El Caminante de Nazaret, del compositor dominicano Rafael Danilo Grullón, se presentará en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional de Santo Domingo los días 28 (8:30 pm) y 29 de marzo (4:30 pm).
El Caminante de Nazaret tuvo su
estreno mundial (en concierto) el día 7 de abril de 1996 en la Primera Iglesia
Metodista Unida, en Corona, Nueva York; desde entonces se estrenó en el Centro
de Bellas Artes de Guaynabo, Puerto Rico el 15 de abril de 2011; en la Sala
Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes el 24 agosto de 2018; en la Iglesia
Santa Elizabeth de New York el día 14 de abril de 2019; en el Teatro Mariano
Matamoros de Morelia, Michoacán, México el 12 de abril de 2022, donde se
presentó como ópera en escena utilizando escenografía, luces, vestuarios y la
orquesta en el foso. Durante estos treinta años la obra ha sido dirigida por
los maestros Jorge Lockward, Juan Vázquez y Edwin Disla.
Si bien es cierto que en la
historiografía dominicana se menciona que Pablo Claudio compuso óperas en el
siglo XIX[2], y que en 1954 se estrenó
por radio y televisión la zarzuela La Bruta de la Loma, de Julio Alberto
Hernández, ninguna de estas obras ha llegado completa a nuestros días. Así que,
hasta ahora, las únicas obras dominicanas que he podido documentar y que
comparten con el Caminante de Nazaret el rubro de música vocal e
instrumental dominicana son: La Muerte de Cristo (según San Mateo) Op.
144, oratorio a cuatro partes y coros, de José de Jesús Ravelo que tuvo su
estreno mundial bajo la conducción del autor el 7 de abril de 1939, en la
Catedral Primada de Santo Domingo, y la ópera ítalo-dominicana 1492. Epopeya
Lírica de América. Drama Histórico en cuatro actos y doce escenas, de
Antonio Braga, cuyo estreno mundial se realizó en el Teatro Nacional de Santo
Domingo el 13 de octubre de 1992, bajo la conducción del maestro Carlos
Piantini.
La otra partitura que he podido
conocer es Anacaona. Leyenda dramática quisqueyana en 3 episodios, con
música de Adriano la Rosa y libreto de Franklin Domínguez que permanece sin
estrenar, y de la que se conserva la partitura completa, copiada a mano por el
propio autor y autografiada en 1960.
Dicho esto, ninguna de estas grandes
obras dominicanas se pueden catalogar, ni por sus contenidos ni por sus formas,
en el género de ópera sacra.
Debo anotar antes de seguir adelante
en mi argumentación, que el único documento que valida la existencia de una
obra musical es su partitura o su grabación, y en casos muy específicos su
conservación a través de la tradición oral. La partitura auténtica es la realidad
investigada, sin la cual los resultados de cualquier análisis musicológico
pierde toda legitimidad académica. Esta falta de fuentes documentales más de
una vez ha sido un obstáculo para los investigadores de la música y ha servido
de báculo a leyendas y especulaciones.
Ópera sacra
Inscribir El Caminante de Nazaret como ópera sacra pudiera ser arriesgado; sin embargo, las formas en el arte
no son moldes de acero, están hechas para ser destrozadas siempre y cuando el
artista las haya conocido a cabalidad, como sucede en la obra de Rafael Danilo
Grullón. Para este prolífico y aún poco divulgado compositor dominicano, las
formas están al servicio de los contenidos y pueden ser tan flexibles como lo
permita el ondulante ritmo entre tensión y distensión, un recurso que en la
estética del compositor está muy bien cuidado, tanto en lo interno de cada uno
de los números que integran la obra como en su continuidad entre cuadros y
escenas, herramienta eficazmente utilizada por el compositor para mantener la
atención del público de principio a fin.
El compositor ha utilizado en la obra
elementos de diversas formas establecidas, ha visitado al menos tres géneros
bien definidos a través de la Historia de la Música: La pasión, la ópera y el
arte sacro, tres grandes formas que le sirven de estructura para insertar
contenidos de procedencia popular y folclórica. Algo que, como bien concluye
Jorge Lockward en su análisis, está determinado por la prolongada gestación de
la obra, que tuvo su «núcleo germinal en la cantata sagrada Camino de Sangre
y de Victoria»[3]
estrenada en la década del 70 del siglo XX, y donde desde entonces el autor
acude a diversas formas; entre ellas, la mangulina y el merengue pambiche.
La sacralidad de la
obra
El arte sacro nació desde los
comienzos del cristianismo y desde entonces ha producido muy diversas formas
musicales; entre otras, la misa, el réquiem, el Te Deum, el magnificat, el
Stábat Mater, el oratorio, y la cantanta y, a pesar de que en la actualidad
«han surgido dudas sobre su terminología»[4], ha sido creada para
interpretarse en los contextos litúrgicos o religiosos[5].
Por su parte, El Caminante de
Nazaret convoca el misterio de la fe y la contemplación estética, es para
teólogos, laicos y profanos un punto de encuentro, una estación en la que se
comparten las emociones y el espíritu humano y esto sucede porque como nos dice
Giorgio de Chirico[6]:
el arte siempre es sagrado, incluso cuando trata un tema profano. Y es
esa una cualidad que tiene El Caminante de Nazaret, la de conservar su
sacralidad incluso fuera del templo, y lo consigue porque la música y el drama
que ha concebido el compositor resuena en el teatro como si cada espectador
fuera un templo.
De la pasión a la
ópera
La pasión, que ya había reunido una
serie de estilos musicales, se caracteriza como género por la musicalización de
algunos pasajes bíblicos relacionados con la Crucifixión de Cristo[7], y los más antiguos
ejemplos que se conservan tuvieron su origen en la Alemania protestante del
siglo XVIII, entre ellos la monumental Pasión según San Mateo, de Johann
Sebastián Bach.
Grullón toma de ese género la
musicalización del texto bíblico; sin embargo, da una vuelta más a la forma y
la narración se convierte en un drama teatral, en una ópera con todos sus
elementos: escenografía, luces, música, vestuarios, actuación y la orquesta en
el foso. La obra no se queda ni en un drama con música incidental ni en la
pasión, sino que se planta firme en los terrenos de la ópera. 
Dicho todo esto, debo subrayar que la
obra concebida por el compositor dominicano Rafael Danilo Grullón, vuelve a
emocionar al público cada vez que se presenta, vuelve a convocar a la
reflexión, a inflamar la fe, a resonar como si cada espectador fuera un templo
en el que cada día resucita el Caminante de Nazaret.
Nota: La obra está registrada en la Oficina de Derechos de Autor de los Estados Unidos con el número: PAu 3-549-345, efectivo desde el 24 de marzo de 2011.
[1] Reseña publicada en el programa de
mano de los conciertos presentados en la Sala Carlos Piantini del Teatro
Nacional de Santo Domingo los días 23 y 24 de marzo de 2024.
[2] Cfr.: Incháustegui, Arístides. 1995. Por
Amor al Arte. Notas sobre música, compositores e intérpretes dominicanos. Santo
Domingo: Secretaría de Educación, Bellas Artes y Cultos. P 4
[3] Ídem nota 1
[4] Cfr.: Melo Silveira, Alletón de. Música
sacra, conceptos y terminología. [En línea] [Fecha de consulta 16 feb.
2026] Disponible en: https://www.faje.edu.br/simposio2018/arquivos/comunicacoes/nao_doutores/ALLETON%20DE%20MELO%20SILVEIRA.pdf
[5] Cfr.: Música sacra. Wikipedia. [En línea]
[Fecha de consulta 16 feb. 2026] Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica_sacra
[6] Cfr.: Giorgio de Chirico,
Discorso sull’arte sacra, 1945
[7] Cfr.: Lathan, Alison. 2008. Diccionario
enciclopédico de la música. Fondo de Cultura Económica: México DF Oxford p 55

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Están permitidos todos los argumentos, sobre todo los que están en contra de los expresados en este blog. No están permitidas las ofensas personales por innecesarias para defender una idea. Así que me tomaré el trabajo de censurarlas.