domingo, 1 de junio de 2008

SINDO GARAY SE ANAMORÓ EN SANTIAGO

Música y músicos
Le cantó a la mujer como pocos, fue el trashumante que viajó a todas partes y en todas partes hizo amigos y canciones, tuvo amores en los cuatro puntos cardinales, pero su mejor canción, la canción de su vida la encontró en Santiago de los Caballeros. El autor de canciones que siempre se recuerdan, como La tarde, La bayamesa, La perla marina y tantas otras, llegó a la ciudad corazón y allí quedó prendado de una bella mujer dominicana.
Sindo Garay nació en Santiago de Cuba el 12 de abril de 1867, pocos meses antes de dar inicio la guerra de los diez años, una contienda que se libró en la mayor de las Antillas por obtener la independencia de la metrópoli española. Su madre, una mujer de bella y afinada voz de contralto, le cantaba sobre todo canciones patrióticas, y desde muy pequeño le puso en contacto con las fuentes de la canción cubana. También en aquella modesta casa se encontraban para cantar y ayudar a los mambises, personalidades de la música cubana de la talla de Pepe Sánchez, quien fuera el horcón sobre el cual se erigió el bolero, uno de los géneros musicales más cultivados en toda América. De aquella época dijo Sindo en sus memorias: “Tendría yo alrededor de cinco años y recuerdo que mi casa era visitada frecuentemente por muchos cantadores y gente del ambiente artístico santiaguero”.
En esas contiendas patrióticas y musicales creció Antonio Gumersindo Garay y García, quien a muy corta edad ya componía canciones, se acompañaba a la guitarra, era maromero de circo, aprendiz de talabartero y servía de mensajero a los patriotas cubanos insurrectos.
Corría el año 1894 cuando llegó a Santiago de Cuba el circo de Portela, Bonne y Anido en el cual se presentaban los cantadores Ulpiano y José Valdés. Por supuesto que siendo la familia Garay una de las más ligadas en esa época a aquel tipo de espectáculos, por tener en Sindo al perfecto entretenedor, surgieron de inmediato relaciones amistosos muy fuertes y que durarían largos años con algunos de aquellos cirqueros.
En aquella oportunidad el circo tuvo en Santiago de Cuba graves problemas financieros y debió disolverse la compañía, fue entonces cuando Bonne le propuso a un pequeño grupo, en el que estaba incluido el bisoño Sindo, que salieran del país a buscar nuevos horizontes. Ya para entonces Sindo, en sus trajines independentistas, había recibido un balazo en una pierna al producirse una refriega de la que salió vivo de milagro, y poco era lo que podía ganar con su trabajo, fue por eso que aceptó emigrar por primera vez.
El primer puerto fue Cabo Haitiano donde tampoco les fue muy bien por lo que después de unas pocas funciones recogieron sus bártulos y se trasladaron a la República Dominicana, donde el bardo cubano, después de desintegrarse la compañía, iba a permanecer durante casi cinco años.
Anduvo, como un rapsoda, por montes y poblados sin descanso, buscándose el sustento con los más disímiles oficios y siempre con su imaginación al galope, creando poesías y canciones. Así llegó a Santiago de los Caballeros a finales de 1899, donde enseguida se relacionó con los trovadores del lugar y al poco tiempo ya andaba en su medio, rodeado de amigos y entonando sus canciones. Fue en eso que conoció a María Petronila Reyes y Zamora, una mujer a la que él describió en sus memorias como “una india hermosísima, de piel tostada y ojos rasgados y bellos. [ ] De pelo abundante, negro, (que) le cubría casi toda la espalda”. Si así la vieron sus ojos, sus palabras no la dejaron ir. El trovador comenzó a enamorarla de inmediato y al poco tiempo ya compartían “el pan y la cama”.
María Petronila fue la madre de sus hijos Guarionex y Guarina, quienes nacieron en Santiago de Cuba, puesto que ya para el año 1900 en la isla había terminado la guerra y Sindo Garay creyó que era hora de regresar a casa. Entonces se llevó consigo al amor de su vida, al amor que había encontrado en el otro Santiago, y un montón de canciones creadas en tierra dominicana.
Los años por venir iban a ser de grandes alegrías para el creador, sus canciones le darían la vuelta al mundo y serían cantadas por voces de todos los confines del planeta, eminentes figuras del mundo del arte elogiarían su obra, y la vida le premiaría con el don de la longevidad, prolongándole la existencia hasta el 17 de junio de 1968, fecha en la que dejó de existir el más prolífico de los trovadores cubanos.
Rey Guerra, guitarra.
Perla Marina / Mercedes, de Sindo Garay.

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