sábado, 8 de diciembre de 2012

CONTRA EL REGGAETON Y OTRAS YERBAS


No se consigue mejorar la educación de los ciudadanos sacando del medio al reggaeton y otras yerbas, porque el proceso es al contrario; una sociedad bien educada, con buena ortografía oral y escrita no admite chabacanerías. 

La música en Cuba ha sido tema de debate durante siglos, incluso antes de que existiera la música cubana. Desde el poder y desde los medios intelectuales se han emitido juicios, críticos y prohibiciones, análisis históricos y musicales. En repetidas ocasiones se prohibieron los bailes y las fiestas realizadas por negros horros o esclavos, en las que se tocaban y bailaban las músicas de sus naciones de origen, mezcladas con otras de diversas procedencias.

Pero si la música en Cuba tuvo manera de escapar a aquellas prohibiciones y censuras durante la colonia y la república, algo bien distinto sucedió en la segunda mitad del siglo XX; entonces, unos géneros dejaron de existir durante años -entre ellos el rock-; y otros, no se desarrollaron armónicamente al perderse el hilo entre la creación y el público –entre ellos la música bailable de las charangas-.

Y no pudieron escapar a la censura y a las prohibiciones porque fue abolida la propiedad privada, lo que provocó el derrumbe del mercado y la ruptura violenta de todo un sistema de producción y distribución de la música. Entonces, económicamente, dejó de existir la competencia en el mercado, y políticamente, dejó de ser importante el refinamiento de los textos, porque el público estaba compuesto por obreros y campesinos, a quienes había que llegarles con obras llanas.

Y para remachar el clavo, después de un período en el que se fueron al exilio decenas de grandes músicos cubanos e importantes orquestas perdieron sus fuentes de trabajo, los medios, todos bajo el monopolio del Estado, comenzaron a promover con insistencia un tipo de canción social que en la isla se conoció como la Nueva Trova. Esto provocaría que algunos músicos se desplazaran hacia ese nicho y otros se quedaran varados en otros géneros.

Durante el último medio siglo la música en Cuba ha dado muchas vueltas. La censura ha escondido, temporal o permanentemente, a decenas de artistas extranjeros y nacionales, sobre todo por motivaciones políticas. También hubo décadas en las que prácticamente desaparecieron los bailes públicos, en los que debido a la poca oferta y el incremento del público marginal, creció el índice de violencia.

Ahora la “vulgaridad” y la “mediocridad” vuelven a estar en la mira de los organismos oficiales, nuevamente tratan de frenar los textos violentos y el erotismo explícito en algunos géneros de la música popular cubana.

En una entrevista publicada por Granma, Orlando Vistel, Presidente del Instituto Cubano de la Música afirmó que se toman medidas contra la mediocridad y las expresiones vulgares que tratan de opacar la riqueza de la música cubana. Y aunque no dijo textualmente que el reggaeton quedaría prohibido, sí afirmó que se han “adoptado medidas, que van desde la descalificación profesional de aquellos que violen la ética en sus presentaciones hasta la aplicación de severas sanciones a quienes desde las instituciones, propician o permiten estas prácticas”.

No dijo que la censura sería el método a seguir, pero afirmó que están en un proceso de depuración “encaminado a erradicar cualquier práctica que por su contenido se aparte de la legitimidad de la cultura popular cubana”. Y agregó que eso no basta, por lo que utilizarán “formas prácticas para lograr que en los espacios recreativos y turísticos, y por supuesto, en la radio y la televisión, haya una presencia representativa de lo mejor de los catálogos de nuestras instituciones”.

Hay que entender entonces que será mediante la coerción, que el ICM sacará del medio a las agrupaciones que no se avengan a lo que oficialmente se considera “legítimo de la cultura cubana”. Algo verdaderamente engorroso y difícil de definir, que deja en manos de los funcionarios la decisión de quienes sí y quienes no.

En realidad, estas mismas medidas en otros tiempos tuvieron resultados demoledores, y provocaron lo que mencioné más arriba: la extinción de unos géneros, el disloque de otros y la ausencia en los medios de decenas de artistas cubanos y extranjeros.

A estas alturas el régimen perdió un pedazo de su monopolio en la producción y distribución de la música cubana, porque aunque tenga en sus manos una porción nada despreciable, cualquier hijo de vecino tiene la posibilidad de grabar un disco en su casa, y por ahí conseguir la permanencia que no consiguieron, por ejemplo, agrupaciones tan importantes para el rock cubano como Los Pacíficos, Los Kent, o Arte Vivo.

Toda norma que se pretenda imponer en el arte, es baladí o peligrosa. Así, por ejemplo, el sonado fenómeno de Buena Vista Social Club, se fundó sobre músicos que habían sido afectados por normativas oficiales, algunos o no pasaron la “evaluación artística”, o fueron jubilados por su avanzada edad, o no cumplían con alguna de las normas establecidas, o a nadie se le ocurrió emplearlos en lo que ellos sabían hacer como pocos; sin embargo, cuando llegó un señor con capital y lo invirtió con alto riesgo, la película tuvo un final feliz joligudense.

La música se realiza en el mercado, de frente al público y es éste quien tiene la última palabra al comprar el disco o no, al asistir al baile o no, al mantener la sintonía o no, al permanecer en el canal o no. De lo contrario, cabe la posibilidad de que luego de defenestrar a algunos de estos grupos que se “apartan de la legitimidad”, aparezca otro señor con capital, invierta con riesgo y le dé la vuelta al mundo vendiendo un posible Buena Vista Reggaeton Club.

Pero, además de todo lo anteriormente escrito, si esta música que consideran ahora vulgar y mediocre, tiene numerosos cultores y un nutrido público, es por alguna causa. Eso debe estar sucediendo porque la sociedad que engendró a ese público y a esos creadores se ha vuelto vulgar y mediocre, sea en su conjunto o en alguno de sus estratos.

Visto así, no se consigue mejorar la educación de los ciudadanos sacando del medio al reggaeton y otras hierbas, porque el proceso es al contrario; una sociedad bien educada, con buena ortografía oral y escrita no admite chabacanerías. Pero cómo salvar a estas alturas al enfermo, donde se ha promovido hasta la saciedad la subversión de los valores éticos, donde la conducta ciudadana ha perdido el rumbo, donde vestir y calzar con elegancia es de pequeño burgués.       

 En fin, el arte no admite normativas, porque en el proceso de creación, interpretación y disfrute es donde se resuelven todos los conflictos. Si el músico está creando una obra vulgar y mediocre y tiene un extenso público, eso quiere decir que esa sociedad ha procreado a ciudadanos vulgares y mediocres y no dejarán de serlo porque maten al artista.

4 comentarios:

  1. Paquito D'Rivera8/12/12 7:57 p. m.

    Te la comiste con esta frase (que te voy a tomar prestada)

    "Si el músico está creando una obra vulgar y mediocre y tiene un extenso público, eso quiere decir que esa sociedad ha procreado a ciudadanos vulgares y mediocres y no dejarán de serlo porque maten al artista."

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  2. Cristóbal Díaz Ayala8/12/12 8:02 p. m.

    Muy bueno, Además está probado historicamente, que todas estas medidas que tratan de limitar y censurar, lo que hacen es hacer crecer el interés por lo prohibido; recuerdo que de joven, allá por los 40's,en que no me quedaba más remedio que asitir a misa porque estudiaba en un colegio católico, leía con avidez la hojita dominica que repartían en ellal, que clasificaba las películas entre aptas para toda la familia, parcilamente objetables, y total prohibidas, que era por supuesto, las que yo trataba de ver...CDA

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  3. Excelente trabajo, gracias, un abrazo

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  4. Gracias Antonio, muy buen analisis
    Un abrazo

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