Es tiempo
de que quienes en la arena internacional se han mantenido mirando a otra parte,
en complicidad con esa tiranía, enfoquen sus miradas hoy hacia la pequeña isla
del Caribe, la que una vez fue nombrada Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales.
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| Mapa británico de las Indias Occidentales (1736) / Fuente: Wikimedia Commons. |
Hace unos días, alguien reflexionaba en las redes acerca del destino tan diferente que han tenido los hijos del exilio cubano y los hijos del castrismo. En el primer grupo se cuentan decenas de compatriotas de primera, segunda y tercera generación que son y han sido personas que alcanzaron éxitos excepcionales en sus diferentes lugares de asentamiento; entre ellos, Roberto Goizueta, quien perteneció a una primera generación de desterrados y Marco Rubio, que es hijo de una segunda generación de cubanos desterrados.
Y por la otra, Fidel Castro Díaz Balart, Mariela Castro Espín -descendientes directos de los tiranos-, y Sandro,
y el Cangrejo,
que pertenecen a una tercera generación
de comunistas, a quienes les cabe perfectamente el mote de «hijos de la
revolución» o la encarnación del «hombre nuevo» -un hombre del que se pueden
rastrear antecedentes en el más antiguo nazismo de fuentes nietzscheanas-, un
engendro que FC y sus cómplices impusieron con violencia a través del férreo adoctrinamiento,
el trabajo infantil, la abolición de la patria potestad, la penalización de
todas las libertades ciudadanas y de un genocidio cultural que no dejó en pie
ni el recuerdo de lo que llegó a ser esa isla. Estos cuatro nombres, por su
denominación de origen, son una pequeña, pero exacta muestra -y para muestra un
botón-, de lo que ha sido capaz de engendrar el castrismo en su seno.
Cuba, durante
siglos engendró hijos como Emilio Bacardí,
José María Heredia, José Martí, Félix Varela, José Lezama Lima, Manuel Saumell, Amadeo Roldán, Huber Matos,
Pedro Luis Boitel
y cientos más, pero secuestrada desde hace más de sesenta años por una tiranía
que no representa a Cuba ni a los cubanos, exhibe como sus representantes a una
generación degenerada, que llega a los más altos cargos por lazos de sangre, comulgar,
aplaudir y perpetrar los más inadmisibles crímenes contra su pueblo, crímenes
por demás establecidos en una constitución y unas leyes espurias, avaladas por
una minoría degenerada. Negadora de todos los derechos de los cubanos que no comulguen
con las ideas, siempre cambiantes, del llamado «partido comunista de Cuba» (único).
Es inadmisible que la tiranía castrista continúe borrando de nuestra Historia a cubanos tan ilustres y exhiba tal cosecha de degenerados. Es tiempo de que quienes en la arena internacional se han mantenido mirando a otra parte, en complicidad con esa tiranía, enfoquen sus miradas hoy hacia la pequeña isla del Caribe, la que una vez fue nombrada Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales, un territorio que fue tan rico y próspero para propios y ajenos, que cuando la Corona de España, la perdió, convirtió el suceso en sinónimo de catástrofe y el pueblo español creó el refrán que reza: ¡¡¡MÁS SE PERDIÓ EN CUBA!!!.
No sigamos perdiendo, propios y ajenos, lo que Cuba representó y pudiera representar otra vez en este CAMBIO DE ÉPOCA. Hágase Cuba Grande de nuevo.




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