martes, 17 de abril de 2018

LA NOCHE EN QUE EL TRADUCTOR CALVO TRAICIONÓ A MÚSORGSKI EN LA MONTAÑA

Muchas veces el título de esta obra de Músorgski se traduce del ruso al inglés y de este al castellano como Una noche en el monte calvo o Una noche en el monte pelado utilizando acepciones de las palabras anglosajonas «bald» (calvo) y/o «bare» (pelado) y del ruso «лысой» que significa «calvo» en una de sus acepciones.

«Ночь на лысой горе» (Una noche en la montaña calva)

Modest Músorgski (1839-1881)
Foto: Fuente externa

Hace muchos años, cuando vi por primera vez la película Fantasía, de Walt Disney, en el Cinecito de La Habana, sentí una profunda impresión con todos los cuentos, incluso por aquellas abstracciones de arcos y violines que concibió el genial dibujante para la Tocata y fuga de Bach, y recuerdo perfectamente el tremendo aquelarre -por supuesto que entonces no conocía la palabra «aquelarre», pero sí entendí que era una fiesta de brujas y muertos en una montaña-, que se desarrollaba sobre la música de Modest Músorgski a la que, en aquella versión de 1940, habían traducido al castellano como: Noche en la árida montaña.

De un tiempo a esta parte he podido leer y escuchar que también se ha traducido como: Una noche en el monte pelado o Una noche en el monte calvo, pero eso; en principio, me molestó al oído, y después, por esas tozudeces quizás innecesarias e inútiles que se me posan en la sesera, comencé a averiguar por qué me sonaba mal y cuál sería la causa, si la había, de que mi oído fuera tan quisquilloso.

Me lancé a la red y al primero que encontré con los mismos caprichos fue a Paco Lema, quien administra el blog Lema-Traductores y ha publicado un artículo con el título Traductor ¿traidor?. Y según su investigación, el adagio que reza: Traduttori, traditore (traductor, traidor), es de uso extendido y por supuesto viene del italiano. Según Lema, a pesar de que existen errores y traiciones en las traducciones, ese no debe ser en realidad el trabajo del traductor, sino el de llevar a otras lenguas la esencia de lo que los autores han querido decir en realidad.

Sus ejemplos son ilustrativos, entre ellos el cambio del significado de las palabras esenciales en un pasaje del Antiguo Testamento, que «decía en hebreo que una muchacha concebiría y pariría a un niño que sería el hijo de Dios (Isaías 7, 14). Sin embargo, los traductores de esa parte al griego tradujeron «muchacha» por «virgen» y ya sabemos lo que todo esto trajo por consecuencia. Pero no me pude quedar con su visión solamente, porque en todo caso su oficio es traducir y aún lo tenía bajo sospecha y me fui a buscar a alguna víctima.

Y encontré lo que buscaba, fue en la reseña que publica Espéculo, Revista de estudios literarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid en su No. 40, año XIV, noviembre 2008-febrero 2009, donde aparece una reseña de Alexander Caro Villanueva del libro Decir casi lo mismo, de Umberto Eco[1], y solamente con el título me hubiera bastado para responder a mis dudas y a las de mi oído, pero Caro Villanueva cita a Eco y con eso me responde por qué las palabras «calvo» o «pelado» me resultan infieles al texto, al contexto y a la cultura de la que proceden los signos que han sido traducidos. Según Eco la fidelidad expresa «la convicción de que la traducción es una de las formas de la interpretación y que debe apuntar siempre, aun partiendo de la sensibilidad y de la cultura del lector, a reencontrarse no ya con la intención del autor, sino con la intención del texto, con lo que el texto dice o sugiere con relación a la lengua en que se expresa y al contexto cultural en que ha nacido». (Eco 2008, 22)

Muchas veces el título de esta obra de Músorgski se traduce del ruso al inglés y de este al castellano como Una noche en el monte calvo o Una noche en el monte pelado utilizando acepciones de las palabras anglosajonas «bald» (calvo) y/o «bare» (pelado) y del ruso «лысой» que significa «calvo» en una de sus acepciones; sin embargo, en ruso la palabra «лысой» en este contexto puede ser también sinónimo de «árido»; por tanto, como las montañas no pueden ser ni «calvas» ni «peladas», prefiero usar la palabra «árida» que en castellano sí denota una cualidad que puede tener una montaña.

Con esta conclusión mi oído y mi tozudez quedaron en calma. Por ahora. 





[1] Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción. Umberto Eco, Lumen, Barcelona, 2008. 537 pp. Traducción: Helena Lozano Millares.


domingo, 8 de abril de 2018

CÁNDIDO CASTELLANOS, HONOR A QUIEN HONOR MERECE

Fundadores del sinfonismo en la República Dominicana

Entre aquellas metas inalcanzadas hasta hoy está la construcción de un moderno auditórium que sirva de alojamiento a la orquesta y a la música sinfónica.

Y muy probablemente fue Cándido Castellanos quien impulsó aquella idea, por haber sido el único en aquel grupo que ya había recorrido medio mundo, había conocido los teatros de Europa y América y había tocado en muchas de sus orquestas.

Cándido Castellanos (1871-1947)
En la historiografía de la República Dominicana rara vez se menciona a Cándido Castellanos (1871-1947), uno de los músicos más relevantes del siglo XX para la cultura musical de este país. Quizás las únicas referencias las escribieron Américo Cruzado, en su libro El Teatro en Santo Domingo (1905-1929)[1]; el pianista Manuel Rueda (1921-2000)[2], en el prólogo a la Memoria de la Orquesta Sinfónica Nacional; y el tenor, historiador e investigador Arístides Incháustegui (1938-2017) quien hizo una reseña biográfica de él en su libro Por Amor al Arte[3].

De acuerdo con lo que estos tres autores mencionan no tengo dudas de que su labor en Santo Domingo incidió absolutamente en lo que sucedió después: La fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional en 1941 y el Conservatorio Nacional de Música y Declamación en 1942. Según Cruzado, el Maestro Cándido Castellanos llegó en 1908 a la capital del país como concertino de la compañía de Adelina Vehi y junto a la tiple Esther Laclaustra se quedó después que terminó la gira por el país. (Cruzado 1952, 33)

El Maestro Manuel Rueda, quien debió conocerlo personalmente porque coincidieron en el Liceo Musical, escribe:

La casa No. 115 de la calle 27 de febrero, donde se reunió la Orquesta por primera vez y siguió desarrollando sus actividades hasta el final, era el hogar del Maestro español radicado entre nosotros, Cándido Castellanos, quien en un gesto de altruismo brindó su saber y su cooperación al naciente movimiento, llegando a crear una escuela para instrumentistas de cuerdas. Se beneficiaban de ella los mismos componentes de la Orquesta en la cual él era primer cellista. Asombra el desinterés en que el maestro se entregaba a esas labores pedagógicas siendo un verdadero padre y guía para todos. (Rueda 1966, VII)

Fue en la casa del Maestro Castellanos donde el día 13 de febrero de 1932 se reunieron los 27 miembros fundadores de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo para elegir la Junta Directiva de la Sociedad Sinfónica Dominicana que estuvo integrada; entre otros, por Enrique Mejía Arredondo, quien sería unos años después subdirector de la Orquesta Sinfónica Nacional; Julio Alberto Hernández, destacado compositor y pedagogo; Ernesto Leroux, músico fundador de la OSN; Enrique de Marchena, también fundador de la OSN, diplomático y crítico musical; y como Director Técnico y Presidente Honorario, el Profesor Don Cándido Castellanos. (Rueda 1966, VI)

Según la reseña biográfica que publicó Arístides Incháustegui (Incháustegui 1995), el Maestro Cándido Castellano Montoya, había nacido en Granada, España, se había graduado del Real Conservatorio de Madrid como maestro de violín y viajó a los Estados Unidos donde tocó con orquestas de teatros en grandes espectáculos. Llegó a La Habana con una compañía de ópera, que se disolvió en la capital cubana, pero el maestro granadino permaneció allí hasta que fue reclutado por la compañía de Adelina Vehi, la que andaba de paso por la mayor de las Antillas y con la que viajó a Santo Domingo.

José de Jesús Ravelo le ofreció la plaza de maestro de instrumentos de cuerdas en el Liceo Musical, que recién había fundado en ese año 1908 y que dirigió hasta su desaparición en 1942. Además, Castellanos estableció una tienda de música donde vendía partituras y cuerdas, donde también impartía clases privadas de música y violín lo que significó el inicio del aprendizaje sistemático de los estudios de violín en Santo Domingo. Entre sus alumnos estuvieron Luis Beltrán, Ernesto Leroux, Victor B. Pichardo, Petronio Mejía, Luis Cernuda y José Dolores Cerón, quienes serían en el futuro integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional y músicos destacados en el panorama musical dominicano.

Aquella Orquesta se presentó por primera vez en la Catedral, bajo la dirección de Enrique Mejía Arredondo y aunque la vida de la institución no fue larga, sí realizó conciertos que demostraron que «la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo había penetrado en las necesidades de nuestro conglomerado social realizando conciertos benéficos, conmemorativos y con destacadas figuras extranjeras como el cellista Bogumil Sykora» (Rueda 1966, VIII), y sí expuso las premisas que han de cumplirse para que una orquesta sinfónica exista y realice un trabajo de provecho espiritual, sostenible y a largo plazo.

Entre aquellas metas inalcanzadas hasta hoy está la construcción de un moderno auditórium que sirva de alojamiento a la orquesta y a la música sinfónica. Esta idea aparece consignada en el acta de la sesión extraordinaria del 12 de mayo de 1934, que en su punto tercero dice lo siguiente:

Preparar un plano del proyecto de auditórium de la Sinfónica para (enviar) una copia a varios filántropos en los Estados Unidos con el objetivo de ver si se obtiene una donación que permita realizar esta obra. Fue designado el Ing. Caro (José Antonio) para efectuar la preparación del plano, quien con mucho gusto ofreció su valiosa cooperación. (Ruedas 1966, VII)

Y muy probablemente fue Cándido Castellanos quien impulsó aquella idea, por haber sido el único en aquel grupo que ya había recorrido medio mundo, había conocido los teatros de Europa y América y había tocado en muchas de sus orquestas, era, probablemente, el único que estaba en capacidad de comprender que no hay orquesta sin un auditorio apropiado para ensayos y conciertos.

Fue probablemente el maestro granadino quien primero presentó a los estudiantes de música un método y una metodología como la que se utilizaba en los Conservatorios de Europa y América. Fue quizás una de las primeras pruebas de lo agreste que puede ser el camino hacia las altas cumbres de la educación artística profesional. Después de aquellos intentos llegaron al país, dos grandes maestros del violín: Willy Kleinberg, quien llegó en 1938 y el Checo Emil Friedman, quien llegó al país en 1940 y pudo preparar algunos alumnos, entre ellos Carlos Piantini y Nidia Mieses, pero Kleinberg debió emigrar nuevamente, esta vez a Venezuela, donde fundó la escuela que lleva su nombre y aún existe.

Por esto, y mucho más que pudiera descubrirse en una investigación más profunda, Cándido Castellanos ocupa un lugar notable en la conformación de la vida cultural dominicana, especialmente en la divulgación de la educación musical y la música sinfónica. Honor a quien honor merece.  


[1] Cruzado, Américo. 1952. El Teatro en Santo Domingo. Santo Domingo. Montalvo.
[2] Rueda, Manuel. 1966. Prólogo a Memoria. Orquesta Sinfónica Nacional. 25 años. 1941-1966. Santo Domingo. Arte y Cine.
[3] Incháustegui, Arístides. 1995. Por amor al arte. Notas sobre música, compositores e intérpretes dominicanos. Santo Domingo. Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos.

viernes, 23 de marzo de 2018

JULIÁN ORBÓN Y EL SILENCIO DE UN GRAN CORO

Por Ana V. Casanova. (*)
La Guantanamera, canción cubana mundialmente conocida, por lo general se asocia a sus dos intérpretes más importantes: el habanero Joseíto Fernández y el norteamericano Pete Seeger, y se obvia la autoría del compositor y pianista astur-cubano Julián Orbón de ese número musical. El presente artículo arroja luz acerca de esta problemática y contribuye al rescate de ese autor injustamente olvidado en Cuba durante muchos años.
Julián Orbón. Foto: Fuente externa
Si a algún cubano no conocedor del arte de la música se le dijera que Julián Orbón de Soto fue uno de los más importantes compositores de Cuba durante la segunda mitad del siglo XX, acaso no mostraría asombro alguno por no considerarse un experto en el tema. Sin embargo, si a aquella afirmación añadimos que Julián Orbón fue el autor de la muy famosa canción La Guantanamera, con texto de los Versos sencillos de José Martí, de seguro su semblante se tornaría estupefacto y entonces sobrevendría un invariable cuestionamiento: ¿Quién fue Julián Orbón?
Hoy, en el contexto cubano, la situación hipotética descrita no resultaría extraordinaria. Pero ese hecho, en su significación cultural, se complica aún más si consideramos que estas mismas informaciones, dirigidas a especialistas cubanos en música —entiéndase: musicólogos, intérpretes y compositores— acaso también tenga por respuesta el asombro y la ignorancia. No hay lugar a dudas en el hecho de que varias generaciones desconocen —y por ello son incapaces de valorar— la obra y los aportes a nuestra historia de compositores y ensayistas como Julián Orbón, cuyos puntos de vista creativos y de pensamiento han sido silenciados en nuestro país tras su salida al exilio.
Es de amplio dominio público que el discernimiento de los aspectos históricos resulta substancial para el desempeño actual y futuro de la nación, y esto se hace extensivo a nuestra cultura, en especial a la música. La propagación de saberes en cuanto a tradiciones y acontecimientos históricos debe definirse por su carácter integral y no por la exposición de un devenir parcializado, concebido bajo criterios ahistoricistas como argumentos para su historicidad, concepciones que son a la vez irremediablemente transitorias porque, de todas maneras, al final y más temprano que tarde —como señala una conocida frase— los hechos trazarán de manera inevitable su propio recuento.
La música, como parte esencial del alma y el espíritu de los pueblos, tiene la posibilidad de viajar más allá de las contingencias de sus propios creadores. Muchas veces, como con lo ocurrido en el caso de la famosa Guantanamera, la ironía puede constituir una mala jugada en los caminos insospechados de los símbolos nacionales. En el caso particular de esa obra y su autor, me viene a la mente una frase que es popular entre muchos cubanos: «Dios traza líneas rectas sobre sendas curvas…», y otra, perteneciente al folklore popular: «al que no quiere caldo, dos tazas»…. Y para ilustrarlas en una apretada síntesis contaré solo una pequeña parte de una larga y compleja historia.
El compositor, pianista, ensayista, y pedagogo Julián Orbón de Soto fue un músico hispano-cubano por orígenes y pertenencias culturales. Mitad asturiano, por su padre, el pianista y compositor Benjamín Orbón; y mitad cubano por vía materna, la también pianista Ana de Soto, ex discípula de Benjamín. Este, un joven y talentoso intérprete con una incipiente pero prometedora carrera, decidió instalarse en La Habana después de realizar varias giras por países de América a inicios del siglo XX. Continuó en Cuba su carrera artística y con rapidez se dio a la tarea de fundar su propia institución pedagógica, el Conservatorio Orbón, uno de los más prestigiosos centros dedicados a la enseñanza de la música durante los años republicanos, que llegó a tener más de doscientas filiales en todo el país y desempeñó un papel significativo en las tradiciones y la memoria identitarias de la enseñanza musical en Cuba, como “expresión estética-ética de su tiempo […y] fuente nutricia del patrimonio tangible e intangible de nuestro archipiélago”1.
No obstante la seguridad económica que brindaba este plantel privado para la familia Orbón, Julián fue uno de los pocos casos de descendientes de un matrimonio de padre asturiano y madre cubana, nacido en Asturias, hecho acontecido por circunstancias de índole familiar. El nacimiento de Julián ocurrió en Avilés el 7 de agosto de 1925, y su niñez y primera adolescencia transcurrió en su pueblo natal y, posteriormente, en Gijón. Al quedar huérfano de madre a los seis años, mientras Benjamín seguía establecido en Cuba y viajaba esporádicamente al Principado; su tío, también llamado Julián Orbón, periodista y ensayista, y su abuela paterna se ocuparon de criarlo.
A los 15 años, ya concluida la terrible Guerra Civil Española, Julián fue traído a Cuba por su padre. En el conservatorio habanero de la familia se graduó de profesor de piano, y de teoría y solfeo en 1941. Realizó estudios posteriores de composición en el Conservatorio Municipal de La Habana (hoy Amadeo Roldán) como alumno de José Ardévol, profesor de origen catalán establecido en la Isla. Alrededor de ese maestro se nucleó un círculo integrado por sus más aventajados discípulos, conocido como Grupo de Renovación Musical (1942-1948) entre los que estuvieron el propio Orbón y también Harold Gramatg es, Edgardo Martín, Argeliers León, Hilario González, Serafín Pro, Gisela Hernández, Juan Antonio Cámara, y Enrique Bellver. En ese contexto fue que Julián comenzó a expresarse por primera vez a través de sus creaciones musicales.

Paralelo a ello, comenzó a sobresalir como conferencista y como crítico musical del periódico Alerta. Por entonces escribió varios ensayos que aparecieron en Orígenes, revista cultural del grupo homónimo, al que también perteneció y en el que encontró a algunos de sus más entrañables amigos, entre ellos los poetas José Lezama Lima, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego y el padre Ángel Gaztelu. A la par, mantuvo fuertes relaciones de amistad con otros intelectuales y artistas cubanos como Alejo Carpentier y la filósofa exiliada española María Zambrano. Sus actividades como pedagogo se intensificaron tras la muerte de su padre; con solo 19 años Julián enfrentó la dirección del Conservatorio Orbón y de todas sus academias en el interior del país, y prosiguió así la encomiable labor iniciada por Benjamín hacía más de tres décadas.
Foto: Fuente externa

Tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, Julián decidió establecer su residencia fuera de la isla como consecuencia de sus profundas convicciones católicas y anti marxistas-leninistas, sustentadas en los amargos y traumáticos recuerdos de su niñez durante la Revolución asturiana de octubre de 1934 y la posterior contienda española.
A finales de la década de 1950 Julián ya había alcanzado en Cuba madurez como artista, gran estabilidad e independencia, había contraído matrimonio con la cubana Mercedes Vecino y habían nacido sus dos hijos. De nuevo, y esta vez por decisión propia, se lanzó a un segundo exilio cuyo destino se evidenciaba incierto. Primero viajó a México, invitado por el gobierno de ese país como profesor asistente del Taller de Composición Musical del Conservatorio Nacional, y después se trasladó a Nueva York. Falleció en Miami el 21 de mayo de 1991.
De Cuba se marchó solo con las más imprescindibles pertenencias. En su nuevo exilio, al desarraigo y la tristeza se sumaría la incertidumbre de una situación económica inestable que no había padecido a su llegada a La Habana en 1940. Atrás dejaba todo su patrimonio, sus libros, su hogar, sus partituras, sus discos, los manuscritos de casi todas las obras compuestas durante sus años en Cuba y, además, sus amistades más entrañables. Todo ello incrementó sus desequilibrios emocionales, pues era entonces el máximo responsable de la familia que había creado y llevaba consigo.
Mientras vivió en la isla no faltaron polémicas con respecto a sus identidades personal y creativa. Muchos lo criticaron por su hispanidad y no vieron, por incapacidad o porque sencillamente no quisieron, la trascendencia de las obras de Orbón, primero para nuestra música y después para la música de América Latina. Julián fue un peculiar caso de transculturación entre lo hispano y lo cubano, entre España y América, y esto lo demuestran composiciones como Preludio y Danza para guitarra y su Cuarteto de cuerdas, ambas de 1951; además de sus Tres danzas sinfónicas, obra con la que obtuvo, como representante de Cuba, el Premio Landaeta en el Primer Festival y Concurso de Composición de Caracas en 1954. En todas esas creaciones están presentes, junto a su hispanidad, muchos rasgos de su otra mitad identitaria: la música folklórico-popular cubana, con especial presencia del son y la guaracha.
Con posterioridad empezó a aflorar en su creación la presencia de rasgos musicales de otras culturas americanas, como ocurrió, tras su visita a Venezuela, con las melodías de los llanos venezolanos, que inspiraron en particular el último movimiento de sus Danzas Sinfónicas. Esta obra prueba la voluntad consciente del compositor de asimilar la cultura americana más allá de lo cubano.
Pero si alguien tenía alguna duda de la cubanidad de Orbón, la respuesta más notoria y concluyente está en su Guantanamera. A partir de 1963, mientras Julián se encontraba en el exilio en los Estados Unidos y su obra y su nombre habían sido borrados de la historia de la música de Cuba tras su decisión de trasladarse a residir fuera del país, aquella canción comenzó a inundar los medios de comunicación masiva nacionales y del mundo.
Solo dos años antes de esos acontecimientos se había evidenciado una consecuencia directa del exilio de Julián con respecto a la difusión de su obra en Cuba. Y esto aparece en un informe oficial de José Ardévol, que en una de sus partes responde el cuestionamiento de la omisión de la música de Orbón en el programa del Primer Festival de Música Cubana realizado en junio de 1961. Ardévol, en su función de Presidente de la Comisión Nacional de Música y máximo responsable de la organización del evento, contestó en aquella ocasión: “Orbón […] está fuera de Cuba, y en los presentes momentos no sabemos con exactitud cuál es su posición con la Revolución”2.
Esta respuesta es solo una pequeña evidencia de la política de censura que desde 1959, y durante varias décadas, vedó y desapareció el nombre y la obra de aquellos intelectuales o artistas disconformes con las medidas y métodos de aquel proceso revolucionario. Y esa censura fue aplicada tanto a aquellos que se encontraban dentro del país, como los que lo habían abandonado, como fue el caso de Orbón.
Imprevista por la política cultural, otra fue la vía a través de la cual llegó a Cuba algo de la música de Orbón y se divulgó de manera indetenible, pues venía con gran fuerza desde los predios internacionales que apoyaban las protestas contra la guerra en Viet-Nam y de los movimientos revolucionarios de izquierda, como era la revolución cubana. Y aquella canción popular, representante de una ínfima parte de la creación orboniana, pero no por eso carente de significación cultural y simbólica, penetró en la médula del pueblo cubano.
Resulta conocido que la música popular, por su forma de comunicar, tiene mayor cantidad de consumidores que la música de concierto o académica. Y la canción La Guantanamera, de Julián Orbón, dada a conocer mundialmente por el músico y cantante folklórico estadounidense Pete Seeger a través del compositor cubano Héctor Angulo, discípulo de Orbón y en aquellos momentos en los Estados Unidos, se generalizó en ese país, en Cuba y en el resto del mundo como muestra de los ideales más revolucionarios, nacionalistas y raigales de la música y la cultura cubanas.
En nuestro país no pudo frenarse una popularidad llegada de los escenarios internacionales más progresistas, pero nunca se mencionó a Orbón. Él formaba parte de la lista de desafectos y traidores, y por tanto era uno de los innombrables. Aún hoy se mantiene la ignorancia pública con respecto a que La Guantanamera fue ideada en música por Julián Orbón con los textos poéticos de Martí y en conjunción con el conocido estribillo de la Guantanamera que había sido utilizado y popularizado anteriormente por Joseíto Fernández para alternar con sus décimas cantadas. Orbón fue quien creó la melodía adecuada a los Versos sencillos, escritos en cuartetas; en una nueva estructura musical para ello, y realizó los cambios armónicos pertinentes para yuxtaponer, al ya conocido estribillo, los versos de Martí con la música creada por él. La canción compuesta de tal forma por Julián es la que hoy reconocemos como la popular Guantanamera y la que se ha hecho célebre en el mundo 3. Y esto quizás pueda hacerse evidente para cualquier persona no enterada en música, solo por el simple hecho de reconocer la diferencia entre las estructuras poéticas de las décimas empleadas por Joseíto y las cuartetas de los versos de Martí utilizadas por Orbón.
Un testigo presencial de la adecuación de los versos martianos, la creación de la melodía y el empleo del estribillo en la versión realizada por Orbón fue su entrañable amigo, el poeta y ensayista Cintio Vitier, quien plasmó su testimonio sobre aquel hecho ocurrido en la casa de Julián en 1958: “Una noche […] él nos dijo que había descubierto cómo se podían cantar los versos de La Guantanamera, y aquella noche la tocó por primera vez en Cuba”4. Este acontecimiento lo refirió también como una “experiencia inolvidable, verdadera iluminación poética”5 en su libro Lo cubano en la poesía. Fue por ello que la interpretación de esa canción se hizo habitual en los asiduos encuentros de amigos en el hogar de Julián, al que todos denominaban “el palacio Orbón”, en los que participaban los integrantes del grupo Orígenes y otras amistades. Todas esas reuniones terminaron a partir de entonces “con un gran coro loco cantando La Guantanamera […]6.
El desconocimiento de la creación orboniana en Cuba es una de las consecuencias de la censura política tras su exilio. Orbón nunca regresó a nuestro suelo, en la isla su nombre y su obra musical, sus ensayos y puntos de vista musicológicos fueron borrados de la historia y como consecuencia resultan desconocidos para varias generaciones de músicos y estudiosos cubanos, así como para la población en general. Sin embargo, su obra, como un relevante exponente de la música cubana, constituye sin duda alguna, a más de dos décadas de su fallecimiento, uno de los más grandes enigmas en cuanto a su real trascendencia.
Las composiciones de Julián Orbón creadas tras su salida de Cuba estuvieron permeadas por una constante sensación de desarraigo, incrementada aún más a partir de su residencia definitiva en los Estados Unidos, país al que nunca pudo adaptarse. Julián cayó en una gran crisis creativa que solo le permitió concluir algunas pocas obras antes de su fallecimiento. El período de mayor fecundidad de su no extenso catálogo había ocurrido durante su residencia en la isla. En relación con esto, su sobrino, el guitarrista español Armando Orbón, comentó durante una visita a La Habana: “… el exilio lo marcó de una forma absoluta y definitiva. Toda su música posterior se volvió más desquerida, como si no aceptara la pérdida, y que se me perdone la redundancia, del paraíso perdido que era para él Cuba”7.
No fue hasta la década de 1990, ya desaparecido Julián, que uno de sus más fieles amigos, Cintio Vitier, pudo convertirse en su principal promotor. No obstante la destacada presencia internacional de la música de Orbón durante la segunda mitad del siglo XX, en Cuba tuvieron que transcurrir muchos años para que fuese quebrantado el total silencio que se le había impuesto a su producción musical. Esto se logró gracias al denuedo de Vitier y a la participación posterior de artistas e intelectuales cubanos.
Durante la conmemoración del cincuentenario del Grupo Orígenes en 1994 fue estrenado su Cuarteto de Cuerdas por el cuarteto Brindis de Salas, y en 1997 tuvo también su premier en Cuba las Tres versiones sinfónicas, interpretadas por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Iván del Prado.
A finales de la década de 1990 se develó una placa conmemorativa como homenaje a Orbón, en la fachada del edificio donde radicó el último de los tres locales habaneros del antiguo Conservatorio Orbón, sito en Calzada Nro. 1010, entre las calles 10 y 12, en el Vedado; lugar en el que también vivió Julián por un corto tiempo y donde acontecieron algunas de las primeras reuniones con sus amistades. El reconocimiento fue auspiciado por Ión de la Riva, en aquel momento consejero cultural de la embajada de España en Cuba, con el apoyo de Cintio Vitier y Fina García Marruz.
A inicios del año 2000 se gestó en Cuba un proyecto discográfico, dirigido y concebido por el pianista y compositor Ulises Hernández, para la Casa discográfica Producciones Colibrí del Instituto Cubano de la Música, que estaría integrado por varios CD, cuyos objetivos irían dirigidos a rescatar, grabar y difundir la música de todos los integrantes, sin excepción, del Grupo de Renovación Musical. En el año 2013, algún tiempo después de haberse iniciado la serie y tras la edición de varios de sus discos, se realizó la grabación del CD Grupo de Renovación. Julián Orbón, primer fonograma dedicado por un sello discográfico cubano a la creación musical de ese compositor.
Todas las obras fueron grabadas por jóvenes intérpretes cubanos. El disco se inicia con la última composición de Orbón, un ciclo de piezas para voz y piano escrito en Nueva York en el año 1987 y cuya partitura se obtuvo gracias a la colaboración del músico e investigador avilesino José María Chema Martínez Sánchez, uno de los principales promotores de la obra y personalidad de Orbón en Asturias, quien la enviara a la autora del presente escrito con ese propósito. La composición en cuestión se titula Libro de Cantares (De un Cancionero Asturiano) y fue interpretada por la soprano Bárbara Llanes y la pianista Ana Gabriela Fernández de Velazco. Prosigue el CD con Toccata (1943) para piano, ejecutada por Fidel Leal, y concluye con las Tres versiones sinfónicas, interpretadas bajo la dirección de José Méndez por la Orquesta Sinfónica del Instituto Superior de Arte, adscrita al Liceo Mozartiano de La Habana y a la Oficina del Historiador de la Ciudad.
No solo por las excelentes interpretaciones de los músicos cubanos, sino también por el elevado nivel artístico de las obras de Julián Orbón, ese disco compacto fue nominado al Premio Cubadisco en la categoría Música de Concierto, en el año 2014, y obtuvo el máximo galardón. No obstante, hasta el presente el CD no ha sido producido y aún no se oferta en el mercado nacional ni internacional, lo cual representa otra deuda pendiente con esta gloria de la música de Cuba y de Asturias que fue Julián Orbón.
Notas:
1 Pacheco Valera, Irina. (2013-06-29). “Una aproximación al Conservatorio Orbón desde la memoria pedagógica musical”.
2 Ardévol, José. “Algunos aspectos del trabajo de música en el CNC”. En Introducción a la música (1966). Instituto Cubano del Libro, La Habana, p.193. El escrito en cuestión formaba parte del Informe que José Ardévol, como Presidente de la Comisión Nacional de Música y Director General de Música del Consejo Nacional de Cultura (CNC), dirigió al Director de esa institución el 22 de noviembre de 1961.
3 Ver Gómez Sotolongo, Antonio “Tientos y diferencias de la Guantanamera compuesta por Julián Orbón. Política cultural de la Revolución Cubana de 1959”, en Cuadernos de Música, Artes Visuales, Artes Escénicas, núm. 2, Bogotá, Colombia, Pontificia Universidad Javeriana, abril-septiembre, 2006, pp. 146-175. Ese estudio, realizado por Gómez Sotolongo, músico cubano residente en República Dominicana, demuestra a partir del análisis musical exhaustivo, cómo la obra que todos conocemos como La Guantanamera pertenece a Julián Orbón y no a Joseíto Fernández.
4 Picart Baluja, Gina. “Julián Orbón, la música inocente”. Revista Clave año 3 no. 1, Instituto Cubano de la Música, La Habana, 2001, p. 46.
5 Vitier, Cintio. Lo cubano en la poesía. Instituto del Libro, La Habana, 1970, p. 251.
6 Entrevista a Cintio Vitier en: Picart Baluja, Gina “Julián Orbón, la música inocente”. Ob. Cit. p. 46.
7 Entrevista a Armando Orbón en Picart Baluja, Gina “Julián Orbón, la música inocente”. Ob. Cit., p. 48.


(*) Ana V. Casanova (1959) es Musicóloga, Labora como especialista del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, de La Habana, Cuba. Es co-autora de la obra Instrumentos de la música folklórico-popular de Cuba y colaboradora del proyecto enciclopédico The Universe of music: a history y del Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Leer más…
Este artículo ha sido tomado de la revista Espacio Laical Año 12 Nro. 2, 2016

martes, 6 de marzo de 2018

ABRACADABRA. Oriente Lopez latest album (OHL Music 2016)


Cuban music elsewhere

The ABRACADABRA phonogram will be there for a long time, and whoever wants to know how Cuban music was made in the first decades of the 21st century will have to listen to it.

Usually, when I'm about to write, I try to avoid "the fear of the blank page" and I do it trying to shred the idea as much as possible; however, with ABRACADABRA the digestion has been slow, long, very long, and the more I listen the more I discover the complex warp of magic.

I do not want to describe each piece of the album, because all those who have participated in it have had the same responsibility and that responsibility has been exercised by everyone with the same mastery. So let's see, this album, which I've already heard a few times, is a stop, a point of reference, an indicator, a snapshot of Cuban musical art, of Cuban music elsewhere. It is, in my opinion, an anthology of the work of Oriente López; but, above all, a family portrait of some of the most experienced musicians born in Cuba, and of others, who, having been born on other beaches, join the waves of Cuban jazz and Cuban song.

And I mention these two genres because it is the forest that I can see, because detailing the trees would be as laborious as it is unnecessary, because each of them is a lustful synthesis of world music. Synthesis I say and nothing else, because something new emerges from it, without seams, without us discovering where the filin, jazz, timba, son, flamenco or rock, etc. begins or ends. This music is all that and much more.

And since all the pieces of this album are sung, Oriente found an accomplice in Ana Margarita Mireles, as Lecuona found it in Gustavo Sánchez Galarraga. She, Ana, is a poet who was born in the largest of the Antilles, and with this work she marked a line on the wall, a line that indicates the height, or perhaps I should say one of the many directions of Cuban literature. Anyway, she gave the gift of the word to each of the pieces of ABRACADABRA and threw it to the ground, demolished the myth of the vulgarity of texts in Cuban popular music.

I understand that for now I can not adjust this album to categories or genres. I can assure, that yes, that is the result of that emotional catharsis that historically Cuban musicians have defined as "descarga", those creations that come out of the spirit like fire, regardless of the consequences. Oriente López has downloaded the music that fits in his ears, the one that catches in his multiple listeners, the one that leads him to the synthesis of the styles and refers us to sonic universes that, although they are in our ear, he, through his creative mastery, rescues them, re-creates them and shares them in this phonogram that we have to listen to, first for pleasure ... then we will see how to categorize or categorize it, for now it is magic. The ABRACADABRA phonogram will be there for a long time, and whoever wants to know how the Cuban music that went with its musicians to another part was made during the first decades of the 21st century, will have to listen to it.



Who is who in ABRACADABRA:
Oriente López (1962): As a composer and arranger of the popular group Afrocuba, his particular vision of fusing Cuban music with jazz, Caribbean, Brazilian and other more universal styles influenced the direction of many contemporary groups in Cuba in the decades eighty and ninety. This work directs him to other subsequent collaborations with important contemporary artists such as Chico Buarque de Hollanda, Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Fito Páez and Pablo Milanés. Read more.

Ana Mireles: Graduated in theatrology of the Higher Institute of Art, she has maintained programs on television and radio, created companies and set up the camp on both sides of the Atlantic Ocean, as well as collecting a powerful and personal poetic work. Read more.

Pavel Urkiza (1963): Composer, producer and arranger of great sensibility and connection with the musical cultures of the world. His deep respect and understanding of the roots of Cuban music in combination with 22 years of musical life and experience in the Iberian Peninsula has resulted in a truly unique style that offers a wide range of rhythms, harmonies, melodies and lyrics. Read more.

Javier Ruibal (1955): In his music, styles such as flamenco, Sephardic and Maghrebian music, jazz, rock, etc. come together. On February 28, 2007 he won the Medal of Andalusia in recognition of his career. Read more.

Leslie Cartaya: Singer and composer of the salsa genre. He was born in San Nicolás de Bari near Havana, Cuba. He currently resides in Miami, United States. Among its most popular themes are: Hug Me, That's My Land, Forget, Dance, La Candela, Bolero Blue and The Best Of My Madnesses. Read more.

Mayito Rivera: Mayito was discovered by Juan Formell, the director of Los Van Van. Initially hired to play the bass and sing choruses, he soon established himself as the group's lead vocalist. Read more.

Alain Pérez (1977): At the beginning of the 21st century the rhythm of Madrid changed. Cubans and flamencos understood and practiced a common language beyond jazz, son and bulería. He is part of the "Piratas del flamenco", with Niño Josele, Caramelo, Javier Colina, Diego El Cigala, El Piraña and Jerry González. This opened a door for the reappearance of Bebo Valdés. Read more.

Malena Burke has recorded three CDs with her mother: Cuba on Fire, Las Burke and "Elena and Malena Burke", in Cuba, production of EGREM. Also Salseando, with NG La Banda. In 1996 he recorded in Miami the CD Super Cuban All Stars, produced by RMM Records, and Malena Burke, and in 1998, together with Meme Solís and Luis García, produced A Solas Contigo, vol. I and II. He has also recorded the Cd's Bolero Jazz: Misty, Contigo en la Distancia and Malena Total. Recently he recorded Maybe, Maybe, Maybe on CD 10 of Cuba for Colombia, and four songs on Volumes 1 and 2 of Classics of Cuban Music by Eliseo Grenet. Read more.

Kelvis Ochoa: His ability to appreciate so many different types of music, his talent to capture that inspiration in his work and to conceive a sound totally his; it is what has made Kelvis Ochoa such a vital force in Cuban music today. Read more.

Gerardo Contino: Since moving to New York, Gerardo started his own band, Gerardo Contino and Los Habaneros. They released their debut album, Somos Latinos, in 2013 to very high critical acclaim. He has toured all over the world and in his new hometown, NYC, he has performed at the Brooklyn Academy of Music, Sounds of Brazil (SOBs), BB King Blues Club, Le Poisson Rouge, the Bronx Museum, Live at the Gantries , Roulette, Gonzalez and Gonzalez, Taj and many others. Read more.

Yamila Guerra: One of the most talented Latin artists. Yamila brings her voice, her songs and her rhythms from her native Cuba, from Latin America and from all over the world. Read more.

Magilee Álvarez:  Magilee has had collaborations as a singer with Luis Barberia, Manolín (el medico de la salsa), Aries, Raul Torres, Habana Oculta, Habana Abierta, Anna Torroja of Grupo Mecano, Luis Pastor, Ketama group, Nunno da Camara, Javier Gurruchaga, Amaury Gutierrez, Gema and Pavel, Santiago Auseron, David Torrens, Descemer Bueno, Yussa, Williams Vivanco, Haka, Filbert Armenteros, Yotuel and Beatriz Luengo, Ossiel Fleitas, Pavel Urquiza among others, Magilee also shares the author of many compositions with Raul Torres, Pavel Urquiza, Descemer Bueno and Ossiel fleitas among others. He has also worked in film, theater and television, in addition to starring in numerous video clips.

Ángel Bonne (1961): His interpretative quality and musical talent led him to be part of one of the most important orchestras of Cuban music: the Juan Formell Orchestra, Los Van Van, where in addition to playing the saxophone, he performed the duties of arranger and singer. Read more.

Translate from Spanish into English by Oriente Lopez.

To obtain the CD click here: CDbaby

Who does what in ABRACADABRA:

ABRACADABRA
2016 ℗ OHL 003
Total time (1:08:02)

Executive producer: ORIENTE LÓPEZ

Music - Oriente López OHL Music
Lyrics - Ana Mireles ARCARIUM Music

1 Saltos en La Escalera. Lead Vocal - Pável Urquiza
2 Abracadabra. Voz solista - Javier Ruibal
3 Peregrino. Lead Vocal - Oriente López
4 Cálido Amargo. Lead Vocal - Leslie Cartaya
5 Oba Iré. Lead Vocal - Mayito Rivera
6 El Dulcerito Llegó. Lead Vocal - Javier Porta
7 Baja La Candela. Lead Vocal and Bass- Aláin Pérez
8 En Fin, El Mar. Lead Vocal - Malena Burke
9 Mi Tatara. Lead Vocal - Kelvis Ochoa
10 Pasáste Por Aquí. Lead Vocal - Gerardo Contino
11 Aterriza. Lead Vocal - Yamila Guerra
12 Herida De Pena. Lead Vocals - Magilee Alvarez y Oriente López
13 No Te Olvidé. Lead Vocal - Magilee Alvarez
14 El Alma Del Jardín. Lead Vocal - Oriente López
15 Había Una Vez. Lead Vocal - Oriente López
16 Arrollando El Carnaval. Lead Vocal and clarinet - Angel Bonne

Bass: Carlos Mena (1) (5) (11) (14) (16), Luis Manresa (2) (3) (6), Itaiguara Brandao (4) (15), José Gola (8) (13), Jorge Bringas (9) (10), Sean Kupicz (12)

Guitars, acoustic, electric and tres: Román Lajara (1) (7) (12) (13), Gil Gutiérrez (2), Yuniel Jiménez (3) (9), Julio C. López "Pachy" (3), Itaiguara Brandao (4) (15), John Tropea (8) (11), Jorge Luis Pérez (12)

Drums: Jimmy Branly (1) (3) (4) (6) (8) (11), Calixto Oviedo (7) (9), Mauricio Zotarelli (15)

Percussions: Mauricio Herrera (1) (9) (10) (16), Román Díaz (1), Ramón Porriña (2) (9), Vicente Sánchez (3) (6) (8), Mario Lino Fernández (3) (6) (7) (8) (9) (10) (14), Gilmar Gomes (4), Conrad Garcia (5) (7), Gabriel Machado "Chinchilita" (10), Fernando Favier (12) (13) ), Igor Arias (14), Yusnier Sánchez (15)

Sax: Carlos Averhoff (1) (11), Luis Felipe Lamoglia (4), Neil Leonard (5), Luis Faife (7) (12), Chris Ferrer (6) (16)

Trumpet and Fluglehorn: Chris Ferrer (1) (3) (5) (6) (7) (8) (9) (12) (16), Juan Carlos "Wichy" López (1), Yaure Muñíz (1) ( 11), Guillermo Trujillo (5)

Trombone: Rey David Alejandre (1) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (12), Chris Ferrer (16)

Background Vocals: Pável Urquiza (1), Glenda Del E (1) (2) (4) (7) (8) (9) (10) (11) (12) (16), Román Díaz (1) (9) , Oriente López (2) (3) (5) (7) (8) (10) (12) (16), Barbara Martínez (2), Magilee Alvarez (3) (8) (9) (11) (12) ) (15), Leslie Cartaya (4), Emilia Przesniak (5) (9), Vicente Sánchez (5) (6) (7) (8) (9) (10) (15) (16), Gerardo Contino ( 5), Sebastián López (5) (9) (16), Luis Manresa (6), Iraysmi Andrea Ramírez (6), Ailyn Arias (6) (15), Aime Arias (6) (15), Yun Huang (9) ), Ana Mireles (Poem 9), Yamilia Campos (10) (16), Salvador De Angela (12), Michelle Collier (14), Igor Arias (14)

Violins: Rafael Cos Peña (2) (4), Juan Miguel Hechavarría Pérez (2) (4), Yunior Terry (2) (5) (8) (10) (13), Omar Puente Fiffe (7) (10)

Viola: Ana María Rojas Gallego (2) (4)

Cello: Karen Lizeth Londoño Múñera (2) (4), Jennifer Vincent (2) (5) (8) (10) (13)

Recorded at: Kitsa Studio (Madrid, Spain) Pavel Urquiza, JBranly Studio (CA, USA) Jimmy Branly, PTY Studios (Panama City, Panama) Ignacio Molino, Yaure Muñíz Studio (MA, USA) Yaure Muñíz, MH Studio (NJ, USA) Mauricio Herrera,
OHL Music (NJ, USA) Oriente Lopez, Infinity Studios (Madrid, Spain) Pablo & Pedro Baselga, RCM Studio (Paris, France) Luis Manresa, ProMaster Estudio (Medellin, Colombia) Alex Gaviria, Toppano Studio (SM Allende, Mexico) Lorenzo Toppano, OK Studios (FL, USA) Otto Knight, Habana Studios (London, UK) Flavio Correa, Orpheus Studio (Tokyo, JAPAN) Naoto Sugawara, RYCY Productions (CA, USA) Yalil Guerra, Tedesco Studios (NJ), USA) Tom Tedesco

Mixing and mastering BASS MAN STUDIO (NY, USA) Dave Darlington

COVER ART CREDITS:

Typography and logo: Oriente López and Juan Betancurth,
Interior photo: Greta Liz López, Cover design: Frank Guiller

LAS DOS GUANTANAMERAS; UNA, DE JOSEÍTO FERNÁNDEZ; OTRA, DE JULIÁN ORBÓN. O los condenados al olvido.

  La canción Guantanamera que todo el mundo canta con los versos de José Martí (1853-1895) , no es de Joseíto Fernández (1908-1979) , sino...