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sábado, 30 de marzo de 2019

LAS CARTAS DE MAREAR DE LÓPEZ OBRADOR

• Cuando AMLO acomoda la Historia a sus intereses ideológicos no hace una jugada errada, porque él no está jugando en el tablero para preservar y fortalecer la democracia, sino justamente para romper la democracia, para adquirir el mayor poder posible en el menor tiempo posible y entonces devastar el tablero e imponer sus reglas y las piezas con las que se va a jugar. 


El pasado lunes 25 de marzo López Obrador dio a conocer a través de un vídeo en su cuenta de Twitter que había enviado sendas «cartas» a su Majestad y al Papa. Estos dichos encendieron a la opinión pública en las dos orillas de la Mar Océana, y días después el diario Reforma publicó el documento al que hacía referencia -sin fecha, sin firma, sin membrete oficial y clasificado por el remitente como «manifiesto», no como «carta»-, donde se lee que «el Gobierno de México propone que […] el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados» durante la conquista y colonización.

Entre las respuestas más sonadas estuvieron las del Gobierno español, publicada en el diario El País, donde el ejecutivo «lamenta profundamente la carta» y da a conocer que el Gobierno español emitió un comunicado «en el que dejó patente su malestar por las invectivas de López Obrador». Por su parte, Arturo Pérez-Reverte, sin pelos en la lengua, escribió en su cuenta de Twitter que: «Si este individuo (López Obrador) se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza». Y Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura, afirmó que López Obrador envió la carta al destinatario equivocado, que esas exigencias debe hacérselas él mismo, que los males que aquejan a los indígenas de América hoy en día tienen sus causas mucho más recientemente y quienes están obligados a reparar esos males son los descendientes de aquellos conquistadores y le desea a López Obrador que al final de su mandato los indígenas mexicanos vivan con menos pobreza y marginación que como viven hoy.

Sin embargo, yo creo que Andrés Manuel López Obrador no se equivoca en su juego, él hace lo que dijo que iba a hacer. Acerca de su filiación anticapitalista no hay que suponer, el propio López Obrador se ha ocupado de explicar punto por punto su interés en desmontar el «neoliberalismo» y de los fundamentos ideológicas que utilizará para llevar a cabo ese desmonte, él ha sido muy claro en su adhesión al castrismo, por lo tanto no se equivoca López Obrador.

Cuando él acomoda la Historia a sus intereses ideológicos no hace una jugada errada, porque él no está jugando en el tablero para preservar y fortalecer la democracia, sino justamente para romper la democracia, para adquirir el mayor poder posible en el menor tiempo posible y entonces devastar el tablero e imponer sus reglas y las piezas con las que se va a jugar. A propósito de las piezas, ahí acaba de dar la noticia de la «renuncia» de tres consejeros de PEMEX, las que me atrevo a afirmar que no tuvieron sus causas en inconformidades salariales, ni por falta de pericia de los ejecutivos, sino que se produjeron por razones políticas, por falta de adhesión de los consejeros a los mandatos desaconsejables del caudillo.

López Obrador, con esta carta, está torpedeando el tablero de la democracia y no es por casualidad, es una jugada aprendida en los manuales que el castrismo repartió por todo el mundo y que ha sido utilizada y probada su efectividad más de una vez. Y claro, si usted ha pensado en este momento que esa manipulación de la Historia no es privativa del castrismo, sino de todos los regímenes que pretenden perpetuarse en el poder, pues tiene toda la razón, pero voy a referirme solamente al uso que hace el castrismo, porque es la ideología más cercana y manifiesta de Andrés, porque López no tratará de manipular la Historia como lo pudo hacer el PRI, sino como lo hace el Partido Comunista de Cuba con total solvencia.

Por ejemplo, el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 fue uno de los actos de violencia más sonados por la derrota militar de los asaltantes; sin embargo, por obra y gracia de la manipulación histórica, aquella derrota militar se convirtió en una victoria ideológica para el movimiento revolucionario latinoamericano y una hazaña de la cual José Martí había sido su autor intelectual.

De un plumazo, Fidel Castro -quien sobrevivió a una masacre terrible por llevar el apellido de uno de los terratenientes más conspicuos en la región oriental de Cuba-, consiguió a un Santo a quien adorar y hacer adorar, por supuesto con los desdibujos históricos convenientes. En 1968, cuando se conmemoraron en Cuba los 100 años del comienzo de las guerras de independencia, Castro se las ingenió para acomodar aquellas luchas independentistas y amalgamarlas con sus «luchas» pasadas y las que el porvenir le iba a deparar. Así probó, en la práctica, que la manipulación de la Historia era una de las claves para el éxito de cualquier escaramuza totalitaria. Tenía un santo a quien adorar, y él era su representante en la tierra, tenía una seña para dominar a quienes estuvieran con él y una para execrar a quienes estuvieran contra él.

Con la publicación de este tema López Obrador consiguió al menos tres  objetivos cruciales para su carrera hacia el poder absoluto y vitalicio: dividir y conocer a quienes están con él y a quienes están contra él; echar a un lado problemas acuciantes que no puede y no podrá resolver y que no quiere ni siquiera airear ante la opinión pública; y, arrinconar a la intelligentzia, ocupando su lugar al imponerse en el puesto de los que escriben la Historia, la que al final, según el dogma que reza entre los cofrades de su secta, lo absolverá, aunque en sus cartas de marear abunden los naufragios.     

viernes, 11 de enero de 2019

MÉXICO: EL FRUTO MADURO QUE NO ENTRARÁ A LOS EE. UU POR LA FRONTERA


Es posible que el problema más duro que tenga en la actualidad los Estados Unidos con México sea la consolidación de un gobierno anticapitalista al sur del Río Bravo, alineado con el socialismo del siglo XXI.

Trump inspecciona los prototipos para construir el muro.
Fuente externa
En estos días la política de los Estados Unidos ha estado girando alrededor del muro que el presidente Trump se ha comprometido en construir en la frontera de su país con México. En su empeño, el presidente, al no obtener del Congreso la aprobación del financiamiento para construir el muro fronterizo, decretó la parálisis parcial del gobierno y amenaza con decretar un estado de emergencia si no se ponen de acuerdo, e incluso pudiera evadir a los legisladores y sacarles a los militares el monto que necesita para cumplir su promesa de campaña. En su opinión ese muro resolverá el problema de la inmigración descontrolada, evitará que los Estados Unidos se llene de inmigrantes ilegales y evitará el mayor de los problemas de ese país.

Aunque hay otra amenaza que está en camino y que no entrará por la frontera: las consecuencias de una «revolución» obradorista. Y esto es posible porque en México, el fruto del anticapitalismo está maduro, y si México se derrumba como Cuba, Nicaragua y Venezuela, y si esa «revolución» contara con el apoyo de Rusia y China, nada bueno le sucederá al vecino del norte.

En México hubo una revolución radical, de México salió el Granma, allá se entrenaron y compraron armas los «revolucionarios» cubanos, en México, desde que Castro llegó al poder, la embajada de Cuba ha sido un centro de repartición de misiones «internacionalistas». Allí, bajo techo diplomático, se han impartido instrucciones a terroristas que han ido a cumplir misiones por todo el mundo y los gobiernos mexicanos han hecho la vista gorda. Y esa fidelidad ha sido retribuida a ojos vista: allí nunca hubo una guerrilla que lamentar. No son los mismos tiempos, pero el imaginario ideológico de millones de mexicanos está a tono con AMLO y él ha dicho claramente qué hará con México.

Jorge Masetti cuenta cómo en 1982 se desplazaban por todo México los «revolucionarios latinoamericanos» y cómo a través de la embajada cubana se les apoyaba de manera incondicional. «Desde La Habana nos ordenaron prestarle apoyo técnico a grupos latinoamericanos que operaban en México», escribió[1]. Y ese apoyo consistía «desde asaltos a bancos hasta joyerías» para poder financiar las organizaciones revolucionarias sudamericanas que atravesaban momentos difíciles. La cercanía del gobierno de México con la dictadura de Castro y su tolerancia con las acciones de este por el continente provocaron momentos de tanta comprensión oficial, que Manuel Piñeiro, entonces Jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, viajó a México exclusivamente a entrevistarse con el entonces presidente Miguel de la Madrid (Masetti 1988 143). Así de estrechos eran los servicios de inteligencia de ambos países.

«Durante muchos años la inteligencia cubana ha estudiado a fondo los territorios mexicanos y sus condiciones sociales»[2] escribió Carlos Franqui, así que al madurar la fruta ya se sabe cual ha de ser el protocolo. Muchos «revolucionarios» mexicanos han vivido en Cuba y allá se han entrenado. «Castro pensaba que México era una fruta madura» (Franqui 1988 222), y según todos los indicios, esa fruta está por caer y «para ese momento los planes están muy bien estudiados». Es posible que en la actualidad La Habana ya no pueda financiar con efectivo, pero sí con las doctrinas y el romántico recuerdo de una ideología «revolucionaria» que millones de mexicanos han asumido. Las universidades están dominadas por la izquierda, basta mirar los murales de la Universidad de Ayotzinapa, que saltó trágicamente a las noticias por la desaparición de 43 de sus estudiantes.

Es posible que el problema más duro que tenga en la actualidad los Estados Unidos con México sea la consolidación de un gobierno anticapitalista al sur del Río Bravo, alineado con el socialismo del siglo XXI. Es lícito y atinado pensar que, si las acciones de López Obrador van en ese rumbo, los resultados sean los mismos que en todos los países que han emprendido ese camino y que su fin último sea el derrocamiento del capitalismo, esté donde esté.

La escasez de gasolina  ha provocado largas filas
Foto: Fuente externa. Créditos de la imagen
Como un aperitivo ya están las largas filas de vehículos para conseguir la gasolina, una consecuencia de las restricciones al suministro a través de los oleoductos de Pemex. Con el objetivo de combatir el robo por esa vía, el presidente y el Gobierno Federal, ordenaron el uso de camiones cisterna, pero esos camiones no son capaces de abastecer adecuadamente el producto en un territorio tan extenso como el de México, es por eso y por los altos costos que se construyó el oleoducto. Esta medida, de lógica irracional, viene perfectamente a tono con la de sus predecesores anticapitalistas: Primero: Restringir el suministro para acabar con el robo. Segundo: Dejar de producir y culpar de ello a los ladrones, quienes en contubernio con el imperialismo yanqui pretenden dar un golpe de estado en México.

Si es cierto que México, con López Obrador como caudillo, ya es el fruto maduro que caerá en la bolsa de los socialistas del siglo XXI, de los revolucionarios que asaltarán al capitalismo en su crisis final, los Estados Unidos tienen de frene un problema que no entrará por las fronteras.   



[1] Masetti, Jorge. 1999. El Furor y el delirio. Itinerario de un hijo de la Revolución cubana. Barcelona: Tusquets. 135
[2] Franqui, Carlos. 1988. Vida, aventuras y desastres de un hombre llamado Castro. Barcelona: Planeta. 222

¿MENOS ESTADO? (*)

  Por Emilio Hernández (**) @Fuente externa Menos Estado es un tema que confunde. Para unos, significa menor control sobre la violación de l...