lunes, 4 de junio de 2012

LOS QUE NO SE HAN CONFRONTADO NO TIENEN QUE RECONCILIARSE


La “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se conviertan en aliados de los victimarios, y las cualidades, las cantidades y la legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.


La palabra “reconciliación” se ha puesto de moda durante esta última campaña de la dictadura, y algunos de sus aliados; entre ellos, Mariela Castro, Eusebio Leal y el cardenal Jaime Ortega, la enarbolan por los cuatro puntos cardinales, mientras el régimen aumenta  la represión contra la oposición interna, le conculca el derecho al diálogo y la sustituye por unos interlocutores, internos y externos, creados a su imagen y semejanza.

Las barreras nunca han estado entre cubanos, sino entre los cubanos y la dictadura. Todos los cubanos hemos tenido siempre la buena voluntad de ser cubanos, ha sido la dictadura quien nos ha impuesto, de mala voluntad, el tener que convertirnos en cubano-americanos, en cubano-chinos, en cubano-rusos, en cubano-dominicanos y así hasta completar más de un centenar de nacionalidades, las que hemos tenido que adoptar por malicia expresa del castrismo.


Fue la dictadura la que construyó a lo largo de más de medio siglo esas contradicciones, esos muros. La dictadura sembró las tempestades, la clase política dominante es la victimaria y los cubanos las víctimas.


En su arte de confundir, los ideólogos del castrismo y sus usufructuarios o aspirantes a usufructuarios onerosos, ponen de moda palabras que encierran conceptos equivocados y las repiten con la intención de legitimarlas. Tal cual neolengua orwelliana esas palabras encierran todo lo contrario de lo que aparentemente quieren expresar. En este caso, la “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se conviertan en aliados de los victimarios, y que las cualidades, las cantidades y la legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.


Y por solo citar cuatro ejemplares de la neolengua castrista, dígame si el concepto no es todo lo contrario de lo que significan las palabras con las que el Hermano Mayor trató de confundir a los cubanos, y legitimar su inocencia en el desastre: “Período de rectificación de errores y tendencias negativas”, “Período especial en tiempo de paz”, “Libreta de abastecimiento”, y “Cubadebate”. Del mismo modo, ahora, cuando la caña se le puso a tres trozos, nos tira la “reconciliación”… pero los cubanos estamos ya muy creciditos, así que… a otro perro con ese hueso. 


PE.: Pero tampoco olvidar que la palabra "reconciliar", según el Diccionario de la lengua española, indica en su sexta acepción lo siguiente: Rel. Confesarse, especialmente de manera breve o de culpas ligeras. Así que, por esta vez, si nos lanzamos por algunos retruécanos, damos por fin con el verdadero significado de la palabra "reconciliación" en el contexto de esta última campaña castrista. Quieren intercambiar nuestra inocencia por sus culpas.

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