Santo Domingo, R.D. 27.04.2010. Una misa en homenaje a Carlos Piantini (1927-2010), fallecido treinta días atrás, fue oficiada en la Catedral de Santo Domingo. En presencia de la urna cineraria Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez ofició la ceremonia que contó con la presencia del Vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque, y el Ministro de Cultura Rafael Lantigua.
Familiares, amigos y admiradores volvieron a llenar la catedral convocados por el Maestro Carlos Piantini, esta vez para darle el último adiós.
La vida y obra de Piantini, sus méritos como músico, su carrera como violinista brillante y sus éxitos como director de orquesta fueron recordados ampliamente por el Cardenal.La eucaristía contó con la participación del Coro de la Catedral, que conduce el Maestro José del Monte y la Orquesta Sinfónica Nacional que estuvo conducida por su Director Titular, José Antonio Molina.
El Sanctus y el Dies Irae del Requiem de Verdi, el coro Vapensiero, de la ópera Nabucco y el IV movimiento de la Cuarta Sinfonía de Tchaikovski fueron interpretados por la Sinfónica y el Coro.El Maestro Piantini será recordado largamente, y sin dudas su nombre permanecerá en la urdimbre misma de la cultura musical dominicana.
Santo Domingo, RD. 26.04.2010. La violinista cubana Anarys Iznaga Cruz se alzó el pasado 20 de noviembre de 2009 con el Primer Lugar de la XII Competencia Interdepartamental de Conciertos de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Música de Puerto Rico, que tuvo como jurados al Maestro Roselyn Pavón, Director del la Orquesta del Conservatorio, la pianista Diana Figueroa, el guitarrista y compositor Ernesto Cordero y Cathelin Johnson, Clarinetista Principal de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.
Como parte del premio, la joven violinista cubana tocó como solista con la Orquesta del Conservatorio el pasado 19 de marzo, bajo la dirección del Maestro Pavón. Refiriéndose a Anarys el Investigador Cristóbal Díaz Ayala, quien estuvo presente en el auditorio, tuvo la gentileza de escribirme el pasado 21 de marzo lo siguiente:
Anteayer el Conservatorio de Música de Puerto Rico, como parte de una serie de programas dedicados a la memoria del violinista Pepito Figueroa, presentó a la orquesta […] teniendo como solista a […] Anarys Iznaga, Primer Premio en la competencia interdepartamental que hace anualmente la institución entre sus estudiantes. Me pareció muy fuerte la pieza escogida, el Concierto de violín de Mendelssohn, y más cuando el Director Roselyn Pagán anunció que la ejecutante era una chica que llevaba sólo dos años en el Conservatorio. Y cuando salió al escenario una chica menudita, muy joven, más preocupado estaba.
Pero no podía estar yo más equivocado. Esa niña se desenvolvió con un aplomo, una soltura, una tranquilidad increíble. Parecía una veterana de muchos años. Tiene además un sonido fuerte; […] creo que rindió una versión muy buena del concierto, teniendo en cuenta su edad, el instrumento en sus manos, etc.
De sus estudios en Puerto Rico y su participación en la competencia Anarys me comentó que hace un año estudia en el Conservatorio y su maestro, Omar Velásquez, entendió que ella estaba en condiciones de participar, y fue por eso que se presentó con el Concierto en mi menor para violín y orquesta, de Mendelsshon.
La obra es en realidad compleja, pero es la que casi todos los violinistas utilizan para comenzar sus carreras. La obra tiene belleza, pero también casi todas las dificultades técnicas que un violinista debe superar. Cuando los estudiantes tienen la capacidad, como Anarys, de ajustarse a la estética que hay entre tantos pasajes de acrobacias brillantes, sin dudas estamos en presencia de un artista.
Acerca de la importancia que tiene para su carrera el haber obtenido este premio, incluso cuando la prensa puertorriqueña no lo haya reseñado, Anarys comentó:
“Es bien importante porque soy extranjera y hace nada más que un año que estudio en Puerto Rico, es también una buena presentación en el medio artístico en el que me voy a desenvolver cuando sea una profesional, es una buena oportunidad de ir fogueándome con orquesta, en conocer cómo es la dinámica de tocar como solista con orquestas, que no es lo mismo que tocar acompañada por un piano”.
Por su encomiable labor en esa presentación Anarys Iznaga Cruz fue invitada a tocar además con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico en el concierto que se realizó el pasado 12 de abril.
Algunos datos biográficos.
Anarys Iznaga Cruz nació en La Habana, Cuba, y cuando era una niña recién llegada a la República Dominicana, el Maestro cubano Julián Corrales le puso el violín en las manos. En el año 1994 inició formalmente sus estudios en la Escuela Elemental de Música Elila Mena, en Santo Domingo, bajo la tutela del profesor Pavle Vujcic, concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional. Durante sus años de estudios en dicha institución recibió el premio de Estudiante Sobresaliente mención Violín en el año 1999. Terminó el Nivel Elemental y pasó al Conservatorio Nacional de Música a la clase de la profesora Yolanda Jankar. Fue concertino por varios años de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio. Formó parte del Grupo LA KOSA que dirige la profesora Jolanda Janchar. Desde 1997 integró el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles. Integró la Orquesta Filarmónica Contemporánea que dirigía el maestro Dante Cucurullo. Participó en obras de teatro musical: Pedro y el lobo, Les Miserables.
En 2005 ganó Medalla de Oro en la cuarta edición del Concurso de Interpretación Musical en la categoría de Violín Intermedio. En 2006 ganó el Primer lugar en el I Concurso de Violín Gabriel del Orbe. Para la premiación de este concurso debutó como solista con la Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte. Participó en la gala de concierto Talentos del Siglo XXI en el Teatro Nacional. En 2007 participó en el V Concurso de Interpretación Musical, con el Quinteto OP.48, obteniendo Medalla de Oro mención Música de Cámara categoría superior. Con este quinteto realizó varios conciertos en el Conservatorio Nacional de Música.
Ingresó a la Universidad Autónoma en la carrera de Música Mención Teoría y Educación Musical, cursando allí cuatro semestres. En Julio de 2007 integró la Orquesta Sinfónica Nacional, con la cual participó en varios conciertos con directores como el Mtro. Álvaro Manzano, Iván del Prado, Phillippe Entremont, Eugene Khon, José Antonio Molina y Amaury Sánchez.
Ha tenido la oportunidad de acompañar a artistas tanto dominicanos y extranjeros como: Maridalia Hernández, Plácido Domingo, Danny Rivera, Alberto Cortés, Raúl di Blasio, Richard Claiderman.
A fines del 2007 ofreció su recital de graduación como Profesora de Primera Enseñanza en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional. Para ese mismo período se presentó en las audiciones del Conservatorio de Música de Puerto Rico, obteniendo una beca por un año para estudiar la Licenciatura de Música en Violín Mención Ejecución. De la cual ya cursa el segundo semestre de Segundo año.
En 2008 fue seleccionada para representar en el Festival Traveling Notes que se celebró en Lima. Durante el año 2010 ha sido invitada además a participar como Concertino en el festival de orquestas Juveniles en PR (FOJSA), actividad a celebrarse las últimas semanas del mes de Junio.
-->Decenas de cubanos residentes en Santo Domingo asistieron de punto en blanco el pasado 20 de abril a la misa que en solidaridad con las Damas de Blanco y por el alma de Orlando Zapata Tamayo se ofició en la iglesia de la Santísima Trinidad en la capital de la República Dominicana.
Con la participación de decenas de dominicanos, españoles y personas de otras nacionalidades la misa estuvo dedicada íntegramente a llamar la atención sobre la constante violación de los derechos humanos en Cuba, la falta de libertades y a favor de la excarcelación de todos los presos de conciencia.
El amor como herramienta de denuncia, las vías pacíficas ante la desmedida violencia que ejerce el castrismo contra los disidentes va tomando fuerza en Cuba y felizmente ese esfuerzo y constancia de las Damas de Blanco va alcanzando resonancia alrededor del mundo. Lamentablemente, durante más de medio siglo de dictadura castrista, poca ha sido la solidaridad con el exilio cubano, tímidas han sido las voces que apoyaron a quienes lo perdieron todo y fueron lanzados fuera de su patria como verdaderos refugiados.
Incluso ahora, cuando ya no está Fidel Castro, el verdadero timonel del buque fantasma, quien manejó sin piedad los hilos del terror, el asesinato político, las persecuciones de opositores y ordenó la ejecución, encarcelación o multiplicación por cero de enemigos reales, potenciales o imaginarios, el drama cubano no es lo suficientemente comprendido.
Durante medio siglo han sido muchos los desmanes y perversidades provocadas por el castrismo, aunque sin dudas que el más visible es el terror, un terror que se va enfrentando con eventos como este, un terror que enfrentan cada día en Cuba cientos de opositores.
“Al combate corred bayameses”, dice el primer verso del Himno Nacional cubano que se cantó al final de la misa, después de celebrar un magnífico acto de reconciliación y solidaridad, de amor y paz.
“Que la Patria os contempla orgullosa”, dice el segundo, y por supuesto que esa Patria es la Patria de todos, la que se celebró allí, no la patria convertida en pedestal de una ideología, de un hombre solo, de un dictador.
“No temáis una muerte gloriosa que morir por la patria es vivir”, dice el tercero, y por la recordación eterna de Orlando Tamayo se celebró este acto de solidaridad humana.
“En cadenas vivir es vivir en afrentas y oprobios sumidos”, dice el tercero, y fue por desencadenar a quienes por sus ideas han sido encarcelados que se reunieron en la iglesia de la Santísima Trinidad decenas de personas.
Ojalá que se multipliquen estos actos de solidaridad con la Cuba de todos los cubanos, no la Cuba que durante más de medio siglo ha permanecido como el coto privado de un solo hombre y sus dictados.
En la madrugada del 26 de marzo de 2010 falleció en la Ciudad de Miami el Maestro Carlos Piantini. Había nacido en el barrio San Carlos en la Ciudad de Santo Domingo, el 9 de mayo de 1927. Hijo de Alberto Julio Piantini Morales y Marina Espinal Maceo, comenzó sus estudios musicales a muy temprana edad con la maestra Josefita Heredia quien le inició en el solfeo, y poco después tomó sus primeras clases de violín con el profesor Guillermo Jiménez.
Con diez años de edad, el 9 de mayo de 1937, se presentó en un recital al que asistió lo más granado de la sociedad dominicana de la época. Sus interpretaciones le valieron entusiastas aplausos y los primeros elogios de Enrique de Marchena Dujarric, uno de los críticos más importantes del ámbito cultural de entonces, quien en mayo de 1937 publicó en el Listín Diario lo siguiente:
Carlos Alberto, hombrecito en ciernes, artista temperamental, tiene un sentido rítmico como pocos grandes pueden tenerlo o adquirirlo a fuerza de método. […] Luego reúne otras dos condiciones esencialísimas para triunfar: su tono, fuerte, afinadísimo para su poca edad, su alcance de posiciones; y luego, la más difícil aún, como es la de no temer al público y ejecutar ante él con absoluta naturalidad y despejo.
[…] Carlos Alberto Piantini […] está predestinado a convertirse en luminaria de nuestra cultura pudiendo ser con el tiempo, y siempre y cuando salga a cursar estudios fuera del país, uno o tal vez el más grande violinista que haya producido la República. […]
En 1939 Piantini comenzó a tomar clases con Willy Kleinberg, un gran pedagogo que había sido Concertino de la Orquesta Sinfónica de Viena y Director de la Sinfónica de Breslau. En 1941, cuando se fundó la Orquesta Sinfónica Nacional, Carlos Piantini conformó la plantilla de los fundadores de la institución. También tomó clases de violín con el Maestro Emil Friedman, otro gran maestro europeo que se radicó temporalmente en el país.
Ya en 1943 Piantini comenzó a hacer recitales con mucha mayor complejidad artística y técnica. Durante ese año se presentó en cuatro conciertos con obras de Bach, Handel, Kreisler, Beethoven y Sarasate, acompañado al piano por Julio Alberto Hernández. Entonces, Eugenio Fernández Granell –eminente crítico musical de la época y quien se convertiría en el último pintor surrealista español- publicó en La Nación sus criterios:
El programa que interpretó el joven instrumentista es de los que sólo, quien esté bien dotado para el arte puede remontar con brío y lucidez. Este fue el caso de Piantini, que mostró su dúctil capacidad interpretativa tanto en la profundidad de sentimiento que anima la ‘Partita en Mi mayor’, (para violín solo), de Juan Sebastián Bach, como en el esencial ‘Concierto al estilo Vivaldi’, del gran violinista y compositor Fritz Kreisler.
En 1944 se fue a México a estudiar y matriculó en el Conservatorio, donde tomó clases de violín con los maestros Henryk Szeriyng y Joseph Smilovits, y de armonía con Manuel Ponce. También integró la orquesta Sinfónica que por entonces dirigía Carlos Chávez y con ella participó en conciertos que al pasar el tiempo, constituyeron hitos en la historia musical americana. Piantini conoció allí a muchos de los grandes músicos vanguardistas y tuvo la posibilidad de interpretar sus obras, entre ellos Igor Stravinski, Darius Milhaud, Paul Hindemith, tres de los más grandes compositores del siglo XX.
Carlos Piantini y Julián Carrillo
El 13 de diciembre de 1944, por la emisora radial X. E. W, tocó el primer movimiento del Concierto para violín y orquesta, de Mendelssohn, acompañado por la Sinfónica H Steele, bajo la dirección de Julián Carrillo, con una tremenda acogida del público y la crítica. La Revista Todo, el 28 de diciembre de 1944 publicó que:
Carlos Piantini es la más brillante promesa que hemos escuchado en los últimos años. […] Supo equilibrar las frases de la parte solista con las de la orquesta y al llegar la cadenza dio una ejecución limpia y de gran emotividad. Tiene una virtud rara en la mayoría de los violinistas, como es la de tener el poder de comunicar una emoción en un instrumento tan difícil como es el violín. Este y otros datos nos dan la esperanza de que el joven artista que tocó con la Sinfónica Steele llegue a señeros lugares en la música.
Carlos Piantini y Blas Galindo
Con toda esta aureola, entró el joven violinista dominicano al año 1945, y se presentó con fortuna en diversos lugares de la gran ciudad. Con la Orquesta Sinfónica tuvo la oportunidad de acompañar a grandes solistas como a Heifetz, y a Rubinstein, y también entabló una gran amistad con Blas Galindo, quien era uno de los compositores del grupo de los siete más importantes que había en México entonces y de quien estrenó la Sonata para violín y piano, uno de los momentos más importantes para su carrera. Aquel concierto le valió las críticas que todo joven que inicia su carrera quisiera tener, tuvo la legitimación de dos de los críticos musicales más importantes de América: Mayer Serra y Adolfo Salazar. El primero publicó el 10 de noviembre de 1945 en Mañana que: Carlos Piantini es un excelente violinista dominicano […] Y el segundo, en Novedades, afirmó que:
Carlos Piantini con su apellido italianizante y su acento antillano lleva dentro de sí un gran artista. Su juego es fácil; su sonido rico y voluminoso; su arco tiene amplitud y jugosidad. Canta con calor y pasión en las grandes frases. En los pasajes de agilidad, su técnica es limpia y brillante en su transparencia.
Entre 1948 y 1950 Piantini fue director de la orquesta del Teatro Puerto Rico en la ciudad de New York, donde compartió el escenario con los más populares artistas del cine y el teatro de variedades de la época; entre ellos, Pedro Infante, Libertad Lamarque, Antonio Badú, Jorge Negrete, Rosita Fornés, María Félix, María Antonieta Pons y Agustín Lara.
Carlos Piantini, dir.; María Antonieta Pons, vedette; Orquesta del Teatro Puerto Rico.
En 1950 fue nombrado en el cargo de Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, trabajo que alternó con el de recitalista, presentándose por todo el país.
A partir de 1953 tomó clases con Iván Galamián en New York y debutó como violinista en el Carnigie Recital Hall, pero también integró Los Violines del Cotillion Room, del Hotel Pierre -que estaba en la 5ta. Avenida y la calle 61-, conformó un mariachi para acompañar en un espectáculo al ex torero mexicano Manuel Capetillo, quien devino en cantante, tocó en un sin número de fiestas con la charanga de su compatriota Johnny Pacheco, y en 1956 se ganó una plaza como violinista en la Orquesta Filarmónica de New York, en la que permaneció hasta 1971.
Durante los años en la Filarmónica, bajo la conducción de Leonard Bernstein, fue testigo de una de las más florecientes épocas de esa institución, con la que viajó medio mundo y compartió conciertos, grabaciones y giras con directores, solistas y compositores de gran renombre.
Carlos Piantini y los integrantes de la OFNY, de visita en el Kremlin de Moscú, durante una gira.
Recomendado por Bernstein, Piantini se fue en 1971 al Conservatorio de Música de Viena a estudiar dirección orquestal con el Maestro Hans Swarowsky. Ya había hecho su debut como director con la Sinfónica Nacional de la República Dominicana en 1963, y periódicamente continuó presentándose con la institución.
Carlos Piantini y Pablo Casals al frente de la OSN-RD
En 1973 fue nombrado Director del Teatro Nacional, que se inauguró el 16 de agosto de ese año con un Festival en el que participaron destacados artistas nacionales y extranjeros. Dirigió la primera puesta en escena de la ópera Traviata en ese coliseo y tocó, junto a Ruggiero Ricci, el doble de Bach.
Carlos Piantini con Joaquín Balaguer en la inauguración del Teatro Nacional
En 1973 también debutó como Director con la Orquesta Sinfónica Venezuela, en un concierto que causó una grata impresión en el publicó y del que Israel Peña publicó en Últimas Noticias el 18 de noviembre lo siguiente: Piantini deja notar [...] al músico que por sobre todo penetra y comunica cuanto interpreta, demostrando además un gran conocimiento de la orquesta [...]
El 17 de febrero de 1974, con la misma orquesta, Piantini estrenó en Venezuela La consagración de la primavera, de Stravinski. De aquel memorable concierto Rházes Hernández López publicó en El Nacional de Caracas, refiriéndose al músico dominicano lo siguiente:
Piantini es todo un maestro, un artista que en apenas tres ensayos ha hecho el milagro de hacer realidad esta grandiosa ‘Consagración’ que a su vez le consagra como a un conductor de sólida sapiencia, de una autenticidad que queda fuera de toda discusión.
En 1975 Piantini organizó el Festival Santo Domingo y en la clausura del evento, el 16 de marzo, estrenó en la capital dominicana, con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, la importantísima obra de Stravinski. Ambos estrenos, de tan compleja obra, dice mucho del ímpetu y la fuerza natural de la que estaba dotado el ilustre sancarleño.
El 26 de diciembre de 1978 renunció a su cargo de Director del Teatro Nacional y en 1979 fue nombrado Director Asistente de la Orquesta Filarmónica de Caracas, una orquesta que se creó en ese año y que llegó a convertirse en una de las mejores del continente, y con la que Carlos Piantini realizó una labor musical extraordinaria.
En 1984 el entonces Presidente de la República Dominicana lo nombró en el cargo de Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, institución de la que había sido fundador y Concertino. Fue durante su gestión que se establecieron y regularizaron las Temporadas Sinfónicas, se aumentó el número de instrumentistas de la Orquesta, llegando a ocuparse los puestos más importantes, contribuyó a elevar los salarios de los músicos y propició la creación de la Fundación Sinfonía, una institución que durante décadas administró con tino la agrupación musical.
Como director de orquesta alcanzó grandes éxitos al frente de las sinfónicas de Viena, Washington, South Florida, Milwakee, La Habana, Maracaibo, San Juan, Massimo Bellini y las Filarmónicas de New York, Ciudad México, Caracas y New York, y el Teatro San Carlos, de Nápoles, Italia, lo invitó para dirigir una serie de 17 conciertos que realizó entre los años 1985 y 1986.
Desde 1988 fue invitado anualmente a dirigir la orquesta Alejandro Scarlatti de la radio Televisión Italiana (RAI) de Nápoles, Italia. En julio de 1990, en el Festival del Valle d'Itria (Martina Franca), dirigió la ópera Los Pescadores de Perlas, de Bizet. En agosto de 1992 estrenó la Epopeya Lírica 1492, de Antonio Braga la cual fue grabada para la firma Buongiovanni de Italia.
Desde 1984 hasta 1994 fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y en enero de 1995 fue nombrado Director Laureado de ésta. El Maestro Carlos Piantini ocupó durante muchos años el cargo de Director de Estudios Orquestales en la Universidad Internacional de la Florida donde fundó la Orquesta Sinfónica de ese alto centro de estudios.
En 1998 grabó con la orquesta Filarmónica de Varsovia los dos conciertos para guitarra y orquesta del compositor dominicano Román Ernesto Peña los cuales contaron con la participación del destacado guitarrista cubano Rubén González Ávila. Durante el mismo año estrenó en el Teatro San Carlos de Nápoles el oratorio Santo Domingo de Guzmán, de Antonio Braga.
En 1999 dirigió la puesta en escena de la ópera Carmen, de Bizet, que produjera el Teatro Nacional de Santo Domingo y en la misma sala, meses después dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional en el estreno latinoamericano del Concierto para Piano y Orquesta, de Michael Camilo, en el que actuó como solista el propio autor.
Carlos Piantini y Michel Camilo. Teatro Nacional. Santo Domingo, RD
En el año 2001, fue nombrado por segunda vez en el puesto de Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, esta vez por el entonces Presidente Hipólito Mejía. En esta nueva etapa consiguió nuevos y más altos lauros, siendo merecedor de un Soberado en los Premios Casandra.
El 14 de Septiembre de 2005 Carlos Piantini dirigió por última vez la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. Fue el concierto No. 1722 de la OSN, y se realizó en la Sala Principal del Teatro Nacional.
El nombre de Carlos Piantini permanecerá en la memoria del arte y la cultura dominicana, por sus obras como artista, y por su capacidad humana para fundar y llevar a la cima empresas artísticas que forman parte hoy de la vida cotidiana de los dominicanos.
Por lo general no subo en este tren nada de lo que no sea yo el único culpable, quizás por aquello de de que "quien solo la hace solo la paga", pero aparecen cosas muy interesantes en la Internet, como esta carta de Daniel que comparto con quienes la quieran disfrutar.
Estimados compañeros:
Me llamo Daniel y vivo en Cárdenas, Matanzas. Trabajo en turismo y por eso he podido ver en estos días todo el debate que se ha levantado a raíz de la muerte del preso Orlando Zapata. Lo he visto en CNN en Español y Televisión española. También he leído algunos periódicos porque en los hoteles tenemos internet. He leído artículos escritos por intelectuales extranjeros, disidentes cubanos, amigos de la revolución, enemigos. A raíz de todo eso, y de las cartas que andan circulando por ahí, me gustaría compartir una reflexión con ustedes. Yo no soy nadie, ni actor ni cantante ni figura pública, tampoco intelectual, pero si sirve de algo, antes de dedicarme al turismo hice la carrera de sociología, soy militante del Partido y miembro de la asociación de Combatientes de la Revolución por haber cumplido misión internacionalista en Etiopía.
Lo primero que quiero contarles es que la muerte de Zapata me ha dejado muy confundido. Al margen de que Amnistía Internacional diga que era un preso de conciencia y nuestro gobierno insista en que era un preso común, Zapata ha muerto por una huelga de hambre. Porque se negó a comer. He pensado mucho en eso. ¿Qué le pasa por la mente a una persona para hacer algo así? Yo no lo sé, pero reconozco que en este país ningún disidente había llegado tan lejos. Al menos que yo tuviera noticia. El Granma ha dicho que Zapata hizo la huelga porque quería un televisor, un teléfono y una cocina en su celda. Que alguien muera por eso sólo admite dos lecturas, o Zapata estaba loco o el Granma miente. Ciertamente la locura podría explicar todo esto, pero si Zapata tuviera antecedentes psiquiátricos, no tengo duda de que el Granma los habría publicado. Así que no me queda más remedio que asumir que este señor no murió por un televisor. Murió por otra cosa. No sé cuál. Dicen que lo manipularon, y seguramente haya algo de verdad en eso, pero convencer a alguien para que se deje morir no debe ser fácil. Ni es tan simple.
Aquí siempre nos han dicho que los disidentes son mercenarios, pero un mercenario no hace eso. Los mercenarios cobran y viven. Los mercenarios no se inmolan por una idea (por muy ridícula que sea), por eso los terroristas de Al Qaeda no usan mercenarios sino fanáticos. ¿Era Zapata un fanático? ¿Un fanático de qué, de la contrarrevolución? No sé qué pensar, porque un fanático no surge de la nada, necesita un caldo de cultivo. ¿Existe en la Cuba de hoy ese caldo de cultivo que genera fanáticos? Sería realmente preocupante. Y una señal muy grave del estado de las cosas. Ya sé que la muerte de un solo hombre no tiene por qué significar nada. Puede ser un hecho aislado. O no. Mientras escribo esto hay otros dos disidentes que también se han declarado en huelga. Y uno de ellos está ingresado. ¿Qué pasará si mueren? ¿Serán otros dos mercenarios aislados, dos pobres víctimas manipuladas?
Lo bueno de hacerse viejo (yo tengo 44 años) es que uno tiene una memoria enorme de las cosas que ha visto. Yo estos días me acuerdo mucho de algo que pasó hace casi treinta años… En 1981 diez presos del ejército republicano irlandés (IRA) se declararon en huelga de hambre en sus cárceles de Gran Bretaña. Muchos cubanos no se acordarán, pero entonces el tratamiento que se le dio en la televisión nacional fue de respeto y admiración. Desde que falleció el primero; Bobby Sands hasta que murió el último; Mickey Devine, todos sus nombres fueron mencionados en el noticiero de las ocho como una forma de mostrar la represión política que entonces ejercía Margaret Thatcher sobre Irlanda del Norte.
No intento comparar Cuba con Irlanda. Pero sí me llama la atención que aquellos huelguistas (algunos de ellos condenados por delitos de terrorismo en los que fallecieron inocentes) merecieran tanta gloria, y los que tenemos aquí sólo desprecio. ¿Por qué? ¿Porque supuestamente son delincuentes comunes, porque son cubanos, porque están contra el gobierno? Soy consciente de que el mero hecho de plantearme esto me coloca en el bando del enemigo. Pero yo no soy el enemigo. Cuestionar la versión oficial de quién era Orlando Zapata no significa que comparta sus ideales (que desafortunadamente ni siquiera conozco). A mí la revolución no me educó para convertirme en una persona insensible, ni en una máquina de repetir consignas (aunque lo han intentado). Yo creo que si un cubano muere de huelga de hambre tengo derecho a exigir respuestas claras y convincentes.
Además, no es la primera vez que me cuestiono una versión oficial. Ni la primera vez que la rechazo. Antes he contado que pasé dos años en Etiopía, en la brigada que apoyaba al gobierno de Mengistu Haile Mariam. Los que estuvimos allí sabemos quién era ese señor, y las barbaridades que hacía en su país. Era obvio que aquello no tenía nada que ver con el socialismo sino con prácticas de un gobernante feudal, pero aunque todos en la brigada éramos conscientes de lo que pasaba (incluidos los jefes de misión) la versión oficial siguió insistiendo en que apoyar a Mengistu era bueno para la causa revolucionaria, pero poco después de que Cuba retirara sus tropas (no el apoyo político) Mengistu huyó de Etiopía en un avión cargado de dinero. Hoy vive en Zimbawe y está acusado en su país de genocidio. Repito: GENOCIDIO. Cuando lo supe, en 1991, me dio rabia por tantos compañeros que fueron a Etiopia a luchar por una causa justa y murieron apoyando a un genocida que hoy vive de su cuenta en Suiza .
Aquella vez mi gobierno se equivocó. Como se ha equivocado muchas veces. Por eso tengo que decirlo; soy cubano, soy revolucionario, pero apoyo incondicional no. Me niego a confiar ciegamente en un sistema que a veces dice la verdad, a veces sólo media verdad, y a veces miente. Como todos los gobiernos del mundo, dirán algunos. Pero éste es el mío, éste es el que me exige cerrar filas sin hacerme preguntas, sin cuestionar qué está pasando en la sociedad cubana para que un preso muera de huelga de hambre.
A mí me enseñaron que en Cuba las huelgas de hambre las hacían los revolucionarios contra Batista. ¿Qué está pasando aquí para que ahora hagan huelga los gusanos? ¿Qué tendría Zapata en la cabeza para que no le baste con ser mercenario, para que elija morirse? Yo creo que para responder a eso tenemos que dejar de mirarnos el ombligo y ser autocríticos.
Hay que cuestionar las cosas, compañeros, porque eso es lo que hace un revolucionario. Y no se le puede llamar mercenario a todo el que lo haga. Algunos lo son, no tengo dudas, pero todos no. Yo no tengo buena opinión de los disidentes porque, en primer lugar, sólo sé de ellos lo que me cuenta el Granma, y segundo porque me siento lejos de personas que defienden posturas conservadoras que llevarían este país a un extremismo de derechas, justo aquello contra lo que siempre he luchado, pero tengo que reconocer que algunas de las cosas que dicen tienen razón. ¿Eso me convierte en disidente? Rotundamente no. Entonces, ¿Dónde está la línea? Por ejemplo, exigir responsabilidades políticas porque en Mazorra han muerto de frio treinta enfermos mentales de los que nadie se ocupó, ¿Eso es hacerle juego al enemigo? Quejarnos de que en los hospitales no haya higiene, o que no podamos salir del país sin permiso ni tener acceso a internet, ¿eso es de revolucionarios o de mercenarios? Lamentar que en mi país exista una ley de peligrosidad, copiada del régimen fascista de Franco, que condena a las personas “proclives” a cometer un delito (sin haberlo cometido aún), ¿Eso es de gusanos o de comunistas? Sinceramente no lo sé.
No sé dónde quejarme, dónde lamentar, dónde exigir. No sé con quién tengo que hablar. ¿Con mi núcleo del partido, con mi presidente del CDR, con el delegado de mi circunscripción? ¿Con el Granma? Créanme que ya lo he hecho y no ha servido para nada. Entonces, ¿Dónde canalizo mi vergüenza? ¿En el Miami Herald? Les voy a contar de qué se habló en la última reunión de mi núcleo del partido; de retirarle el carné a un compañero porque había pedido la nacionalidad española. De eso se habló.
Cuando veo el noticiero me indigno porque siento que me tratan como si tuviera diez años y viviera en la luna. Yo no vivo en la luna. Yo vivo en Cuba y sé lo que pasa. Y me indigna que me digan que un preso ha muerto porque quería un televisor.
Yo no sé lo que quería Orlando Zapata con su huelga, pero sé lo que quiero yo: soluciones a los problemas de mi país. Y podemos buscarlas o decirle al mundo que la culpa de todo la tienen los yanquis y los mercenarios, podemos intentar arreglar esto entre nosotros o mentirnos diciendo que no pasa nada, que la juventud está comprometida, que nuestro pueblo cada día es más heroico y viril, que somos la referencia del mundo, que la calle es de Fidel…
Y sí, mi calle hace cincuenta años que es de Fidel, y no tiene bombillas porque se las roban los de la empresa eléctrica (esos sí son mercenarios), se inunda siempre que llueve y necesita asfalto.
Así que ustedes dirán,
Revolucionariamente,
Daniel
30-09-09. Santo Domingo, R.D. Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito. José Antonio Molina, Fanfarria Novi Temporis. Piotr I. Tchaikovsky, Concierto No. 1 en si bemol menor, para piano y orquesta, Op. 23. Jean Sibelius, Sinfonía No. 1 en mi menor, Op. 39. José A. Molina, Director. Jorge Luis Prats, solista. Orquesta Sinfónica Nacional. Aforo: 85%.
Pasado La Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana es la institución cultural más antigua del país. Fundada por Ley en 1941 ha desplegado una importantísima labor en la cultura y se le reconocen temporadas de conciertos y presentaciones memorables en las que han participado algunas de las figuras más descollantes del arte musical. Entre otros grandes artistas, se recuerdan los conciertos en los que actuaron como solistas Michel Camilo, Plácido Domingo, José Carreras, Ana María Martínez, Priya Mitchel, Miglena Savova, Mark Drobinsky, Jon Nakamatsu, David Kim y Philippe Entremont. Por el podio de la institución han pasado destacados directores; entre ellos, Pablo Casals, Félix Carrasco, Eduardo Diazmuñoz, Yeruham Scharovsky, Nurhan Arman, Germán Cáceres, Jan Josef Wnek, Eugene Kohn y Piero Gamba, y la orquesta ha acompañado, entre otras, las óperas Traviata, Rigoletto y Aida de Verdi, Carmen de Biset, Madame Butterfly de G. Puccini, El Barbero de Sevilla de Rossini y Salomé de Strauss.
Durante casi siete décadas, la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana ha tenido también que enfrentar múltiples borrascas y sufrir las decepciones que provocan las promesas incumplidas de políticos y gobernantes. Casi todos prometieron construir la sala de conciertos que aun no existe, equiparla con los instrumentos de calidad que tampoco posee, y asignar los decorosos salarios que aun esperan sus integrantes. Sin embargo, nunca se suspendió un concierto o un ensayo por incapacidad de los músicos, quienes siempre han estado ahí para hacer lo que mejor conocen: interpretar la música. La orquesta tuvo un seguro apoyo en la Fundación Sinfonía, que la gerenció durante décadas y propició algunos de los más destacados conciertos.
Durante los últimos años, la falta de un espacio físico en el que realizar los ensayos y conciertos desestabilizó la programación y provocó que las actuaciones de alta calidad artística se convirtieran en sucesos esporádicos. Con el nombramiento de José Antonio Molina como Director Titular de la institución en marzo de 2009 y la disponibilidad permanente de los salones indispensables para los ensayos, la orquesta comenzó en agosto pasado el proceso de montaje de las obras que se presentaron el pasado miércoles 30. Fue un trabajo intenso, continuo y de alta productividad que, guiado por los Maestros Mihnea Ignat, Director Asistente, y José A. Molina rindió sus frutos, propició la realización de un excelente concierto, una audición comparable con las mejores que la orquesta ha podido realizar en el pasado.
Presente La velada comenzó más allá de la hora señalada con las notas del Himno Nacional y seguidamente el señor Secretario de Cultura, José Rafael Lantigua, hizo la presentación de la renovada Orquesta Sinfónica Nacional, un discurso que sin dudas pasará a la historia. Después comenzó el concierto con una muy agradable interpretación de la Fanfarria. Los alientos entregaron una obra con buen tono, potable, fácil de escuchar y con un magnífico ensamble.
Después salió un gran pianista a exponernos una obra que hemos escuchado decenas de veces por disímiles intérpretes, pero con la fuerza de sus argumentos el Maestro Jorge Luis Prats la magnificó. Conozco a este pianista desde que era prácticamente un niño y siempre sobresalió en su clase, y cuando en 1977 tocó en La Habana el programa con el que había ganado el “Primer Gran Premio” del Concurso Internacional Marguerite Long-Jacques Thibaud, estuve seguro de que quienes tuvieran la posibilidad de escucharle cuando llegara a su plena madurez sentirían algo extraordinario. La noche del pasado 30 de septiembre, después de más de una década sin escucharle en vivo, tuve la sensación de encontrar justamente eso: a un artista en plena madurez y capaz de hacer que la música se convierta en un acontecimiento estremecedor, inigualable e inolvidable.
Prats tiene el don del sonido, los fortes son enormes, bellos, monumentales, capaces de remover al mayor de los auditorios. Los pianos son casi inaudibles, a veces sólo sentimos la sospecha de haberlos escuchado, y entre ambos extremos una paleta prácticamente infinita, muy difícil de encontrar en otros artistas. Su sentido del ritmo y la manera de construir las melodías es una fiesta, es el impulso intenso ora hacia el canto, ora hacia la danza que nos lleva como una ola mar adentro.
Al final el público obligó al pianista a regalar algo más, y entonces el Maestro interpretó algunas danzas de Ignacio Cervantes. Otro lenguaje, otra música, pero con el mismo inigualable poder seductor.
El acompañamiento del Maestro Molina fue preciso, con el nervio y la intensidad del espectáculo vivo, con el nervio a flor de piel. Fue la suya una gran labor de concertación entre el solista y la masa orquestal, fue el significativo soporte para la creación de una interpretación magnífica.
Después del intermedio se escuchó una obra muy demandante para los músicos, una sinfonía que se trabajó largamente en ensayos agotadores, en los que el Maestro Mihnea Ignat propició, con su sabiduría y paciencia, el debido ensamble y la adecuada ejecución de los escabrosos pasajes de los que está llena la obra.
Sin dudas que la masa orquestal pudo demostrarse a si misma que está en capacidad de enfrentar obras complejas del repertorio, y que tiene el deseo de remontar cualquier cuesta como siempre lo ha hecho; sin embargo, los tormentos que provocan en los músicos la ejecución de tantos malabares, no se recompensan con la música que es capaz de trasmitir la obra. Aunque en el concierto el Maestro Molina le sacó el máximo y la ejecución fue incluso mejor que en el ensayo general, la obra transcurre por momentos verdaderamente aburridos para quienes la escuchan.
Futuro El concierto de la Sinfónica Nacional, con sus nuevos Directores, y mediante el intenso e ininterrumpido trabajo de montaje, fue todo un acontecimiento cultural y será en el futuro, si no desterramos de la memoria el pasado y lo tenemos bien en cuenta para no tropezar de nuevo con las mismas piedras, el inicio de una nueva vuelta en la espiral eterna del desarrollo cultural de la nación. Si no se vuelven a incumplir las promesas, si se mantienen estables las condiciones propicias para los ensayos, si se favorecen las presentaciones en salas apropiadas, con la debida afluencia de público, y finalmente los músicos alcanzan el prometido salario decoroso, la Orquesta Sinfónica Nacional, la institución cultural más antigua del país, interpretará muchos inolvidables conciertos, incluso, cuando no estemos aquí ninguno de los que asistimos al Teatro Nacional el pasado 30 de septiembre.