viernes, 9 de octubre de 2026

CARLOS PIANTINI: FOTOS Y MEMORIAS (6) En el centenario de su natalicio

 Concertista, Concertino de la OSN y el Trío Lerorpi (*)

Como dije, días después de nuestra presentación en Santo Domingo nos fuimos de gira por otras ciudades de la República Dominicana. Tocamos el 4 de agosto en el Casino de San Cristóbal, el 11 en el Club 2 de julio, Inc., de San Pedro de Macorix, el 12 en el Club 26 de febrero de Los Llanos, el 24 en el Casino Central de La Vega, y el 25 en el teatro Colón de Santiago de los Caballeros.

(Fue un resonante éxito el concierto de violín ofrecido anoche por pro-arte. Santiago de los Caballeros. 1950). Pro Arte se anotó anoche (25 ago. 1950) otro nuevo resonante éxito, al presentar al público de Santiago, amante de la buena música, al joven y afamado violinista dominicano, Carlos Piantini, quien, a pesar de su edad de 23 años, ya ha logrado fama como brillante ejecutante del difícil instrumento no solamente en el país, sino también en el extranjero.

Piantini satisfizo, plenamente, la esperanza de los espectadores más entendidos y más exigentes, al hacer una ejecución de las piezas del programa en la que manifestó su gran técnica y magnífica disciplina artística, demostrando así que es actualmente nuestro primer violinista, supliendo así a la figura gloriosa de Gabriel del Orbe, quien por la edad y los achaques de la misma, no puede mantener el cetro que paseó triunfante, en alas de la fama, por casi todos los países de la América y de Europa.

Piantini nos demostró anoche, en este concierto, su talento y su virtud de gran artista. Él está en el umbral de la vida; le quedan aún muchos años para estudiar con amor y con ahínco, estamos seguros de que él será una estrella resplandeciente como violinista y constituirá, dentro y fuera del país, una verdadera gloria para la República.

Esta es la expresión sincera, no solamente de nosotros, sino de todas las personas cultas y entendidas en materia de música, que escucharon anoche a Piantini. [...]

Al mayor éxito de este concierto contribuyó notablemente el maestro Hernández, quien acompañó a Piantini en el piano, ya que es sabido que por bueno que sea un violinista, un flautista, etc., no puede ofrecer una buena audición si no tiene un ajustado acompañamiento, y en esto, [...] no hay quien supere en el país a Julio Alberto Hernández. [...]

Fue por aquellos días de agosto de 1950, mientras hacía esa larga serie de recitales con don Julio, que fui nombrado en el cargo de Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, volvía a ella después de haber pasado algunos años recorriendo una parte del mundo, estudiando música y tocando. En mi calidad de fundador de esa querida institución volví con muchas ganas y con tremendos deseos de poner a disposición de la música sinfónica en mi país todo lo que sabía hasta ese momento. Desde su fundación, hasta 1950 no se había creado la plaza de Concertino, por lo que fue esa la primera vez que el presidente de la República, General R. L. Trujillo Molina, asignó a alguien en ese cargo. Fui yo el primer Concertino, oficialmente nombrado, que tuvo la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y comencé a fungir como tal el día 15 de agosto de 1950, siendo su director Titular el Maestro Abel Eisenberg.

Fue en la calle Fabré Geffrard nuestra primera presentación, en la casa de mis padres, un sitio que se iba convirtiendo en mi cuartel general y en un foco de música en la ciudad de Santo Domingo. Fue una audición privada en la que interpretamos el Trío Nº. 1 Op. 1, de Beethoven, y el Trío Nº. 1 Op. 49, de Mendelssohn.

Ennio Orazi había nacido en Roma el 29 de septiembre de 1915 y a los ocho años de edad tomó clases con el famoso violonchelista italiano Tito Rosati, componente del formidable Cuarteto de Roma. A los 11 años lo admitieron con sobresalientes notas en el Real Conservatorio de Música Santa Cecilia, en la capital italiana, donde cursó estudios de violonchelo bajo la dirección de Luigi Forino. Cuando le faltaba poco tiempo para terminar pasó al Real Conservatorio de Música Benedetto Márcelo, de Venecia, y allí se diplomó bajo la dirección del concertista italiano Luigi Silva.

En Roma, bajo la orientación de dos de los más famosos solistas italianos: Arturo Bonuoci y Enrico Mainaroli, realizó cursos de perfeccionamiento. Ennio Orazi inició su carrera artística ofreciendo conciertos como solista y como miembro de conjuntos de cámara en Italia, Suiza y Alemania, y llegó a integrar la grande y famosa Orquesta Sinfónica del Augusteo de Roma. Tocó también en temporadas de óperas en la Escala de Milán y en el teatro de Ópera de Roma.

Orazi fue un excelente músico que perteneció por espacio de dos años al cuarteto italiano dirigido por el pianista Arnaldi, y en 1944 aceptó la cátedra de enseñanza de violonchelo en el Real Conservatorio de Música Perluigi de Palestrina, en Cagliari, Cerdeña, donde alcanzó magníficos logros como pedagogo.

Pedro Lerma ocupó un lugar destacado como pianista en su generación. Nació en Madrid en 1916 y desde muy pequeño mostró grandes aptitudes artísticas. Realizó sus primeros estudios bajo la dirección de su madre, una notable pianista, y los continuó con José Cubiles, en el Conservatorio de Madrid, donde en el año 1934 obtuvo por unanimidad el Primer Premio. Ese mismo año y tras reñidas oposiciones, ganó, también por unanimidad, la cátedra de Piano Superior en el Real Conservatorio de Madrid. De él escribió el maestro Conrado Campo en el Diario Alcázar:

Pedro Lerma, es un dignísimo artista. Músico de la más severa y bien lograda preparación. Sensibilidad extremada y fino gusto el suyo, en posesión de una técnica segura y transparente, dócil y sumisa siempre a sus intenciones interpretativas.

Y Sainz de la Maza, en el A. B. C. dice:

Su principal cualidad es la distinción. Frasea con elegancia exenta de énfasis y logra bellos matices de sonoridad y un fino esfumado. Su arte alcanza el mayor rendimiento expresivo, en aquellas páginas en que lo esencial radica en la dicción.

Por su lado en la Hoja Oficial, bajo la firma de Acorde, un crítico escribió:

Posee Lerma una exquisita sensibilidad que lució espléndidamente en Chopin y una fina dicción que culminó en Grieg. No creemos equivocarnos al señalar la aparición de este joven artista como un acontecimiento musical.

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Lerma, antes de radicarse en Santo Domingo, realizó giras de concierto por España y otros países de Europa y América con tremendo éxito de público.

Esos dos colosales músicos fueron los integrantes del Trío Lerorpi -nombre que surge de las primeras sílabas de nuestros apellidos, Lerma, Orazi y Piantini-, otro de mis importantes desempeños en la vida musical durante aquella etapa de mi vida en Santo Domingo. Con aquel trío disfruté mucho haciendo música de cámara, un género en el que la comunicación espiritual entre los miembros del conjunto y la técnica determina el resultado de la obra.

(*) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las memorias inconclusas de Carlos Piantini. Disponible en Cuesta Libro

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