Quítate tú pa´ponerme yo». Y feliz cumpleaños Maestro.


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