viernes, 16 de octubre de 2026

LOS TEATROS EN CUBA COLONIAL Y REPUBLICANA:

Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo


Teatro Albisu (1870-1918)

En diciembre de 1900 volvió Brindis de Salas a impresionar al público habanero presentándose en dos espectáculos combinados en el teatro Albisu. Brindis tocó en los intermedios de las zarzuelas La alegría de la huerta y La Maruxiña, las piezas Fantasía de Otelo, de Ernst; Lejos del baile, de Gillet; Fantasía de Fausto, de Wieniawski; y Serenata, de Moszkowski, acompañado al piano por el maestro González Gómez (DM, 7 dic. 1900). Según la crónica que publicó el DM (12 dic. 1900), fueron «muy aplaudidas todas las piezas que ejecutó el notable violinista; entre ellas, La Abuelita» y una danza criolla que debió tocar fuera de programa.

Claudio José Brindis de Salas (1852-1911)

En junio de 1910 la compañía de Esperanza Iris (1884-1962) estrenó El Conde de Luxemburgo en el Albisu, al que por entonces llamaban el teatro de los ventiladores. En la primera crónica de Bohemia, la tiple mexicana se llevó junto a Josefina Peral todos los elogios y los demás artistas el reproche: unos, por «desenfocados»; y otros, por estar «absolutamente sin voz». Pero todo cambió en la crónica del 2 de julio:

(Bohemia, 2 jul. 1910, 101). Esperanza Iris, la gentil y sugestiva tiple alcanza grandes triunfos en «El Conde de Luxemburgo». Podemos afirmar rotundamente que hoy por hoy no hay en la escena castellana tiple que la aventaje en el cultivo del género que hoy priva: la opereta.

Esperanza Iris tiene buena figura, cara expresiva, viste con sumo lujo y propiedad; y cantando pasa felizmente de lo serio a lo picaresco e imprime a los personajes que interpreta toda la intención, y más, que el autor imaginara.

Modesto Cid, estudioso y sumamente discreto y Castillos dotado de extraordinaria vis cómica, comparten con Esperanza Iris los aplausos del público. Especialmente en «El Conde de Luxemburgo» uno y otro han llegado muy lejos. El primero con su discreción y sobriedad y el segundo creando un tipo de una comicidad excepcional.

Vale decir que el resto de la compañía cumple con muy buena voluntad su cometido. Josefina Peral […] en «El Conde de Luxemburgo» está realmente acertada y merece calurosos aplausos. 

Al año siguiente Esperanza Iris volvió a cosechar aplausos en el Albisu y a ocupar espacios en la prensa con el estreno de la opereta Aire de Primavera.

(Bohemia, 15 ene. 1911). En el Albisu «Aire de Primavera» mantiénese en el cartel con gran brío. El público llena constantemente el teatro. Y la verdad, lo llena con motivo: en la Habana no se ha visto de muchos años a esta parte una obra tan bien presentada, tan ricamente vestida y tan cuidada, en fin.

La sugestiva Esperanza Iris y sus apreciables compañeros alcanzan un éxito franco. Pero quien lo alcanza mayor, y a quien le corresponde el honor de la jornada es a Miguel Gutiérrez, que sabe poner obras como se deben poner, sin omitir sacrificio, y las sabe dirigir cuidadosamente.

Miguel Gutiérrez fue un cubano que había conocido a Esperanza Iris cuando ella tenía 16 años y él era el director escénico en el teatro Principal en México, se casaron y comenzaron a trabajar juntos y llegaron a comprar el teatro Albisu. La actriz y su esposo pasaron largas temporadas en Cuba e hicieron giras por todo el país. De él dice la Bohemia:

(Bohemia, 22 ene. 1911, 452). Sería injusto no reconocer que a Miguel Gutiérrez le debe la Habana el haber podido conocer un género como la «opereta vienesa» que hoy por hoy priva, como privó en otras épocas. […].

Gutiérrez ha presentado admirablemente las obras, derrochando materialmente el dinero en alguna, como «Aire de Primavera», y Esperanza Iris se ha revelado una artista que, en el género, y en español interpretado, puede ventajosamente competir con cualquiera. Lleven buen viaje y tengan buena fortuna los artistas de Albisu que van a México a dar un número de representaciones en el teatro Abreu.

Esperanza Iris (1884-1962)


Al doblar la esquina, a menos de doscientos metros del Albisu, estuvo el Politeama, donde se presentaba por esos días la compañía de opereta italiana «Citta di Palermo», que presentaba a la joven Inés Imbimbo, quien unos años después se convertiría en una de las estrellas del cine silente.

En marzo de 1911, se alternaban en Albisu el cinematógrafo con la compañía de Luis Escribá, en la que descollaba María Luisa Villegas «una dama joven que, por su figura, buen porte y condiciones artísticas llamaba la atención del público amante de las comedias regocijadas y cultas».

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En mayo del mismo año la prensa habanera volvía a elogiar a Esperanza Iris, «la gentil y graciosa tiple que con vivísima luz propia se destacaba al frente de la compañía» que entonces presentaba con éxito la opereta «Sangre Vienesa», con música de Strauss, bajo la dirección del también empresario Miguel Gutiérrez. En diciembre había pocas novedades en el Albisu, había reaparecido «la compañía de opereta sin ofrecer ninguna obra nueva y continuaban con La Viuda Alegre, El Soldado de Chocolate y otras novedades por el estilo», según lo comentado en Bohemia (31 dic. 1911). Pocos años después, en 1918, un incendio afectó considerablemente el Albisu, que fue remozado y abrió sus puertas con el nombre de Campoamor, pero este también duró poco, y en esa corta vida del Campoamor, en el antiguo Albisu remozado, entre muchas otras funciones, en ese mismo año, se presentó una en la que cantó la maestra Amelia Izquierdo (1876-1960), Condesa de Lewenhaups, con sus alumnas, y tocó el flautista cubano Emilio Puyans. Finalmente, el teatro fue demolido y en su lugar se edificó el Palacio de los Asturianos. Años después, como ya he mencionado, se construyó el Teatro Capitolio al que después se llamó también Campoamor, esta vez, en los terrenos en los que estuvo el Diorama, en la esquina de Industria y San José.

Tomado de Historia de la Música Popular Cubana. De las danzas habaneras a la salsa (1829-1976). Disponible en Amazon.

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