Concertista, Concertino de la OSN y el Trío Lerorpi (*)
Como dije, días después de nuestra presentación en Santo Domingo nos fuimos de gira por otras ciudades de la República Dominicana. Tocamos el 4 de agosto en el Casino de San Cristóbal, el 11 en el Club 2 de julio, Inc., de San Pedro de Macorix, el 12 en el Club 26 de febrero de Los Llanos, el 24 en el Casino Central de La Vega, y el 25 en el teatro Colón de Santiago de los Caballeros.
(Fue
un resonante éxito el concierto de violín ofrecido anoche por pro-arte.
Santiago de los Caballeros. 1950). Pro Arte se anotó anoche (25 ago. 1950) otro nuevo
resonante éxito, al presentar al público de Santiago, amante de la buena
música, al joven y afamado violinista dominicano, Carlos Piantini, quien, a
pesar de su edad de 23 años, ya ha logrado fama como brillante ejecutante del
difícil instrumento no solamente en el país, sino también en el extranjero.
Piantini
satisfizo, plenamente, la esperanza de los espectadores más entendidos y más
exigentes, al hacer una ejecución de las piezas del programa en la que
manifestó su gran técnica y magnífica disciplina artística, demostrando así que
es actualmente nuestro primer violinista, supliendo así a la figura gloriosa de
Gabriel del Orbe, quien por la edad y los achaques de la misma, no puede
mantener el cetro que paseó triunfante, en alas de la fama, por casi todos los
países de la América y de Europa.
Piantini nos demostró anoche, en este concierto, su talento y su virtud de gran artista. Él está en el umbral de la vida; le quedan aún muchos años para estudiar con amor y con ahínco, estamos seguros de que él será una estrella resplandeciente como violinista y constituirá, dentro y fuera del país, una verdadera gloria para la República.
Esta
es la expresión sincera, no solamente de nosotros, sino de todas las personas
cultas y entendidas en materia de música, que escucharon anoche a Piantini.
[...]
Al mayor éxito de este concierto contribuyó notablemente el maestro Hernández, quien acompañó a Piantini en el piano, ya que es sabido que por bueno que sea un violinista, un flautista, etc., no puede ofrecer una buena audición si no tiene un ajustado acompañamiento, y en esto, [...] no hay quien supere en el país a Julio Alberto Hernández. [...]
Fue por aquellos días de agosto de 1950, mientras hacía esa larga serie de recitales con don Julio, que fui nombrado en el cargo de Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, volvía a ella después de haber pasado algunos años recorriendo una parte del mundo, estudiando música y tocando. En mi calidad de fundador de esa querida institución volví con muchas ganas y con tremendos deseos de poner a disposición de la música sinfónica en mi país todo lo que sabía hasta ese momento. Desde su fundación, hasta 1950 no se había creado la plaza de Concertino, por lo que fue esa la primera vez que el presidente de la República, General R. L. Trujillo Molina, asignó a alguien en ese cargo. Fui yo el primer Concertino, oficialmente nombrado, que tuvo la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y comencé a fungir como tal el día 15 de agosto de 1950, siendo su director Titular el Maestro Abel Eisenberg.
Fue en la calle Fabré Geffrard nuestra primera presentación, en la casa de mis padres, un sitio que se iba convirtiendo en mi cuartel general y en un foco de música en la ciudad de Santo Domingo. Fue una audición privada en la que interpretamos el Trío Nº. 1 Op. 1, de Beethoven, y el Trío Nº. 1 Op. 49, de Mendelssohn.
Ennio Orazi había nacido en Roma el 29 de septiembre de
1915 y a los ocho años de edad tomó clases con el famoso violonchelista
italiano Tito Rosati, componente del formidable Cuarteto de Roma. A los 11 años
lo admitieron con sobresalientes notas en el Real Conservatorio de Música Santa
Cecilia, en la capital italiana, donde cursó estudios de violonchelo bajo la
dirección de Luigi Forino. Cuando le faltaba poco tiempo para terminar pasó al
Real Conservatorio de Música Benedetto Márcelo, de Venecia, y allí se diplomó
bajo la dirección del concertista italiano Luigi Silva.
En Roma, bajo la orientación de dos de los más famosos
solistas italianos: Arturo Bonuoci y Enrico Mainaroli, realizó cursos de
perfeccionamiento. Ennio Orazi inició su carrera artística ofreciendo
conciertos como solista y como miembro de conjuntos de cámara en Italia, Suiza
y Alemania, y llegó a integrar la grande y famosa Orquesta Sinfónica del
Augusteo de Roma. Tocó también en temporadas de óperas en la Escala de Milán y
en el teatro de Ópera de Roma.
Orazi fue un excelente músico que perteneció por espacio
de dos años al cuarteto italiano dirigido por el pianista Arnaldi, y en 1944
aceptó la cátedra de enseñanza de violonchelo en el Real Conservatorio de
Música Perluigi de Palestrina, en Cagliari, Cerdeña, donde alcanzó magníficos
logros como pedagogo.
Pedro Lerma ocupó un lugar destacado como pianista en su
generación. Nació en Madrid en 1916 y desde muy pequeño mostró grandes
aptitudes artísticas. Realizó sus primeros estudios bajo la dirección de su
madre, una notable pianista, y los continuó con José Cubiles, en el
Conservatorio de Madrid, donde en el año 1934 obtuvo por unanimidad el Primer
Premio. Ese mismo año y tras reñidas oposiciones, ganó, también por unanimidad,
la cátedra de Piano Superior en el Real Conservatorio de Madrid. De él escribió
el maestro Conrado Campo en el Diario Alcázar:
Pedro Lerma, es un dignísimo artista. Músico de la más
severa y bien lograda preparación. Sensibilidad extremada y fino gusto el suyo,
en posesión de una técnica segura y transparente, dócil y sumisa siempre a sus
intenciones interpretativas.
Y Sainz de la Maza, en el A. B. C. dice:
Su principal cualidad es la distinción. Frasea con
elegancia exenta de énfasis y logra bellos matices de sonoridad y un fino
esfumado. Su arte alcanza el mayor rendimiento expresivo, en aquellas páginas
en que lo esencial radica en la dicción.
Por su lado en la Hoja Oficial, bajo la firma
de Acorde, un crítico escribió:
Posee Lerma una exquisita sensibilidad que lució
espléndidamente en Chopin y una fina dicción que culminó en Grieg. No creemos
equivocarnos al señalar la aparición de este joven artista como un
acontecimiento musical.
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Esos dos colosales músicos
fueron los integrantes del Trío Lerorpi -nombre que surge de las primeras
sílabas de nuestros apellidos, Lerma, Orazi y Piantini-, otro de mis
importantes desempeños en la vida musical durante aquella etapa de mi vida en
Santo Domingo. Con aquel trío disfruté mucho haciendo música de cámara, un
género en el que la comunicación espiritual entre los miembros del conjunto y
la técnica determina el resultado de la obra.
(*) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las memorias inconclusas de Carlos Piantini. Disponible en Cuesta Libro






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