Por Dagoberto Valdés Hernández (**)
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| Monumento a las víctimas del comunismo en Praga. Escultor: Olbram Zoubek (2002) |
El marxismo, el
socialismo, el comunismo, tal como lo hemos conocido en la práctica, es un
desastre, un fracaso. Va contra la naturaleza humana y contra los valores
fundacionales y la matriz de inspiración cristiana de nuestra cultura y
nacionalidad.
No ha sido un
fracaso porque ha sido mal aplicado sino porque, en su esencia, intenta
organizar la sociedad, por lo menos, sobre seis factores que van contra la
dignidad humana, la convivencia pacífica y la libre búsqueda del bien común:
1. Va contra la
naturaleza humana, porque va contra la libertad que es inherente de toda
persona. Hace de los seres humanos un instrumento al servicio del Estado.
2. Va contra el
carácter emprendedor y los anhelos de progreso y desarrollo de todo ser humano,
instaurando un engendro que llama economía estatalizada y centralizada, que ha
sido ineficiente y empobrecedora, que no ha funcionado.
3. Va contra la
sociedad, porque intenta basar las relaciones humanas sobre la lucha de clases,
busca eliminar al oponente, promueve el odio y la exclusión al que piensa y
actúa diferente, fomenta la delación entre vecinos y compañeros de estudio o de
trabajo. Usa la represión para aplastar toda discrepancia. Va contra la amistad
cívica y la paz social, porque no puede haber paz sin justicia y sin libertad.
4. Va contra la
vida en la verdad y contra la virtud, porque instaura la vida en la mentira, la
simulación y la doble moral. Fomenta la pérdida de valores morales y destruye
las virtudes cívicas, cayendo en un relativismo moral en el que “vale todo” con
tal de alcanzar sus fines.
5. Impone la
ideología socialista como única e irrevocable, como precepto constitucional
inviolable, como “dogma de fe” y como único modo de vida, como si fuera una
“religión secular” en una especie de “teocracia” o “ideocracia”: una sola
ideología impuesta por la fuerza del poder.
6. Va contra la
espiritualidad, la fe en Dios y la religión, porque deseca el alma con un
materialismo llamado “histórico” y considerado “dialéctico”, que ha sido negado
por la misma historia y por la verdadera dialéctica. Inculca un ateísmo
militante, persigue a la religión y va contra toda apertura del ser humano a su
propia trascendencia y a la libre búsqueda del Trascendente Dios.
Esta crítica no es
solo teórica, sino que ha sido la experiencia de vida de muchos pueblos, y
también de nosotros los cubanos durante estos últimos 67 años. Esta crítica no
va contra las personas que han “creído” en esta ideología con buena voluntad,
es un llamado de alerta frente a lo que puede volver disfrazado de “nueva
versión”, de “nuevo experimento”, de otro “ahora sí vamos a construir el
socialismo”, de una “mejor ejecución” evitando “los errores y tendencias
negativas” del experimento anterior que tuvo más de seis décadas para
rectificarlos, pero que no pudo, porque no quiso y porque no puede, porque no
se puede cambiar la esencia del sistema que es por naturaleza irreformable.
Propuestas
Dicho lo anterior,
no podemos quedarnos en el lamento y la queja infértil. Cuba tiene en sus
raíces fundacionales, en el alma de la nación y en las enseñanzas de sus
patricios, especialmente del Padre Varela y de José Martí, todos los
fundamentos filosóficos y antropológicos, políticos, cívicos y económicos, que
necesitamos para reconstruir nuestra Patria y sanar el daño antropológico
causado por el totalitarismo comunista.
Hoy quisiera
centrarme en los cimientos humanistas del Apóstol de Cuba con las siguientes
propuestas que hago en mi tesis doctoral, y que responden a cada una de los
daños anteriormente relacionados:
1. Ante la
despersonalización inducida y el colectivismo masificador en Cuba, que lesionan
o debilitan sus facultades: cognitiva, emocional y volitiva, así como sus
dimensiones ética, social y espiritual, consideramos que pueda servir de
inspiración: la primacía, la dignidad y el desarrollo integral de la persona
humana, primer eje y fundamento del humanismo martiano. Lo que podemos resumir
en el muy conocido y ya citado pensamiento de Martí de que «la ley primera de
la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», que
no es un postulado aislado, sino la esencia y el pivote central de toda su
antropología.
2. Ante la vida en
la mentira, la doblez, la crisis de valores y virtudes, la ausencia de una
eticidad que aporte coherencia a la vida, que han sido consecuencia de la
opresión y el intento de simulación y reescritura de la historia, puede servir
de inspiración y base, el segundo eje del humanismo del Apóstol que es el
edificio de la eticidad martiana cuyas columnas son los principios, los valores
y las virtudes, especialmente: el amor, la dignidad, la libertad, la justicia,
la verdad, la bondad, la belleza, el perdón, la paz y la felicidad.
3. Ante la lucha de
clases implantada como forma de vida de la nación, la exclusión del diferente,
la criminalización de la discrepancia, y la depauperación extrema del país,
sumergiéndolo en unas condiciones infrahumanas de vida, pudiera servir de inspiración
y base la búsqueda del bien común que podemos resumir en aquella «fórmula del
amor triunfante: con todos y para el bien de todos». Tampoco esto es un
postulado aislado de Martí, sino que, precisamente propone inscribirlo en los
emblemas nacionales porque es el tercer gran pivote de su antropología.
4. Ante el
materialismo reductivo de la condición humana, el ateísmo y la superstición que
asfixia, esteriliza y seca al cubano y a la nación, sumiéndolos en una
inmanencia infértil, puede servir de inspiración y base el cuarto eje del
humanismo martiano: la dimensión trascendente de la persona humana, el cultivo
de su espiritualidad, de su fe, de su religiosidad de inspiración cristiana.
Esta dimensión airea, fecunda y eleva los otros tres ejes del proyecto
antropológico martiano, dando cohesión e integración holística a todas las
facultades y dimensiones de la persona del cubano.
5. En resumen, que
ante el fracaso de una filosofía marxista leninista con perfiles caribeños
propios, léase más “voluntarista” y pragmática, acomodaticia y por su
aplicación totalitaria en un sistema articulado, con una doctrina impuesta con
todo el poder del Estado y una “ideología” justificadora convertida en
“religión secular” proponemos, como iluminación y motivación, los fundamentos
filosóficos antropológicos de Martí.
En efecto,
proponemos este proyecto humanista de José Martí para que sirva de inspiración
y base para los procesos de conversión y sanación antropológica, especialmente
orientando los proyectos educativos que contribuyan a
promover un
desarrollo humano integral, una ecología humana para el bien de todos, que
conduzcan a la nación cubana a una verdadera democracia de calidad.
Cuba tiene todo lo
que necesita para reconstruir la nación y sanar su alma sin recurrir, nunca
más, a ideologías y sistemas extraños a nuestra cultura e identidad.
Hasta el próximo
lunes, si Dios quiere.
(Ilustración:
Monumento a las víctimas del comunismo en Praga. Escultor: Olbram Zoubek (2002).
(*) Tomado de: https://centroconvivencia.org/no-es-mala-ejecucion-es-su-esencia/
(**) Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Doctor en
Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Máster en
Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Ingeniero
agrónomo.
Premios “Jan Karski
al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia
“Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Director del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Reside en Pinar del Río.


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