jueves, 13 de febrero de 2014

PARA NO PERDERME EN EL LLANO

Comentando un artículo de Eduardo del Llano

En Cuba todo esta prohibido y lo que no está prohibido es de obligatorio cumplimiento; entonces, cuando las decisiones y las iniciativas personales o colectivas no existen, es vital decir lo que conviene y actuar como conviene, aunque entre una cosa y la otra se doble la moral.

No es la primera vez que Eduardo del Llano me llena de dudas. Eso de exportar al resto del mundo un mal endémico de la sociedad cubana me parece un poco de desconocimiento y un mucho de "activismo revolucionario" inducido. No será ni el primero ni el último a quien le amarran la lengua con unas cuantas razones y le hacen entrar en razones y "reconocer" que en Cuba, "a pesar de todo no hay una dictadura", que "a pesar de todo Cuba es un país libre" y que "la libertad no existe en el capitalismo", que "el que emigra fracasa", "que  los presos por causas políticas en Cuba son un invento de la imaginación o mercenarios", “que en Cuba no existe oposición sino grupúsculos”. 

Alguien capaz de procesar la realidad cubana y sintetizarla en un filme como Monte Rouge no debería pensar así. Pero probablemente él decidió -o la vida decidió por él-, no emigrar y permanecer en Cuba, y sabe que para evitar “el tratamiento" debe decir un par de cosas que doblen la moral. Allí hay unas reglas de juego que se respetan o… tener que lamentar.

No estoy de acuerdo con del LLano cuando agarra el ventilador y hace volar la porquería sin reconocer la moral de muchos que han aceptado vivir en Cuba y no se han dejado "dar tratamiento" o lo han soportado estoicamente y han sabido aguantar mucho más de dos horas de cárcel, muchas vejaciones, golpizas y hasta la muerte. 

No estoy de acuerdo con del LLano en que los emigrados le piden a los que viven en la isla lo que ellos -o más bien nosotros-, no fuimos capaces de hacer, esa es una manera un poco rústica de repartir las heces entre todos. No todos van a Cuba a usar la medicina, porque muchos tienen en sus países de adopción una medicina superior, y lo que en realidad tenemos que hacer todos durante todas nuestras vidas es enviar medicinas, todas, cualquiera porque no hay de ninguna en las cantidades y calidades que la gente en Cuba necesita. 

La honestidad no está en veda, no todos fingen. El fenómeno es único de Cuba, porque la realidad cubana es única en el mundo. El resto conoce la hipocresía, la violación de las leyes, la violencia policial, la corrupción de los funcionarios públicos. Pero ¿cómo se puede criminalizar a quien está en contra de un sistema que en más de medio siglo ha llevado calamidad a su pueblo? Cuba y Corea son los únicos países del mundo en los que se aplica la pena de muerte en juicios sumarios por causas políticas o criminales; entonces, ¿cómo no tener doble moral y decir una cosa mientras se piensa otra? La calidad de vida está en juego y la vida también.

En Cuba es donde único se puede especular con el pan, con la harina, con la leche, con cualquier cosa. Ni en los países más pobres del mundo se le ocurre a nadie hacer semejante cosa y crear leyes que criminalicen semejantes delitos. Cuba es el único país del mundo en el que se legisla para que un individuo rellene fosforeras o encendedores, algo más que absurdo: ridículo. En el mundo real imperan las leyes del mercado. En Cuba todo esta prohibido y lo que no está prohibido es de obligatorio cumplimiento; entonces, cuando las decisiones y las iniciativas personales o colectivas no existen, es vital decir lo que conviene y actuar como conviene, aunque entre una cosa y la otra se doble la moral.

Lo que hay que decir y lo que acontece está en los medios de información, la cartilla a repetir para ser un “revolucionario” se dicta cada día, como la palabra diaria, y esa es la historia oficial, los individuos no están en capacidad de permitirse ningún margen de error, ni de libertad para estar en contra, todos  pueden ser criminalizados como “contrarrevolucionarios” si se salen del guión, y eso está previsto y sancionado por la “ley”.

Así que en esa búsqueda de actuar, decir y pensar como un “revolucionario” hay que andarse con pie de plomo, porque está visto y comprobado que cualquiera resbala y cae, que cualquiera puede repetir las historias de muchísimos “confiables” que terminaron en las fauces de Saturno.

Cuba es uno de los poquísimos países en los que nadie está en contra, todos dicen -como acto supremo de discusión-, no entender. Es muy común la frase: “Compañero, pero es que yo no entiendo por qué…”, cuando limpiamente y sin dobleces lo que sucede es que no se está de acuerdo con lo que “plantea” el “compañero del partido”.

Cuba es uno de los poquísimos lugares del mundo en los que no se puede protestar públicamente contra el llamado Estado, ni con palabras, ni con acciones pacíficas. Entonces como no doblar la moral.

Los seres humanos somos muy parecidos en todas partes; pero eso, parecidos. Todos por lo general queremos lo mismo, pero la "realidad objetiva" se nos interpone o nos ayuda. En el mundo real los productos están en los establecimientos y es tarea de los individuos obtenerlos. Unos lo hacen mediante el trabajo honrado y otros de manera criminal; pero en Cuba, los productos no están, ellos llegan a veces, no siempre hay y no a todos les toca aunque sus trabajos honestos y remunerados les dé el suficiente poder adquisitivo.

No es posible acusar de practicar la doble moral a un empleado que se apropia del bolígrafo que le asignan en su puesto de trabajo, si con su salario no puede comprar uno igual o mejor en el mercado. No se puede culpar al administrador de un restaurante por venderle una caja de cervezas a un amigo, si las cervezas no están en el mercado. La realidad cubana, además de esto, es única porque es el único lugar del mundo en el que un profesional con empleo vive por debajo del nivel de pobreza.

Como digo, Eduardo del Llano demostró demasiada inteligencia en algunas de sus obras, por eso me llena de dudas cuando dice o escribe cosas como estas, argumentos partidistas que contradicen sus filmes, que procuran claramente salvar a los gestores de un sistema ineficiente, corrompido, corruptor e irreformable. Eduardo del LLano, me hace dudar cuando sus argumentos tienen como objetivo culpar a las víctimas y exonerar a los victimarios.

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