lunes, 19 de mayo de 2008

CANTINFLEAR O IMPROVISAR

Música y músicos

La capacidad de improvisar la adquieren aquellos individuos que por su constancia en el estudio y su cultivado talento alcanzan un alto grado de perfección en la especialidad a la cual se dedican. 

Mario Moreno, en el papel de Cantinflas

A menudo, quienes carecen de la debida capacidad para desempeñarse en un cargo, ejercer un oficio o simplemente expresarse coherentemente son tildados de improvisadores. Sin embargo, improvisar es algo bien distinto.

El castellano es sin duda uno de los idiomas más ricos que la humanidad conoce y es por eso, quizás, que su gran caudal de palabras a veces se nos vuelca encima y nos enreda la lengua. Según algunos diccionarios, improvisar, es hacer alguna cosa de pronto y sin preparación. Pero sucede que, sin preparación, se magnifica en su errado significado de sin conocimiento, o sin saber, cuándo preparación y conocimiento no son sinónimos.

En música, el arte de la improvisación fue durante siglos el eje central de la composición. Fue el modo en que autores e intérpretes concebían la creación musical. En época de Bach y Händel se anotaban, sobre todo en los preludios de las suites, sucesiones de acordes solamente y todo lo demás era responsabilidad del intérprete. La Cantata de Handel, Il pensiero, tiene espacios en blanco en su partitura original con la simple nota: organo ad libitum, lo que indica que en ese fragmento el solista es el órgano y de las cualidades musicales de su intérprete dependerá el éxito en esa parte de la pieza.

Durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, la improvisación en los instrumentos de teclado tuvo un gran esplendor. Mozart, podía crear arias o variaciones sobre cualquier tema mientras tocaba frente al público. Beethoven, según su discípulo Czerny, era conmovedor en sus invenciones y ante ellas nadie quedaba con los ojos secos y prorrumpían en sollozos, y Franz Liszt, desde niño fue famoso tocando fantasías que creaba ante el auditorio.

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Si bien es cierto que hacia fines del siglo XIX y durante el XX la improvisación en la llamada música culta dejó de ser fundamental, en el jazz sigue siendo la esencia, y la esencia de la improvisación sigue siendo el conocimiento. La capacidad de improvisar la adquieren aquellos individuos que por su constancia en el estudio y su cultivado talento alcanzan un alto grado de perfección en la especialidad a la cual se dedican. Entonces, para desenredar la lengua, la Real Academia admitió un término que retrata de cuerpo entero la acción de aquellos que hablan sin decir nada, a quienes nos bombardean con largas parrafadas sin sustancia, a esos que no logran hilvanar dos oraciones con sentido lógico.

La Real Academia Española, para enriquecer nuestro idioma, acuñó un término que califica a esos individuos ineptos y falsificadores que nos disparan atronadores dislates en forma de discursos, en forma de obras chuecas, en infinitas formas. Un término que califica la acción de quienes carecen de la debida capacidad para desempeñarse en un cargo, para ejercer un oficio o simplemente para expresarse debidamente.

Para esos prójimos la Real Academia Española admitió el verbo: cantinflear, en un justo homenaje a Cantinflas, el personaje creado por Mario Moreno. Y cantinflear es lo que hacen quienes no pueden improvisar, quienes carecen de la debida capacidad para actuar o expresarse de un modo culto, cantinflear es el recurso de los incapaces. Improvisar es de Maestros.

MI AMIGO EL BEATLE

Música y músicos
Hoy es ocho de diciembre, y a pesar de todo, recuerdo que asesinaron a Lennon.
Aún me duele el disparo que le sacó del juego.
Me duelen todavía los recuerdos y me acomodo en la nostalgia.
Hoy vuelvo a vivir toda mi historia. AGS.

Estos discos conformaron la cultura de la generación 50-60
en medio mundo y en Aguada de Pasajeros también.

Los Beatles llegaron a Cuba en la dotación de los viajeros, a horcajadas sobre la onda corta, traídos por el éter. Enseguida que los vimos en aquellas flamantes carátulas, y al escuchar aquellos sonidos distintos, los muchachos del barrio nos enrolamos en la legión de aspirantes a melenudos y por supuesto, aquella propensión a imitar a los inglesitos nos llevó a enrostrar algunas quejas familiares. Pero no fueron sólo los padres quienes se alarmaron, hubo también una alarma en las filas gubernamentales. Las esferas ideológicas del gobierno revolucionario, detectaron de inmediato la peligrosidad del mensaje «burgués» que aquellos muchachos de Liverpool andaban distribuyendo.
Como ya para entonces el mercado del disco en Cuba era un celaje de lo que había sido en décadas pasadas, no fue necesario incautar los fonogramas en tiendas o almacenes, a donde nunca llegaron, sino que fueron censurados con un simple susurro. Fue cosa sólo de silenciarlos en la radio y la televisión, únicamente estatales, y someter a un fuerte «gardeo» a quienes se sobrepasaran en la tenencia y divulgación de aquella música.

Así fue que una noche, debió ser a mediados de la década del 60, en Aguada de Pasajeros, mientras nos solazábamos en la celebración de una «fiesta de quince», y mientras bailábamos And I love her, del disco A hard day’s night, cesó la música abruptamente, y tras el chirriante sonido que produjo la aguja al ser arrastrada por los surcos del acetato, se escuchó una voz autoritaria que decretó: «¡¡¡Esto se acabó aquí mismo y todos están presos!!!».

Fue aquel el principio de una dura noche. Toda la legión de chiquillos fuimos a dar a la Jefatura de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y el cuerpo del delito eran un fonograma con canciones de los Beatles y un tocadiscos de fabricación soviética.

Ignacio, auto nombrado El Beatle (*)
Aguada de Pasajeros 1967 o 1968 ©ags
Fuimos reprendidos, por «diversionistas» y «penetrados culturales», y cada padre debió presentarse a buscar a su hijo, y sin pasar a mayores, eso fue todo. Sin embargo, mi papá y el de mi amigo Ignacio tomaron la decisión, supongo que aconsejados por la salomónica prosapia del oficial que atendió «el caso», de agregarnos una pena más. Al día siguiente fuimos llevados, a punta de tijera, a un estado calamitoso. Nos pelaron al rape.

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Yo tuve una simple rabieta que se me pasó enseguida, pero mi amigo Ignacio sí se la tomó en grande. Él, dejó de firmar con su apellido paterno. Se despojó del que con tanto orgullo vivió aquellos primeros trece o catorce años de su vida, y se convirtió, en cuerpo y alma, en el «quinto» inglesito. Entonces, ya no hubo forma de acercarlo nuevamente a una barbería, y su melena lacia sobrepasó con creces el largo de quien más larga la tuvo nunca. Él, ya no estaría más en el bando de los «desviados», «penetrados» y «diversionistas ideológicos». Él, abandonó el linaje que le habían dado sus ancestros para ser el otro, después de George, John, Paul, y Ringo. Él fue entonces el «quinto» Beatle. Y para que todo el mundo lo supiera, estampó su nueva firma en los árboles, las paredes, los pupitres, los bancos del parque, y hasta en la lona del Circo Montalvo cuando pasó por el pueblo. Mi amigo fue, a partir de entonces, IGNACIO EL BEATLE.

(*) Me atrevo a publicar por primera vez esta foto, porque estoy seguro que los pocos que podrán reconocerlo estarán al tanto de esta historia. Ignacio se fue del pueblo igual que yo y no nos hemos vuelto a ver en los últimos 40 años. Espero que no se enoje, pero esta es una de las anécdotas de mi infancia que con más cariño atesoro, y él fue el protagonista, no contarla y no darle un rostro a la historia sería un egoísmo de mi parte. 

LAS TRANSFORMACIONES EN CUBA O EL CUENTO DE LA BUENA PIPA

Los cambios en Cuba 

Desde que sucedió lo inexorable hace más de un año, los analistas de temas cubanos tienen nuevas y briosas esperanzas. Más cargadas de deseos que de realidades. Más visionarias que objetivas.

Raúl Castro
@ Fuente externa
El freno más contundente que se interpone en el examen ponderado, de cualquier cosa que suceda en Cuba, es el simple y llano hecho de que Cuba no se rige, desde hace más de medio siglo, por ningún modelo económico, político o social conocido. De hecho, en el párrafo anterior, cuando Ud. leyó “analistas de temas cubanos”, dio por sentado que me refería a quienes miran la isla desde afuera, porque dentro no está permitido comunicar, por ningún medio, otro análisis que no sea el oficial. Tampoco valen historias comparadas, y aunque no pretendo fundamentar en pocos caracteres las múltiples y profundas causas que provocaron esta situación, vale decir que las premisas más importantes están casi en nuestras narices.

Castro, no dejó piedra sobre piedra en ningún segmento y subvirtió de tal modo sus predios, que anuló el significado de los parámetros que valen para analizar cualquier suceso en el resto del mundo.

El desastre económico, que se vislumbraba en cada acción del castrismo desde el primero de enero de 1959, y que medio mundo vaticinó que no admitirían los cubanos, y mucho menos los socios comerciales de la isla, fue la piedra angular de la victoria del castrismo, fue precisamente mediante el desastre económico, que Castro consiguió la permanencia vitalicia en el poder, y los cubanos y sus socios comerciales se cogieron el dedo con la puerta.

Tales catástrofes, en cada una de sus campañas, le permitieron un amplio espectro de ganancias políticas, colocándolo siempre en posición de impulsar cambios, de revolucionar. Pero cuidado, todos y cada uno de los virajes fueron promulgados por él, y quien se adelantó o atrasó fue decapitado literal o metafóricamente.
Se declaró anticomunista hasta abril de 1961, y quienes le acusaron de comunista antes de esa fecha fueron molidos, como también lo fueron quienes se negaron a compartir esa doctrina a partir de entonces. Quienes no estuvieron al tanto de sus decretos, comenzaron a ser estigmatizados con el epíteto de “contrarrevolucionarios” o “gusanos”.

Esta no fue una acción aislada, sino el modo de operar durante casi medio siglo. Luego vinieron infinitas campañas, en las que el estatus de “revolucionario” pasó por tantos meandros que se convirtió en castrismo; entonces, en consecuencia, ser anticastrista se hizo sinónimo de “contrarrevolucionario” y “contrarrevolucionario” se convirtió en una figura jurídica, prevista y sancionada por la ley.

Durante la preparación y realización de la zafra azucarera de 1970, conocida como de los 10 Millones, quienes se opusieron a semejante dislate y acusaron las calamidades que provocaría en la población, fueron eliminados; sin embargo, cuando sucedió lo inexorable, nadie fue restituido. Entonces, anunció nuevos planes y nuevas proezas, que nuevamente encontraron opositores, que él volvió a desbrozar.

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Cuentos sin fin, tantos que algunos se quedan en la memoria, como el Mercado Libre Campesino, la Operación Pitirre en el Alambre, el Cordón de La Habana, La Campaña de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, la penalización y despenalización de la tenencia de dólares, y el antológico: “¡Ahora sí que vamos a construir el socialismo!”, una consigna que profirió en un altruista discurso, cuando apenas unos días antes, todos creíamos que era eso lo que se había hecho en la isla durante los treinta años anteriores.

Queremos que Cuba sea otra y a veces no podemos dominar nuestras ilusiones, pero si nos ajustamos a la cordura y a una visión sensata de las noticias que nos llegan desde allá, todo no es más que el mismo cuento sin fin, o cuento de la buena pipa, porque nada trascendental sucederá en Cuba hasta que no se restituyan la propiedad privada, la democracia pluripartidista y exista una Moneda Nacional capaz de pagar justamente el trabajo de los cubanos.

Nada mejorará en Cuba, mientras el poder siga en manos de quienes la devastaron.

CACHAO DESCARGA EN EL INFINITO

Música y Músicos 

Israel López, Cachao, nació el 14 de septiembre de 1918 en La Habana, Cuba, en la misma casa donde 65 años atrás había visto la luz el apóstol cubano José Martí. Vino al mundo en el seno de una familia de músicos, en la que casi todos sus integrantes se apasionan por el contrabajo. 

Israel López (Cachao)
@ Fuente externa
Desde sus primeros años de vida tocó ese violín gigante y siendo muy joven integró la Orquesta Filarmónica de La Habana, una institución de muy alto prestigio que se fundó en 1924, y que estuvo bajo la dirección de distinguidos Maestros; entre ellos, su fundador, el español Pedro San Juan, y el extraordinario violinista, director y compositor cubano Amadeo Roldán. 

Allí, Cachao ocupó un puesto junto a algunos de los más prestigiosos músicos académicos de su época –entre los que también estuvo su hermano Orestes- lo cual prueba la sólida formación que alcanzó a tan corta edad. Integró simultáneamente innumerables agrupaciones entre las que se destacan la orquesta Maravilla del Siglo, de Orlando Collazo, y posteriormente la Maravilla de Arcaño -que terminó por conocerse con el nombre de Arcaño y sus Maravillas-, donde creó, junto a su hermano Orestes, decenas de danzones con nuevas estructuras y contenidos tomados del son, a los que llamaron “de nuevo ritmo”; entre ellos, el titulado “Mambo” (V 23-4345), compuesto en 1938 y grabado para la Victor en 1951, en los que podemos encontrar la génesis de dos importantes géneros de la música popular bailable cubana: El Mambo y el Cha cha chá.

En 1940 la Orquesta Maravilla de Arcaño grabó para la Victor (V 83132) la pieza Canta contrabajo, canta, un danzón compuesto -según registra la placa-, por Orestes López (1908). En la pieza se sustituye el solo de violín, que tradicionalmente se tocaba en el segundo danzón, por un solo de contrabajo que entonces interpretó Cachao. La pieza está basada en la obra Chanson Triste Op. 2 para contrabajo y piano, de Serge Koussevitzky (1874-1951) contrabajista, compositor y legendario director de la Orquesta Sinfónica de Boston entre 1924 y 1949. En esta grabación príncipe, el danzón conserva todas sus partes aunque el tempo es mucho más acelerado, como lo mandaba entonces el danzón de “nuevo ritmo”, pero cuando en 1959 Cachao volvió a grabar la pieza con su propia agrupación, suprimió el primer danzón y el tempo se contuvo un poco -eran los años en que el Cha cha chá y el Mambo habían “cuajado” como géneros-. Ambas grabaciones, muestran la maestría de Cachao como contrabajista y su capacidad como renovador de la música cubana. Pero además, podemos deducir que ambos hermanos, Orestes e Israel, componían en comandita ya que en este nuevo fonograma, que salió en el Lp. “Cachao y su típica Vol. 2” (Lp. Duher 1611) la placa registra a Cachao como autor de la pieza. Canta contrabajo, canta, según la documentación que aparece hasta hoy, constituye el primer solo para contrabajo que se registra en la discografía cubana, algo realmente importante si tenemos en cuenta las pocas posibilidades que ofrecían las técnicas de grabación para amplificar y registrar con fidelidad y presencia el sonido de este instrumento; pero además, nos da una clara idea de lo bien que conocían los contrabajistas cubanos el repertorio clásico para ese instrumento. 

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Canta Contrabajo canta, por sus dificultades técnicas no aparece con frecuencia en las producciones discográficas. Quizás, el último registro de esta pieza data de 1982, cuando el hijo de Orestes, Orlando López, Cachaito (1934), la grabó con el grupo Los Amigos, que dirigía el desaparecido Frank Emilio Flynn. Cachao integró muchas de las agrupaciones que amenizaban las películas silentes en los teatros, que tocaban en los centros nocturnos o en las decenas de salas de bailes que había entonces por toda Cuba, y también se vinculó desde muy joven con agrupaciones de jazz; entre ellas, el Quinteto de Música Moderna que dirigió el pianista Frank Emilio, y en el que participaron algunos de los más virtuosos músicos cubanos. Por la vía del jazz, Cachao fue también un importante eslabón y sus descargas, nacidas en las reuniones de amigos, se convirtieron en sesiones de improvisación que pasaron a formar parte del quehacer de los músicos en Cuba y luego en el mundo del llamado jazz latino. En 1957 salieron al mercado sus primeras descargas en discos de 78´´ que luego fueron recopiladas en el Lp., “Cuban jam sessions in miniature: Descargas, Cachao y su ritmo caliente”, y en 1958 se comercializó el Lp., “Jam session with feeling - Descargas cubanas - Cachao y su orquesta”. Entre 1958 y 1959 grabó para el sello Duher los Lps., “Camina Juan Pescao – Cachao y su Típica”, y “Cachao y su Típica Vol. 2”, en los que aparecen 24 danzones antológicos. En 1961 viajó a España con un contrato de trabajo por dos años, luego emigró a los Estados Unidos, donde se radicó y continuó su labor como músico. En New York, Cachao participó en numerosas grabaciones con los más importantes músicos del género bailable; entre ellos, Charlie Palmieri, Tito Puente y Machito. En Las Vegas tocó en el Caesar’s Palace, Sahara, Egipto y otros. Al principio de la década del 70, cuando la música cubana tuvo el gran boom en el mercado con el nombre de salsa, allí estuvo Cachao con algunas de las agrupaciones más importantes del movimiento. 

En 1976 participó junto a Charlie Palmieri en el Lp., “Descarga Vol.1” del sello Salsoul. En Miami, donde se radicó desde 1978, grabó el Lp., “Maestro de maestros: Israel López ‘Cachao’ y su descarga 86”, que salió al mercado en 1986 y en el que participó el flautista José Antonio Fajardo, con quien había trabajado infinidad de veces en Cuba. En 1993, mientras vivía diluido en descargas aquí y allá, en la cotidianidad de la existencia simple y anónima, el actor Andy García lo redescubrió, y Cachao, en las postrimerías de una brillante carrera, reapareció en primer plano. El documental “Cachao... como su ritmo no hay dos,” producido por García, y el fonograma “Cachao Master Sessions, volumen I”, que fue merecedor de un premio Grammy en 1994, permitieron que Cachao volviera a la carga -y sobre todo a la descarga-, y que fuera solicitado en los escenarios con tanta asiduidad como en sus años juveniles. Para Cachao, se abrieron otra vez las puertas de la fama y una nueva época de esplendor se inició en su carrera artística, el veterano contrabajista inició un nuevo coro en su descarga, y en 1995 la saga continuó con el fonograma “Cachao Master Sessions Volumen II”, y en 2000 se dio a conocer “Cachao Cuba Linda”. En 2004, cuando parecía que eso iba a ser todo en la vida del longevo músico cubano, apareció el disco “Ahora sí”, una producción que le valió a Cachao otro Premio Grammy, y un nuevo tema para continuar sus descargas por todo el mundo -excepto Cuba-. 

La incidencia de Israel López, Cachao, en la historia de la música popular cubana durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI es imperecedera, su obra creativa, experimental y renovadora se apuntala en la cultura americana, y la enriquece. El día 22, de marzo, de 2008, en la ciudad de Miami su ser material dejó de existir, se fue, dio un paso al infinito y desde entonces y desde allí, Cachao inició una nueva ronda en su descarga, un nuevo ciclo de improvisaciones que no terminará nunca, que permanecerá eternamente en la urdimbre de la música cubana y universal.

ANDRÉS ALÉN, CANCIONES DE NAVIDAD

Música y músicos
Un disco para todos los diciembres

Dirección musical, arreglos musicales y piano, Andrés Alén; dirección de coro, Carmen Rosa López; contrabajo y guitarra bajo, Jorge Reyes; percusión, Inor Sotolongo y Roberto Hernández; flauta, saxos sopranos, alto y barítono, Javier Zalba; cuatro y guitarra de doce cuerdas, Jorge Chicoy; clarinete, Vicente Monterrey; guitarra, Osnel Rodríguez; tres, Julio Martínez; laúd, Edwin Vichot; producción musical, María Dolores Novás; productor, UNICORNIO; Producciones Abdala. UN-CD8006.

Un fonograma sorprendente se publicó el 23 de diciembre de 2000 en La Habana, Cuba. La pieza, desde su título, es todo un acontecimiento histórico. Luego de tres décadas de ser censuradas por el gobierno y condenadas al ostracismo, las celebraciones navideñas volvieron a hacerse públicas en la Antilla Mayor desde el 25 de diciembre de 1997.

A solicitud de Su Santidad Juan Pablo II, quien viajó a la isla en enero del 98, el régimen de Castro volvió a declarar feriado el 25 de diciembre. Y, desbordando tanto deseo contenido, el talento de un músico excepcional creó un disco con trece de las más emblemáticas piezas que cantan al advenimiento del niño Jesús, villancicos que durante siglos se arraigaron en Cuba como en toda América.

Andrés Alén, es un artista dotado como pocos para crear en los géneros musicales más disímiles. Su capacidad para expresarse en los diversos lenguajes le permiten andar con desenfado tanto en la belleza simple de un son, como en el universo sonoro del jazz, o en el más deslumbrante virtuosismo del repertorio clásico. Y en este disco compacto pone a prueba esa extraña virtud. En estas trece versiones, Alén elabora melodías navideñas con un exquisito refinamiento técnico, propio del lenguaje de la llamada música clásica, en un entramado de ritmos populares.

Los géneros cubanos del cha cha chá (Jingle bells, Corte-1), la Guajira (The First Noel, C-2), la Contradanza (Deck the halls, C-3), la Rumba (Gloria in Excelsis Deo, C-3), el Danzón (Adeste Fideles, C-6), la Criolla-Bolero (Arbolito, C-7), la Habanera (Hark! The Herald angels sing, c-9), y el son (Los peces en el río, C-11); los ritmos dominicanos de la bachata (White Christmas, C-12) y el merengue (Campana sobre campana, C-13); los aires de la zamba argentina (Silent Night, C-5), el Joropo venezolano (Pastores a Belén, C-8), y el samba brasileña (Joy to the world, C-10) le sirvieron al maestro Andrés Alén para crear un delicioso mestizaje de esquemas rítmicos y formas musicales.

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El tono, en todas las piezas, tanto en las voces como en los instrumentos, es bello, pleno, técnicamente perfecto, pero además lleno de sabor popular. Por obra de la inteligente mano de quien escribió arreglos de tan altos quilates, los timbres se mezclan y producen una extensa gama de colores que impresionan los sentidos. Arreglos que son interpretados de una manera brillante por instrumentistas que gozan de gran prestigio en la arena internacional, y por un coro infantil y niños solistas con voces bellísimas, trabajadas al punto de la maestría.

Andrés Alén Rodríguez y un grupo de brillantes músicos cubanos crearon una pieza fonográfica que sin dudas dará mucho de qué hablar, de qué disfrutar y de qué cantar en esta y todas las navidades futuras. Trece piezas que sin duda serán incluidas en la discografía que escucharemos con asiduidad en la Navidad de los años por venir, trece piezas que por su belleza artística volverán para hincharnos el espíritu en cada Navidad.
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«ERNESTO LECUONA HIZO CANTAR AL MUNDO»

Música y músicos

Cada 29 de noviembre se cumple un año más de la desaparición de Ernesto Lecuona Casado, prolífico compositor y virtuoso instrumentista. Su padre, Ernesto Lecuona Ramos, emigró a Cuba procedente de Santa Cruz de Tenerife, donde había nacido en 1834. En la ciudad de Matanzas, alcanzó notoriedad en el periódico La Aurora de Yumurí, y fue en esa misma ciudad donde contrajo matrimonio con Elisa Casado Bernal el 7 de noviembre de 1885.

Ernesto Lecuona (1895-1963)
Al año siguiente, Lecuona Ramos fungía como Director del periódico El Comercial, en la capital cubana y nueve años después, el matrimonio esperaba su decimosegundo hijo. Entonces los esposos decidieron establecerse en la ultramarina villa de Guanabacoa. Allí nació el 7 de agosto de 1895, quien, por la magnitud de su obra musical, se colocaría entre los más importantes compositores de América.

Cuando tenía apenas un año, ya jugaba a tocar el piano. Con sus manos colocadas en el alfeizar de la ventana en actitud de tocar, le vieron sus padres más de una vez, y ya a los tres años, parado sobre un cajón, porque su estatura aun no le permitía estar sentado en la banqueta, fue sorprendido repitiendo algunas melodías populares en la época.

A los cinco años de edad tocaba de oído el Himno Nacional cubano, La Marsellesa y fragmentos de zarzuelas que fueron muy populares en aquellos días. En 1903, comenzó a estudiar formalmente el piano con su hermana Ernestina, y al año siguiente ingresó en el Conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade. En 1908, publicó su primera obra musical, titulada Cuba y América, un two-step, ritmo que se puso de moda en Cuba por los días de la segunda intervención norteamericana.

El ciclo de estudios formales tuvo desde 1907 algunas fisuras. Las precariedades económicas de la familia, compulsaron al joven a emplearse tocando en los cines de barrio, creando obras para el teatro, dirigiendo orquestas y haciendo de todo cuanto su talento le permitía. Aun no había cumplido los quince años de edad y ya tenía estrenadas un puñado de obras en el teatro Martí de La Habana, lugar en el que subían a escena piezas de los más prestigiosos compositores cubanos, y por donde pasaban en cada temporada un sinnúmero de compañías extranjeras.

Ernesto Lecuona pudo interpretar todos los géneros y estilos de la música, podía crear o tocar números llenos de ingenuidad artística, pero era también un gigante al abordar obras de gran dificultad. Estuvo siempre entre los más importantes artistas del musical cubano, sin abandonar las salas de conciertos.

En 1912, Hubert de Blanck le organizó su primer recital en el que interpretó, junto a obras de Schumann, Gottschalk, Chopin, Liszt y Penderewsky, sus Seis Danzas Cubanas. A este recital le siguieron muchas otras presentaciones en las más importantes salas de conciertos de Cuba.
En 1916, Lecuona viajó por primera vez a los Estados Unidos, donde tocó durante cuatro semanas en el teatro Capitol, en 1924, viajó por España en unión de la violinista, también cubana, Marta de la Torre, quien fuera primer premio del Conservatorio de Bruselas. París, lo recibió en 1928, año en el que otros cubanos habían triunfado en la Ciudad Luz; entre ellos, Sindo Garay, Rita Montaner, Carmita Ortiz y Julio Richard.

En la sala Gaveau de París lo presentó su compatriota Joaquín Nin, quien por entonces llevaba muchos años en Europa. Fue una audición privada, pero entre los asistentes se encontraban Maurice Ravel, Joaquín Turina, José Iturbi y otros grandes músicos, quienes aplaudieron largamente al artista. Fue en esa audición que le escucharon decir a Ravel, refiriéndose a Lecuona: “¡Eso es más que piano!”. Poco después, Lecuona se presentó ante el gran público en dos conciertos en la sala Pleyel de París. Allí, el programa incluyó obras para piano solo, y piezas suyas para voz y piano, que fueron interpretadas por la soprano cubana Lidia de Rivera.

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En 1931, viajó a México con un espectáculo musical cubano integrado por renombrados artistas del género. En el mismo año lo contrataron para trabajar en la musicalización de la película Love song, de la Metro Goldwin Mayer, que fuera protagonizada por el barítono Lawrence Tibbet y Lupe Vélez. Al año siguiente, volvió a España, donde se presentó tanto en recitales como con su orquesta. De allí siguió por toda Europa y en el Lido de Venecia un empresario le cambió el nombre a la orquesta Lecuona por Lecuona Cuban Boys.

En ese incesante ir y venir, creaba y daba a conocer la música cubana por todo el orbe, y sus canciones, zarzuelas, y obras para piano eran de gran popularidad. María la O, Rosa la China, Niña Rita, El Batey y tantas otras eran aplaudidas en teatros de toda América.

“Ernesto Lecuona hizo cantar al mundo con acentos cubanos”, escribió Joaquín Aristigueta, en 1952, en un artículo desbordado de admiración por el artista. Ninguna otra frase sintetiza con tanta precisión el significado de la labor musical de un autor que atrapó en sonidos el alma de toda una cultura. Nada más justo para definir a un artista imprescindible en la historia de la música cubana.

En 1959, Lecuona regresó a la patria, ansioso por conocer los importantes sucesos que estremecieron la isla. El 6 de enero del siguiente año, justo doce meses después de su llegada a La Habana, visto el caso, retornó a los Estados Unidos. Fue su último adiós a Cuba. Allá quedó todo su amor. Allá quedaron sus ancestros. Trashumante hasta el final, viajó en septiembre de 1963 a Santa Cruz de Tenerife, lugar de origen de su familia paterna, y allí le sorprendió la muerte en el Hotel Mencey. Era la noche del viernes 29 de noviembre de 1963.

ALAIMA GONZÁLEZ URRELY EN CONCIERTO

Música y músicos

El sábado 27 de octubre se presentó en el Gran Teatro del Cibao, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, la flautista cubana Alaima González, quien contó con el acompañamiento de una orquesta de cuerdas. El programa estuvo integrado por Divertimento en fa Mayor para cuerdas, de W. A. Mozart; Suite en si menor para flauta y cuerdas de J. S. Bach; Concierto en Do Mayor, para piccolo y cuerdas de A. Vivaldi; La bella cubana, de J. White; La bikini, de R. Fuentes (Arr. J. A. Guibert); Vida mía, de O. Fresedo (Arr. J. A. Guibert); El choclo, de A. G. Villoldo; Serenata, de J. A. Hernández; Alma, corazón y vida (Arr. J. A. Guibert), de A. Flores; y El bodeguero (Arr. J. A. Guibert), de R. Egües.

Alaima González
La señora González es una gran profesional, el sonido que consigue tanto en la flauta como en el piccolo es bello y culto, algo que ya he anotado en otras oportunidades. En su presentación, abordó con gran solvencia tanto los pasajes escabrosos y centelleantes, como los cantabiles. Conservó la plenitud del sonido en todos los registros, y una gama de múltiples colores sin los molestosos escapes de aire que muy a menudo traicionan a los ejecutantes de esta familia de instrumentos. En las piezas del repertorio bailable, también la solista fue muy acertada en la dicción, el ritmo y el concepto, sobre todo en el montuno de El bodeguero, donde afloró la cubanía en las improvisaciones y flotó en el escenario el espíritu de sus ancestros.

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El conjunto instrumental que la acompañó sin director, fue un buen soporte, y a pesar de la crisis que atraviesa la música de conciertos en la República Dominicana, consiguió la excelencia artística propia de un conjunto de avezados profesionales, todos integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional. Seguramente que si estos conciertos fueran cosa habitual, tendríamos en esta isla muchísimos mejores momentos de buena música, pero cada vez son menos las personas que, como la Lic. Gina Rodríguez, Directora General y Artística del Teatro del Cibao, propician estas veladas.

La presentación, a pesar de las fuertes lluvias que preludiaron la tormenta Noel, contó con un numeroso público que se manifestó entusiasmado, y pidió a voz en cuello que conciertos como este se realicen más a menudo en La Ciudad Corazón.

UNA CASA DE FICCION Y REALIDAD

El palacete de los Moreau Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*) El Palacete de los Moreau @Fuente externa Durante las...