jueves 1 de marzo de 2012

EL ARTE ES UN ARMA REVOLUCIÓN CUBANA


A propósito del 50 aniversario de la fundación de la Escuela Nacional de Arte, aquel sueño inacabado.


El fin de la educación no es hacer al hombre rudo, por el desdén o el acomodo imposible al país en que ha de vivir, sino prepararlo para vivir bueno y útil en él”. José Martí

La abolición de la propiedad privada en Cuba fue un proceso violento, en el que las víctimas no solamente fueron despojadas de todas sus riquezas, sino que también fueron arrastradas sus reputaciones y tapiadas sus obras. Quienes habían construido los pilares del patrimonio nacional fueron desterrados, sus riquezas saqueadas y sus nombres proscritos, con tal saña, que más de medio siglo después, cuando de aquellas fortunas no queda nada a causa del dispendio e incompetencia de los llamados “revolucionarios”, la Historia oficial que se refleja en los textos dista mucho de la realidad.

Según el elogio que publicó el Centro Nacional de Escuelas de Arte (CENEART), “La fundación de la Escuela Nacional de Arte en 1962 dio inicio a la extraordinaria expansión de la enseñanza artística, como una de las obras más trascendentales y hermosas de la Revolución Cubana expresada en el desarrollo y prestigio alcanzados por el arte en Cuba”.

En este primer párrafo lapidario y contradictorio, se entierra un pasado en el que gracias a los altos niveles académicos de la enseñanza de las artes en Cuba y su expansión por todo el territorio nacional, los artistas cubanos conquistaron el respeto y la popularidad internacional. Es muy larga la lista de músicos, pintores, bailarines y actores que desde el siglo XVIII habían llevado el arte cubano por todo el  mundo, cientos de artistas sin los cuales nunca se hubiera podido alcanzar “el desarrollo y prestigio” que en ese mismo párrafo se reconoce como un logro de la “Revolución Cubana”.

Lo que ciertamente sucedió en 1962, fue que producto de la expropiación de centenares escuelas de música, la prohibición de impartir clases particulares y el éxodo de un buen número de maestros el país se vio desprovisto de enseñanza artística por primera vez durante siglos, nunca había faltado en Cuba uno o docenas de estudiantes para cualquier buen profesor de música, lo mismo en Gibara que en El Vedado. Pero en 1962, a consecuencia de la abolición de la propiedad privada en Cuba, la enseñanza de las artes fue prácticamente anulada... tanto en Aguada de Pasajeros, como en La Habana.

Entonces, ante la necesidad de continuar adoctrinando a los jóvenes, utilizar el arte como “un arma de la revolución” y seguir disponiendo sin medida del patrimonio nacional, fueron depositados cientos de niños, adolescentes y jóvenes en los ricos terrenos del expropiado Country Club, en el entonces exclusivo reparto Cubanacán, y alojados en las casas que recién habían sido confiscadas porque sus moradores habían cometido “el delito de viajar fuera de su país”.

 Aquellos bienes inmuebles que formaban parte del patrimonio de muchos de los que con su talento habían contribuido a crear las riquezas de la nación, fueron los albergues de la ENA, y aquella fue la más ominosa maniobra que el régimen pudo hacer para garantizar que nunca más todas aquellas fortunas volvieran a ser de sus dueños, y nunca más los cientos de estudiantes pudieran volver a sus pueblos, de donde fueron arrancados porque en ellos no quedó ni la más modesta academia privada. Fue la más eficaz manera de hacerles creer a aquellos niños “que los dueños de aquellas riquezas las habían abandonado ante el paso arrollador de la justa revolución cubana”.

Más adelante el documento afirma que: “Su fundación se llevó a cabo a partir de todo el arsenal de tradiciones artístico-culturales que se gestara en la práctica creadora de pedagogos y artistas cubanos desde siglos anteriores”. Esto tampoco se coteja con la realidad, porque de todos aquellos pedagogos y artistas que dieron lustre y prestigio a la enseñanza de las artes en Cuba, quienes no comulgaron con el castrismo fueron acosados de tal modo que emigraron o se quedaron fuera del sistema de enseñanza. No fue casual que en 1959 nombraran a Harold Gramatges asesor del Departamento de Música de la Dirección General de Cultura, quien fue Presidente de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, el ala cultural del Partido Socialista Popular (comunista), desde su fundación en 1951 hasta su desaparición en 1960, y quien, como escribe Helio Orovio en su Diccionario de la música cubana, intervino “en la reforma de la enseñanza de la música” en Cuba.

Para no hacer muy larga la lista de aquellos que no pudieron participar por sus ideas contrarias al castrismo, solamente mencionaré a Julián Orbón (1925-1991), maestro, compositor y continuador del sistema de enseñanza musical popularmente conocido como “Plan Orbón”, fundado por su padre Benjamín (1874-1944) y que contaba con más de un centenar de academias con aquella franquicia, un sistema de enseñanza muy extendido y eficaz que fue eliminado con la expropiación de las academias que lo implementaban; y Aurelio de la Vega (1925), quien salió al exilio en 1960. Ambos artistas ya tenían en 1959 obras de importancia para la Historia de la Música cubana, muchas de ellas estrenadas por la Orquesta Filarmónica, y ambos tenían una probada capacidad pedagógica, pero fueron echados a un lado por aquella “reforma de la enseñanza de la música” debido a sus ideas políticas.

Pero ni siquiera ellos, unos de los más sobresalientes de esa larga lista, jamás fueron mencionados en las clases de Historia de la Música que se impartieron en las habitaciones de aquellas majestuosas viviendas arrebatadas a sus dueños y convertidas en salones de clases, jamás sus obras fueron interpretadas como parte de aquel “arsenal de tradiciones artístico-culturales” que menciona el documento del CENEART.

Y aunque el texto anota casi 50 escuelas fundadas por “la revolución”, era mayor la cantidad que para el estudio de las artes existía en el país antes de 1959. Si tenemos en cuenta que de música, adscritas al “Plan Orbón”, eran más de un centenar repartidas por toda la isla, al sumarles las pocas que pudo recopilar Orovio en su Diccionario, alcanzan una cantidad sensiblemente superior a las que hoy existen.

La enseñanza privada, con sus altas y bajas se reorganizó a partir de la década del treinta. Según Edgardo Martín, “la enseñanza privada toma nuevos vuelos y procura ponerse en mejores condiciones de rendimiento. […] aparecen nuevos tipos de enseñanza; se ensayan metodologías nuevas, [y] se hace un trabajo más riguroso que antes”.1 Pero lo que mejor habla de la calidad de la enseñanza musical en Cuba antes de 1959, es la impetuosa vida artística en ciudades como La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba. Y si bien es cierto que algunas instituciones públicas necesitaban que el Estado les aportara más recursos, no era necesario que las convirtieran en centros de adoctrinamiento, la educación musical no necesitaba una metodología uniforme en todo el territorio nacional que amordazara las individualidades, el estudio de las artes debió seguir siendo libre y abierto, público y privado.

Medio siglo es mucho tiempo en la Historia; sin embargo, ha sido poco para superar el arte producido antes de 1959 en la mayor de las Antillas. No era necesario hacer una Escuela Nacional de Arte para que el Arte Cubano fuera universal, eso ya había sucedido, pero por todos los medios, como filosofía política del castrismo, se ha hecho creer, borrando y mancillando la obra de decenas de artistas e intelectuales cubanos que se fueron al exilio, que “gracias a la revolución la cultura cubana floreció como nunca antes”.

Según Edgardo Martín2, desde las primeras décadas del siglo XX se presentaron en el Teatro “Auditorium”, y otras salas de la Sociedad Pro-Arte Musical, “Casi todo lo más grande del concertismo, la ópera y el ballet en todo el mundo”, lo que propició que se formara “en La Habana un público, que aunque minoritario, estaba al día en cuanto a música, ópera y ballet se refiere”. Y aunque Martín anota en estas líneas que allí iba una élite, en la misma obra nos informa que los abonados de Pro-Arte eran más de cinco mil, y que los conciertos se repetían para que los no socios pudieran disfrutar por precios populares las mismos conciertos. Si se toman en cuenta esas cifras y se relacionan con la cantidad de habitantes de la isla entonces, probablemente los guarismos nos sorprendan. También acusa Martín que en “esa institución [Pro-Arte] prevaleció cierto conservatismo”, (Sic) pero a pesar de eso, por sus salas pasaron casi todos los artistas cubanos de calidad en la época y se presentaron en primera audición algunas de las más representativas obras cubanas de entonces.

Del sueño a la pesadilla
De poco sirvió el sistema doctrinal que impuso el castrismo en las Escuelas de Arte, porque se abolió, junto a la propiedad privada, el mercado del arte, un mercado que se había hecho con todos y para todos durante la colonia y la república. Para lo que sirvió la abolición de la propiedad privada en Cuba fue para que la falta de recursos cundiera en todas las escuelas, incluidas las de arte y la indigencia se enseñoreara en ellas. Para lo que sí sirvió la destrucción del mercado del arte fue para que los artistas y pedagogos cubanos alimentaran el arte en otros países, a donde van a parar desde 1959 todos aquellos que pueden y quieren hacerse una mejor vida, para ellos, sus hijos y sus nietos.

De nada valió el cerco y la represión contra los que no se amoldaron a las ordenanzas y los dictados, porque al abolirse la propiedad privada se suprimieron casi todas las fuentes de empleo de los artistas, y el propio sistema debió sacar del país tanto a tirios como a troyanos, por las buenas o por las malas, conformándose así un exilio multicolor que se extiende ya por más de tres generaciones.

De tal modo que, para ajustar las glorias a las memorias, habrá que decir, con toda franqueza, que a pesar de los desmanes los artistas cubanos mantuvieron el prestigio internacional, pero sobre todo porque la lista de artistas y pedagogos que debieron ir al exilio durante este medio siglo es abrumadora, y generación tras generación, quienes lograron concluir sus estudios en la ENA o el ISA, buscaron por todos los medios emigrar, por las buenas o por las malas. Esto no niega que Cuba luzca hoy una mejor vida cultural que otros países de la región, como lo fue siempre; sin embargo, los niveles de pobreza en los que viven la mayoría de los artistas que residen en la isla es visible y triste, es también por esa realidad que los empresarios de todo el mundo se las arreglan para buscar en las vitrinas bien surtidas del arte en la isla, piedras preciosas a precios de pulga.

Y aunque hablar de lo que pudo ser y no fue es metafísica, como apuntaba el sabio Roberto Pellón, si todos durante nuestra niñez nos hubiéramos podido quedar en nuestros pueblos, al calor de nuestras familias, en las academias más cercanas a nuestras casas, o aprendiendo con el profesor que impartía clases particulares y luego, adultos y maduros, hubiéramos decidido libremente buscar más allá, hoy seríamos seguramente los mismos, pero con un pasado más apacible, agarrados a nuestro suelo y muy probablemente con un mejor país, tal como lo hicieron quienes prestigiaron el arte cubano durante tres siglos de Colonia y medio siglo de República. Hoy, muy probablemente, estaríamos siendo buenos y útiles en nuestra patria.


PE.: No se puede agradecer como un regalo la educación gratuita que debemos aceptar obligatoriamente, la que se nos otorga a cambio de nuestra lealtad a un régimen. 

1 Martín, Edgardo: Panorama Histórico de la Música en Cuba. Cuadernos CEU Universidad de La Habana, Cuba. 1971, p.182
2 Ídem, p.114

domingo 19 de febrero de 2012

LA ENTREVISTA


Las cosas de Baldomero

Siempre lo he dicho, las cosas de Baldomero no dejarán de sorprenderme, incluso después de su muerte. Parece que lo conocí para eso, para que de cuando en cuando me lleguen noticias de su paso por este mundo. Hace un par de días encontré -en una de esas limpiezas periódicas que uno debe hacer para no ahogarse entre objetos inservibles-, un casete de audio. ¡Increíble! Era una cinta que tenía escrito en una de sus caras: “El revolver”. The Beatles. Baldomero.

Ahí estaba en uno de los cajones, como esperando su momento de fama. No puedo recordar los pormenores, pero supongo que Baldomero me lo regaló cuando ya aquel fonograma formaba parte de mi colección de discos compactos y nunca antes se me ocurrió escuchar el casete. El caso es que lo puse en un aparato que milagrosamente también se había salvado del tiempo y sonó Taxman, la primera canción del disco, claro, en bastante mal estado, pero la soporté hasta el final, y luego unos compases de la segunda: Eleonor Rigby, pero entonces sonó una voz. Escuché hasta el final y pude comprobar una vez más que Baldomero anduvo por mil caminos.

Es casi imposible determinar los detalles de esta grabación, esta pieza arqueológica no da más datos que los que se registran en ella, datos que pudieran caerle a muchos lugares de este mundo, por eso la transcribo íntegramente.

Entrevistador: ¿Cuándo emigró usted a esta ciudad capital y por qué?

Baldomero: Emigré cuando era un mozalbete, y por los mismos motivos que emigran todas las especies, para encontrar un lugar mejor.

E.: ¿Y lo encontró?

B.: Por supuesto que no, me pasó como al personaje de Balzac en las Ilusiones Perdidas. Vine buscando algo que en mi mente casi infantil imaginaba, algo que con el tiempo viví en otras ciudades del mundo… vine a la capital a convertirme en un ciudadano y a conquistar un lugar prominente en la sociedad, pero no lo conseguí…

Mi excusa ante mis padres para venir fue el estudio, en mi pueblo no había ni siquiera bachillerato y ellos me apoyaron, sobre todo mi padre, cuando les dije que iba a hacerme médico en la capital se alegraron… pero nada salió como lo planifiqué.

E.: ¿Y qué fue lo primero que le llamó la atención al llegar?

B.: Durante los primeros días me deslumbraron algunos edificios altos, la pulcritud de todo, pero a los pocos días de estar aquí, ¿sabes lo que me despertó en la mañana?... ¡Pues el cantío de un gallo!... eso fue para mí el acabose, se me unió el cielo con la tierra…

E.: Pero, ¿y eso por qué?

B.: ¿¡Cómo que por qué!? Te digo que venía buscando la ciudad, el cosmopolitismo de una urbe como lo que había leído en tantas novelas, y me topo con que aquí los gallos cantan como en el medio del monte… eso fue un gran choque. Fue posiblemente el primero.

E.: ¿Y finalmente se graduó de medicina?

B.: No, nada de eso, mi afición a las artes me sacó por un tiempo de la Universidad y fui a dar a Nueva York, donde me encontré casi la misma historia que aquí. Allá nuestros paisanos tienen un auto aislamiento, no se sacan el campo de las costumbres, y como allá sí que la ciudad manda, cuando intentan hacer lo mismo que en sus campos, pues vienen los choques con los gringos… y hasta con los que no lo son, chocamos con todos aquellos que la ciudad domó y le inculcó sus costumbres.

Yo traté y conseguí apropiarme de muchas de las costumbres de la gran urbe, incluso pude trabajar con norteamericanos de pura cepa, llegué a dominar el idioma muy bien, sin acento latino, pero entonces el monte me dio un tirón, mis padres se enfermaron, los dos al mismo tiempo, y tuve que venir a cuidar de ellos, después murieron y cuando todo lo tenía listo para volver, esta vez a Boston, pues derrocaron al dictador y creí que la ciudad capital tomaría verdaderos aires cosmopolitas... que se convertiría en una urbe cosmopolita, moderna y libre, pero todo fue peor, la emigración aumentó y todos los campesinos trajeron sus costumbres y las impusieron, comenzamos a sumar millones, y los libertadores no fueron capaces de aprovechar la libertad para forjar a ciudadanos de costumbres, a individuos capaces de llevar la convivencia en paz y armonía.

E.: Pero hoy usted es un sociólogo muy prestigioso y sus criterios son tomados en cuenta.

B.: No, eso no es así, en definitiva la vida me puso en el camino de la sociología, pero hubo quien menospreció nuestro trabajo y las universidades cerraron la carrera, y me quedé sin el título, y traté de llenar mis lagunas con mucho autodidactismo, un método que solamente le da resultado a algunos genios, pero yo no he llegado a ser más que un aficionado, tan aficionado a la sociología como lo soy de la música, nada más… y lo que yo diga o deje de decir no le interesa a nadie. Pero más triste aun, se hacen las leyes y no aparece quien las haga cumplir… y entonces podemos ver que nuestra capital es un sitio rural, donde la gente anda sin costumbres, atropellando al prójimo, colocando epítetos por encima de las leyes.

E.: ¿Cómo es eso de los epítetos?

B.: Claro, en cuanto se anota una mancha en la conducta de un gremio, y algún novato jefe de policía hace un operativo para poner orden, allá va el epíteto de “padres de familia”… entonces, como son padres de familia tenemos que permitirles que circulen en chatarras que no cumplen con las normas técnicas requeridas por la Ley, pueden desplazarse en carretones de tracción animal por las grandes avenidas, porque tienen esos padres de familia que vender las frutas, los víveres, a otros padres de familia que los necesitan…

Alguien habló, y no fui yo, de complicidad social, no lo mencioné, no se me ocurrió a mi tal definición, pero vivimos en tal complicidad con los malhechores que cada vez se hará más difícil alcanzar una sociedad altamente organizada, es decir, una civilización… y como veo que a usted ya esto que digo no le está gustando, porque no se salva nadie, nadie quiere escuchar la verdad… ese es el problema más duro de la sociología, que analiza las heces de los conglomerados humanos, que son en definitiva las que dicen el estado del paciente… Yo veo que, ninguno de los gobernantes que pasaron por aquí después de los dictadores, han sabido qué hacer con la libertad, y eso es una gran pena.

Cuentan los más viejos que en época del tirano no había quien tirara un papel en la calle, que todos los carros debían estar en perfectas condiciones y que la gente aun seguía ciertas normas… incluso cuando los gallos cantaran en la capital igual que en el monte…

E.: Bueno, Baldomero, le doy las gracias por sus respuestas y espero que algún día podamos tener una ciudad como la que ha soñado.

B.: Gracias a ti por permitirme decir estas cosas, por las que ninguna autoridad me meterá preso, pero que tampoco le pondrá el menor caso. Gracias. 

sábado 21 de enero de 2012

DEBUT PROFESIONAL DE JUAN ESTEBAN MARTÍNEZ


Décimo cuarto concierto altagraciano.

Una velada de gran lucimiento en la que dirigió el Maestro José Antonio Molina, y el joven Juan Esteban Martínez hizo su debut profesional.

Higüey. República Dominicana. 17.01.12. Basílica Nuestra Señora de la Altagracia. Dimitri Shostakovich, Obertura Festiva en La Mayor Op. 96; Gioacchino Rossini, Introducción, tema y variaciones para clarinete y orquesta, en Mi bemol; José Antonio Molina, Fantasía Merengue. Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. José Antonio Molina, dir.; Juan Esteban Martínez, solista. Aforo: 100 %.

No es común por estas tierras asistir al debut de un músico que a todas luces dará mucho de qué hablar y quien sin dudas alcanzará una carrera brillante, no es cosa de todos los días escuchar a un clarinetista de 16 años brillar como lo hizo Juan Esteban Martínez (1995) durante su debut con la OSN-RD. Si bien es cierto que Juan Esteban ya era conocido en los medios de la educación musical en la isla por sus múltiples premios en concursos y festivales nacionales, su presencia como solista con la institución profesional más importante del país marca un hito en su carrera.

No es un niño prodigio, no lo es porque a su edad ya son muchos los que alrededor del mundo hacen sonar a ese ingrato instrumento como ángeles, pero sí es necesario subrayar y anotar con letras que lleguen a todos los rincones del país que este adolescente es uno de los más brillantes músicos que en nuestros días va despegando hacia las cimas del difícil arte musical.

Durante los ensayos y el concierto lo primero que brilló en él fue su seguridad, su dominio de la escena, perfectamente a tono con la solidez técnica que posee. En el párrafo anterior utilicé el adjetivo ingrato, y es porque ese instrumento se revela contra sus intérpretes, es indócil, conquistarlo es una labor titánica, es empresa para tozudos. Por supuesto que todo ese arsenal técnico que posee Esteban está en función de lo que interpreta y así fue que este Rossini no tuvo desperdicio, fue justo en los tempos, se regodeó en la agógica romántica que merodea toda la obra y fue férreo en los pulsos; su dicción, su manera de decir las frases, y su digitación son del todo precisas, y aunque algunos agudos no se dejaron domar, eso no le restó brillo a su interpretación y mucho menos un obstáculo para que la ovación del público fuera prolongada. Y para que no quedaran dudas Esteban hizo un regalo, interpretó el Capricho No. 1, Op. 1, de Ernesto Cavallini. Entonces hubo un feliz asombro en el auditorio, y a más de uno se le quedaron los ojos cuadrados al reconocer el fantástico uso que hace este joven de la respiración continua (¡!), y todos en pie, sin la menor duda, lo volvieron a ovacionar agradecidos del espectáculo poco común que acababan de disfrutar.

Y si elogios merece este adolescente que va saliendo a la vida profesional de manera tan brillante, también es justo quitarse el sombrero ante su mentor Roberto Medina, el Maestro que lo ha guiado y quien ha sido el responsable de trasmitirle una sólida formación académica.

El resto del programa transcurrió dentro de los parámetros harto conocidos por los cronistas y el público: El Maestro José Antonio lució su vibrante estampa ante la masa orquestal y los músicos respondieron a cada uno de sus llamados completando las emociones que llenaron la velada. Un Shostakovich centelleante en los tempos, estremecedor en los fortes y desbordado de alegría; y una Fantasía Merengue bailable, concertante, dominicana y llena de celebraciones, muy a tono con el día de la exaltación de la patrona de nuestro país.

Sin dudas, el XIV Concierto Altagraciano deberá ser recordado por el magnífico espectáculo musical que se presentó, por la presentación de Juan Esteban Martínez y quizás también por algunos elementos extra-musicales, como por ejemplo la mejora en el montaje de la orquesta y la disposición de las luces, elementos que por lo general le han restando lucimiento a los conciertos anteriores.

PRIMICIA: El dúo de clarinetes conformado por los hermanos Juan Esteban y Juan Carlos Martínez ha sido seleccionado, mediante audiciones, para presentarse el próximo 4 de octubre en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Juan Ángel Arango de Bogotá, en uno de los conciertos de la Serie Jóvenes Intérpretes que auspicia El Banco de la República de Colombia. El programa incluye música de Telemann, Desiré Dondeyne, Carl Baerman, Francis Poulenc, Félix Mendelssohn, Calixto Álvarez y Mauricio Murcia. Esta serie de conciertos ha alcanzado renombre durante las últimas décadas y ha servido para mostrar a los más destacados talentos de la música en el país sudamericano.


sábado 14 de enero de 2012

LAS RUINAS DEL CASTRISMO ESTÁN EN VENTA


Los cambios en Cuba
Si hiciéramos un inventario de las campañas en las que cojonudamente Castro I desbarrancó la economía y la sociedad cubana, aferrado a la excusa de llevar hasta sus últimas consecuencias “la revolución”, encontraríamos que, invariablemente, cuando cambió de palo para rumba, cuando emprendió despavorido la marcha atrás lo hizo esgrimiendo el mito de que estaba siendo dialéctico, que “convertía el revés en victoria”, jamás reconoció que, por donde iba, el descalabro le haría perder las riendas del poder.

Lo mismo sucede ahora con las supuestas medidas que Castro II mienta en la isla y vociferan los medios, muchos de los cuales él mismo acusa de enemigos. Después de haber sufrido durante el pasado año 2011 uno de los más eficientes repudios internacionales a través de la prensa y la diplomacia de no pocas naciones, la que obligó al régimen a sacar de las cárceles a un buen número de presos políticos y lanzarlos al destierro, después de sufrir lo que despectivamente definieron los voceros oficiales con el irracional término de “cerco mediático”, en el que las figuras de Guillermo Fariñas y Orlando Zapata fueron de gran relevancia, Raúl Castro, para que le quitaran el guante de la cara, anunció, entre otras medidas, que autorizaría la compra-venta de bienes inmuebles y autos.

Ambas ofertas, que la Humanidad acoge como el non plus ultra de los beneficios que merecen los cubanos de la isla, que son elogiadas por los medios de medio mundo, y que sirven de “sólido argumento” a los castristas adolescentes de dentro y fuera para quitarle el guante del rostro al dictador y mirarlo con admiración infantil, no son ni por asomo el resultado de una toma de consciencia de la clase dominante, no significan ni de casualidad que comprendieron que la propiedad privada es un bien al que tienen derecho todos los seres humanos, y que el Estado, lejos de aniquilarla está en el deber de protegerla.

Lo que en realidad significan las nuevas medidas anunciadas, es el culipandeo de quienes no tienen respuesta ante los males que ellos mismos provocaron en la sociedad cubana. Desde hace medio siglo son propiedad del Estado las viviendas, los autos, el ganado, las plantaciones, el agua de los ríos y el aire que respiran los millones de almas que viven en la isla. Nadie puede comprar ni vender absolutamente nada sin la intervención del Estado, pero ahora, cuando la isla toda necesita una implosión para levantarla de nuevo, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio, cuando las necesidades de viviendas y edificios de todo tipo son impostergables, hoy, cuando el fracaso del Estado Socialista está ante los ojos del mundo, entonces, y sólo entonces, la dictadura se deshace de la responsabilidad histórica entregándole a los ciudadanos chatarras y escombros, entonces y solamente entonces a Raúl Castro se le ocurre que es mejor deshacerse de un país en ruinas y vociferar que hace cambios, y toma medidas -a su medida- entonces es mejor hacer culipandeos, para que ingenuos, adolescentes e infantiles castristas los amplifiquen por los cuatro puntos cardinales y traten de romper el Repudio Internacional, al que llaman “cerco mediático”. Es mejor vender las ruinas del castrismo que soltar las riendas del poder.

miércoles 4 de enero de 2012

HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU AMIGO


Estimado amigo: En tu último mensaje me reprochaste que estuviera dedicándole tanto espacio a la política: “lo tuyo es la ciencia compadre, deja la política que eso no da más que problemas”. Y es posible que en el caso de los cubanos así sea, por eso cuando terminé de leer todas las cosas que me decías, estuve un buen rato consultando con la almohada. Traté de darte la razón y me fui a buscar argumentos sólidos, por eso hice un flash-back y sin querer me remonté a los días en los que mi familia se olvidaba de mis muñequitos, y se pasaban horas de horas ante el televisor viendo aquellos interminables discursos, en los que todo lo que decía quien tú sabes tenía que ver con la política.

Después en la escuela todo tenía que ver con política, y aunque yo no estaba para eso, todo lo que me rodeaba tenía que ver con la política. Cuando entré en la carrera, y como ya traía el San Benito desde el preuniversitario, estuve marcado como “el compañero más apático del grupo” y el dúo de la Juventud comenzó a trabajarme. Yo no le hacía swing a los círculos de estudio, donde claro, como tú sabes, lo que se hablaba era de política, los mismos discursos que salían por el cine, la radio, la prensa y la televisión después teníamos que estudiarlos y para ello casi siempre designaban al compañero más combativo del grupo para que nos ilustrara y nos pusiera al tanto de todo aquello que por nuestra ignorancia política no podíamos comprender.

Así las cosas, llegó el momento en el que ya se vislumbraba que no me sacarían de la universidad por limitaciones académicas y las posibilidades de verme con un título en la mano eran altas, y además con altas calificaciones, y entonces un día, sin previo aviso, los compañeros del dúo de la UJC me dijeron a las claras: “compañero, si no te pones para las cosas no te gradúas, te lo hemos dicho de todas las maneras habidas y por haber, y no te acabas de acoplar, si no dejas esa apatía y te conviertes en un tipo combativo, no te gradúas, ya lo sabes, y después no digas que nosotros no te alumbramos”.

Saqué mis cuentas y le metí mano al asunto, comencé a leerme el Granma completico todos los días, algo que no era difícil porque sus pocas páginas permitían que en una hora más o menos esa tarea estuviera terminada. Le metí a las asignaturas del currículo que tenían que ver con eso, es decir, Marxismo en todas sus variantes, dialéctico, histórico y la Economía Política Marxista. Además antes de las reuniones para explicarnos los materiales de estudio, yo me conseguía un ejemplar de aquellos que les llevaban a los compañeros de la Juventud y me los leía completicos, por lo que cuando el sabio combativo llegaba a ilustrarnos ya yo me sabía el cuento, y comencé a demostrar muy pronto mi combatividad.

Como podrás ver hasta aquí, entre mis intereses naturales, los que me hacían feliz, no estaban los temas políticos; fueron amigos como tú, amigos que se dan cuenta de los peligros que se ciernen sobre un apático, quienes me llevaron por ese camino.

Por eso muy probablemente me gradué sin problemas y después me fui metiendo tanto en esos temas, que llegué a comprenderlo todo y me hicieron Militante, primero de la Juventud y después del Partido, pero con lo que no contaba nadie, ni yo mismo, era con este problemita que arrastro desde que tengo uso de razón, ese obstáculo de mi personalidad que me empuja a buscarle las cinco patas al gato, o encontrar todos los ángulos de la realidad objetiva, como decía el profe de marxismo.

Nadie contaba, ni yo mismo, con que me fuera a gustar el tema, y peor aun, que fuera capaz de saltar por encima del dogma, que me convirtiera en un dudante y no en un creyente, y que le aplicara a todos los círculos de estudio mi propia lógica, mis propios razonamientos y descubriera, en medio de todas las cosas de la vida, que el derecho al libre albedrío era sagrado. Aquello fue del carajo, la hecatombe.

Por eso, mi socio, si por emitir mis criterios políticos en público o si a causa de escribirlos estoy aquí, no fue mi culpa, fueron los compañeros combativos los que me indujeron a eso, yo era un simple apático, que no pensaba en nada, ni me importaba por qué sucedían las cosas, pero todos me querían ver combativo, querían que me convirtiera en un acusador de lo mal hecho, de las injusticias del mundo, me querían combativo, y cuando me miré y toqué, yo Juan Sin Nada, y me descubrí Juan Con Todo, lo más jodido que encontré estaba al alcance de mi mano, no tenía que denunciar los desmanes contra los sirios, los palestinos o los vietnamitas, no tenía que luchar contra las dictaduras lejanas… y antes de luchar por la libertad de Mandela debía hacerlo por la de mi vecino, los desmanes estaban más cerca, los enemigos de la libertad no estaban a noventa millas, estaban aquí, en mis narices, por eso ahora te pido, con todo cariño, que si no estás conforme con la vida que vives allá afuera, que si este no es el país que querías para tus hijos, ¡compadre sé combativo!, deja de ser un apático, convéncete de que, como dice Benedetti, “uno no siempre hace lo que quiere, uno no siempre puede, y es por eso que estoy aquí, es por eso que me dieron y casi me revientan los riñones. Mi socio, es demasiado el dolor para que te lo oculte, es demasiado suplicio para que se me borre. Te digo que uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere… y es mentira mi socio que los hombres no lloran, aquí lloramos todos. Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos, y ¿sabes por qué? porque es mejor llorar que traicionar, porque es mejor llorar que traicionarse”.1

1 Paráfrasis del poema Hombre preso que mira a su hijo, de Mario Benedetti.



Hombre preso que mira a su Hijo
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.
Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.
Realmente botija no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.
Olvidaban poner el acento en el hombre.
La culpa no era exactamente de ellos
sino de otros mas duros y siniestros
y estos sí
como nos ensartaron
en la limpia república verbal
como idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y como nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.
Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.
Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.
Vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio.
Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.
Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.
Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.
Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.
Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar.
Que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.
Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en que esquina
en que bar
que parada
que casa.
Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.
Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.
Por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.
Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.
Llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.
Gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.
Llorá
pero no olvides.
 

martes 6 de diciembre de 2011

UN PLÁCIDO AMOR POR SANTO DOMINGO


“Lo mejor de mi alma latina”.

Santo Domingo, 04/11/2011Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito. Placido Domingo, tenor. Íride Martínez, soprano. Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano. Orquesta Sinfónica Nacional. Director: Ramón Tebar (Invitado). G. Bizet, Preludio de la ópera “Carmen”; R. Wagner, Winterstu·rme wichen dem Wonnemond (Aria de Segismundo) de la ópera “La Walkiria”; Bizet, L´amour est oiseau rebelle (Habanera) de la ópera “Carmen”; Giordano, Nemico della Patria de la ópera “Andrea Chénier”; Gounod, Je veux vivre (Vals de Julieta) de la ópera “Romeo et Juliette”; Soutullo y Vert, Ya mis horas felices de la zarzuela “La del soto del parral”; Perrín y Vico, Me llaman la primorosa de la zarzuela “El barbero de Sevilla”; Moreno Torroba, En mi tierra extremeña de la zarzuela “Luisa Fernanda”; Caballero, No cantes más la Africana de la zarzuela “El dúo de la Africana”; Luna, de España vengo, soy española de la zarzuela “El niño judío; Sorozábal, Madrileña bonita de la zarzuela “La del manojo de rosas”; Vives, Canción del ruiseñor de la zarzuela “Doña Francisquita”; Torroba, Adiós, dijiste (Amor, vida de mi vida) de la zarzuela “Maravilla”; Giménez, Intermedio de la zarzuela “La boda de Luis Alonso”; Grever, Júrame, Te quiero dijiste (Muñequita linda); Portillo de la Luz, Contigo en la distancia; Sorozábal, No puede ser de la zarzuela “La tabernera del puerto”.

Casi una década después volvió Plácido Domingo, El Rey de la Ópera, a convocar al público en la Sala Principal del Teatro Nacional, pero esta vez ya nada fue igual que en su debut. En 2002, la Orquesta Sinfónica Nacional, junto a su Titular, el Maestro Álvaro Manzano, preparó meticulosamente el programa durante unas dos semanas, pero además, el conjunto estaba en sus aguas, porque durante los meses previos a aquel gran acontecimiento los músicos habían tenido en sus atriles un repertorio contundente, de obras demandantes que colocaron a la institución en uno de sus mejores momentos artísticos. Entonces la Orquesta gozaba de una salud musical excelente, y eso se pudo notar en los resultados de aquel concierto.

Sin embargo, para la velada del pasado 4 de diciembre de 2011 fueron insuficientes los cuatro ensayos. Mucho esfuerzo, mucha tensión sobre los músicos y un trabajo casi al límite de Ramón Tebar, quien debió prestar mucha atención al conjunto para poder ensamblarlo. Solamente el pundonor y la capacidad de respuesta del conjunto permitieron una noche de grandes emociones, de alegrías desbordadas y ningún sobresalto indeseado.

Tampoco fue Plácido el mismo, aquellos hilos de plata en su voz se han multiplicado y con sus siete décadas cumplidas, es el amor por lo que fue lo que estremece al auditorio, es la capacidad que tiene El Rey para embrujar a todos, es su desbordante amor por lo que hace, por lo que dice y la inigualable ofrenda que hace al cantar cada frase, al construir con sonidos, a veces craquelados, un trepidar de sensaciones. Plácido es un artista y de ello dejó constancia nuevamente.

El auditorio estuvo repleto como pocas veces y en los rostros hubo lágrimas y risas, hubo aplausos y gritos, solicitudes y una gran complicidad con el gigante, a quien todos aman y amarán por lo que fue, por lo que es y por lo que será.

La gran belleza en las voces de Íride y Nancy Fabiola, y la depurada técnica de ambas, propician, junto a la maestría de Plácido, una extensa gama de colores que se traducen en emociones. Ellos tres, van colocando, como en un lienzo, sus timbres y consiguen que cada aria, romanza o dúo ocupe un espacio en el ritmo del concierto.

El final del programa, como no podía faltar, Plácido lo hizo con No puede ser, pero entonces llegaron las propinas, que fueron varias, pero la más sentida quizás fue Por amor, que El Rey dedicó con mucho cariño a Niní Caffaro, quien estrenó la pieza hace ya varias décadas, y a su autor Rafael Solano, quienes estaban en el público.

La última presentación de Plácido en Santo Domingo será memorable como las tres anteriores, será recordada por su eterno amor a la música y a esta ciudad, y sería maravilloso si a algún patrocinador se le ocurriera traerlo la próxima vez a dirigir una ópera o una zarzuela, géneros que tantas joyas han dado a la corona de El Rey, así se reviviría un espectáculo que desapareció de los escenarios dominicanos hace más de un lustro a pesar de tener aquí un público que siempre desborda la sala. Sería grandioso ver a Plácido dirigiendo en ese mismo escenario una puesta de Madame Butterfly. Ojalá.

Enlaces relacionados:
Hilos de plata peina el Rey 16/04/2002 Teatro Nacional, Santo Domingo.
Santiago era una fiesta 22/01/2004 Gran Teatro del Cibao, Santiago de los Caballeros.
Emociones latiendo 20/06/2008 Anfiteatro de Altos de Chavón.

viernes 2 de diciembre de 2011

¿¡EL 4 POR CIENTO PARA QUÉ!?

No es que quiera privar en rosca izquierda, pero los problemas de nuestra sociedad no se resuelven SOLAMENTE con dedicar el 4 % del Producto Interno Bruto a la educación. El problema es más complicado que eso.
Si se produjera el milagro de que mañana amaneciéramos con la Ley aprobada, firmada y puesta en vigor, ese manantial de dinero no sería la solución del problema, porque peor que la ineficiencia en la educación es el clientelismo político en los predios oficiales y el amiguismo, por decirlo de algún modo, en el sector privado.
Con más dinero dedicado a la educación se conseguirían, después de un largo período de formación, una mano de obra más calificada y profesionales más capaces; sin embargo, mientras el currículo siga tan subvaluado como en nuestros días, nada cambiará.
Hoy no es el más calificado quien accede a un empleo, sino aquel que esté más cerca de la casta o el partido de quien oferta el empleo, hoy no está en las mentes de los estudiantes ser los más diestros en sus competencias, sino tener más “enllaves”, conocer más amigos con acceso a las fuentes de empleo, tener amigos empleadores, que es como tener un central azucarero.
Si no se empuja simultáneamente por todos los flancos, la sociedad dominicana difícilmente saldrá del estancamiento educacional en el que se encuentra, difícilmente, siendo una economía de servicios, pueda competir con los vecinos del área.
La campaña sin dudas ha sido una de las mejores en materia de publicidad e impacto, pero habría que ver los resultados a mediano y largo plazo, porque por otra parte, y no menos importante aun, mientras aprender no se convierta en una necesidad para los ciudadanos nada cambiará, mientras los estudiantes persigan solamente un documento que los acredite y no los conocimientos, nada cambiará, y para que el conocimiento sea una necesidad para la sobrevivencia y una carta de garantía de que el saber y no la suerte o los “enllaves” son los que valen, la sociedad en su conjunto y simultáneamente tiene que poner por encima de todo el valor académico y la capacidad profesional de quienes acceden a los mejores empleos, a las mejores calidades de vida.
Mientras existan empresarios que prefieran a un incapaz pariente en un puesto de gran demanda profesional, y funcionarios públicos que promuevan a incapaces acólitos de nada valdrá la inversión en la educación. Por eso digo que no es privar en rosca izquierda, sino llamar la atención de que el daño es tan complejo y antiguo que si no se le ataca con los remedios adecuados por todos los flancos, esta campaña para compulsar al gobierno a dedicar el 4 % del Producto Interno Bruto a la educación no pasará de ser una más de las cruzadas con buenas intenciones y pocos resultados. Mientras se permita poner dos tornillos donde el fabricante recomienda cuatro, la batalla estará perdida, la rosca estará en su sitio, pero vacía. 

martes 29 de noviembre de 2011

EN EL CUMPLEAÑOS DE SILVIO RODRÍGUEZ


“Desde luego, él cantaba con todos; era imposible hacer otra cosa”. G. O. 1984

El calendario trae cosas inimaginables, las casualidades son muchas y a veces abrumadoras, tanto que un 29 de noviembre murió Ernesto Lecuona en Tenerife, escapando de lo que se veía venir en Cuba, y ese mismo día, pero del año 46, en un pueblito cerca de La Habana, nació Silvio Rodríguez Domínguez, otro hacedor de canciones quien, por no escapar de lo que vino después, quedó unido a Lecuona más allá de las nimiedades del calendario: Silvio hizo las canciones que Lecuona no quiso.

Dicho así pudiera parecer una herejía, y quizás lo sea, pero si Lecuona hizo cantar al mundo con acentos cubanos durante la primera mitad del siglo XX, Silvio Rodríguez lo hizo, de manera insólita, durante el resto de la centuria. Y ahora, cuando el siglo XXI nos decepciona por su insuficiente concordancia con las predicciones en las que creímos por haberlas leído en tantos relatos de ciencia-ficción, se nos aparece el “El elegido”, con una nominación al Grammy Latino.  

Sospecho que eran otras las lecturas que debimos dar por posibles, debimos creer más en George Orwell que en Julio Verne, debimos creer en el Big Brother que nos acecha, debimos entender que es metáfora y no ciencia-ficción porque él, ora hace reflexiones en su tabloide, ora habla desde el más allá a través de un Médium, se revela entre el humo del tabaco dentro de los calderos, y no nos quita el ojo de encima, sus oídos no se apartan de nuestras palabras, tiene el control de nuestro libre albedrío, y alguien le canta al más allá en el que se encuentra cual si no pasara nada. 

Bendito Orwell que estás en 1984, porque a partir de este noviembre de 2007, me iré despidiendo de todo credo pasado, presente y futuro, me entregaré a tus predicciones-metafóricas, y en un esfuerzo supremo le cantaré al Big Brother con los acentos cubanos de Silvio Rodríguez Domínguez:

“Ojalá pase algo que te borre de pronto
una luz cegadora
un disparo de nieve
ojalá por lo menos
que te lleve la muerte
para no verte tanto
para no verte siempre
en todos los segundos
en todas las visiones”.


Tomado de Al son son y al vino vino. Lulu 2011

lunes 28 de noviembre de 2011

ORESTES URFÉ: PIONERO EN FACEBOOK


Orestes Urfé no tuvo la menor idea de lo que sería facebook en el  siglo XXI, cuando él murió las redes sociales no existían aun ni en los sueños de la ciencia ficción; sin embargo, un buen día, allá por la década del setenta del siglo pasado, nos sorprendió a todos con un montón de álbumes de los que comenzaron a salir fotos insospechadas, compartió con media docena de futuros contrabajistas muchísimas fotos tal como sucede ahora en las llamadas redes sociales.

Pero la historia venía de más lejos, en aquella época Urfé se desempañaba como profesor de contrabajo en la Escuela Nacional de Arte, en el reparto Cubanacán, en La Habana. Él había sido de los fundadores de aquel experimento, que con más sueños que presupuesto marcó el trecho de la segunda mitad de la centuria en la historia de la música cubana.

Por entonces, quienes le conocimos y compartimos con él muchas horas de clases y cuentos multicolores, sabíamos de algunas de sus hazañas, pero ninguna que hubiéramos leído, que hubiéramos podido conocer legitimada en las páginas de alguna revista. Sabíamos de él que había tocado en la Filarmónica de La Habana, que había sido el Principal de los contrabajos en aquella mítica orquesta, sabíamos que había estudiado con Koussevitzky y que la parte de contrabajo por la que estudiamos ese concierto casi todos en aquella época, estaba autografiado por el autor, dedicado por Serguei a su querido alumno Orestes.

Eran leyendas, muchas leyendas, de las que solíamos creer una parte solamente. Casi todos teníamos nuestras dudas porque aquel hombre era tan cercano, tan conversador y tan aficionado a la pelota y a las mujeres, que no debía haber realizado cuantas hazañas se solían contar de él.

Quizás por eso un buen día Urfé se apareció en la casa que entonces ocupaba la cátedra de cuerdas -una de las que demolieron años después para plantar el Palacio de las Convenciones-, y comenzó a sacar, de unas cajas que extrañamente había traído ese día, fotos y más fotos, como álbumes de facebook. Pero aquellas no eran fotos cualquiera, eran fotos de verdad. En ellas estaba el joven Orestes con los más refulgentes astros de la música del siglo XX, piense usted en cualquiera de ellos, casi todos, algún día, se tomaron una foto con aquel joven negro, alto y de manos enormes.

No creo que ninguno de los que tuvimos el privilegio de estar en aquella sesión de fotos la haya podido olvidar, es difícil, y hoy, mirando los centenares de imágenes que todo el mundo publica y comparte, como una fiebre global por perpetuar el momento, recordé a Orestes, aquel contrabajista cubano que tomó clases con Koussevitzky y sin imaginarlo siquiera nos acompañó en nuestro primer paseo por facebook.