viernes, 16 de octubre de 2026

LOS TEATROS EN CUBA COLONIAL Y REPUBLICANA:

Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo


Teatro Albisu (1870-1918)

En diciembre de 1900 volvió Brindis de Salas a impresionar al público habanero presentándose en dos espectáculos combinados en el teatro Albisu. Brindis tocó en los intermedios de las zarzuelas La alegría de la huerta y La Maruxiña, las piezas Fantasía de Otelo, de Ernst; Lejos del baile, de Gillet; Fantasía de Fausto, de Wieniawski; y Serenata, de Moszkowski, acompañado al piano por el maestro González Gómez (DM, 7 dic. 1900). Según la crónica que publicó el DM (12 dic. 1900), fueron «muy aplaudidas todas las piezas que ejecutó el notable violinista; entre ellas, La Abuelita» y una danza criolla que debió tocar fuera de programa.

Claudio José Brindis de Salas (1852-1911)

En junio de 1910 la compañía de Esperanza Iris (1884-1962) estrenó El Conde de Luxemburgo en el Albisu, al que por entonces llamaban el teatro de los ventiladores. En la primera crónica de Bohemia, la tiple mexicana se llevó junto a Josefina Peral todos los elogios y los demás artistas el reproche: unos, por «desenfocados»; y otros, por estar «absolutamente sin voz». Pero todo cambió en la crónica del 2 de julio:

(Bohemia, 2 jul. 1910, 101). Esperanza Iris, la gentil y sugestiva tiple alcanza grandes triunfos en «El Conde de Luxemburgo». Podemos afirmar rotundamente que hoy por hoy no hay en la escena castellana tiple que la aventaje en el cultivo del género que hoy priva: la opereta.

Esperanza Iris tiene buena figura, cara expresiva, viste con sumo lujo y propiedad; y cantando pasa felizmente de lo serio a lo picaresco e imprime a los personajes que interpreta toda la intención, y más, que el autor imaginara.

Modesto Cid, estudioso y sumamente discreto y Castillos dotado de extraordinaria vis cómica, comparten con Esperanza Iris los aplausos del público. Especialmente en «El Conde de Luxemburgo» uno y otro han llegado muy lejos. El primero con su discreción y sobriedad y el segundo creando un tipo de una comicidad excepcional.

Vale decir que el resto de la compañía cumple con muy buena voluntad su cometido. Josefina Peral […] en «El Conde de Luxemburgo» está realmente acertada y merece calurosos aplausos. 

Al año siguiente Esperanza Iris volvió a cosechar aplausos en el Albisu y a ocupar espacios en la prensa con el estreno de la opereta Aire de Primavera.

(Bohemia, 15 ene. 1911). En el Albisu «Aire de Primavera» mantiénese en el cartel con gran brío. El público llena constantemente el teatro. Y la verdad, lo llena con motivo: en la Habana no se ha visto de muchos años a esta parte una obra tan bien presentada, tan ricamente vestida y tan cuidada, en fin.

La sugestiva Esperanza Iris y sus apreciables compañeros alcanzan un éxito franco. Pero quien lo alcanza mayor, y a quien le corresponde el honor de la jornada es a Miguel Gutiérrez, que sabe poner obras como se deben poner, sin omitir sacrificio, y las sabe dirigir cuidadosamente.

Miguel Gutiérrez fue un cubano que había conocido a Esperanza Iris cuando ella tenía 16 años y él era el director escénico en el teatro Principal en México, se casaron y comenzaron a trabajar juntos y llegaron a comprar el teatro Albisu. La actriz y su esposo pasaron largas temporadas en Cuba e hicieron giras por todo el país. De él dice la Bohemia:

(Bohemia, 22 ene. 1911, 452). Sería injusto no reconocer que a Miguel Gutiérrez le debe la Habana el haber podido conocer un género como la «opereta vienesa» que hoy por hoy priva, como privó en otras épocas. […].

Gutiérrez ha presentado admirablemente las obras, derrochando materialmente el dinero en alguna, como «Aire de Primavera», y Esperanza Iris se ha revelado una artista que, en el género, y en español interpretado, puede ventajosamente competir con cualquiera. Lleven buen viaje y tengan buena fortuna los artistas de Albisu que van a México a dar un número de representaciones en el teatro Abreu.

Esperanza Iris (1884-1962)


Al doblar la esquina, a menos de doscientos metros del Albisu, estuvo el Politeama, donde se presentaba por esos días la compañía de opereta italiana «Citta di Palermo», que presentaba a la joven Inés Imbimbo, quien unos años después se convertiría en una de las estrellas del cine silente.

En marzo de 1911, se alternaban en Albisu el cinematógrafo con la compañía de Luis Escribá, en la que descollaba María Luisa Villegas «una dama joven que, por su figura, buen porte y condiciones artísticas llamaba la atención del público amante de las comedias regocijadas y cultas».

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En mayo del mismo año la prensa habanera volvía a elogiar a Esperanza Iris, «la gentil y graciosa tiple que con vivísima luz propia se destacaba al frente de la compañía» que entonces presentaba con éxito la opereta «Sangre Vienesa», con música de Strauss, bajo la dirección del también empresario Miguel Gutiérrez. En diciembre había pocas novedades en el Albisu, había reaparecido «la compañía de opereta sin ofrecer ninguna obra nueva y continuaban con La Viuda Alegre, El Soldado de Chocolate y otras novedades por el estilo», según lo comentado en Bohemia (31 dic. 1911). Pocos años después, en 1918, un incendio afectó considerablemente el Albisu, que fue remozado y abrió sus puertas con el nombre de Campoamor, pero este también duró poco, y en esa corta vida del Campoamor, en el antiguo Albisu remozado, entre muchas otras funciones, en ese mismo año, se presentó una en la que cantó la maestra Amelia Izquierdo (1876-1960), Condesa de Lewenhaups, con sus alumnas, y tocó el flautista cubano Emilio Puyans. Finalmente, el teatro fue demolido y en su lugar se edificó el Palacio de los Asturianos. Años después, como ya he mencionado, se construyó el Teatro Capitolio al que después se llamó también Campoamor, esta vez, en los terrenos en los que estuvo el Diorama, en la esquina de Industria y San José.

Tomado de Historia de la Música Popular Cubana. De las danzas habaneras a la salsa (1829-1976). Disponible en Amazon.

lunes, 12 de octubre de 2026

LOS TEATROS EN CUBA COLONIAL Y REPUBLICANA:

Teatro Albisu (1870-1918) La numerosa oferta de óperas italianas, zarzuelas, y compañías dramáticas provoca vértigo en el público habanero

Teatro Albisu (1870-1918) 

El teatro Albisu se construyó a expensas de José Albisu y ocupó más de 900 metros cuadrados, tuvo capacidad para unas 2,500 personas, pudiendo estar sentadas 1,634 en 484 lunetas, 88 en butacas, 42 en palcos y 800 en asientos y gradas de tertulia y cazuela. Estuvo situado en un punto excelente, a la salida de la calle Obispo, frente a la que se conoció como la Manzana de Gómez y se dedicó fundamentalmente a la promoción del género lírico y la zarzuela. Se inauguró el 17 de diciembre de 1870 con la presentación de la compañía lírica de don José Curbelo, la que llevó a escena la ópera Otelo, de Rossini. 

El elenco y el repertorio de aquella función inaugural y de la primera temporada de abono había sido anunciado días antes, entre otros medios en el semanario humorístico El Moro Muza:

(El Moro Muza, 11 dic. 1870). El empresario de la compañía de ópera que pronto empezará a trabajar en el Nuevo Teatro Albisu ha dado ya a conocer el elenco de la citada excelente compañía y el repertorio con que cuenta, que es el siguiente: Otelo, D. Carlo, Aroldo, Dinorah, Norma, Lucía, Sonámbula, Traviata, Trovador, Un ballo in maschera, Rigoletto, Safo, Luisa Miller, Barbero de Sevilla, Linda, Hernani, Crispino, María di Rohan, Macbeth, Lucrecia, Martiri, Elixir d`Amore, D. Pasquale, Hugonotes, June, Vísperas Sicilianas, Puritanos, Fausto, Favorita, Africana, y Martha.

Y el estreno, que atrajo mucho al público habanero, fue reseñado así por el cronista:

(Diario de la Marina, 20 dic. 1870). Sin embargo, de cuantos obstáculos parecían oponerse a que en la noche del sábado pudiera tener efecto la inauguración del teatro Albisu, y, por consiguiente, de que hiciera en él su debut parte de la compañía contratada para el efecto en Italia por el Sr. Curbelo, tal fue la actividad desplegada durante ese día que todos los obstáculos se vencieron y el nuevo coliseo se inauguró y la compañía dio principio a la temporada con la ópera del inmortal Rossini que lleva por título Otello.

El 23 de diciembre el mismo DM publicó la crónica de la puesta en escena de La Sonámbula, y ya no fueron tantos los elogios para la compañía. Según el cronista, «esa preciosa ópera del maestro Bellini, de la cual guarda la Habana filarmónica recuerdos imborrables, dejó algo que desear a la concurrencia», y a continuación argumenta por qué:

(DM, 23 dic. 1870). […], como sepamos que la Sra. Friderico se hallaba muy lejos del estado de tranquilidad de ánimo que reclama la ejecución de esa música delicadísima para que luzca del modo que es debido; como viésemos, por otra parte, que el tenor Carocelli no estaba en voz, según la expresión técnica de los cantantes; y como para esta noche está anunciada la repetición de esa misma admirable partitura, haciéndonos cuenta de que ayer hemos presenciado solo el ensayo general de ella, aplazamos para el próximo número lo que ahora mismo pudiéramos decir si no tuviéramos costumbre de asegurarnos de las cosas antes de juzgarlas definitivamente.

El Albisu, que entró en la tenaz competencia, propició que La Habana adquiriera el vértigo que provoca en el público la numerosa presentación de espectáculos de todo tipo, y así lo menciona el cronista:

(DM, 18 dic. 1870). Tras aquel tiempo en que carecíamos de espectáculos hasta el extremo de que no se contaba ni siquiera con uno para un remedio, ha venido a ofrecérsenos ahora tal abundancia de ellos que dudamos haya quien tenga piernas ojos y oídos para ir a verlos todos. No habrá más remedio que hacer lo que las mujeres coquetas si se quiere disfrutar de ellos, eso es, atender un poquito a uno ahora y después al otro, o andar al retortero con todos ellos a la vez y santas pascuas. He aquí por orden de antigüedad lo que se pone a disposición del público para mañana 18.

-Función dramática, extraordinaria en el teatro Tacón, la cual constará de la excelente obra «Un drama nuevo» y la pieza «Esos son otros López».

-Ópera en el Albisu, siendo la segunda función de abono y poniéndose en escena la que lleva por título Otello.

-Plaza de Belascoaín: se lidiarán seis toros de muerte bajo el orden que hemos indicado anteriormente y según el anuncio que puede verse en el lugar respectivo.

-El Circo de Variedades de la calle de S. Rafael número 1 inaugurará la serie de funciones que tienen ofrecidas los Sres. Escopeleti y Vall, habiéndose combinado al efecto un programa compuesto de varios de los mejores ejercicios que constituyen el repertorio de la compañía.

En 1874 la más sonada puesta en escena fue La Hija del regimiento, que presentó en el Albisu la compañía de la familia Zamacois. El DM del miércoles 3 de diciembre de 1877 anunció que esa noche se presentaría en el Teatro Lersundi (Albisu) la última función de la zarzuela en 3 actos El barberillo de Lavapiés, y que después se bailaría «la nacional Feria de Sevilla, en que tanto se distinguen Doña Carlota Picazo, D. Teodoro Roca y el cuerpo de baile».

El día 6 de enero de 1877 el DM publicó la crónica del anunciado estreno de la zarzuela El Polichinela, con música de D. Tomás González, en la que sobresalió un dúo de tiples, «digno de una gran zarzuela», el que por su «originalidad, buen gusto y la magnífica instrumentación arrancó justos aplausos». La partitura toda, según nos dice el cronista, «es linda, ligera y agradable y deja bien sentada la justa reputación, que de buen compositor ha adquirido el Sr. González». De la orquesta nos dice que estuvo perfectamente dirigida por el Sr. Rius y de los intérpretes que «la Srta. Pastor hizo un delicioso Polichinela, vistiendo con sumo gusto y propiedad. El Sr. Crescj salvó las situaciones más difíciles con su gracia, y el Sr. Perié nos presentó un magnífico inglés como él sabe hacerlo». 

Reseña además el wals de Arditi, El beso, que fue cantado «de un modo admirable, con extraordinaria agilidad y afinación» por la Srta. Marchetti, quien «arrancó entusiastas aplausos» con la interpretación de una obra «con difíciles variaciones […] que no todas las artistas pueden desempeñar».

El día 13 de enero el DM menciona la buena acogida que tuvo en el Albisu el estreno de la zarzuela Campanone, en la que fue muy aplaudida la Sra. Marchetti, quien lució sus buenas facultades, sobre todo en el rondó del acto 3º «cantado con la mayor expresión y agilidad»; el 14 menciona el éxito «muy satisfactorio que obtuvo la zarzuela Las hijas de Eva, en la que fue muy aplaudida la Srta. Selgas quien «desempeñó el papel de un modo admirable como actriz y como cantante, así como la Srta. Martín y los Sres. Prats, Crescj y Perié.

El día 16, la crónica que publicó el DM recoge lo sucedido la noche del sábado 13 en la presentación de la zarzuela Zampa. La función se hizo a beneficio del artista D. Julio Perié, quien se «distinguió de un modo notable en el papel de Daniel, demostrando que es aplicado artista que con buenos maestros ha estudiado», siendo muy aplaudido por el público que lo hizo salir a escena varias veces. También fueron muy aplaudidos en Zampa el Sr. Crescj en el papel protagónico, las Srtas. Marchetti y Pastor y los Sres. Prats y Carratalá.

Como era usual en aquellos espectáculos, entre un acto y otro se hacían presentaciones muy diversas y en esta oportunidad, en el intermedio del segundo al tercer acto la Srta. D`Aponte y el Sr. Petrilli cantaron el dúo de Luisa Miller y a continuación, la Srta. Pastor cantó una guaracha nueva, que según el cronista no reunía las condiciones para entusiasmar al público, a continuación, el Sr. Alpuente cantó sus populares canciones acompañándose con la guitarra y según continúa el cronista:

(DM, 16 ene. 1877). Después de unas sabrosas malagueñas que fueron muy aplaudidas cantó el Sr. Alpuente un gracioso potpurrí que hace muy buen efecto por los rápidos e inesperados contrastes de la música popular, de ópera y de zarzuela.

El diario El País, en su edición de la mañana (29 jun. 1895), anunciaba funciones por tandas en el teatro Albisu por la compañía de zarzuelas, en las que se presentarían Los Dineros del Sacristán, La Virgen del Mar y La Gran Vía; el mismo diario (30 jun. 1895), anunciaba para el domingo la presentación de las zarzuelas La Virgen del Mar, La Casa del Oso y Receta Infalible. Para el lunes 1 de julio La Virgen del Mar y los Bufos de la Legua a beneficio del actor bufo Miguel Salas, espectáculo en el que los niños Salas y Castillo cantarían una parodia de Los Ratas de La Gran Vía en los intermedios. El martes día 2, anuncia el estreno del juguete cómico en un acto Los Asistentes, una obra que según la nota había «obtenido un extraordinario éxito en el teatro Lara de Madrid». Y para el miércoles 3, anunciaba el estreno de la zarzuela en un acto Tabardillo.

Tomado de Historia de la Música Popular Cubana. De las danzas habaneras a la salsa (1829-1976). Disponible en: Amazon.

viernes, 9 de octubre de 2026

CARLOS PIANTINI: FOTOS Y MEMORIAS (6) En el centenario de su natalicio

 Concertista, Concertino de la OSN y el Trío Lerorpi (*)

Como dije, días después de nuestra presentación en Santo Domingo nos fuimos de gira por otras ciudades de la República Dominicana. Tocamos el 4 de agosto en el Casino de San Cristóbal, el 11 en el Club 2 de julio, Inc., de San Pedro de Macorix, el 12 en el Club 26 de febrero de Los Llanos, el 24 en el Casino Central de La Vega, y el 25 en el teatro Colón de Santiago de los Caballeros.

(Fue un resonante éxito el concierto de violín ofrecido anoche por pro-arte. Santiago de los Caballeros. 1950). Pro Arte se anotó anoche (25 ago. 1950) otro nuevo resonante éxito, al presentar al público de Santiago, amante de la buena música, al joven y afamado violinista dominicano, Carlos Piantini, quien, a pesar de su edad de 23 años, ya ha logrado fama como brillante ejecutante del difícil instrumento no solamente en el país, sino también en el extranjero.

Piantini satisfizo, plenamente, la esperanza de los espectadores más entendidos y más exigentes, al hacer una ejecución de las piezas del programa en la que manifestó su gran técnica y magnífica disciplina artística, demostrando así que es actualmente nuestro primer violinista, supliendo así a la figura gloriosa de Gabriel del Orbe, quien por la edad y los achaques de la misma, no puede mantener el cetro que paseó triunfante, en alas de la fama, por casi todos los países de la América y de Europa.

Piantini nos demostró anoche, en este concierto, su talento y su virtud de gran artista. Él está en el umbral de la vida; le quedan aún muchos años para estudiar con amor y con ahínco, estamos seguros de que él será una estrella resplandeciente como violinista y constituirá, dentro y fuera del país, una verdadera gloria para la República.

Esta es la expresión sincera, no solamente de nosotros, sino de todas las personas cultas y entendidas en materia de música, que escucharon anoche a Piantini. [...]

Al mayor éxito de este concierto contribuyó notablemente el maestro Hernández, quien acompañó a Piantini en el piano, ya que es sabido que por bueno que sea un violinista, un flautista, etc., no puede ofrecer una buena audición si no tiene un ajustado acompañamiento, y en esto, [...] no hay quien supere en el país a Julio Alberto Hernández. [...]

Fue por aquellos días de agosto de 1950, mientras hacía esa larga serie de recitales con don Julio, que fui nombrado en el cargo de Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, volvía a ella después de haber pasado algunos años recorriendo una parte del mundo, estudiando música y tocando. En mi calidad de fundador de esa querida institución volví con muchas ganas y con tremendos deseos de poner a disposición de la música sinfónica en mi país todo lo que sabía hasta ese momento. Desde su fundación, hasta 1950 no se había creado la plaza de Concertino, por lo que fue esa la primera vez que el presidente de la República, General R. L. Trujillo Molina, asignó a alguien en ese cargo. Fui yo el primer Concertino, oficialmente nombrado, que tuvo la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y comencé a fungir como tal el día 15 de agosto de 1950, siendo su director Titular el Maestro Abel Eisenberg.

Fue en la calle Fabré Geffrard nuestra primera presentación, en la casa de mis padres, un sitio que se iba convirtiendo en mi cuartel general y en un foco de música en la ciudad de Santo Domingo. Fue una audición privada en la que interpretamos el Trío Nº. 1 Op. 1, de Beethoven, y el Trío Nº. 1 Op. 49, de Mendelssohn.

Ennio Orazi había nacido en Roma el 29 de septiembre de 1915 y a los ocho años de edad tomó clases con el famoso violonchelista italiano Tito Rosati, componente del formidable Cuarteto de Roma. A los 11 años lo admitieron con sobresalientes notas en el Real Conservatorio de Música Santa Cecilia, en la capital italiana, donde cursó estudios de violonchelo bajo la dirección de Luigi Forino. Cuando le faltaba poco tiempo para terminar pasó al Real Conservatorio de Música Benedetto Márcelo, de Venecia, y allí se diplomó bajo la dirección del concertista italiano Luigi Silva.

En Roma, bajo la orientación de dos de los más famosos solistas italianos: Arturo Bonuoci y Enrico Mainaroli, realizó cursos de perfeccionamiento. Ennio Orazi inició su carrera artística ofreciendo conciertos como solista y como miembro de conjuntos de cámara en Italia, Suiza y Alemania, y llegó a integrar la grande y famosa Orquesta Sinfónica del Augusteo de Roma. Tocó también en temporadas de óperas en la Escala de Milán y en el teatro de Ópera de Roma.

Orazi fue un excelente músico que perteneció por espacio de dos años al cuarteto italiano dirigido por el pianista Arnaldi, y en 1944 aceptó la cátedra de enseñanza de violonchelo en el Real Conservatorio de Música Perluigi de Palestrina, en Cagliari, Cerdeña, donde alcanzó magníficos logros como pedagogo.

Pedro Lerma ocupó un lugar destacado como pianista en su generación. Nació en Madrid en 1916 y desde muy pequeño mostró grandes aptitudes artísticas. Realizó sus primeros estudios bajo la dirección de su madre, una notable pianista, y los continuó con José Cubiles, en el Conservatorio de Madrid, donde en el año 1934 obtuvo por unanimidad el Primer Premio. Ese mismo año y tras reñidas oposiciones, ganó, también por unanimidad, la cátedra de Piano Superior en el Real Conservatorio de Madrid. De él escribió el maestro Conrado Campo en el Diario Alcázar:

Pedro Lerma, es un dignísimo artista. Músico de la más severa y bien lograda preparación. Sensibilidad extremada y fino gusto el suyo, en posesión de una técnica segura y transparente, dócil y sumisa siempre a sus intenciones interpretativas.

Y Sainz de la Maza, en el A. B. C. dice:

Su principal cualidad es la distinción. Frasea con elegancia exenta de énfasis y logra bellos matices de sonoridad y un fino esfumado. Su arte alcanza el mayor rendimiento expresivo, en aquellas páginas en que lo esencial radica en la dicción.

Por su lado en la Hoja Oficial, bajo la firma de Acorde, un crítico escribió:

Posee Lerma una exquisita sensibilidad que lució espléndidamente en Chopin y una fina dicción que culminó en Grieg. No creemos equivocarnos al señalar la aparición de este joven artista como un acontecimiento musical.

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Lerma, antes de radicarse en Santo Domingo, realizó giras de concierto por España y otros países de Europa y América con tremendo éxito de público.

Esos dos colosales músicos fueron los integrantes del Trío Lerorpi -nombre que surge de las primeras sílabas de nuestros apellidos, Lerma, Orazi y Piantini-, otro de mis importantes desempeños en la vida musical durante aquella etapa de mi vida en Santo Domingo. Con aquel trío disfruté mucho haciendo música de cámara, un género en el que la comunicación espiritual entre los miembros del conjunto y la técnica determina el resultado de la obra.

(*) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las memorias inconclusas de Carlos Piantini. Disponible en Cuesta Libro

miércoles, 7 de octubre de 2026

EL SANTUARIO DE HIGÜEY EN REP. DOMINICANA

La virgen de la Altagracia

Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*)

El arquitecto Dunoyer de Segonzac ha explicado en detalles el simbolismo implícito en las formas, en los volúmenes, en la textura de los materiales y en las grandes áreas de iluminación del templo; ha comparado la sucesión ascendente de los arcos, que culminan en el más elevado de todos.

Basílica de Higüey 
@AGS
En la villa de Higüey ,fundada en 1505 y situada en la región Este de la República Dominicana, se construyó el primer santuario dedicado a la Virgen María en América y fue edificado en el siglo XVI por el canónigo Don Alonso de Peña y el mayordomo Simón Bolívar, quinto abuelo, este último, de aquel que se conoce como el libertador de América del Sur.

Fue en aquella iglesia colonial donde comenzó a venerarse la Milagrosa imagen de la Virgen de la Altagracia, patrona de los dominicanos. El humilde santuario, objeto de la peregrinación de miles de personas que lo han llenado de ofrendas y exvotos especialmente los días 21 de enero, que es la fecha consagrada en el santoral a su festividad, comenzó a resultar pequeño; pero pasaron varios siglos para que se pensara en un proyecto de ampliación y remodelación del sitio completo.

La iniciativa fue de Monseñor Eliseo Pérez Sánchez, quien a partir de octubre de 1943 desplegó un gran trabajo en aras de que el pueblo y en especial el gobierno tomaran conciencia de la necesidad de construirle a la virgen un nuevo templo. Los jugosos donativos y el apoyo del gobierno no se hicieron esperar; por lo que se citó a concurso a importantes arquitectos del mundo para que propusieran y sometieran a consideración los planes de la futura Basílica. Fueron favorecidos los arquitectos franceses André Jacques Dunoyer de Segonzac y Pierre Dupré. Así pues, el 5 de octubre de 1954 se bendijo y se colocó la primera piedra del nuevo santuario de Higüey, varios años pasaron hasta ver concluida la hermosa obra, inaugurada el 21 de enero de 1971.

Su estructura es de hormigón visto
@Fuente externa

Es una obra monumental que ocupa una gran explanada de 136,785 metros cuadrados, con un área edificada de 13,577 metros cuadrados. Su estructura, en hormigón visto, predomina en el paisaje circundante. El esquema de la planta corresponde al tipo basilical de naves con cruceros, y, en la intersección de éstas se alza una bóveda parabólica que reproduce a escala monumental el perfil de las bóvedas de la cubierta. Los macizos pilares de sección variable son los que definen los tramos internos de la nave principal, limitada lateralmente por robustos muros que acusan con fuerza a su fachada principal, frente a la cual, una gran plaza, limitada con un pórtico de paraboloides define una clásica planimetría elíptica con reminiscencias de la Basílica de San Pedro del Vaticano en Roma.

El arquitecto Dunoyer de Segonzac ha explicado en detalles el simbolismo implícito en las formas, en los volúmenes, en la textura de los materiales y en las grandes áreas de iluminación del templo; ha comparado la sucesión ascendente de los arcos, que culminan en el más elevado de todos –el gran arco que sirve de señal a los viajeros- con el contrapunto de la música polifónica, agregando a ello el equilibrio armonioso de los bloques y la iluminación y policromía de los preciosos vitrales.

Talla en madera de Prats Ventos
@AGS
En los elementos decorativos del interior de la Basílica hay que destacar el retablo de la Virgen colocado justo detrás del Altar Mayor, entre un bosque de naranjos, con hojas y frutas doradas, está la virgen. Es una talla en madera realizada por el escultor Antonio Prats Ventós. Además, hermosas pinturas se ubican también en el interior como son los dos grandes murales de José Vela Zanetti, Maestro español radicado por muchos años en la República Dominicana.

La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, con su bellísima construcción de ritmo ascendente es una obra inolvidable por su alto contenido estético y espiritual, y aunque fueron muchos los años que hubo que esperar para ver realizado este sueño de tantos dominicanos, hoy agradecemos el sitial de honor que se ha construido a una virgen cuyo culto se extiende no sólo a este país, sino a todo el ámbito caribeño.

(*) Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) egresó de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, Cuba como Licenciada en Historia del Arte, graduada con Diploma de Oro. Obtuvo Maestría en Ciencias de la Educación, Universidad de Camagüey, Cuba. Diplomado en Arte Virreinal de la Nueva España, Universidad Anáhuac, Veracruz, México. Diplomado en Estudios Superiores en Ciencias Pedagógicas con Mención en Enseñanza de las Ciencias UNAPEC-Universidad de Camagüey.

Realizó trabajos de Asesoría, Capacitación, Catalogación, Curaduría y Museografía en México (Plan Maestro de la Catedral de Veracruz), Ecuador (Museo Nahim Isaías), República Dominicana (Museo Sacro y Museo del Carnaval, (ciudad de La Vega). Curaduría para exposiciones individuales de artistas contemporáneos.

Es autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas especializadas (El Siglo, Diario de Xalapa, Artes en Santo Domingo, Cariforum, Mirada al Arte). Autora de nueve volúmenes de Artes Visuales para la Educación Artística de México, apegados a los planes y programas de la SEP. Impartió cursos de actualización a Maestros de Educación Artística en diferentes Estados de México. 

Isabel Serrano falleció el 7 de febrero de 2023 en Jiguaní, Cuba. 

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martes, 29 de septiembre de 2026

LAS DOS GUANTANAMERAS; UNA, DE JOSEÍTO FERNÁNDEZ; OTRA, DE JULIÁN ORBÓN. O los condenados al olvido.

 

La canción Guantanamera que todo el mundo canta con los versos de José Martí (1853-1895), no es de Joseíto Fernández (1908-1979), sino de Julián Orbón (1925-1991). Y si continúas leyendo y te olvidas de lo que acabas de pensar, te lo voy a demostrar. Y cuando las escuches, encontrarás las claras diferencias. Y ahora la pregunta, ¿por qué la confusión? Eso  también te lo respondo .

Primero, por si las dudas, la palabra «guantanamera» es el gentilicio de las mujeres nacidas en la ciudad de Guantánamo, Cuba.

Ahora lo demás. Para que te hagas una idea más clara de lo sucedido con la autoría de esa canción que se convirtió en uno de los comerciales más preciados por la llamada revolución cubana de 1959, te voy a demostrar que existen DOS GUANTANAMERAS; una, la tonada que popularizó desde la década del 30 Joseíto Fernández; y otra, la que en los 50´s compuso en La Habana Julián Orbón  y que por arte de birlibirloque Pete Seeger (1919-2014) cantó en 1963 en el Carnegie Hall de New York y a partir de entonces fue una de las canciones más populares hasta el día de hoy en todos las listas, así que por el momento, agárrate de esta idea: son dos Guantanameras.

¿Y QUIÉN HIZO QUÉ? Desde la década del 30 Joseíto Fernández popularizó una tonada REPENTISTA, es decir, que se improvisaba al momento de ser presentada y que se conoció, FINALMENTE, como La Guantanamera, porque en principio la tonada podía ser dedicada a mujeres naturales de otras localidades, incluso la primera que grabó Joseíto nada tenía que ver con el gentilicio de la protagonista sino que se tituló A MI MADRE, y en las décimas, como se puede apreciar en la grabación disponible en YouTube se exalta el valor maternal.  

Esa tonada está construida en base a décimas octosílabas, una forma muy popular en la literatura costumbrista cubana, y esas décimas son enlazadas por un estribillo que dice solamente: Guantanamera / guajira guantanamera / guantanamera / guajira guantanamera.

Joseíto popularizó esa tonada repentista en la década del 30 y según nos dice Cristóbal Díaz Ayala el propio Joseíto ha situado el origen del número entre 1928 y 1934 y se usó en la radio, haciéndose muy popular en los Sucesos del día, un programa de crónica roja en el que Joseíto iba improvisando décimas que describían lo que se dramatizaba en el programa radial.

Esta es la primera grabación de la Guantanamera improvisada

de Joseíto Fernández


Julián Orbón tomó del estribillo de esa tonada el material para componer su canción Guantanamera. Es decir, Orbón compuso una melodía completamente nueva para cantar los versos de José Martí y no utilizó para nada las melodías que Joseíto utilizó para improvisar su tonada, porque la tonada de Joseíto no tiene melodías fijas fácilmente memorizables, sino improvisadas, ajustadas a los textos que se van improvisando.

¿QUIÉN ES QUIÉN? 

Joseíto Fernández, según nos dice Helio Orovio «Cantó con tríos, sextetos y orquestas típicas. En la etapa de auge del danzonete, […], cantó primero acompañado por la orquesta Raimundo Pía y Rivero, después al frente de su propia agrupación danzonera. […] Compuso, además, varios boleros y guarachas». 

Y Julián Orbón (1925-1991) fue un músico académico hispano cubano radicado en Cuba, a quién la Orquesta Filarmónica de La Habana le estrenó más de una obra y fue elogiado como compositor por Alejo Carpentier, uno de los escritores cubanos más importantes de su época. Según la enciclopedia Encarta (descontinuada en 2009) Orbón […] fue director del Conservatorio Orbón de La Habana (1946-1960) y profesor de composición en el Conservatorio Nacional de Música de México (1960-1963) y en la Universidad de Washington (1964-1965). Tras afincarse en Nueva York, impartió clases en el Lenox Collage y en el Barnard Collage.

¿Y CÓMO FUE? Como diría el Benny.

Según se puede documentar, la primera mención a la Guantanamera compuesta por Julián Orbón aparece en la obra «Lo cubano en la poesía», de Cintio Vitier (1921-2009), publicada en La Habana en 1958, y así lo expresa el autor: «Experiencia inolvidable, verdadera iluminación poética, la de oír a Julián Orbón cantar con la música de La Guantanamera, esas estrofas [de los Versos Sencillos de] Martí». Y en 2001 lo reafirma en una entrevista cuando dice que las reuniones en casa de Orbón terminaban «con un gran coro loco cantando La Guantanamera». Pero esa canción entonces no salió al público, era tan solo un divertimento para compartir entre amigos; sin embargo, lo bueno, cuando se derrama, no tiene límites, y uno se sus contertulios, alumno suyo por demás, llamado Héctor Angulo (1932-2018) se había aprendido la canción, y muchos años después se la cantaba a sus estudiantes en un campamento de verano en el que impartía clases de música en los Estados Unidos. Y por esa vía llegó a oídos de Pete Seeger (1919-2014), un folklorista norteamericano, quien el 8 de junio de 1963 la cantó públicamente en un concierto que fue grabado en vivo en el Carnegie Hall, y a partir de entonces esta nueva Guantanamera comenzó a integrar el repertorio de los más importantes artistas en todo el mundo con el caprichoso copyright: Martí-Angulo-Seeger.

Esta es la Guantanamera compuesta por Julián Orbón 
que cantó Pete Seeger en el Carnegie Hall y hoy es conocida
en todo el mundo.


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Así que cuando se conoció en Cuba la Guantanamera cantada por Seeger, la turbulencia social había crecido hasta el paroxismo. La revolución tenía su más enjundiosa fundamentación ideológica en los discursos de Castro, y en su voz se enunciaba claramente la necesidad de perseguir y reprimir a todo el que no comulgara con su doctrina, y Julián Orbón ya calificaba entre los «prófugos» y «desertores» porque había decidido emigrar a los Estados Unidos, y sus obras, de gran importancia para la historia musical cubana, habían sido prohibidas; las ciento sesenta academias «Orbón» que existieron por todo el país, y que fundara su padre Benjamín Orbón habían sido expoliadas; el tan popular libro de piano de Orbón había sido eliminado del sistema de enseñanza musical, y por supuesto anulada la posibilidad de ser reconocido públicamente como compositor de la Guantanamera que todo el mundo canta desde entonces con los versos de José Martí.

Cuando se dio a conocer la canción Guantanamera cantada por Seeger y por otra media docena de grupos norteamericanos, una de las consignas más escuchadas en Cuba era: PAREDÓN PARA LOS GUSANOS, y gusanos desde entonces y hasta hoy son en Cuba todos los que con palabras o acciones se oponen al régimen comunista, y para que no existiera la  menor duda al respecto, el 11 de diciembre de 1964, Ernesto Guevara, como representante de aquel poder, expresó desde el podio de la Organización de las Naciones Unidas lo siguiente:

Fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba. (Fuente: Centro de Estudios Miguel Enríquez)

Y así ha sucedido hasta hoy, incluso cuando durante los últimos años son pocos los opositores condenados al paredón de fusilamiento, todos son llevados al otro paredón, donde se lapidan las obras, borran los nombres y condenan al olvido obras y nombres, como lo ha sido hasta hoy Julián Orbón, al no reconocérsele oficialmente la autoría de la más popular de las canciones cubanas del siglo XX. Así ha sucedido y les sucede a todos aquellos que no siguen los dictados del partido. Así fue como a Joseíto Fernández, por permanecer en Cuba hasta su muerte y comulgar, le fue adjudicada oficialmente una obra que no creó.

Y aunque la lista de los condenados al paredón del olvido es tan larga que incluye toda una cultura, mencionaré tres nombres muy conocidos en toda América Latina y que el castrismo sepultó en la Isla: Celia Cruz, La tremenda corte y el Álgebra, de Baldor.

EN CONCLUSIÓN: Son DOS GUANTANAMERAS; una, la improvisada por Joseíto Fernández, con melodías variables que el común de las personas no puede cantar; y otra, la compuesta por Julián Orbón con una melodía fija para cantar los versos de José Martí. 

Orbón solo utilizó el material del estribillo como he dicho, un recurso que consiste en utilizar temas y/o motivos de obras ajenas para componer las propias, lo que han hecho muchísimas veces los compositores a través de la Historia de la Música, así que en el caso que nos ocupa y para darle un título que quizás pueda sonar académicamente correcto, esta obra pudiera conocerse como «la canción Guantanamera, de Julián Orbón, basada en el estribillo de la tonada Guajira Guantanamera popularizada por Joseíto Fernández», o para que quepa en los programas de conciertos y en las plataformas multimedias, simplemente: La Guantanamera, de Orbón-Fernández.

UN DATO CURIOSO (La guantanamera de Ramón Espígul). En la discografía cubana existe otra Guantanamera, pero esta sí que nada tiene que ver ni con la tonada repentista popularizada por Joseíto Fernández ni con la canción compuesta por Julián Orbón. Se trata de una guaracha con diálogos que grabó Espígul y que como se puede apreciar al escucharla, el único parecido es que se menciona la palabra «guantanamera» porque el texto trata de una mujer natural de la ciudad de Guantánamo.


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Tientos y diferencias de la Guantanamera compuesta por Julián Orbón (1 de 3)

Tientos y diferencias de la Guantanamera compuesta por Julián Orbón (2 de 3)

Tientos y diferencias de la Guantanamera compuesta por Julián Orbón (3 de 3)

Julián Orbón, compositor de la Guantanamera

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Tientos y diferencias de la Guantanamera compuesta por Julián Orbón. Política cultural de la revolución cubana

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