jueves, 27 de agosto de 2026

LA FORTALEZA DE SAN FELIPE

Un edificio colonial en Puerto Plata

Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*)

La Fortaleza, Torreón o Castillo, nombres con que es conocido el monumento, se levanta en la puntilla o punta fortaleza; un pedazo de costa que avanza hacia el mar, con una extensión de 20,000 metros cuadrados.

Fortaleza, Torreón o Castillo de San Felipe, Puerto Plata, República Dominicana 

La arquitectura caribeña, en general, ha tenido dos grandes etapas de desarrollo. La primera coincide con el período colonial y la segunda con el neocolonial. Fue en el primer período cuando, al calor del gran sincretismo cultural acaecido, del desarrollo de las estructuras sociales, de la adaptación de un hombre étnica y culturalmente diferente a un medio también diferente, se forjaron los cimientos de nuestra arquitectura, que nació de la nada y con todo, tal como lo hizo nuestra cultura en general.

Una parte importante de la arquitectura colonial la constituyen, como ya se ha referido, las fortificaciones que en este continente nacieron y crecieron en áreas aledañas a las costas, adecuadas a condiciones climáticas y topográficas similares. La cercanía con el mar proporcionó en general la utilización de la piedra coralina, cuyas texturas y solidez identificaron su origen; la madera y otros materiales secundarios también fueron extraídos de las propias regiones. Los diseños del complejo fueron trazados, en su mayoría, por ingenieros y arquitectos europeos, los cuales imprimieron una expresividad y una homogeneidad especial en el área del Caribe.

Garitas para proteger a los centinelas del fuerte

La particularidad de cada región fue dada por su condicionamiento económico y geográfico, es decir, por su relación con el tráfico marítimo y por las características de las bahías, los ríos, las elevaciones y sinuosidades del terreno, los cuales fueron factores determinantes para desarrollar la estrategia militar de las ciudades conquistadas.

El plan de fortificaciones de La Española, acogido a las normas antes mencionadas, no sólo contempló a la ciudad de Santo Domingo, otras ciudades también se acogieron al plan defensivo; tal es el caso de la silueta severa y rotunda de la Fortaleza de San Felipe, que es tal vez la única nota colonial visible en la apariencia predominantemente victoriana de la arquitectura de Puerto Plata, ciudad ubicada al norte de la República Dominicana.

La Fortaleza, Torreón o Castillo, nombres con que es conocido el monumento, se levanta en la puntilla o punta fortaleza; un pedazo de costa que avanza hacia el mar, con una extensión de 20,000 mts cuadrados, cedió una décima parte de su terreno, o sea, dos mil metros, al recinto de la fortaleza, cuya planta cuadrangular y rectas murallas contrastan con la volumetría curva del torreón principal, de las dos torrecillas y de las garitas agregadas.

Torres o tambores almenados destinados a defender la puerta interior

Tal como corresponde a un edificio de tipo militar, la arquitectura de la Fortaleza de San Felipe es maciza, pesada, casi totalmente desprovista de vanos. Tiene un aspecto medieval y sus murallas reconstruidas se abren sólo en la sencilla puerta que da paso a la Plaza de Armas de forma rectangular.

En los dos ángulos del frente, se yerguen sendas torres o tambores almenados destinados a defender la puerta interior. En los ángulos que miran al mar se han construido dos garitas que se supone que existieron como elemento de control visual para proteger a los centinelas del fuerte.

El foso, hoy seco, con un fondo erizado de rocas coralinas de agudos e irregulares salientes, se cruza por un puente de madera que, en su tiempo, se levantaba con cadenas accionadas desde el techo del torreón central, considerado como el elemento principal del conjunto militar; este torreón posee una planta circular de unos 80 pies de diámetro y su nivel de piso es más bajo que el de la plaza de armas.

En el exterior de la torre principal hoy leemos en una lápida: “Dio fin a esta fortaleza el capitán Don Pedro Rengifo Alcaide de ella en 1577”. Pero, en realidad, la fabricación de este recinto militar fue oficialmente considerada concluida por el gobernador de Santo Domingo Don Cristóbal de Ovalle, el 25 de Enero de 1585.

Esta fortaleza, como muchas de las realizadas en el Caribe, tiene las características del baluarte, formado por dos caras, dos flancos, y la gola, que es el elemento más importante impuesto por la fortificación; éste permitía mayor radio de acción en los espacios internos y externos y a diversas alturas. Por ejemplo, la invención del baluarte con dobles flancos con orejones exigía un flanco bajo y otro a la altura de la fortaleza y el caballero; era la obra puesta en el propio baluarte a un nivel superior para alcanzar un objetivo en el campo exterior. Además, por la capacidad del baluarte, la artillería pesada podía manipularse y moverse mejor; a través de las caras y flancos se combinaban recíprocamente los tiros directos, flanqueados y cruzados.

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Los muros, presentan la característica de levantarse más resistentes con la utilización de grandes macizos de piedra colocados en sillares; el espesor aumenta por la penetración y precisión del tiro del cañón, lo cual conducía a levantar los muros en talud. Por otra parte, se hicieron más bajos para evitar que el enemigo hiciera el blanco.

Las casamatas utilizadas para el flanqueo bajo se abrieron como casi siempre en los flancos de los baluartes, para defender el foso; al mismo tiempo se colocaron aberturas en los laterales para la expulsión de los gases de los cañones; estas aberturas se conocen como respiraderos.

Para la defensa de mar se repitió el frente defensivo con la cortina y los medios baluartes, y se cerró con la unión de grandes lienzos de murallas que parten de las sinuosidades de una superficie rocosa y escarpada; cada ángulo abierto ofrece mejor disponibilidad para colocar la artillería y permite disparar hacia una diversidad de puntos estratégicos. Podemos afirmar que el Fuerte de San Felipe es uno de los ejemplares más importantes de la arquitectura militar de esta capital de Las Indias Occidentales.

Como hemos visto, la arquitectura caribeña supo adaptarse de una manera no igualada aún a las necesidades de todo tipo del nuevo hombre y del nuevo contexto; así lo atestiguan las construcciones militares, que constituyen un elemento clave del desarrollo arquitectónico de la época colonial y, por ende, del Patrimonio Cultural de cada pueblo de esta región.

Isabel Serrano (1963-2023)

(*) M.C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) egresó de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, Cuba como Licenciada en Historia del Arte, graduada con Diploma de Oro. Obtuvo Maestría en Ciencias de la Educación, Universidad de Camagüey, Cuba. Diplomado en Arte Virreinal de la Nueva España, Universidad Anáhuac, Veracruz, México. Diplomado en Estudios Superiores en Ciencias Pedagógicas con Mención en Enseñanza de las Ciencias UNAPEC-Universidad de Camagüey.

Realizó trabajos de Asesoría, Capacitación, Catalogación, Curaduría y Museografía en México (Plan Maestro de la Catedral de Veracruz), Ecuador (Museo Nahim Isaías), República Dominicana (Museo Sacro y Museo del Carnaval, (ciudad de La Vega). Curaduría para exposiciones individuales de artistas contemporáneos.

Es autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas especializadas (El Siglo, Diario de Xalapa, Artes en Santo Domingo, Cariforum, Mirada al Arte). Autora de nueve volúmenes de Artes Visuales para la Educación Artística de México, apegados a los planes y programas de la SEP. Impartió cursos de actualización a Maestros de Educación Artística en diferentes Estados de México.  

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