Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo
En diciembre de 1900
volvió Brindis de Salas a impresionar al público habanero presentándose en dos
espectáculos combinados en el teatro Albisu. Brindis tocó en los
intermedios de las zarzuelas La alegría de la huerta y La Maruxiña,
las piezas Fantasía de Otelo, de Ernst; Lejos del baile, de
Gillet; Fantasía de Fausto, de Wieniawski; y Serenata, de
Moszkowski, acompañado al piano por el maestro González Gómez (DM, 7 dic. 1900). Según la crónica que publicó el DM
(12 dic. 1900), fueron «muy aplaudidas todas las piezas que ejecutó el notable
violinista; entre ellas, La Abuelita» y una danza criolla que debió
tocar fuera de programa.
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| Claudio José Brindis de Salas (1852-1911) |
En junio de 1910 la compañía de Esperanza Iris (1884-1962) estrenó El Conde de Luxemburgo en el Albisu, al que por entonces llamaban el teatro de los ventiladores. En la primera crónica de Bohemia, la tiple mexicana se llevó junto a Josefina Peral todos los elogios y los demás artistas el reproche: unos, por «desenfocados»; y otros, por estar «absolutamente sin voz». Pero todo cambió en la crónica del 2 de julio:
(Bohemia,
2 jul. 1910, 101). Esperanza Iris, la gentil y sugestiva tiple alcanza
grandes triunfos en «El Conde de Luxemburgo». Podemos afirmar rotundamente que
hoy por hoy no hay en la escena castellana tiple que la aventaje en el cultivo
del género que hoy priva: la opereta.
Esperanza
Iris tiene buena figura, cara expresiva, viste con sumo lujo y propiedad; y
cantando pasa felizmente de lo serio a lo picaresco e imprime a los personajes
que interpreta toda la intención, y más, que el autor imaginara.
Modesto
Cid, estudioso y sumamente discreto y Castillos dotado de extraordinaria vis
cómica, comparten con Esperanza Iris los aplausos del público. Especialmente en
«El Conde de Luxemburgo» uno y otro han llegado muy lejos. El primero con su
discreción y sobriedad y el segundo creando un tipo de una comicidad
excepcional.
Vale
decir que el resto de la compañía cumple con muy buena voluntad su cometido.
Josefina Peral […] en «El Conde de Luxemburgo» está realmente acertada y merece
calurosos aplausos.
Al año siguiente
Esperanza Iris volvió a cosechar aplausos en el Albisu y a ocupar
espacios en la prensa con el estreno de la opereta Aire de Primavera.
(Bohemia,
15 ene. 1911). En el Albisu «Aire de Primavera» mantiénese en el
cartel con gran brío. El público llena constantemente el teatro. Y la verdad,
lo llena con motivo: en la Habana no se ha visto de muchos años a esta parte
una obra tan bien presentada, tan ricamente vestida y tan cuidada, en fin.
La sugestiva
Esperanza Iris y sus apreciables compañeros alcanzan un éxito franco. Pero
quien lo alcanza mayor, y a quien le corresponde el honor de la jornada es a
Miguel Gutiérrez, que sabe poner obras como se deben poner, sin omitir
sacrificio, y las sabe dirigir cuidadosamente.
Miguel Gutiérrez fue un
cubano que había conocido a Esperanza Iris cuando ella tenía 16 años y él era
el director escénico en el teatro Principal en México, se casaron y
comenzaron a trabajar juntos y llegaron a comprar el teatro Albisu. La
actriz y su esposo pasaron largas temporadas en Cuba e hicieron giras por todo
el país. De él dice la Bohemia:
(Bohemia,
22 ene. 1911, 452). Sería injusto no reconocer que a Miguel Gutiérrez
le debe la Habana el haber podido conocer un género como la «opereta vienesa»
que hoy por hoy priva, como privó en otras épocas. […].
Gutiérrez ha presentado admirablemente las obras, derrochando materialmente el dinero en alguna, como «Aire de Primavera», y Esperanza Iris se ha revelado una artista que, en el género, y en español interpretado, puede ventajosamente competir con cualquiera. Lleven buen viaje y tengan buena fortuna los artistas de Albisu que van a México a dar un número de representaciones en el teatro Abreu.
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| Esperanza Iris (1884-1962) |
Al doblar la esquina, a
menos de doscientos metros del Albisu, estuvo el Politeama, donde
se presentaba por esos días la compañía de opereta italiana «Citta di Palermo»,
que presentaba a la joven Inés Imbimbo, quien unos años después se convertiría
en una de las estrellas del cine silente.
En marzo de 1911, se
alternaban en Albisu el cinematógrafo con la compañía de Luis Escribá,
en la que descollaba María Luisa Villegas «una dama joven que, por su figura,
buen porte y condiciones artísticas llamaba la atención del público amante de
las comedias regocijadas y cultas».
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