Napoleón fue derrotado en Waterloo, Bélgica, por el irlandés Arthur Wellesley, duque de Wellington, quien comandó las fuerzas anglo-aliadas; Hitler fue derrotado en Berlín, Alemania, por las tropas soviéticas y norteamericanas; Tenochtitlan cayó ante las fuerzas de Cortés, quien contó con la ayuda de los totonacas y los tlaxcaltecas
Y por otra parte, hace muchos años yo entendí que solos los cubanos ni de
adentro ni de afuera podíamos con ese monstruo de mil cabezas, algo que les
sucedió a los mambises en las dos guerras de independencia, y, como ahora
nosotros, muchos de ellos pidieron ayuda al hermano fuerte del norte. Por ahí
andan los documentos que lo confirman, así que ese cuento de la soberanía no
vale, porque la soberanía nos la han quitado los propios nacionales y como los
mambises en las dos guerras, estamos incapacitados para vencer solos al tirano.
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Ese de la soberanía y la no injerencia es un soberano cuento. Napoleón fue
derrotado en Waterloo, Bélgica, por el irlandés Arthur Wellesley, duque de Wellington, quien
comandó las fuerzas anglo-aliadas; Hitler fue derrotado en Berlín, Alemania, por las tropas
soviéticas y norteamericanas; Tenochtitlan cayó ante las fuerzas de Cortés,
quien contó con la ayuda de los totonacas y los tlaxcaltecas, a los que se
unieron centenares de cholultecas, todos juntos contra el fiero tirano y
carnicero Moctezuma; en 1898 las fuerzas españolas fueron derrotadas en Cuba por
tropas norteamericanas apoyadas por los mambises cubanos, y a pesar de todas
las torceduras que nos cuentan los historiadores castristas, 20 años después
Cuba había emprendido un camino de prosperidad, libertad y democracia y había dejado
muy atrás la dependencia de los Estados Unidos, y la hambruna y la miseria que
dejaron la guerra del 95.
Así que, 67 años después, me parece, que se nos cayeron las vendas de los
ojos a nosotros, pero sobre todo a quienes desde el norte se dieron cuenta que
los comunistas del Comité Central, los barriga verde de Cuba, no han perdido un
segundo para hacer daño a esa gran nación,
desde el expolio a los multimillonarios capitales de ciudadanos
norteamericanos en 1959, hasta el contubernio con potencias extranjeras para
socavar su seguridad nacional.
Y este numerito de la abducción de Maduro y esposa, ha sido una prueba de
fuerza comparable con el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón,
dicen que en Caracas fueron muy pocas las personas que se percataron de lo que
estaba sucediendo en la madrugada del 3 de enero y hasta ahora, la vida
allí, según testimonios, no es para nada una situación de guerra ni de
posguerra. Y eso al parecer lo saben los barriga verde, aunque se hacen los
suecos y andan con las nalgas a dos manos con un griterío solariego azuzando a
la masa famélica para una guerra que esta vez, menos que nunca, será necesaria,
porque los vamos a reventar con métodos no invasivos, con abducciones, laparoscopías
y terapias personalizadas.
Dos cosas han cambiado para siempre: Una, que el presidente de los Estados
Unidos, por primera vez en muchos años, entiende que es real la amenaza que
representan los barriga verde de Cuba, que han provocado daños incalculables a
la nación del norte, que la han penetrado ideológicamente, que han sembrado agentes
en las universidades, las instituciones públicas y privadas y hasta se han
colado en la Casa Blanca, que han minado a la intelectualidad y que propiciaron
que políticas como la de fronteras abiertas llegaran tan lejos, se han dado
cuenta que Cuba ha sido la guarida de decenas de terroristas internacionales, y
que allí se han entrenado militar e ideológicamente cientos de mercenarios. Y dos,
la tecnología ha llegado tan lejos, que la posibilidad de realizar acciones
invisibles como la extracción del sátrapa venezolano y su esposa, dan a los Estados
Unidos un poder inconmensurable.
Aunque por momentos lo dude, esta vez, en este mandato, con la ayuda
interesada del presidente número 47 de los Estados Unidos, vamos a reventar a
los barriga verde de Cuba.
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