jueves, 9 de julio de 2026

CARLOS PIANTINI: FOTOS Y MEMORIAS (3) En el centenario de su natalicio

Bajo la dirección de Julián Carrillo y acompañado por la Sinfónica H. Steele (*)

Carlos Piantini y Julián Carrillo, concierto transmitido por 
la emisora X. E. W, con la Sinfónica H Steele y Cía.


Fue a finales de mi primer año en México, que me presenté como solista en la emisora de radio X. E. W, con la Sinfónica H. Steele y Cía., bajo la dirección del Maestro Julián Carrillo -conocido en el mundo de la música por su descubrimiento del sonido 13-. Szeriyng, mi profesor, tocaba en el programa radial con el patrocinio de la Coca Cola, y cuando él salía de gira y tenía otros trabajos fuera de México, el ecuatoriano Enrique Espín Yépez, otro de sus discípulos, y yo le sustituíamos. Hacíamos los solos, ocupábamos el espacio de él en un programa que tenía media hora de duración una vez a la semana. Eran momentos musicales de violín y piano que se producían durante el programa, pero tuve tanto éxito que el miércoles 13 de diciembre de 1944, a las 9:20 P. M., por la X. E. W, toqué el primer movimiento del Concierto para violín y orquesta, de Mendelssohn, y aquello tuvo una tremenda acogida, la crítica me puso por el cielo, fue aquel uno de mis primeros pasos en firme en el largo y difícil camino que hasta hoy recorrí haciendo música. La primera obra del programa fue el Intermezzo de la ópera Payasos, de Leoncavallo; seguidamente Mendelssohn; y para finalizar Cabalgata de las Valquirias, de Wagner.

(Brillante concierto de violín. Revista Todo. Ciudad México. 28 dic. 1944) “[...] vino a perfeccionar sus estudios a nuestro país, ahora que por el conflicto europeo nuestro país es confluencia de artistas y maestros.

Nos referimos al notable y joven violinista dominicano Carlos Piantini. La Sinfónica H. Steele, que por estar integrada por lo más granado de los profesores mexicanos y por estar dirigida por uno de los más grandes músicos contemporáneos, por el único mexicano que puede enfrentar su nombre con gloria a los grandes nombres de la historia de la música sin ocupar lugar inferior, en fin por el maestro Julián Carrillo, no necesita de artistas que consagren sus méritos, ella está en condiciones de consagrar.

Haciendo honor a la trayectoria de estrechar los lazos de amistad entre los pueblos del Continente Americano brindó la oportunidad al joven violinista Carlos Piantini de que tocara acompañado por ella.

Carlos Piantini es la más brillante promesa que hemos escuchado en los últimos años. En general, es ya un violinista formado, sólo le falta el pulimento que únicamente lo dan los años y el refinamiento de la sensibilidad que le dará una intensa vida artística. Tocó acompañado de la Sinfónica H. Steele, de manera magistral, el primer tiempo del concierto para violín y orquesta de Félix Mendelssohn. Supo equilibrar las frases de la parte solista con las de la orquesta y al llegar la cadenza dio una ejecución limpia y de gran emotividad. Tiene una virtud rara en la mayoría de los violinistas, como es la de tener el poder de comunicar una emoción en un instrumento tan difícil como es el violín. Este y otros datos nos dan la esperanza de que el joven artista que tocó con la Sinfónica Steele llegue a señeros lugares en la música”.

(Revista Mañana. Ciudad México. 30 dic. 1944) “La Sinfónica H. Steele es un ejemplo de lo que realmente constituye una verdadera labor musical. ¿Por qué? Por las siguientes razones. Desafiando todo pesimismo sobre el provenir de la música sinfónica por la radio, se fundó la Sinfónica H. Steele, naturalmente su vida dependía de escoger valores reales que hicieran perdurable su vida, para lo cual se seleccionó lo mejor entre los profesores mexicanos y se puso al frente de ellos un director que siendo mexicano pudiera enfrentarse con los colosos. A primera vista parecía que en México no había directores, pero encerrado en su cuarto de estudio, estaba el más grande de los músicos contemporáneos, un músico que cuando las más famosas batutas de hoy sólo las conozcan unos cuantos eruditos, será de tanto relieve para la historia de la música como lo son Bach y Beethoven. Al frente de la Sinfónica H. Steele se colocó un indiscutible director y maestro. Julián Carrillo hasta la fecha lleva tocados con la Sinfónica H. Steele más de sesenta conciertos sin interrupción. La única laguna que existe en el programa es lo breve del tiempo que tiene a su disposición; desde que se fundó se ha luchado incesantemente por ampliarlo, sin embargo, habrá que esperar, una falta de visión de las necesidades reales de la radio imposibilita por el momento toda gestión. El orgullo de la mejor radiodifusora del mundo es la Orquesta Sinfónica que dirige Toscanini, y hay que conceder que la N. B. C. sabe lo que es radio; a excepción de este conjunto orquestal, la Sinfónica H. Steele es el único grupo que dedica su vida musical exclusivamente a la radio. Estando formada por tales elementos la Sinfónica Steele no necesita de solistas que la consagren sino todo lo contrario. En el concierto pasado dio oportunidad a un joven y brillante violinista de iniciar su vida artística como solista. [...]

Bajo la dirección de Julián Carrillo y acompañado por la Sinfónica H. Steele tocó Carlos Piantini el concierto para violín y orquesta Opus 64 de Félix Mendelssohn. Es esta obra de difíciles problemas técnicos e interpretativos. Sólo en los tres o cuatro primeros compases notamos en Piantini un poco de nerviosidad, después se creció cuadrándose como veterano con la orquesta y ejecutando con limpieza y en forma emotiva la bella y nada fácil cadencia.

El público asistente al Teatro Azul y Plata de X. E. W., premió la notable actuación de Piantini con un largo y caluroso aplauso”.

(Cinema Reporter. Ciudad México. 30 dic. 1944) “La semana pasada escuchamos por la X. E. W. el concierto semanal de la Sinfónica H. Steele que dirige el maestro Julián Carrillo. En este concierto se presentó el joven y talentoso violinista dominicano Carlos Piantini.

La Sinfónica H. Steele no sólo es la institución musical más seria actualmente, sino que contribuye a ser un lazo de amistad con los países amigos. [...] Piantini se presentó en los Conciertos de la Sinfónica H. Steele tocando el primer tiempo del concierto para violín y orquesta Opus 64, de Félix Mendelssohn.

La mayor parte de los solistas del violín piensan que con una técnica depurada ya llegaron a la cumbre, la técnica sólo es lo elemental necesario, un violinista virtuoso, lo es, por la capacidad que tiene de hacer cantar su violín, de trasmitir una fuerte emoción a su auditorio y no asombrarlo con prodigios de técnica. El estudio constante da la técnica; la capacidad de interpretación es cosa propia del verdadero artista. No diremos que Piantini se colocó de pronto a la altura de Kreisler, pero sí notamos con agrado que pertenece a esta clase de artistas. Kreisler es el artista que más hondo llega a los auditorios. Piantini con las facultades que posee y el ánimo siempre encaminado a superarse podrá hacer una carrera notable como violinista. En el concierto que le escuchamos se cuadró con la orquesta como un veterano y la cadencia la tocó con limpia afinación y en conjunto demostró que sabe expresar con el violín lo que siente, los años le darán más justeza en la sensibilidad. Piantini, joven y alegre, en su actuación con la Sinfónica Steele dio un bello concierto, ojalá alcance la gloria de los grandes violinistas.

(*) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las Memorias Inconclusas de Carlos Piantini.

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martes, 7 de julio de 2026

EL TEMPLETE. LA HABANA, CUBA

Piedras Coloniales

Por Mtr. Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*)

La obra consiste en un pequeño templo de ascendencia grecorromana, ubicado con el fondo hacia el mar y con el frente a la Plaza de Armas.

En su interior, están desplegadas en sus paredes tres obras monumentales, realizadas por el pintor francés Jean Baptiste Vermay.

El Templete, La Habana, Cuba.
@Fuente externa
En la calle Baratillo, entre O'Reilly y Enna, en La Habana Vieja, está El Templete, una edificación que fue construida en sólo cuatro meses, y su autor fue Antonio María de La Torre. Inaugurado el 19 de marzo de 1828, fue concebida inicialmente para homenajear a la reina Josefa Amalia de Sajonia; sin embargo, con el tiempo fue adquiriendo la única función de guardar las cenizas del pintor Vermay, quien se estableció en La Habana desde 1816 y fundara la Academia de San Alejandro

El caso del Templete es singular entre las construcciones conmemorativas, ya que fue concebida arquitectónicamente como simple edificación. También sirve El Templete para señalar el sitio en el cual, según la tradición, se celebraron la primera misa y el primer cabildo de la naciente villa en 1519.

En su interior, están desplegadas en sus paredes tres obras monumentales, realizadas por el pintor francés Jean Baptiste Vermay. Allí, se representan la primera misa, el cabildo y la propia inauguración del Templete.

Constitución del primer cabildo.
Oleo sobre tela, Juan Bautista Vermey
@Fuente externa

El inmueble se reparó en varias ocasiones, pero encontró su imagen definitiva con la restauración hecha por los arquitectos Govantes y Cabarrocas en el año 1927. Fueron ellos, quienes al quitarle a las paredes las diversas capas de repello y pinturas que las cubrían, pretendieron otorgarle un aire de mayor dignidad y antigüedad.

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La obra consiste en un pequeño templo de ascendencia grecorromana, ubicado con el fondo hacia el mar y con el frente a la Plaza de Armas. El Templete, se encuentra elevado sobre una grada perimetral de tres peldaños de piedra de Jaimanitas. Su fachada es de carácter monumental, compuesta por un pórtico de columnas dóricas que sostiene un friso decorado y un potente frontón en cuyo centro se ubica un letrero conmemorativo de la inauguración. Su techo es plano, con una amplia cornisa.

El conjunto, presenta otros elementos valiosos como son el piso de mármol en su interior; la cerca de lanzas de hierro terminadas en puntas de bronce, con piedras rematadas y con copas con piñas que introducen un toque tropical en la concepción neoclásica del inmueble; la columna, de presencia barroca, que sostiene una imagen de la Virgen del Pilar; y la ceiba, árbol bajo el cual la tradición sitúa la celebración de los hechos allí conmemorados. La ceiba original, muerta a mediados del siglo XVIII, fue varias veces reemplazada hasta la actual, sembrada en 1960.

Isabel Serrano (1963-2023)
(*) Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) egresó de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, Cuba como Licenciada en Historia del Arte, graduada con Diploma de Oro. Obtuvo Maestría en Ciencias de la Educación, Universidad de Camagüey, Cuba. Diplomado en Arte Virreinal de la Nueva España, Universidad Anáhuac, Veracruz, México. Diplomado en Estudios Superiores en Ciencias Pedagógicas con Mención en Enseñanza de las Ciencias UNAPEC-Universidad de Camagüey.

Realizó trabajos de Asesoría, Capacitación, Catalogación, Curaduría y Museografía en México (Plan Maestro de la Catedral de Veracruz), Ecuador (Museo Nahim Isaías), República Dominicana (Museo Sacro y Museo del Carnaval, (ciudad de La Vega). Curaduría para exposiciones individuales de artistas contemporáneos.

Es autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas especializadas (El Siglo, Diario de Xalapa, Artes en Santo Domingo, Cariforum, Mirada al Arte). Autora de nueve volúmenes de Artes Visuales para la Educación Artística de México, apegados a los planes y programas de la SEP. Impartió cursos de actualización a Maestros de Educación Artística en diferentes Estados de México. 

Isabel Serrano falleció el 7 de febrero de 2023 en Jiguaní, Cuba.

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sábado, 27 de junio de 2026

UNA CASA DE FICCION Y REALIDAD

El palacete de los Moreau

Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*)

El Palacete de los Moreau @Fuente externa

Durante las etapas colonial y republicana, la arquitectura doméstica o residencial en toda el área del caribe estuvo influenciada por los estilos de moda en Europa, con predominio, pasada la colonia, de los estilos neoclásico y ecléctico, cuyas huellas apreciamos en las fascinantes casonas “antiguas” que encontramos diseminadas por toda esta región. Muchas de estas casonas actualmente están necesitadas de urgente restauración, y, otras ya han sido restauradas y han recuperado su fisonomía inicial, procurando así que no se pierda la herencia dejada por aquel período.

En Puerto Rico, nuestra isla vecina, estas casonas son consideradas –por supuesto- como joyas de su arquitectura, y a estas han dedicado importantes sumas de dinero para garantizar su conservación. Entre ellas se destacan: La Casa González Cuyar, hoy sede del colegio de arquitectos de Puerto Rico; la Casa Alonso, hoy Museo de Arte, Historia y Cultura Vegabajeña; la Casa Ulanga, actual Casa de la Cultura del Municipio de Arecibo; la Casa Salazar, hoy Museo de la Historia de Ponce, y la antigua Casa Labadie, hoy Palacete de los Moreau y Centro de Arte y Cultura de la región de Moca de Puerto Rico.

 Esta última es una magnífica casona ecléctica de gran importancia, no solo por sus valores estético-formales, sino porque constituye un mito, incluso fue inmortalizada en la novela “La Llamarada” del escritor portorriqueño Enrique Laguerre, en la que la Casa Labadie bajo el nombre de “Hacienda Palmares de la Familia Moreau” sirve de escenario para el desarrollo de la trama; la casa se describe tal como era y el escritor la convierte en uno de sus personaje.

Casa Labadie @Fuente externa

La Casa Labadie es la única estructura que se mantiene en pie de lo que fue una de las haciendas cafetaleras más importantes de la isla en el siglo XIX, la Hacienda Irurena. La misma pertenecía a la familia Pellot, de origen francés, aquella distinguida familia viajaba con mucha frecuencia y en su ausencia dejaban la hacienda al cuidado de su amigo francés el Sr. Juan Labadie. En el año 1860, muere el mayor de los hermanos Pellot y los otros vendieron la hacienda al Sr. Labadie, este se convirtió en el propietario de la mansión que en aquella época era de madera, y la vivió hasta su muerte en 1893, entonces su viuda Cornelia Pellot decidió demoler aquella casa y construir la actual en 1905, y fue bautizada con el nombre de Casa Labadie. Para su diseño fue contratado desde Francia el Ingeniero Paul Servajean, quien concibió el diseño como una adaptación caribeña del “Chateau” o palacio francés, muy de moda en Europa en aquellos años.

Es una edificación con planta en “L”, de dos pisos, con una base que posee aberturas u “ojos de Buey” para permitir la ventilación. El elemento principal de todas sus fachadas es el pórtico que hay en cada piso de la estructura, en la fachada principal éstos pórticos están flanqueados por dos torres coronadas por pequeñas cúpulas bulbiformes de gran belleza. Varios son los elementos que le confieren a esta mansión gran elegancia y fuerza expresiva, entre los que se destacan: la cornisa, el friso trabajado, los ventanales, las columnas jónicas, los finos trabajos de ebanistería y las lucetas.

El Municipio de Moca adquirió esta casa en el año 1993, la restauraron y decidieron llamarle Palacete de los Moreau, en honor a la novela de Laguerre; tanto en ficción como en la realidad la Casa Labadie es un vivo ejemplo de edificio con personalidad propia, es una pieza importante en el desarrollo arquitectónico de Puerto Rico y el todo el caribe.

Isabel Serrano (1963-2023)
(*) M.C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) egresó de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, Cuba como Licenciada en Historia del Arte, graduada con Diploma de Oro. Obtuvo Maestría en Ciencias de la Educación, Universidad de Camagüey, Cuba. Diplomado en Arte Virreinal de la Nueva España, Universidad Anáhuac, Veracruz, México. Diplomado en Estudios Superiores en Ciencias Pedagógicas con Mención en Enseñanza de las Ciencias UNAPEC-Universidad de Camagüey.

Realizó trabajos de Asesoría, Capacitación, Catalogación, Curaduría y Museografía en México (Plan Maestro de la Catedral de Veracruz), Ecuador (Museo Nahim Isaías), República Dominicana (Museo Sacro y Museo del Carnaval, (ciudad de La Vega). Curaduría para exposiciones individuales de artistas contemporáneos.

Es autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas especializadas (El Siglo, Diario de Xalapa, Artes en Santo Domingo, Cariforum, Mirada al Arte). Autora de nueve volúmenes de Artes Visuales para la Educación Artística de México, apegados a los planes y programas de la SEP. Impartió cursos de actualización a Maestros de Educación Artística en diferentes Estados de México.   

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martes, 9 de junio de 2026

CARLOS PIANTINI: FOTOS Y MEMORIAS (2) En el centenario de su natalicio

 Willy Kleinberg y sus alumnos de violín en Santo Domingo (*)

En diciembre de 1938 llegó a Santo Domingo el profesor de violín Willy Kleinberg, un gran pedagogo que había sido concertino de la orquesta sinfónica de Viena y director de la Sinfónica de Breslau. Aquí debutó como solista y como concertino en la primera presentación artística que organizó la Sociedad Pro-Arte Musical, el 29 de marzo de 1939, en el teatro Paramount.

En esa, su primera actuación como solista en el país, le acompañó al piano la profesora Josefita Heredia, y además ocupó la cabecera de los violines en la orquesta que para esa ocasión organizó y dirigió el Maestro Enrique Mejía Arredondo. Pocos meses después, el 26 de septiembre del mismo año, Kleinberg ofreció su primer recital, el cual se produjo en el teatro Capitolio.

(Enrique de Marchena. Willy Kleinberg, pedagogo y violinista hace labor pro-nuestro arte. Santo Domingo. Feb. 1939). Habíamos anunciado hace algunas semanas el arribo a nuestras playas del distinguido y notable pedagogo austriaco Willy Kleinberg, violinista de «primo cartello» en el récord orquestal europeo, y quien actuó por años como director de la Orquesta Sinfónica de Breslau y también como «violín concertino», en la Sinfónica de Viena.

La llegada del Profesor Kleinberg, quien viaja con toda su documentación autenticada, era una de esas circunstanciales ocasiones en que podíamos tener la ventaja de conocer un músico de fuste, al mismo tiempo que un viejo conocedor de toda esa inmensa amalgama que forma el arte, a   través de su polifacética combinación de sonidos. Solamente las circunstancias de la convulsa Europa, las continuadas persecuciones raciales, podían causar el desprendimiento material y aún espiritual de este hombre –ya entrado en la edad madura- de un medio en el cual por años había podido desenvolver victoriosamente sus actividades, pudiendo decirse que «estaba ya retirado de los servicios permanentes». El Profesor Kleinberg, sin embargo, aunque no hablando de todo esto, que para él envuelve tristezas, mantiene un altísimo espíritu y vigor tan característico de su raza a tal punto, que, una vez en Ciudad Trujillo, púsose en contacto con nuestros estrechos círculos musicales, habiéndose incorporado ya a la «Orquesta Sinfónica de Santo Domingo», Inc., en la cual va poco a poco infiltrando su saber y su experiencia.

Willy Kleinberg y algunos de sus alumnos. De pie, detrás a la izquierda Carlos Piantini

¡Solamente en la homogeneidad del arte, y en su cosmopolitismo puede encontrarse la razón de esta actitud...! No hay fronteras en el ambiente artístico, no hay barreras de ninguna índole en el lenguaje de la música ni puede existir prejuicio tampoco para quienes, como el Maestro y pedagogo austriaco que es nuestro huésped, tiene tanto que decir, tanto que enseñar y tanto que demostrar...

Dos recias líneas físicas; nervioso, sumamente complaciente, todavía bien lejos de la locuacidad de nuestro idioma, que inicia con el interés de quien jamás pensó aprender el castellano, el Maestro Kleinberg puede sin embargo dar sus lecciones de violín, instrumento en el cual es un   verdadero PEDAGOGO y al cual ha dedicado toda su vida (Ilegible en el periódico) Kleinberg, se conoce que es de aquellos que «dominan a perfección la técnica de tan difícil instrumento» [...]

El Maestro Kleinberg reside ahora entre nosotros. Está ya aclimatado en el medio, y ha comenzado con vigor sus lecciones a dos alumnos que reciben ya su dirección eminente:  Carlos Lample, joven húngaro que reside entre nosotros y que aquí ha hecho sus estudios escolares llegando hasta la Facultad de Farmacia de nuestra Universidad, y Carlos Piantini Espinal [...]

Kleinberg está estudiando con estos dos jóvenes. El primero, tiene la vena artística racial indudable; el segundo, la vivacidad del trópico, el interés de su propio talento, y también una línea hereditaria musical que le honra. ¿Qué será nuestro Carlitos Piantini Espinal en las manos del Maestro Kleinberg? [...]

No sabemos cuándo Kleinberg aparezca en público como concertista. Sus amigos y discípulos están combinando fechas para un Recital o un Concierto en colaboración con la Orquesta Sinfónica. Lo que se haga por el Maestro no será sino un paliativo a sus esfuerzos y a sus propias tristezas espirituales... Es menester hacerle olvidar que está fuera de su país, y nada mejor que rodearlo de esta hospitalidad nuestra, que él mismo se cansa ya de pregonar como algo inolvidable.

Nuestro Arte, sin duda, ha de recibir el beneficio de este Huésped, que como el Maestro Bledy, que ya está incorporado en el «cello» en la Sinfónica, el Profesor Ganz, violista distinguido de Viena, familiar cercano de Kleinberg, hará de nuestro medio, poco a poco, un ambiente propiciatorio para la interpretación genuina de los Grandes Maestros.

Willy Kleinberg fue una persona encantadora, con la que estudié mientras estuvo en Santo Domingo. Él llegó a tener un grupo de estudiantes bastante numeroso, entre ellos Jacinto Gimbernard, Nidia Mieses, Luis Gómez, Carlos Mathis y muchos otros que hicimos larga carrera en la música. Él hacía conciertos periódicamente con sus alumnos, así que nos presentábamos en público desde que teníamos alguna pieza audible. En los salones del Ateneo, que estaba en la calle El Conde, nos presentábamos dos o tres veces al año.  En 1940 tocamos allí en abril y en septiembre; así me fui entrenando, hasta que adquirí la madurez musical y técnica requerida y comencé a hacer recitales y conciertos de mayor envergadura cada vez.

(Los alumnos del Maestro Kleinberg ofrecieron anoche una bella fiesta musical en el Ateneo. La Nación. Santo Domingo. 23 abr. 1940). Anoche, a las ocho y media, tuvo lugar en los salones del Ateneo, uno de los actos más simpáticos y promisorios de los muchos que en los últimos tiempos se han celebrado en la benemérita casa de cultura dominicana.

Ocho niños, estudiantes de música, dieron un concierto clásico, bajo la dirección de su maestro Willy Kleinberg [...]

El debut de los niños artistas había despertado en nuestros medios sociales, muy vivo interés, y más aún en los núcleos de aficionados a la buena música, no tan sólo por la belleza que el concierto de anoche pudiera ofrecer, sino por lo que él representaba, como promesa de un futuro grupo de virtuosos del divino arte.

Y, además, porque conociéndose, como se conoce, la brillante carrera del maestro Willy Kleinberg, se descontaba que los discípulos que presentaba en público por   vez primera habían de ofrecer al auditorio ejecuciones dignas de ser escuchadas.

Pues bien, las mejores esperanzas, los augurios más optimistas, fueron superados   con creces. Y conste que, en el comentario que estamos trazando, no cuenta la necesaria simpatía que todo el público sensible ha de sentir por un grupo de niños de corta edad, dedicados a un tan noble esfuerzo como es el de estudiar música. El concierto de ayer, fue digno de los alumnos de cualquier conservatorio del mundo, ofrecido en igualdad de condiciones a las de nuestros niños.

Tratándose de una fiesta musical, nadie con más autoridad, con más significación artística, ni con más representación, podría iniciarla, como quien lo hizo anoche con bellísimas palabras: el maestro José de Jesús Ravelo, el consagrado músico nacional dominicano, porque nadie como él, hizo tanto, ni tan bien, por la música en nuestro país. Y porque su espíritu sensible, no podía por menos de estar conturbado de emoción al ver, por vez primera en su Patria, un conjunto de ocho niños, dedicados al arte de sus amores y de sus ahincados esfuerzos.

Se dio bello símbolo del que se va y sabe alentar a los que vienen. O, como en el banquete del maestro griego, que brinda vapor quien le superase. Y nadie, tampoco, podría como él, entender la magnitud de la obra cultural y artística, y, por ende, de elevación espiritual, que realiza, modesta, silenciosa y generosamente, el maestro Kleinberg.

Se inició con la ejecución del Estudio Núm. 7 de Mazas y el Estudio Núm. 3 de Kreutzer, a cargo de los alumnos Nidia Mieses, Carlos Piantini, Zunilda Pierret y Luis Gómez Hernández. En las citadas obras, erizadas de dificultades técnicas para todos los estudiantes de música, los ejecutantes, sin batuta, hicieron un alarde de arco y de agilidad en el cambio de posiciones y de exquisito gusto.

Inició la segunda parte, Jacintico Gimbernard, un delicioso pequeñuelo de ocho años, con ocho meses de clases, con la interpretación delicada y excelente, de Meditación, de Bach-Gounod, y La cinquentaine, de Marie.

Fueron vertidos, después, varios conciertos de Berioth, por Luis Gómez H., que tuvo a su cargo el N.º 1, denominado Militar, y los que llevan los números7 y 9, que estuvieron a cargo de Zunilda Pierret y Carlos Piantini, respectivamente.

Al piano, las señoritas Blanca Mieses y Josefita Heredia, que, con sus acompañamientos, ciertamente muy justos, prestaron al concierto una muy valiosa colaboración artística.

Era el de anoche el primer acto musical que ofrecía el Ateneo en su   nuevo local, y él, ha constituido un triunfo y un acierto.

Excusado es decir que los aplausos fueron tributados, cordiales y copiosos a los pequeños artistas –que, dicho sea de paso, afortunadamente, ninguno es «niño prodigio», sino que son   todos, alumnos normales de una Academia- y también a su Maestro, cuya labor benemérita los merece de verdad.

Los comentarios del «post-concierto», halagüeños para el Ateneo y para el arte musical dominicano que tiene, en los violinistas de anoche, la fundada esperanza de una pléyade de virtuosos.

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El 12 de mayo de 1941, realizamos en el Ateneo Dominicano el tercero y último de los conciertos que guio el maestro Kleinberg; poco después, en 1942, se fue del país y se radicó en los Estados Unidos. Mediante una carta que hizo pública, se despidió decepcionado del pobre ambiente musical en Santo Domingo. En aquella última velada con el maestro Kleinberg tomamos parte Nidia Mieses, Máximo Viloria, Jesús B. Gautier, Julia Altagracia Hernández y yo.

(*) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las Memorias Inconclusas de Carlos Piantini.

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CARLOS PIANTINI: FOTOS Y MEMORIAS (1) En el centenario de su natalicio

domingo, 7 de junio de 2026

PIEDRAS COLONIALES. La arquitectura en el Nuevo Mundo

Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*)

Los españoles, llevaron adelante un proceso de urbanización en el que desarrollaron varias tipologías de la arquitectura militar, religiosa, y civil que estuvieron inspiradas en los diferentes estilos europeos, y que también asimilaron las iniciativas aportadas por los conquistados.

Catedral Primada de América @AGS

En todo el continente americano se desarrolló, a partir del año 1492 una etapa de intensas exploraciones y, hacia 1515, se puede afirmar que había un conocimiento global de todas las costas de esta región. Preparado el camino, se procedió a la conquista y colonización, que como es conocido, tuvo por finalidad el control militar, político y económico de estas tierras. La urbanización del nuevo mundo se hizo en un período corto y utilizando recursos humanos limitados; sin embargo, hacia la segunda mitad del siglo XVI ya se registraban, por lo menos, doscientas treinta ciudades fundadas oficialmente en todo el continente.

A la llegada de los españoles, un amplio panorama cultural se desplegaba de un extremo a otro. Diferentes pueblos, en variados estadios de desarrollo, presentaban formas arquitectónicas de gran diversidad, formas que iban desde las simples cuevas usadas como cobija por los guanahatabeyes, pasando por los bohíos y caneyes, hasta las complejas estructuras erigidas por los mayas, aztecas e incas.

La colonización fue una empresa urbanizadora, las ciudades fueron el asiento del poder político y religioso, y a partir de ellas, en un proceso histórico, se configuraron las características particulares de este universo latinoamericano. La caracterización que define a estas ciudades, posee varias hipótesis, las que pretenden interpretar, en el orden teórico, el trazado y la organización de ellas; entre esas hipótesis se destacan: la consideración de las ciudades como expresión  de la ciudad ideal renacentista; otra que plantea una marcada influencia del esquema de la ciudad medieval francesa de reticulado: las bástides; otra que hace derivar la ciudad como resultado del desarrollo espontáneo, surgido de acuerdo a las experiencias y necesidades de los habitantes. 

Bastida de Lalinde fundada en 1267 por Enrique III
@Fuente externa

Las dos primeras hipótesis parten del concepto de las metrópolis como focos radiantes de desarrollo cultural y, la tercera parte de los conceptos autóctonos de las culturas más avanzadas. Por esto, se produce una diferenciación entre las ciudades de nueva fundación y aquellas en las que perduran elementos del trazado indigenista, sobre todo en los espacios vacíos o plazas. Es el caso de México y el Cuzco, donde la existencia de grandes plazas evidencia la magnitud de los espacios libres anteriores, que se diferencian de las plazas más pequeñas de las nuevas ciudades, éstas, son en definitiva las que dan  testimonio de la cultura desarrollada anterior a la colonización. Encontramos otras ciudades en las que existe la confrontación del modelo europeo simultaneando los requerimientos de las condiciones locales; también, hay otra variante a considerar, que fue producto de la necesidad de fortificar muchas de las ciudades del Nuevo Mundo para protegerlas de los ataques de corsarios y piratas, y estas construcciones defensivas incidieron en la caracterización de ellas. Los españoles, llevaron adelante un proceso de urbanización en el que desarrollaron varias tipologías de la arquitectura militar, religiosa, y civil que estuvieron inspiradas en los diferentes estilos europeos, y que también asimilaron las iniciativas aportadas por los conquistados.

Las primeras Leyes de Indias, promulgadas por el monarca Carlos V eran muy generales, aunque ya establecían el reticulado de las ciudades. Pero, fueron las promulgadas por Felipe II en el año 1573, las que establecieron las normas, los procedimientos para la fundación, y el trazado de las ciudades americanas. Dichas leyes, convenían en que se levantaran «ciudades genéricas», ordenadas, trazadas con estricta geometría y en forma de damero, con una Plaza de Armas o Plaza Mayor en el centro -como elemento de vital importancia en la vida de las colonias-, y en el entorno los edificios representativos del poder político y religioso.

Plaza de la Constitución de Antigua Guatemala
@Fuente Externa

Como consecuencia de estas normativas urbanísticas, aparecieron por toda América bellas plazas a la española, que aun hoy se distinguen en muchos de los centros históricos del continente. Vale la pena destacar algunas como la Plaza Mayor o Plaza de la Constitución de Antigua Guatemala, que es la que define el corazón de su casco histórico, remodelado luego del terremoto de 1976; la Plaza Mayor de Comayagua, en Honduras, una espléndida plaza con 41 cuadrantes a su alrededor; la Plaza de Armas de la ciudad de Santiago de Cuba, actual Parque Céspedes; y la Plaza de Armas de Santo Domingo, actual Parque Colón.

Aunque este diseño urbano se adecuó a la mayoría de las ciudades americanas y caribeñas, hay algunas en las que se distinguen plazas asimétricas y de contorno irregular, producto de tramas urbanas irregulares muy anguladas. Esta tipología variable aparece fundamentalmente en ciudades portuarias, cuyo trazado se hizo siguiendo los accidentes topográficos de la costa, por lo que no se tuvo en cuenta un trazado en damero ideal. Sin embargo, independientemente de su diseño, unas y otras tuvieron, por lo general, las mismas funciones en todas partes. Ellas fueron el corazón de las ciudades, y el lugar en el que se celebraban las más importantes ceremonias de carácter religioso, y militar, y donde la actividad comercial se hacía más profusa.

Son pocos los ejemplos de plazas con funciones limitadas y donde las construcciones de su entorno no fueran dedicadas al poder político o religioso. Estas, fueron llamadas injustamente plazas menores, tal vez por el tamaño, o tal vez porque no tenían en sus alrededores los edificios del poder; pero, su grandeza radica en sus magníficas cuadrículas, y en los excelentes ejemplares de arquitectura civil que se levantaron en sus entornos.

Plaza Vieja, La Habana, Cuba
@Fuente Externa
Entre los muchos ejemplos que se pudieran mencionar en esta variante, se destacan las plazas Colón y la de Hostos, en Puerto Rico, y la Plaza Vieja de La Habana, en Cuba, la cual constituye un conjunto principal dentro del sistema de plazas que componen el centro histórico de La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Esta última plaza, se rescató gracias a una campaña internacional de la UNESCO, que en 1979 aprobó un proyecto para salvaguardar este sitio. El propósito se materializó con el apoyo de especialistas cubanos y de otros países, y con su reconstrucción su imagen ancestral renació en uno de los puntos más antiguos de esa ciudad caribeña.

La denominada Plaza Vieja, está delimitada por las intersecciones de las calles Muralla, Teniente Rey, San Ignacio y Mercaderes, en La Habana Vieja, y fue llamada así,  luego de que se creara cerca de ella la Plaza del Cristo, que pasó a ser la nueva.

La vieja plaza, fue un importante campo de experimentación de la arquitectura doméstica cubana. En ella fue donde alcanzó su pleno desarrollo el tipo de casa de dos pisos, con balcones de madera y cubiertas de tejas. Pero su expresión básica la adquirió a fines del siglo XVII y durante el siglo XVIII, cuando se le construyeron los amplios portales en su perímetro.

Casa de los Condes de Jaruco en la Plaza Vieja 
@Fuente Externa
Es en la arquitectura que la rodea, donde se destacan las hermosas casonas que, en el caso cubano, representan la cristalización del tipo de residencia con portal y con logia en la planta alta que funciona como palco mirador. Estas residencias pertenecieron a importantes personas de la vida colonial cubana, entre las que se destacan, la casa de la familia Arrate, la casa del Conde de Jaruco, la de las hermanas Cárdenas, la casa del Conde Lombillo y la de los González Larrinaga, entre otras. 

Estos inmuebles –al igual que muchos de los que existen en todo el caribe- presentan una agradable composición. Sus fachadas poseen impresionantes portales de pilares macizos, con balcones corridos en la planta alta, y arcos de medio punto con bellas lucetas, en las que sobresalen vidrios de colores con diseños florales y geométricos. Los interiores, albergan espaciosos salones con techos de alfarje discretamente decorados y espléndidas cenefas que complementan la ornamentación. Los patios, están rodeados de sucesiones de arcadas, que se levantan airosas para satisfacer las amplias galerías que evocan el pasado colonial.

Todo el espacio que conforma la plaza vieja jugó un papel muy importante como centro de actividades sociales en aquella próspera Habana; pero, andando el tiempo, su fisonomía cambió; primero, por la edificación en 1835 del mercado llamado de Cristina, que fue demolido en 1908; segundo, por la creación de un parque de tipo republicano; y tercero, en 1952, cuando su aspecto fue drásticamente afectado por la construcción de un parqueo soterrado, que subsistió hasta hace muy poco tiempo, cuando decidieron avanzar los trabajos de restauración, con los cuales, tanto la plaza como sus alrededores recuperaron la gallarda presencia de sus primeros días.

Castillo de San Felipe del Morro, San Juan Puerto Rico
@Fuente externa

Así, nos encontramos con una arquitectura caribeña, que al igual que la cultura que la contiene fue forjada en un proceso intenso de transculturación, en el cual, se adicionaron las experiencias prehispánicas a las del conquistador y, se integraron sus mundos conceptuales en una simbiosis excepcional que potenció ambas raíces en una expresión diferente; esta interrelación entre las dos culturas quedó expresada en muchos aspectos de nuestras formas de vida y, con mayor claridad en las estructuras ambientales, concretamente en la arquitectura y el urbanismo, que con sus similitudes y diferencias distinguieron a cada ciudad americana. 

No hay que dudar que en toda América el desarrollo urbano tuvo objetivos bien definidos por parte de los conquistadores; dichos objetivos se iniciaron en el Caribe, y después se extendieron a todo el continente y, aunque se produjeron con alternativas diversas -debido a los intereses de los españoles y a las condiciones específicas del contexto social y geográfico-, todo ese proceso urbano se desarrolló con varios elementos importantes, los que junto a la caracterización formal impuesta por el uso de la cuadrícula extendida, y la repetición de elementos alrededor de las plazas, definieron el carácter de los llamados cascos históricos coloniales, los que muestran la unidad urbana y cultural antillana y americana.

Por esto, las principales características de las construcciones en el Caribe, revelan una tipología arquitectónica sobria, sencilla y estructuralmente sincera, donde los espacios revelan aquella forma de vida de las colonias. Es una arquitectura esencialmente volumétrica en la que los patios, zaguanes, balcones, y techos, conforman impresionantes conjuntos que constituyen verdaderas joyas del patrimonio cultural de estos pueblos.

Isabel Maria Serrano Fuentes

(*) M.C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) egresó de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, Cuba como Licenciada en Historia del Arte, graduada con Diploma de Oro. Obtuvo Maestría en Ciencias de la Educación, Universidad de Camagüey, Cuba. Diplomado en Arte Virreinal de la Nueva España, Universidad Anáhuac, Veracruz, México. Diplomado en Estudios Superiores en Ciencias Pedagógicas con Mención en Enseñanza de las Ciencias UNAPEC-Universidad de Camagüey.

Realizó trabajos de Asesoría, Capacitación, Catalogación, Curaduría y Museografía en México (Plan Maestro de la Catedral de Veracruz), Ecuador (Museo Nahim Isaías), República Dominicana (Museo Sacro y Museo del Carnaval, (ciudad de La Vega). Curaduría para exposiciones individuales de artistas contemporáneos.

Es autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas especializadas (El Siglo, Diario de Xalapa, Artes en Santo Domingo, Cariforum, Mirada al Arte). Autora de nueve volúmenes de Artes Visuales para la Educación Artística de México, apegados a los planes y programas de la SEP. Impartió cursos de actualización a Maestros de Educación Artística en diferentes Estados de México.  

Isabel Serrano falleció en Jiguaní, Cuba, el 7 de febrero de 2023.

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