lunes 5 de octubre de 2009

JORGE LUIS PRATS Y LA OSN EN UN CONCIERTO CON PASADO PRESENTE Y FUTURO

30-09-09. Santo Domingo, R.D. Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito. José Antonio Molina, Fanfarria Novi Temporis. Piotr I. Tchaikovsky, Concierto No. 1 en si bemol menor, para piano y orquesta, Op. 23. Jean Sibelius, Sinfonía No. 1 en mi menor, Op. 39. José A. Molina, Director. Jorge Luis Prats, solista. Orquesta Sinfónica Nacional. Aforo: 85%.

Pasado
La Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana es la institución cultural más antigua del país. Fundada por Ley en 1941 ha desplegado una importantísima labor en la cultura y se le reconocen temporadas de conciertos y presentaciones memorables en las que han participado algunas de las figuras más descollantes del arte musical. Entre otros grandes artistas, se recuerdan los conciertos en los que actuaron como solistas Michel Camilo, Plácido Domingo, José Carreras, Ana María Martínez, Priya Mitchel, Miglena Savova, Mark Drobinsky, Jon Nakamatsu, David Kim y Philippe Entremont. Por el podio de la institución han pasado destacados directores; entre ellos, Pablo Casals, Félix Carrasco, Eduardo Diazmuñoz, Yeruham Scharovsky, Nurhan Arman, Germán Cáceres, Jan Josef Wnek, Eugene Kohn y Piero Gamba, y la orquesta ha acompañado, entre otras, las óperas Traviata, Rigoletto y Aida de Verdi, Carmen de Biset, Madame Butterfly de G. Puccini, El Barbero de Sevilla de Rossini y Salomé de Strauss.

Durante casi siete décadas, la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana ha tenido también que enfrentar múltiples borrascas y sufrir las decepciones que provocan las promesas incumplidas de políticos y gobernantes. Casi todos prometieron construir la sala de conciertos que aun no existe, equiparla con los instrumentos de calidad que tampoco posee, y asignar los decorosos salarios que aun esperan sus integrantes. Sin embargo, nunca se suspendió un concierto o un ensayo por incapacidad de los músicos, quienes siempre han estado ahí para hacer lo que mejor conocen: interpretar la música. La orquesta tuvo un seguro apoyo en la Fundación Sinfonía, que la gerenció durante décadas y propició algunos de los más destacados conciertos.

Durante los últimos años, la falta de un espacio físico en el que realizar los ensayos y conciertos desestabilizó la programación y provocó que las actuaciones de alta calidad artística se convirtieran en sucesos esporádicos. Con el nombramiento de José Antonio Molina como Director Titular de la institución en marzo de 2009 y la disponibilidad permanente de los salones indispensables para los ensayos, la orquesta comenzó en agosto pasado el proceso de montaje de las obras que se presentaron el pasado miércoles 30. Fue un trabajo intenso, continuo y de alta productividad que, guiado por los Maestros Mihnea Ignat, Director Asistente, y José A. Molina rindió sus frutos, propició la realización de un excelente concierto, una audición comparable con las mejores que la orquesta ha podido realizar en el pasado.

Presente
La velada comenzó más allá de la hora señalada con las notas del Himno Nacional y seguidamente el señor Secretario de Cultura, José Rafael Lantigua, hizo la presentación de la renovada Orquesta Sinfónica Nacional, un discurso que sin dudas pasará a la historia. Después comenzó el concierto con una muy agradable interpretación de la Fanfarria. Los alientos entregaron una obra con buen tono, potable, fácil de escuchar y con un magnífico ensamble.

Después salió un gran pianista a exponernos una obra que hemos escuchado decenas de veces por disímiles intérpretes, pero con la fuerza de sus argumentos el Maestro Jorge Luis Prats la magnificó. Conozco a este pianista desde que era prácticamente un niño y siempre sobresalió en su clase, y cuando en 1977 tocó en La Habana el programa con el que había ganado el “Primer Gran Premio” del Concurso Internacional Marguerite Long-Jacques Thibaud, estuve seguro de que quienes tuvieran la posibilidad de escucharle cuando llegara a su plena madurez sentirían algo extraordinario. La noche del pasado 30 de septiembre, después de más de una década sin escucharle en vivo, tuve la sensación de encontrar justamente eso­: a un artista en plena madurez y capaz de hacer que la música se convierta en un acontecimiento estremecedor, inigualable e inolvidable.

Prats tiene el don del sonido, los fortes son enormes, bellos, monumentales, capaces de remover al mayor de los auditorios. Los pianos son casi inaudibles, a veces sólo sentimos la sospecha de haberlos escuchado, y entre ambos extremos una paleta prácticamente infinita, muy difícil de encontrar en otros artistas. Su sentido del ritmo y la manera de construir las melodías es una fiesta, es el impulso intenso ora hacia el canto, ora hacia la danza que nos lleva como una ola mar adentro.

Al final el público obligó al pianista a regalar algo más, y entonces el Maestro interpretó algunas danzas de Ignacio Cervantes. Otro lenguaje, otra música, pero con el mismo inigualable poder seductor.

El acompañamiento del Maestro Molina fue preciso, con el nervio y la intensidad del espectáculo vivo, con el nervio a flor de piel. Fue la suya una gran labor de concertación entre el solista y la masa orquestal, fue el significativo soporte para la creación de una interpretación magnífica.

Después del intermedio se escuchó una obra muy demandante para los músicos, una sinfonía que se trabajó largamente en ensayos agotadores, en los que el Maestro Mihnea Ignat propició, con su sabiduría y paciencia, el debido ensamble y la adecuada ejecución de los escabrosos pasajes de los que está llena la obra.

Sin dudas que la masa orquestal pudo demostrarse a si misma que está en capacidad de enfrentar obras complejas del repertorio, y que tiene el deseo de remontar cualquier cuesta como siempre lo ha hecho; sin embargo, los tormentos que provocan en los músicos la ejecución de tantos malabares, no se recompensan con la música que es capaz de trasmitir la obra. Aunque en el concierto el Maestro Molina le sacó el máximo y la ejecución fue incluso mejor que en el ensayo general, la obra transcurre por momentos verdaderamente aburridos para quienes la escuchan.

Futuro
El concierto de la Sinfónica Nacional, con sus nuevos Directores, y mediante el intenso e ininterrumpido trabajo de montaje, fue todo un acontecimiento cultural y será en el futuro, si no desterramos de la memoria el pasado y lo tenemos bien en cuenta para no tropezar de nuevo con las mismas piedras, el inicio de una nueva vuelta en la espiral eterna del desarrollo cultural de la nación. Si no se vuelven a incumplir las promesas, si se mantienen estables las condiciones propicias para los ensayos, si se favorecen las presentaciones en salas apropiadas, con la debida afluencia de público, y finalmente los músicos alcanzan el prometido salario decoroso, la Orquesta Sinfónica Nacional, la institución cultural más antigua del país, interpretará muchos inolvidables conciertos, incluso, cuando no estemos aquí ninguno de los que asistimos al Teatro Nacional el pasado 30 de septiembre.

lunes 7 de septiembre de 2009

¡COÑO QUE VIVA FIDEL! ¿Y QUÉ MÁS QUIERES QUE TE DIGA?

Hace unos días María Elvira, en su programa María Elvira Live que se trasmite por Mega TV, entrevistó vía telefónica a Juan Formell, quien compartirá el escenario con Juanes en el concierto del próximo día 29 de septiembre en La Habana, y aunque el hombre está escamado en esas lides y se mantuvo en control todo el tiempo -algo que no consiguió hacer Silvio Rodríguez hijo en otra exclusiva-, la intención de que el director de los Van Van dijera algo contra el régimen de los Castro fue infructuosa, pero sobre todo abusiva. No se le puede pedir a nadie que declare en contra de si mismo, y no se puede esperar respuestas comprometedoras de nadie que tiene su vida hecha a su manera bajo una dictadura. El principio número uno para la supervivencia en Cuba es la simulación, ya lo cantó hace décadas el propio Formell: “nadie quiere a nadie, se acabó el querer”. Y como alcanzó a decir en la entrevista, hay múltiples motivos por los cuales las personas deciden vivir en Cuba, un derecho, digo yo, que hay que respetar y a nadie se le debe reprochar.

María Elvira se enfrascó, más que en una entrevista, en un debate, y expuso sus ideas con tanta o más profusión que el entrevistado. Ella increpó mucho más que lo que preguntó, y no propició que el músico abundara en sus respuestas.

Formell se sintió sin dudas confrontado más que entrevistado, y eso lo hizo ser más cauto que lo habitual. Es más que suficiente que no sea él uno de los que levanta, ante esos cuestionamientos, la bandera de la “revolución” y sus maravillas como lo hacen Silvio o Amaury, quienes aunque por lo que dicen representan al régimen, por lo que hacen culipandean un tanto; el primero, ni siquiera vive en Cuba y según noticias cambió su nacionalidad; y el segundo, jinetea por doquier un viajecito al extranjero y hace algunos años, según se sabe de fuentes muy bien informadas, estuvo a punto de dar el salto al exilio pero le faltaron “riñones”.

¿Qué hubiera sido de la música de Formell sin sus bailadores cubanos? Nada. Algo de eso quiso decir en la entrevista pero María Elvira no le prestó atención, nada hubiera sucedido con los Van Van si Juan viviera en Estocolmo, Madrid o Londres como nada ha pasado con la música bailable de muchos compositores cubanos que al irse al exilio perdieron la conexión con sus bailadores y los consumió la llama de un mercado que anda por rumbos muy distantes al marcado por la música popular contemporánea hecha en la isla.

Tampoco el concierto de Juanes tiene mucha importancia para los cubanos de a pie, sobre todo para los de Plaza, El Vedado y Centro Habana, que son los que sin gran esfuerzo pueden ir y regresar en la guagua de San Fernando, tampoco se promocionan en Cuba los conciertos habituales de cualquier artista, ni siquiera los de Silvio Rodríguez o los Van Van, nadie anunció, por ejemplo, el encuentro Cuba-USA donde estuvieron, entre otras luminarias la Fania All Star.

Verán a Juanes los que puedan, y llenarán la plaza los mismos de siempre: tres o más policías por un civil y serán impedidos de asistir quienes estén fichados, algo que forma parte del paisaje cubano y que siendo una barbaridad no podrá cambiar un músico por denunciarlo en una entrevista, una verdad conocida y arduamente reprimida, una verdad tan sabida como las “hospitalarias habitaciones” de Villa Maristas o cualquiera de sus franquicias en toda la isla, donde los “cuidados” de los “anfitriones” a los visitantes son tan “exquisitos” que cualquiera, al poco rato de haber puesto un pie allí, es capaz de gritar: ¡Coño que viva Fidel! ¿Y qué más quieres que te diga?

lunes 31 de agosto de 2009

UNA CELEBRIDAD EN EL TANQUE

Pánfilo, a quien nadie conocía más allá de las fronteras de su barrio hace unos meses, se convirtió en una celebridad instantánea gracias a su intempestiva aparición en un video que, subido a youtube, le dio la vuelta al mundo en pocos segundos, y hasta el 31 de agosto de 2009 lo habían visto 413 465 Internautas.

Pánfilo no cantó, no rompió una marca deportiva, no batió un Guinnes, nada, no dijo nada que un cubano residente en la isla no haya repetido en privado millones de veces durante el último medio siglo. Pánfilo, visiblemente embriagado por mieles fermentadas de improbable procedencia, hilvanó frases rudimentarias sin tropos ni metáforas, sin rodeos eufemísticos, sin parábolas ni alegorías, sin una pizca de indecencia, iniquidad o ficción. Pánfilo no dijo nada que El Bobo de Abela no hubiera dicho.

Según fuentes no oficiales, Pánfilo fue juzgado y condenado a dos años de privación de libertad a los pocos días del hecho, pero “nada tiene que ver una cosa con la otra. El haberse convertido en una celebridad instantánea por denunciar de manera tan pintoresca las calamidades alimentarias en Cuba, nada tiene que ver con la pena impuesta, todo fue pura casualidad o mala suerte, nada que ver lo dicho por este nuevo Liborio con los dos años que le cantó el juez revolucionario”, quien lo hizo, según la información, basado en una figura establecida por las leyes del Estado Cubano, que prevén y sancionan a quien potencialmente pudiera delinquir, algo así como ganarse el infierno por tener sueños voluptuosos o decir que la tierra se mueve.

Pánfilo fue sentenciado para por si acaso hiciera, y también -digo yo-, el tribunal le puso a buen recaudo para evitarle los tormentos que le pudieran provocar esa abrupta fama. Es así como se tejen las leyendas en Cuba, donde según las estadísticas oficiales no hay presos políticos ni se violan los derechos humanos.
Artículo 11
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Suponiendo que el caso de Pánfilo no esté bien documentado, conozco a más de uno que fue a parar a la cárcel por expresar sus deseos de irse de Cuba, por hacer comentarios inapropiados a un extranjero, o por escribir o decir que no está de acuerdo. Yo los conozco ¿y usted?

video

jueves 13 de agosto de 2009

LO MISMO ME DA JUANES QUE SU HERMANA

En Cuba, desde hace casi medio siglo, el arte es un arma de la revolución. Así lo decretó explícitamente “el gran hijo de Birán” y lo ha hecho cumplir a raja tabla, quien no entra por el aro es multiplicado por cero. Con esas normativas los artistas pueden estar abiertamente contra la guerra, pero ojo, contra las guerras “injustas” y estas son las guerras desatadas por el “imperialismo yanqui”. Guerras justas son -aunque no lo publique el Granma y los revolucionarios culipandeen en foros internacionales al emitir juicios sobre el tema-, las que en estos momentos protagonizan las guerrillas de las FARC contra el Estado colombiano. Para los revolucionarios cubanos, la lucha armada continúa siendo “la única vía para resolver los males ancestrales que aquejan a nuestros pueblos”, por eso, cuando Chávez vaticinó guerras si Estados Unidos y Colombia deciden aumentar sus relaciones militares, yo sentí un profundo temor, porque en él y sus iguales de La Habana las ansias de poder –que ellos llaman liberación de los pueblos- superan a la razón, y de la palabra a los hechos no hay más que un click.

Siendo así las cosas en Cuba, el concierto por la paz en el que participarán Juanes, Olga Tañón, Miguel Bosé y otros artistas será sin dudas un evento en el que no se condenará a la narco guerrilla que desangra desde hace décadas el país de Juanes, porque aunque mucho culipandeen en La Habana y no lo publique el órgano oficial del PCC, para los revolucionarios cubanos los injustos son los oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas Colombianas -aliados estratégicos del gobierno de Los Estados Unidos- y los justos son las FARC “porque siguen siendo la única vía para alcanzar la verdadera libertad de nuestros pueblos”.

Muy probablemente Juanes no haya votado por Uribe, pero Colombia es un país democrático, donde el presidente tiene la obligación de gobernar para todos los ciudadanos y de combatir el narcoterrorismo, porque ese fue el mandato que le dieron en las urnas. Álvaro Uribe, por esa guerra que libra contra las FARC en estrecha alianza con los Estados Unidos, es para los revolucionarios cubanos un “traidor”, así que Juanes, muy probablemente, llevará la voz cantante en un evento que, sin culipandeo de ningún tipo, estará abiertamente en contra del gobierno de su país, incluso cuando no mencionen su nombre.

Ya sucedió muchas veces en el pasado, que un visitante extranjero, con una alta dosis de buenas intenciones e ingenuidad, se convirtió en un aliado de la revolución cubana, todo por obra y gracia de la manipulación de la información en los medios totalitarios de adoctrinamiento, que son absolutamente todos los que existen legalmente en la isla.

Recuerdo muchos casos, pero los más sonados fueron los de Oscar D’León y Juan Pablo II. El primero recorrió la isla en una gira electrizante, que paró de cabeza a bailadores, estremeció incluso a los “patones” y dejó una huella indeleble en los músicos cubanos, pero cuando todo se acabó y la venta de sus discos sufrió una sensible baja por haber cantado en Cuba, Oscar tuvo que decir cosas que entonces no gustaron en La Habana, donde le cerraron las puertas a cal y canto y dejó de escucharse en la radio cubana por muchos años.

El Vicario de Cristo consiguió pasearse por toda Cuba, decir un par de molestas oraciones, los feligreses pudieron manifestar su júbilo religioso como nunca antes, el 25 de diciembre volvió a ser feriado, pero el Papa debió, entre el cielo y la tierra, pedir el cese del “bloqueo”, y acusar al “imperialismo yanqui” de sus injusticias contra los revolucionarios cubanos.

Este otro Juan, ya ha conseguido su plusvalía, ya tuvo suficiente propaganda gratis como para poder decir y hacer en La Habana todo lo que le sea sugerido, por ahora va ganando. Después -y ojalá que no sea así-, cuando disminuyan sus ventas y sus fanáticos dejen de ir a sus conciertos, dirá lo que tenga que decir aunque sea repudiado y acusado de traidor por los revolucionarios cubanos, y su voz no se escuchará por muchos años en la radio de la isla.

A mi me da lo mismo que cante Juanes en La Habana o que los Van Van toquen en Miami, lo que sí me molesta mucho es que tanto de un lado como del otro se manipule el suceso. Juanes o su hermana, tienen el derecho de tocar donde les contraten, pero si el artista va a meterle el pecho a la política, como es el caso de hacer un concierto por la paz en La Habana, debe tener la responsabilidad suficiente como para poder entender que Cuba, es el único país de este hemisferio que puede competir con los Estados Unidos por su participación en guerras fuera de su territorio, incluido el apoyo –antaño sin tapujos- a todos los llamados movimientos de liberación, incluidos las FARC.

Es absolutamente falso que la música nada tenga que ver con la política, ni en democracia ni en dictaduras. El artista es un ser pensante, unos más otros menos, el asunto está en la presencia que tenga en el espectáculo tal o cual mensaje. En el caso de un concierto por la paz, por África, o por las víctimas de un desastre natural el interés político es explícito y quienes participan en él deben asumirlo con gran responsabilidad y conocimiento; sin embargo, me parece que los participantes en este concierto por la paz en La Habana no han dicho todo o no les han formulado las preguntas correctas. En todo caso habría que preguntarle a Juanes ¿contra qué guerra será el concierto?, ¿contra la guerra de las FARC o contra la del Ejercito Colombiano?, ¿a favor de quienes será el concierto?, ¿a favor de los secuestrados o de los secuestradores?

domingo 9 de agosto de 2009

LA ÓPERA SANTA ANNA, ¿UNA ZARZUELA MEXICANA?

31.07.2009. Xalapa, Veracruz, México. Teatro del Estado. Ópera Santa Anna. Libreto, Carlos Fuentes. Composición, José Ma. Vitier. Director concertador, Fernando Lozano. Dirección de escena, Lorena Maza. Fernando de la Mora (tenor), Santa Anna. Lourdes Ambriz (soprano), Inés. Verónica Alexanderson (mezzosoprano), Tosta. Grace Echauri (Mezzosoprano), La Nana. Hernán del Riego (tenor), La Muerte. Orquesta Universitaria de Música Popular. Director, Mateo Oliva.

Pocas veces en la historia de la ópera un libreto y su autor van en busca del músico, por lo general sucede lo contrario, el compositor elige un argumento ya existente para ponerlo en escena, sea de una novela o una obra de teatro, y solicita a un libretista que realice la adaptación, también es común que algunos compositores creen sus propios textos y que el autor de la música ocupe el primer lugar en los créditos; sin embargo, Carlos Fuentes, uno de los escritores más importantes del siglo XX, creó un libreto y buscó a un músico para que compusiera la partitura de la Ópera Santa Anna.

El estreno tuvo lugar el pasado 20 de noviembre de 2008, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, como uno de los festejos por el cumpleaños 80 de Carlos Fuentes; el día 1 de diciembre se presentó en Guadalajara, en el marco de la Feria Internacional del Libro; y en Xalapa, Veracruz, subió a escena en el contexto de la creación de la “Cátedra Carlos Fuentes” en la Universidad Veracruzana.

De tal modo, la puesta que vimos aquí fue apenas la tercera, un dato de gran peso para establecer un criterio acerca de la obra, sobre todo, si tenemos en cuenta que este es un género que se consolida únicamente ante el público, es en la escena donde se depuran los elementos que funcionan y lo artísticamente valioso, cada representación es una prueba en la que el compositor, los cantantes, el libretista, el escenógrafo, el coreógrafo y todo el equipo tienen la posibilidad de comprobar lo que funciona y lo que no, para entonces corregir, editar, eliminar y adicionar lo que sea más adecuado.

Sin dudas el texto y la construcción dramática de la historia tienen un gran valor; sin embargo, no se le puede despojar de la música, puesto que es ella la que amarra todos los elementos y los convierte en un todo, la música hace valer la escena, incluso en los parlamentos, porque concierta el ritmo general de la obra. El libreto, que cuenta una historia decimonónica utilizando los recursos de la literatura del siglo XX, la hilaridad y desparpajo de la zarzuela y el sainete, tiene la música del mismo jaez.

El Maestro José María Vitier creó la música utilizando técnicas modernas y post modernas, arias en las que sobresalen las disonancias -que contrastan en ocasiones con acompañamientos distendidos-, melodías construidas con intervalos áridos que exigen mucho de los solistas. Sin embargo, las armonías se van suavizando en la medida que avanza la obra… -¿o será que el oído se va acostumbrando?-. Vitier no perdió la oportunidad de evocar la canción, la romanza y la habanera, géneros obligados en la zarzuela, como tampoco fue parco en el uso de elementos musicales de las diversas culturas que pueblan nuestro continente, obviamente están los sones veracruzanos, pero mucho más que eso hay en el entramado de toda la obra.

Los solistas y el coro tuvieron una noche magnífica, pero mención aparte merece Hernán del Riego en su papel de La Muerte. Su figura, movimiento escénico, maquillaje, vestuario, voz y actuación trasmitieron la magia, provocaron conmociones y su personaje llevó al auditorio por infinitos recovecos emocionales.

En la Ópera Santa Anna que se vio en Xalapa hubo elementos suficientes como para poder afirmar que más que una ópera es una zarzuela; entre otros, sobresalen la hilaridad, el desenfado, la irreverencia, y el localismo de los textos; el desparpajo de escenas como la guerra de los pasteles, abundantes y largos parlamentos desbordados de chanza, la ausencia total de recitativos y más canciones y habaneras que arias.

La tercera puesta en escena aun estuvo falta del hechizo que debe provocar esta obra, el que está planteado en su esencia, el que se consigue con la magnificación de efectos musicales y escénicos que no salieron de la “lámpara”. Ah, y si el chile jalapeño no es de Xalapa, ni el habanero de La Habana, nada raro debe haber en que la Ópera Santa Anna sea zarzuela.

Sinopsis (Escrita por Carlos Fuentes)

Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México, vive su vejez en un retiro solitario donde su mujer, María Dolores Tosta, recluta mendigos de la calle para hacerle honores al Señor Presidente de la República.

Santa Anna y su mujer miran al pasado y recuerdan al joven gallero jarocho, al héroe de Tampico, al hombre que rehusaba la banda presidencial y acabó por ocupar la silla del águila once veces.

Derrotado en la guerra de Texas, llevado cautivo a la capital norteamericana, derrotado nuevamente en 1848, exiliado, gallero de vuelta a los palenques de Colombia, Santa Anna resume la trágica historia de una nación con independencia, pero sin estado.

Al final de sus días le toca a Santa Anna ver cómo Benito Juárez echa las bases de un Estado Mexicano. Para Santa Anna es demasiado tarde…

viernes 24 de julio de 2009

LA TÁNGANA DE MEL

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Por supuesto que esto no lo digo yo, lo escribió Carlos Marx en El 18 brumario de Luis Napoleón Bonaparte, lo que yo quiero agregar ahora es que si la segunda es como farsa, la tercera es un sainete y a partir de la cuarta no es más que una tángana.

Ahora tenemos a Mel haciendo el camino de Santiago con rumbo a Tegucigalpa, vaya, como quien dice, buscando el oriente por el occidente, rememorando el irresponsable asalto al cuartel santiaguero que lideró el ilustre hijo de Birán, único oriental de la pandilla, quien perdió el rumbo a la hora de nones y llegó muy distante de la vanguardia, cuando la debacle era inminente y estaba más cerca la retirada, y quien, para rematar, cuando se dio la estampida de los pocos que lograron salvar la vida en aquel acto temerario, nadie sabe cómo fue a dar el baon en Boniato, un intrincado lugar de la Sierra Maestra, donde la guardia lo agarraró en brazos de Morfeo, como quien dice, asando maíz en el quinto sueño.

La tángana de Mel desdibuja también el regreso de Napoleón Bonaparte a Francia, aquella resurrección del imperio que derrumbó durante cien días la restauración y que Louis de Aragón describió bellamente en la novela La Semana Santa. El tirano desembarcó en las costas de su país y para cuando llegó a París, ya se le había unido un gran ejército, quizás mayor al que tuvo en la Batalla de las Naciones, de donde había regresado en 1814 con la derrota a cuestas y la consecuente expulsión a la isla de Elba en el Mediterráneo.

Zelaya entra en suelo hondureño y da la tángana irresponsable, instigando a la violencia, convencido de que no estará donde le pueda pesar ni pasar nada, no protagonizará un suicidio, como en la Moneda el 11 de septiembre de 1973, no cabalgará en un blanco corcel rodeado de un napoleónico ejército delirante, no podrá rehacer nada, pero sí es posible que a la hora de nones pierda la brújula y le atrapen en los brazos de Morfeo, o haciéndose el sueco, si tiene su Waterloo las víctimas serán las mismas, él tendrá, a lo sumo, su Santa Elena.

jueves 9 de julio de 2009

EL CARRUSEL DEL PENCO.

Yo no sé si es que en mi memoria se atiborran selectivamente fragmentos repetidos periódicamente, o en realidad los años provocaron que los recuerdos desfilen ante mí como una noria. El caso es que desde hace décadas no sucede nada en mi país, no se emprende campaña alguna a favor o en contra de algo que ya no se haya realizado, nada se publica, nada dicen sus "dirigentes" que no se haya dicho antes, y toda su actualidad se me presenta como la destartalada imagen del pasado.

Estimulado por el artículo “Causas y consecuencias”, de Jorge Olivera Castillo, me puse a buscar el la red y leí, con cierto retraso, algunas noticias acerca de la educación en Cuba, entre ellas la destitución el pasado año del Ministro de Educación Superior , y me pareció estar leyendo el Granma de hace 30 años.

Las críticas oficiales a las deficiencias en la educación, por supuesto -y que valga la aclaración- maquilladas como brujas, han aparecido de tiempo en tiempo en los medios de mi patria, claro, que unas "críticas constructivas", "dentro de la revolución" que en realidad no persiguen atacar las causas de los males, sino sus consecuencias, es decir, a los dirigentes a purgar en cada vuelta de tuerca, sea por “cansancio y pérdida de la conciencia revolucionaria”, "desviaciones ideológicas" , borracheras "con las mieles del poder" o el estigma epocal creado por el caudillo.

La educación en Cuba no será la peor del mundo, pero no es ni la sombra de lo que debió ser en el siglo XXI, ni por su desarrollo desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, ni por los innumerables recursos materiales y humanos que se dedicaron al sector durante el último medio siglo.

Todo falló porque el fin supremo no fue la educación y la instrucción libre, sino el adoctrinamiento de los individuos en la ideología voluble del “máximo líder”. “La universidad es para los revolucionarios”, reza la consigna, y parafraseando otros dos eslóganes: “quienes no estén dispuestos a ser revolucionarios que se vayan, que se vaya escoria”.

Cuba pasa como la sombra de lo que fue, y quienes la administran la repiten hasta el cansancio –más que el ajo hubiera dicho mi abuelo-, y no puedo evitar, cada vez que la veo, recordar el carrusel que de tiempo en tiempo pasaba por mi pueblo, cada año con los corceles más destartalados, cada vez más mugrosos, más viejos… cada año más pencos hasta que ya no volvieron .