jueves, 23 de enero de 2014

LA SERENIDAD DE MARTÍ (*)

Por Antonio María Gómez Mesa (**)

José Martí (1853-1895)
Lo primordial de la serenidad es vivir en armonía con el personal sentido de la vida. Y fue Martí hombre que nunca perdió la noción de sus anhelos y de sus propósitos, y que atemperó a ellos el ejemplar desarrollo de sus actos. Ahí tenemos algo de lo mejor que podemos ofrecer a los niños de Cuba, al evocar a Martí.

Aquel grande hombre quiso que se hablara siempre con la verdad ante la vista, que se excluyera el engaño en las relaciones humanas, que se viviera bajo la luz para que todos conocieran y respetaran la limpieza de la conducta y la sinceridad en las intenciones. Aquel hombre empezó así a los diez y seis años a no mentir, y a padecer en el Presidio por su lealtad, por su concepto diáfano del honor. Y ya en lo sucesivo no fue otra cosa que una conducta recta y firme encaminada a la finalidad sola de combatir en todas las tierras por la dignidad del hombre.

Lo que hizo luego, lo que estudió y escribió después de haber trabajado en las Canteras de San Lázaro, en el propio sitio donde hoy podemos visitar la “FRAGUA MARTIANA”; lo que hizo en el largo y heroico trayecto ascensional desde la adolescencia hasta la dolorosa acción de DOS RÍOS es únicamente una continuación del encuentro con su voluntad de sacrificio, nacida en tan corta edad y sostenida sin desmayo ni vacilaciones.

Restos de las antiguas canteras de San Lázaro.
Hay que llegar al conocimiento de esa verdad para sentir a Martí en sus justas proporciones, para amarlo y comprender la trascendencia de su obra y de su vida. Y aunque parezca al pronto fuera de la comprensión infantil un breve apunte sobre la serenidad en Martí, no creo que pueda escapar a las inteligencias nacientes el valor que tiene la actitud mental de nuestro LIBERTADOR como determinante de la conducta.

Fue en el Colegio de San Pablo, bajo la mirada paternal de Don Rafael María de Mendive, que Martí se sintió buen discípulo de aquel mentor extraordinario, Patriota altivo y generoso. Ya no podía torcer el rumbo de una existencia plena de lecciones de virtud. Estaba obligado con él mismo, y éste es un deber que no ha de eludir un hombre si lleva como norma primera la del propio respeto, y si aspira a no encontrarse jamás en un examen íntimo inferior a lo que crea ser.

En la niñez y en la adolescencia se forma ese concepto de la propia personalidad. Si hemos tenido la suerte de descubrir ese concepto y tratamos de ceñirnos a él mientras dure nuestra vida, habremos hallado una maravillosa fuente de serenidad. No será difícil que se comprenda ahora el ejemplo de la serenidad en Martí, de su gran serenidad espiritual en medio de las contiendas, de las pasiones, de las contingencias y alternativas en que vivió y sufrió. Estaba construido interiormente con una solidez tal, que podía resistir los embates de toda índole, los de afuera y también los de su natural condición de hombre.

Martí en Key West, Florida.
Con ese estado de conciencia fue hallando al través de su peregrinar por el mundo una infinita cantidad de cosas que amar. “Nunca se canse de amar”, dijo una vez, y él mismo tuvo ese consejo como el mejor propósito para un ser humano. Donde otros veían solo un defecto, él vislumbraba una bondad. Y la historia nos dice que no se equivocaba. Los hombres en quienes confió no lo traicionaron, porque supo verles en el alma un tesoro de lealtad oculto para los indiferentes.

Aquel muchacho de mirada firme, marcado ya por el dolor llevaba consigo la luz de un deber que jamás se apagó en su alma. Fue dos veces Doctor, escribió libros, Revistas, Periódicos, habló en muchas tribunas ocupó Cátedras y aulas; fue Maestro, Periodista, poeta y llegó a ser uno de los escritores más notables del habla castellana, depurador del idioma, orientador del pensamiento americano, Cónsul, Diplomático, llegó siempre con un afán curioso de aprender en las Bibliotecas, en los Museos, en la vida. Viajó para saber como está hecho el mundo y como son los hombres que en él habitan. Y para amarlo todo mejor.

Y nunca se desentendió del ideal para cuyo servicio se había preparado y aprendido tantas cosas, por ese aprendizaje podía decir con verdad que él oía en el subsuelo, que sentía crecer la yerba, y sabía por lo tanto cual era el espíritu del Pueblo al que se había consagrado. Ese aprendizaje le dio los modos de tratar a sus compatriotas, de probarles su amor y su desinterés, de encausar las voluntades y hacer que se quisieran entre ellos los Cubanos de la Emigración, para orientar así juntos a los que en la tierra oprimida esperaban el momento de volver a pelear.

La muerte de Martí en Dos Ríos, de Esteban Valderrama
No podía él realizar una obra de magnitud tan colosal, sin tener como escudo contra las tempestades exteriores la fuerte virtud de su serenidad. Se diría que Martí vivió con el cerebro en alto y con el pensamiento fijo en las cumbres. No podía él realizar una obra de magnitud tan colosal, sin tener como escudo contra las tempestades exteriores la fuerte virtud de su serenidad. Se diría que Martí vivió con el cerebro en alto y con el pensamiento fijo en cumbres que él no consideraba inaccesibles para los otros. Los que hablaban con él entreveían esas alturas, y se sentían mejores. Así es como nos lo describen quienes le conocieron y disfrutaron de su amistad. Porque fue amigo de todos los cubanos, y sobre ninguno expresó palabra ofensiva, ni aun sobre los que estaban en trinchera contraria.

Tampoco es posible llegar con decoro a tan depurados sentimientos, sin una enorme serenidad que permita ver más allá de los horizontes. Serena fue la vida de Martí. En el año de su Centenario se volvió a publicar toda su obra. Hay cartas y artículos, escritos en la vorágine de sus ajetreos revolucionarios, mientras esperaba un vapor para seguir su obra, o después de un discurso, o en medio de las gentes que acudían a conocerlo, que denotan la tranquilidad de espíritu más asombrosa.

Foto tomada el 28 de enero de 1899 en el homenaje que se le rindió al
Apóstol José Martí en su casa natal.
Pero sobre todo sus cartas de esos mismos tiempos, y los apuntes de un viaje. Quien escribió esas cartas y esos apuntes fue un hombre que vivió tocado de la pureza explicable en las almas infantiles y además en quienes se apartaron dignamente de la podredumbre, de la maldad, del deshonor, de la ignominia.  Ello fue posible por aquel impulso inicial de la adolescencia que lo hizo conocer el horror del presidio. Así pudo enfrentarse con la guerra y con la muerte, seguro de haber cumplido en todo instante el deber mayor de ser útil, de amar a los hermanos.

La lección de Martí; entre otras muchas, es que vivió sin dejar de ajustarse al hondo sentido de una conducta moral inalterable, desde que supo toda la amplitud del deber y toda la grandeza callada del sacrificio. Estaba convencido de que no hacía labor estéril, porque su ancha sabiduría le enseñaba que el hombre anhela siempre lo más noble y que trabajar en esos empeños es lo único que merece los afanes y la inteligencia de los grandes directores de Pueblos.

A medida que pase el tiempo se verá más alto a Martí, y entre las facetas múltiples que encontraremos en él estará bien definida la serenidad de conducta que fue valladar de pasiones y remansada fuente de pureza y de tranquilidad moral.

Y para finalizar, recordando las brillantes palabras pronunciadas en el discurso central, por el I. Hno. García en los valles de la Respetable Logia “LAZO DE UNIÓN” de Cruces el día 16 de Diciembre ppdo, donde se rindió homenaje de recordación a los Mártires de la BATALLA DE MAL TIEMPO, quiero repetir aquel brillante pensamiento del Apóstol.

Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la Plata en las raíces de los Andes.

Muchas gracias queridos hnos.


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(*) Este discurso fue una de las prendas que heredé de mi abuelo, y después de muchísmos años en mi poder he decidido publicarlo en El Tren, creo que él debe estar sonriendo por esta idea. Al parecer este discurso lo leyó en la Logia “Rayos y Soles de Martí”, de Aguada de Pasajeros, donde él fue Gran Maestro. Las hojas están escritas en su inconfundible máquina Underwood portátil y tienen además la firma y la fecha.


(**) Antonio María Gómez Mesa (1905-1982) fue ferroviario durante casi toda su vida, jefe de estación en muchos lugares de la geografía cubana, aunque yo solamente recuerde San José de los Ramos, Calimete y Yaguaramas. Su pasión por la lectura le permitió adquirir una vasta cultura, fundamentalmente sobre la historia de Cuba. Agnóstico, tolerante y nacionalista militó en el Partido Ortodoxo siendo un ferviente admirador de Eduardo Chibás. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

LOS VIEJOS VIAJES SIN RETORNO Y LAS NUEVAS FALACIAS DE IDA Y VUELTA

Disimulando el crimen

El atolladero de ideas está muy bien compuesto en el artículo que publicó La Jiribilla, en él se proclaman al mismo tiempo la libertad de regresar a Cuba y la imposibilidad de expresarse en contra de quienes ostentan el poder allí.

El arroz con mango que hay en “la batalla de ideas” que “libra la revolución cubana” es a veces tan obvio que resulta patético. El uso de falacias, medias verdades, retruécanos y callejones sin salidas en el discurso oficial se han establecido como la norma, o como la fundamentación de un cuerpo de ideas en el que cuesta saber quien ha muerto primero, si el ser o la conciencia. Y todo esto, claro está, se dibuja y desdibuja en los medios de información, los que están “destinados” por el castrismo a “legitimar la verdad”.

En un artículo firmado por Pedro de la Hoz y publicado por la página La Jiribilla, aprecio una magnífica lección de todo esto, y si bien es cierto que en toda la prensa oficial cubana se siguen las mismas pautas, este trabajo tiene la maestría de un sobreviviente de la época de la hoz y el martillo, de un periodista de largo oficio, capaz de sintetizar las normas, descifrar las señas que emanan del poder y transmitirlas como “verdades legítimas”.

En los primeros dos párrafos se lee, cual si no pasara nada, que hoy debería tener el mismo significado que un cubano emigrara a los Estados Unidos, como que un norteamericano lo hiciera a Suiza. He aquí un señuelo para que el lector “descubra” un postulado que no se compadece con la realidad; entre otras razones, porque el lector sabe de sobra que Estados Unidos y Suiza no están confrontados políticamente, pero Cuba y los Estados Unidos sí.

En el párrafo siguiente el articulista nos descubre que ese diferendo político existe y, “diciendo las cosas por su nombre” -es decir, con la “legítima verdad”-, nos revela “que esa divergencia ha estado instigada por los enemigos del “Estado revolucionario”, y concluye contundentemente estableciendo que esos enemigos lo han hecho “con la intención de regresarnos al pasado”.

He aquí tres falacias duras; la primera, se puede establecer porque el articulista no es dueño de la verdad, sino en todo caso de sus propios criterios y opiniones; la segunda, porque el diferendo no ha sido ni es instigado por los enemigos del “Estado revolucionario”; y tercero, porque la intención de quienes en realidad lo que hacen es oponerse a la política de un caudillo no puede regresarnos al pasado.

La otra gran falacia que se desprende de todo este andamiaje de ideas es la que trata de afirmarnos que ha sido desde los Estados Unidos de donde salieron todos los males de los cubanos que residen en la isla. Pero no fue en el país del norte donde surgió la idea de expropiar todas las empresas nacionales y extranjeras que apuntalaban la economía en Cuba, no fue el vecino del norte quien impuso a la isla durante más de medio siglo los dislates políticos y económicos que han llevado a la sociedad cubana al deplorable estado en el que se encuentra hoy. Lo que ha sucedido en Cuba es de la absoluta responsabilidad del llamado “Estado revolucionario”.

Pero además sucede que el llamado “Estado revolucionario” no debería ser más que Estado, el adjetivo sale sobrando porque es ese adjetivo, precisamente, el que mantiene a Cuba como país fuera de toda modernidad, es el llamado “Estado revolucionario” el que desprecia con violencia a todos los que no están de acuerdo con sus dictados, es el llamado “Estado revolucionario” el que denigra y persigue a los ciudadanos que reclaman su derecho a expresarse libremente, es el llamado “Estado revolucionario” el que pretende ejercer todos los poderes hasta las calendas sin dar el menor espacio a la oposición, ni siquiera el espacio del reconocimiento, es el llamado “Estado revolucionario” el que estigmatiza, descalifica y empareja a los opositores con el enemigo extranjero, como lo hace en su artículo el señor de la Hoz.

Fue el ex máximo líder el gran creador de todo ese mar de olvidos y descalificaciones, fueron las persecuciones que se derivaron de sus palabras en la Biblioteca Nacional en 1961 y las pronunciadas diez años después en el Congreso de Educación y Cultura las que sepultaron a miles de artistas cubanos, fue de sus ideas y acciones caprichosas de donde surgieron los crímenes de lesa cultura, fueron sus “palabras orientadoras” las que compelieron a una parte de la sociedad fanatizada a deplorar a los artistas, a temer sus opiniones y a aplaudir cuando eran cortadas, encarceladas y desterradas.

Gracias a la llamada "revolución cubana", en Cuba no hay manera de salir del atolladero ideológico. Quien manda ahora, adelantado seguidor del Dr. Moreau, no está en la menor disposición de acatar las normas de la convivencia en libertad, algo que está por descontado en Suiza. Para quien hace las normas de conducta en la isla, su misión divina es dictar y los demás están obligados, so pena de ser irrespetados -es decir, sufrir la violación de todos sus derechos-, a copiar y repetir. Así nos lo hace saber una vez más el sobreviviente de la Hoz, pero trata además de pasarnos gato por liebre -en un intento abyecto de profanar nuestras inteligencias-, al comparar  las libertades que se gozan en Suiza con las que se gozan en Cuba.


El atolladero de ideas está muy bien compuesto en el artículo que publicó La Jiribilla, en él se proclaman al mismo tiempo la libertad de regresar a Cuba y la imposibilidad de expresarse en contra de quienes ostentan el poder allí. Y así lo dice el articulista: "Nadie les va a pedir a aquellos que se retracten, ni una militancia impostada, solo se les demandará respeto". Y no hay que ser muy listo para comprender que en este contexto "respeto" es sinónimo de SILENCIO.

viernes, 13 de diciembre de 2013

MATAR LA CATARSIS Y REHABILITAR A LOS MUERTOS

Disimulando el crimen

El desprecio por todos los que se fueron, el insistente repudio del ex máximo líder contra todos los que intentaran adversarle, sembró en la sociedad cubana un asco visceral contra una enorme porción de la cubanía.

Que sea noticia un artículo publicado en Cuba acerca de un músico cubano que vivió sus últimas glorias profesionales en el exilio, es la noticia de la incorrupta perversidad de un sistema. Rehabilitar sin más rodeos que el olvido a quien ocultaron por todos los medios durante décadas, es disimular un crimen.

En toda su andadura, el castrismo ha exhibido un profundo respeto por sus actos, sobre todo por los más repudiables; entre ellos, la sostenida represión a todo acto capaz de producir catarsis en el grupo más allá del control oficial. Y como esas catarsis les son dadas por naturaleza a los creadores de imágenes e ideas, a los artistas, a los escritores capaces de crear opinión en el grupo, pues la opción desde el principio fue sepultar en el olvido o la cárcel a todos los que decidieron opinar en contra.

Con “claridad meridiana” el castrismo impuso la figura de “traidor” a todos los que por hache o por be decidieron rehacer sus vidas fuera del alcance de lo que se veía venir y que cayó demasiado pronto sobre la isla: la debacle total.

El desprecio por todos los que se fueron, el insistente repudio del ex máximo líder contra todos los que intentaran adversarle, sembró en la sociedad cubana un asco visceral contra una enorme porción de la cubanía, aquella que, guardada en miles de profesionales del arte y la cultura, se fue de Cuba.

Ese crimen de lesa cultura propició que las generaciones formadas por la llamada “revolución cubana”, desconozcan esencialmente la potencia y el reconocimiento internacional que tuvo su patria antes de 1959, renombre que, como marca país, no se sostenía precisamente sobre los pilares del vicio, como le ha gustado decir al ex máximo líder, sino sobre un montón de virtudes y una contundente cultura musical y artística.

Ellos, los castristas, prefieren los muertos, así lo han demostrado en decenas de oportunidades. Así permitieron nombrar públicamente después de muertos; entre muchos otros, a Ernesto Lecuona, Celia Cruz y Julián Orbón, a quienes se les ha negado por décadas el sitial que ganaron con sus obras.

Muchos son los nombres que aparecieron en la segunda edición –porque en la primera no “fue posible”-, del Diccionario de la música cubana, biográfico y técnico, de Helio Orovio con los que no se ha saldado aun la deuda de gratitud por sus obras, nadie ha pedido el perdón necesario por el crimen, nadie desde las alturas del Comité Central o desde las columnas virtuales de “Cubadebate” ha reconocido la devastación que tales censuras provocaron en la cultura cubana.


Por eso, hablar a estas alturas de Ñico Membiela, sin denunciar a sus censuradores y sin demandar el reconocimiento oficial del atropello cometido contra él y todos los que se fueron, es disimular un crimen de lesa cultura cual si no pasara nada.



domingo, 20 de octubre de 2013

OFERTA, DEMANDA, PRECIO, COSTO Y GANANCIA

En Cuba, una de las economías más pobres del mundo, el dólar y el Euro valen menos que el CUC, una moneda ficticia, sin el menor respaldo en divisas y que, fuera de Cuba, no sirve para nada.

El cuento del “propista” y los cambios en Cuba

Jugar con la cadena y dejar al mono tranquilo, andar por las ramas, evadir las verdaderas causas de los conflictos sociales, económicos y políticos, y no denunciar a los culpables de los desastres se ha convertido en Cuba en una filosofía de vida que entre otras aberraciones ha provocado la doble moral que desmorona a la sociedad cubana en nuestros días, ha entronizado la cautela y la autocensura como mecanismos del instinto de conservación.

Así lo puedo percibir, por ejemplo, en los comentarios de los participantes en El Segundo Congreso de la Asociación Hermanos Saiz, la Mesa Redonda dedicada a la reestructuración de la Enseñanza Artística Profesional y en las infinitas quejas de la población por los precios de los productos agrícolas.

Nadie menciona públicamente -o al menos ningún medio es capaz de reproducirlo-, que la causa fundamental que desquicia toda actividad son los paupérrimos salarios en la isla y la incapacidad del llamado Estado, que monopoliza todas las actividades económicas, para realizar un reajuste salarial que ponga a los ciudadanos en condiciones de enfrentar los precios reales de los productos que componen su canasta familiar y realizar con mayor eficiencia su labor y producir riquezas como empleados públicos, cooperativistas o cuenta propistas.

Por ninguna parte se ha mencionado, durante los últimos 54 años, que el desastre original está en la abolición de la propiedad privada y la implantación en su lugar de sistemas económicos fallidos, todo lo cual fue idea única y exclusiva del ex máximo líder Fidel Castro y que, como despeñándose por un barranco, sobrelleva su hermano como parte de la herencia del poder.

En las reuniones oficiales a nadie se le ocurre exigir una reforma o reajuste salarial al llamado Estado Cubano que monopoliza vidas y haciendas, sino que se demoniza por todos los medios a los productores, a los empleados, a los burócratas, a los ciudadanos o a cualquier otra figura, quienes en todo caso son víctimas también del naufragio, porque ellos igual que toda la población pagan en la llamada “moneda convertible” o CUC y cobran el monto sustancial de sus salarios en pesos cubanos o CUP, y, como si fuera poco, ese llamado CUC se compra y se vende oficialmente a precios irracionalmente ficticios, acomodados para suplir con impuestos la ineficiencia económica del sistema. En Cuba, una de las economías más pobres del mundo, el dólar y el Euro valen menos que el CUC, una moneda ficticia, sin el menor respaldo en divisas y que, fuera de Cuba, no sirve para nada.

A nadie se le ocurre, por instinto de conservación, exigirle a Raúl Castro que decrete un reajuste salarial general y que desaparezca una de las dos monedas que circulan en la actualidad, a nadie se le ocurre exigir públicamente que los salarios sean pagados en CUC, la moneda en que los ciudadanos están obligados a pagar la canasta familiar real.

A nadie se lo ocurre exigirle a Raúl Castro que propicie la inversión en el país de los cubanos residentes en el extranjero. Nadie ha sido capaz de exigirle públicamente que contribuya con la conformación de un Estado de Derecho que asegure la inversión tanto de nacionales como extranjeros. Nadie, fuera de la oposición estigmatizada, perseguida, aislada y no reconocida, se atreve a jugar con el mono.

A nadie se le ocurre denunciar en esas reuniones oficiales, en las que se pregonan con obstinación los cambios, que los salarios en Cuba están por debajo del nivel de pobreza, puesto que la gran mayoría de los empleados y pensionados ganan menos de un dólar diario, es decir, menos de 25 pesos cubanos al día. A nadie se le ocurre exigir, por temor a ser tildado de “contrarrevolucionario”, que el salario mínimo sea por lo menos de 700 pesos cubanos, unos 28 CUC mensuales.

Nadie ha sido capaz, por instinto de conservación, de exigirle a Raúl Castro, como máximo responsable de todo lo que sucede en Cuba, que no trastabille más en los mal llamados cambios, tal como ha sucedido con el recién denegado permiso para importar y vender ropa por emprendedores privados, un negocio que estaba en pleno auge y que tendrá que continuar como estuvo siempre, clandestino, porque el máximo responsable del llamado Estado Cubano, Raúl Castro, es intocable de toda "intocabilidad" y donde dijo “digo” dice “Diego” y aquí no ha pasado nada, porque, por instinto de conservación, quienes participan en esas reuniones oficiales no se atreven a jugar con el mono, porque conocen de primera mano que la multiplicación por cero existe en Cuba desde hace más de medio siglo, porque saben que el costo de enfrentar la verdad siempre es superior a las ganancias.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL CORO DE ROBERTO CARCASSÉS SIGUE SONANDO

El son de la destrabazón

Algo está fallando en la oposición y algo está haciendo muy bien la dictadura para que el pensamiento social cubano esté trabado de esa manera. 
El bloqueo mental que provoca el instinto de conservación en muchos cubanos es letal, se atreven a utilizar cualquier epíteto excepto dictadura para cualificar a la clase que ostenta el poder en la isla desde hace más de 54 años. Ese instinto de conservación ha matado, en la gran mayoría de la sociedad cubana, la posibilidad de aprehender que las dictaduras son inadmisibles, irreformables y deben ser derrocadas. 

En Cuba la clase dominante puede tolerar que la gente sea cualquier cosa menos "contrarrevolucionaria" porque sabe que ese supuesto, real o potencial "contrarrevolucionario" saltó o está al tris de saltar al siguiente escaño del pensamiento y descubrir que la llamada "revolución" no es más que una dictadura, y que él en realidad tiene el derecho de estar en contra de ese poder omnímodo y de cualquier poder político, que no puede ser un “contrarrevolucionario” que en todo caso sería un opositor y que tiene el derecho, además, de denunciar las violaciones que esa dictadura ha cometido durante más de 50 años. Por eso a los estigmatizados como “contrarrevolucionarios” los persiguen, los acorralan y procuran multiplicarlos por cero. Por eso, es difícil admitir que uno es un “contrarrevolucionario” y por instinto de conservación se utilizan infinidad de eufemismos para calificar la realidad circundante.

El coro de Roberto el día 12 en el "protestódromo" y los coros que le han seguido hasta ahora así lo demuestran. Algo está fallando en la oposición y algo está haciendo muy bien la dictadura para que el pensamiento social cubano esté trabado de esa manera. Quizás el dogma y la fe inculcada han paralizado el cuerpo de la sociedad, la que solamente es capaz de asumir sus pecados cuando sorpresivamente salta al otro mundo, en un éxodo masivo o de uno en fondo. 

Quizás esta ánfora de Pandora que destapó Roberto Interactivo no se cierre como otras que se abrieron antes, ojalá que contribuya a destrabar el pensamiento y la sociedad cubana esté al tris de asumir los epítetos correctos para calificar la "realidad objetiva". Ojalá que este sea el son de la destrabazón.


martes, 17 de septiembre de 2013

EL CORO DE ROBERTO CARCASSÉS PARA NO CUBANOS

Pistas para comprender algunos términos de la neo lengua cubana

Lo que en realidad es una crisis profunda y sin salida, en Cuba Fidel Castro le llamó "período especial en tiempos de paz"; lo que es en realidad una Ley de Embargo sobre las propiedades de una dictadura, Fidel Castro le llamó "bloqueo contra el pueblo".

La noticia del coro de Roberto Carcassés, que ha cimbrado todos los medios en los últimos días, según he podido leer en algunos comentarios en redes sociales, no ha sido bien comprendida por algunos no cubanos, y eso es a causa de que en la isla, aunque se habla el castellano, algunos términos han sido objeto del vandalismo político-lingüístico. Así que trataré de enderezar algunos de estos tuertos.

Las dictaduras, como nos anunció Orwell, crean sus neo-lenguas y lo que en realidad es una crisis profunda y sin salida en cualquier lugar del mundo, en Cuba Fidel Castro le llamó "período especial en tiempos de paz"; lo que es en realidad una Ley de Embargo sobre las propiedades de una dictadura, Fidel Castro le llamó "bloqueo contra el pueblo"; quienes en realidad apoyan a un dictador, Castro les llamó "amigos de Cuba"; y lo que en todas partes sería una dictadura, Fidel Castro le llamó "gobierno".

Así, cuando Carcassés menciona que está en contra del “bloqueo”, pero también en contra del “auto-bloqueo”, es comprensible que los no iniciados en las neo lenguas tengan dificultades para captar la esencia de la expresión. El primer “bloqueo” al que se refiere el músico, como comenté, es una Ley de los Estados Unidos para sancionar la dictadura que inició Fidel Castro y que de manera dinástica heredó su hermano Raúl; y el segundo, el auto bloqueo, quiere expresar todos los impedimentos que ha puesto durante más de medio siglo la dictadura castrista ante los deseos de los cubanos de ejercer sus libertades ciudadanas, incluidas las libertades económicas, en las que al igual que las libertades políticas y cívicas, la dictadura ha sido infranqueable y ha impedido sin pausas y sin prisas todas las iniciativas individuales que pudieran constituir fuentes de riquezas individuales y colectivas.

Al abolir la propiedad privada y establecerse la dictadura como única propietaria de vidas y haciendas y asumir el monopolio de todos los rubros del mercado, bloqueó el espíritu emprendedor de los cubanos, frenó las potencialidades individuales y quienes han querido hacerlas realidad han tenido que emigrar, y si bien es cierto que no todos lo han logrado, existen ejemplos suficientes como para poder afirmar que Cuba sería un país próspero, como lo fue hasta 1959, si la dictadura no hubiera bloqueado a los emprendedores dentro de la isla.

¿Y por qué la dictadura ha frenado a los emprendedores en Cuba? pues para conculcar las libertades que del comercio se desprenden y así tener el camino expedito para establecer la dictadura vitalicia y dinástica de la que disfrutan hoy los Castro y los allegados a su círculo de poder. 

De tal modo, Roberto Carcassés puede ser castigado a no presentarse más en público en toda la isla gracias al poder monopólico que ostenta el llamado estado cubano sobre todas las fuentes de empleo, algo absolutamente inconcebible en cualquier país democrático del mundo. Roberto Carcassés y todos los ciudadanos están a merced de un estado sin derechos, que tiene en sus manos todo el poder y lo utiliza para bloquear el acceso a la información y prohibir cualquier tipo de oposición, y es a eso que Roberto llama auto-bloqueo.

domingo, 15 de septiembre de 2013

EL CORO DE ROBERTO CARCASSÉS

Los cambios en Cuba

Acuérdate que siempre quiero. Libre acceso a la información, para tener yo mi propia opinión. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Yo quiero elegir al presidente por voto directo y no por otra vía. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Ni militantes ni disidentes, cubanos todos con los mismos derechos.


Este es parte del texto por el cual ha sido suspendido de los escenarios de toda Cuba el músico Roberto Carcassés. Quizás las autoridades del Instituto de la Música, quienes le han dejado en la calle desempleado por tiempo indefinido, hayan descubierto en esto un mensaje subliminal o críptico que yo no puedo descubrir, es cierto que aun no han calificado la falta o el crimen cometido por el músico -y quizás, como en muchos otros casos, nunca lo hagan-, pero algo muy grave deben haber descubierto los ejecutores del poder en Cuba para llevar a la hoguera en la plaza pública, a quien ha sido capaz de colmar todas las plazas con los seguidores de su música.

Entiendo que es una demostración más del fraude que constituyen los proclamados cambios y actualizaciones, es una prueba más que fehaciente de que Cuba no cambiará mientras la dominen quienes la han devastado. 

Vale la pena que los llamados "Amigos de Cuba" lean estos mensajes, claros y fuertes, que dan las autoridades cubanas. Vale la pena que quienes desde el exilio creen que podrán jugar con el mono, lean en estos mensajes las señales que da la clase dominante cubana a quienes no se conforman con jugar solamente con la cadena. Vale la pena que quienes aun suspiran por los supuestos cambios en la isla, acaben de comprender que estos nunca se producirán mientras perdure en ella el poder vitalicio y dinástico. .



Texto íntegro de la improvisación:


Este coro es facilito
Y todos lo pueden hacer
Porque somos cubanos 
y queremos muchas cosas
Queremos que regresen nuestros hermanos 
Y muchas cosas más
Y el coro dice así… uno… dos… tres…
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Yo quiero que liberen a los cinco héroes
Y que liberen a María eh
Sí, a María…
Acuérdate que siempre quiero.
Libre acceso a la información, para tener yo mi propia opinión.
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Yo quiero elegir al presidente por voto directo y no por otra vía.
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Ni militantes ni disidentes, cubanos todos con los mismos derechos.
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Que se acabe el bloqueo…
… y el autobloque
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Y si ya tengo la carta
Y qué volá con mi carro
Quiero, acuérdate que siempre quiero
Yo quiero que liberen a los cinco héroes 
Y que liberen a María.
Quiero, acuérdate que siempre quiero".


LOS TEATROS EN CUBA COLONIAL Y REPUBLICANA:

Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo Teatro Albisu (1870-1918) En diciembre de 1900 volvió Brind...