domingo, 28 de septiembre de 2014

RUBÉN GONZÁLEZ ÁVILA: GUITARRISTA, PEDAGOGO Y PROMOTOR (2 de 3)

… algunos estaban muy escépticos conmigo, porque yo era muy joven, muy delgado y a algunas personas no les pareció que, por mi apariencia, yo fuera un músico respetable, pero eso comenzó a cambiar….

El primer concierto en Santo Domingo: los prejuicios y los juicios


AGS:
¿Cómo fue que llegaste a la República Dominicana?

RGA: Bueno, fue idea de la profesora Nereida Sánchez Tío, quien daba clases de guitarra en el Conservatorio Nacional de Música (CNM), en Santo Domingo. Entonces ella era la única profesora que había aquí. En ese centro de estudios, que estaba en esa época en la calle Rosa Duarte, esquina a Cesar Nicolás Penson, en Gazcue, también trabajaban, desde 1991, los Maestros cubanos Reinaldo Pérez, oboísta y Roberto Medina clarinetista, quienes vinieron contratados en 1991 para tocar en la Orquesta Sinfónica Nacional. La profesora Nereida les pidió que le recomendaran algún profesor que pudiera colaborar dando clases aquí y le hablaron de mí, entonces se hicieron los trámites de lugar y vine por primera vez en el año 1993. 

Vine invitado por el CNM, en la persona de Floralba del Monte, quien entonces era la Directora, y el objetivo era que yo impartiera algunas Clases Magistrales a los estudiantes del Conservatorio y a todos los que se quisieran sumar, fueran o no alumnos de la institución. Recuerdo que daba esas clases nada más que los miércoles, desde las dos de la tarde hasta la noche y aquello se llenaba, al punto que llegué a tener hasta treinta estudiantes en una clase. Entonces comenzaron a llegar personas mayores, profesionales de muy variadas carreras, pero que tenían la guitarra como afición y que no eran alumnos del Conservatorio… muchos de esos me han seguido hasta el día de hoy, algunos son mis amigos y siguen tomando clases conmigo.

Recuerdo que llegué a Santo Domingo un 21 de febrero de 1993, y el día 1 de abril, cuando llevaba aquí mes y medio hice mi primer concierto. Hasta ese momento, algunos estaban muy escépticos conmigo, porque yo era muy joven, muy delgado y a algunas personas no les pareció que, por mi apariencia, yo fuera un músico respetable, pero eso comenzó a cambiar cuando toqué en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional, donde estuvo presente don Julio Ravelo de la Fuente, profesor del Curso de Cultura Musical que ofrecía entonces el Teatro Nacional; Rafael Villanueva, director de la Sinfónica Nacional; doña Floralba y todas las autoridades de Bellas Artes. La sala estaba repleta y toqué un programa tremendo, muy fuerte, que resultó un éxito rotundo, una actuación de la que don Julio Ravelo escribió:

Sin duda alguna Rubén González Ávila es un guitarrista que hace honor a su patria, Cuba, posee todas las condiciones de un gran artista: Logra sacar a su instrumento una sonoridad de gran belleza y calidad; explota con destreza los recursos expresivos de la guitarra; utiliza los matices muy artísticamente; sus armónicos son brillantes y afinados; posee una depurada técnica que le permite ejecutar con gran nitidez los más difíciles pasajes de las obras que ejecuta. Si a todo esto le agregamos su gran sensibilidad musical, ¿qué más podría pedirse de un artista?

Después comenzaron a mirarme de otra manera. Fue a partir de ahí que también surgió la idea de que yo viniera a tocar con la Sinfónica. Villanueva y Ravelo se ocuparon de hacer los trámites para que yo viniera a tocar con la Sinfónica, así que me fui en julio de 1993 para Cuba, y la idea era regresar en 1994, pero sucedió que unos refugiados cubanos se metieron por la fuerza en la Embajada de México y ese suceso lamentable enturbió los trámites para mi visado. Entonces don Julio Ravelo habló para que se re programara el concierto y se cambió la fecha para septiembre de 1996, cuando finalmente se hizo efectivo mi viaje. Vine a tocar el Concierto Elegíaco, de Leo Brouwer, y el director invitado fue Álvaro Manzano.

El concierto fue el 18 de septiembre de 1996, y estando aquí, tuve una entrevista de trabajo con doña Floralba, quien me propuso un contrato como profesor del Conservatorio, ya no para dar clases magistrales como en años anteriores sino como profesor de la cátedra de guitarra. Porque ella necesitaba impulsar la guitarra, pero no tenía un profesor graduado, y el único que estaba como profesor en ese momento era Eulogio, porque ya en ese momento Nereida se había ido a los Estados Unidos a estudiar, porque ella también estudiaba chelo. Floralba necesitaba que alguien graduara a Eulogio. También estaba Scalfullery, quien también se fue a estudiar al extranjero.

Yo acepté la propuesta, pero antes de comenzar formalmente como profesor de la cátedra de guitarra del Conservatorio se reactivaron las clases de los miércoles con el auspicio de la entonces Secretaría de Educación que era la que atendía las instituciones culturales, y volvieron muchísimos estudiantes, por lo que me quedé aquí hasta noviembre o principios de diciembre, cuando me fui a Cuba y regresé a Santo Domingo en enero de 1997 para firmar un contrato como profesor del CNM, y desde esa fecha hasta la actualidad he mantenido esa plaza.

AGS: ¿Qué te encontraste en el Conservatorio?

Al llegar me dieron dos estudiantes, uno que estaba por graduarse: Carlos Smith, a quien gradué y es profesor en la Escuela Elemental de Música y el otro que no terminó. Pero al primero que gradué fue a Eulogio, quien estaba como profesor de guitarra antes de que yo llegara.

Entonces comenzó la captación de estudiantes, también comencé a trabajar en la Academia Diná, comencé a hacer conciertos, el público que me había conocido en los viajes anteriores se enteró que yo estaba de regreso y los conciertos se llenaban. Los conciertos en el Conservatorio se llenaban siempre, y por otra parte mi clase también, incluso llegué a crear una orquesta de guitarras, que no existía, y era la base para la práctica de conjunto que no se daba como asignatura, no se daba tampoco Historia de la Guitarra y comencé a darla también como asignatura que se imparte hasta el día de hoy.Tuvimos una orquesta de dieciséis guitarras, aunque había veinticinco estudiantes en la cátedra, pero los que podían tocar en la orquesta eran dieciséis. En estos años, 98, 99 también comencé a trabajar en el ICA en Santiago de los Caballeros, y lo mismo que hacía en la capital lo hacía en Santiago, tanto desde el punto de vista docente como mis conciertos, y todo eso ayudó a promocionar la guitarra. En total estuve ocho años trabajando en el ICA, y en el año 2000 me di a la tarea de crear el Primer Concurso Nacional de Guitarra.

AGS: Antes de que me hables del Concurso. ¿Cuántos estudiantes graduaste de guitarra en todos esos lugares en los que trabajaste? 

RGA: Al primero lo gradué en 1999, fue como te dije, Eulogio de Jesús Fernández, quien sigue siendo profesor del Conservatorio; y al año siguiente a Carlos Smith. En Santiago tenía muchos estudiantes y de ellos gradué a cinco. Allá sucedió que había un profesor cubano, Huber Ellis, quien se fue a vivir a otro país y antes me recomendó para ocupar su plaza. En el ICA gradué a Oscar Almonte, que hoy es profesor de ese mismo centro de estudios. Carlos Zapata, quien se fue a los Estados Unidos donde también terminó sus estudios de guitarra, y trabaja en el ICA actualmente como profesor y es especialista de música en el Centro León de Santiago. Isidro Ureña, que lo envié a estudiar a Ámsterdam, al Conservatorio de Holanda y se graduó. Isidro es un caso muy peculiar, él no pasó el examen teórico pero hizo un examen de guitarra tan bueno que lo admitieron, así que esa es una de las cosas que me llenan de orgullo. Jesús María Rodríguez, a ese lo mandé a estudiar en La Habana, y hoy es músico profesional, toca con varias agrupaciones populares y también fue profesor. 

Aquí en Santo Domingo he graduado, además de a Eulogio y Smith, a Felipe Báez, quien también se pudo graduar en una universidad en New York. Anthony Ocaña, quien está haciendo carrera como guitarrista en el extranjero. Karel Kalaff, que vive en Inglaterra y Eduardo Domínguez, que es profesor en varias academias de música. Esta es más o menos la lista de los estudiantes que he graduado.

AGS: En Cuba también trabajaste en la enseñanza, ¿llegaste a graduar a algún estudiante?

RGA: Sí, trabajé en la enseñanza, dos años en Holguín y después me fui a Matanzas como ya te dije, pero no gradué a nadie porque trabajaba en el nivel elemental y en la Escuela de Superación Profesional, aunque sí varios estudiantes míos obtuvieron premios en concursos.

AGS: Entonces, resumiendo, has graduado a diez estudiantes, con tu trabajo propiciaste que aumentara la matrícula en la cátedra, a tal punto que pudiste crear una orquesta de guitarras, incluiste en el currículo del Conservatorio las asignaturas Historia de la Guitarra y Práctica de Conjunto, y además, el método que has utilizado es el de la Escuela Cubana de Guitarra, me refiero a los métodos, las metodologías, el repertorio, con lo que te conviertes también en el promotor de esa manera de tocar en la República Dominicana. ¿Es así?

RGA: Así es. 

AGS: Esta entrevista continuará…

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

SE HA IDO MATEO SAN MARTÍN, UN DISQUERO DE FÁBULA

Con Mateo San Martín en Casa de Campo
Según la nota de prensa, el disquero y empresario cubano-americano Mateo San Martín falleció el pasado lunes 22 de septiembre, a las seis de la tarde a la edad de 84 años en la Ciudad de Miami.
A Mateo me llevó el interés por sus discos, por lo que el sello Kubaney fue capaz de tener en sus colecciones. Un día entré en la tienda Incredible CDs, una de sus últimas aventuras mercantiles en Santo Domingo, y quedé gratamente sorprendido al encontrar mucha música cubana de la que fue borrada en la isla junto con sus autores e intérpretes, cuando estos se fueron al exilio.
Allí en la tienda conocí Mateo San Martín y me atreví a proponerle la idea de reseñar sus discos en los periódicos en los que entonces me publicaban, y sin pensarlo dos veces agarró media docena y me dijo: “Empieza con estos”.
A partir de entonces pude charlar con él alguna que otra vez y comprendí que había sido un hombre de negocios, sin grandes conocimientos musicales, pero con gran tino para convertir el disco en una mina de oro. En su libro Disquero pone en blanco y negro muchas de sus historias en el negocio, en una época en la que el mercado de la música era muy competitivo, pero quien sabía hacer bien sus tareas podía obtener resultados millonarios.
A continuación, reedito la reseña que le hice al mencionado libro y que se dio a conocer en el periódico El Siglo hace ya catorce años.
UN DISQUERO DE FÁBULA
Una curiosidad bibliográfica salió al mercado y anda por los anaqueles de algunas tiendas de discos en la ciudad de Santo Domingo. Es un libro que seguramente llamará la atención de quienes de algún modo están ligados a la música, los músicos y el mercado del disco. Es un libro que tiene en sus páginas información de primera mano y que lleva por título: “Disquero”.
El autor de esta novedad es un pionero en su oficio, un hombre que se inició en la vida laboral cuando los fonógrafos y fonogramas comenzaban a llegar a los mercados del mundo. El autor de esta rareza es el señor Mateo San Martín, nacido en La Habana, Cuba, allá por el año 1930, quien comenzó a bregar en el negocio del disco cuando se comenzaban a vender los primeros artilugios capaces de reproducir la música con alta fidelidad, allá por los últimos años de la década del cuarenta.
Ya desde entonces, Mateo San Martín, quien apenas recién se había graduado de bachillerato y daba sus primeros pasos en el negocio, fue capaz de imaginar un mecanismo para incrementar las ventas de la compañía en la que estaba empleado, fue capaz de imaginar y poner en práctica algo muy común en el mercado moderno y que conocemos hoy como “especiales”. La anécdota está narrada en el libro “Disquero” con toda modestia y dicha así, como de paso, pero este suceso es una muestra del hombre visionario y del empresario sagaz que ya desde su juventud era Mateo San Martín. Visionario fue también cuando en 1959 pudo entender que, en Cuba, nunca más el disco volvería a ser lo que en la década pasada, tuvo la premonición de que ese artículo dejaría de formar parte de la vida cotidiana de los cubanos en los años por venir, y no se equivocó. Ya para entonces KUBANEY era un sello prestigioso fundado por Mateo San Martín, con un catálogo de más de veinte títulos. Fue en esa época y bajo esas premisas que el disquero cambió su residencia a los Estados Unidos y desde allí trabajó con lo más importante de la música bailable de América Latina.
En “Disquero” hay también anécdotas en las que se cuentan las andanzas de personajes protagónicos en el quehacer musical dominicano; anécdotas puramente de farándula, escándalos, amoríos, adoraciones, desplantes y todo tipo de sucesos acaecidos alrededor de Mateo San Martín.
Están contadas, con mucho amor y dolor, las frustrantes conductas adoptadas por el ídolo de multitudes Fernando Villalona, su proverbial informalidad, su relación con las sustancias tóxicas y cómo se convirtió en “El Mayimbe”. Están también contadas las estrecheces económicas del joven Johnny Ventura y sus resonantes triunfos por todo el mundo. Se narra también de cómo Cuco Valoy, ya en su segundo álbum, sufrió un ataque de “vanidad”. De los Hermanos Rosario y la tragedia de Pepe, quien fue apuñaleado por una admiradora. De cómo Pochy Familia y su Cocoband dio origen a Kinito y la Rokabanda.
“Disquero” es un cuento contado por el abuelo, es la historia de una vida y un oficio que nacieron y crecieron en la misma época. “Disquero” es una curiosidad bibliográfica que pasará, de los anaqueles de algunas tiendas de discos,  a las bibliotecas de estudiosos de la música americana,  a las bibliografías de futuros estudios sobre la música bailable americana. “Disquero” es un trabajo que, por su contenido, circulará tanto en manos de especialistas como de faranduleros.
Disponible en Incredible CD’s, Calle El Conde, Santo Domingo.
En Internet: http://www.kubaney.com
Publicado en Santo Domingo, el 22 de enero de 2000 en el periódico El Siglo 

viernes, 19 de septiembre de 2014

RUBÉN GONZÁLEZ ÁVILA: GUITARRISTA, PEDAGOGO Y PROMOTOR (1 de 3)

«Hiciste un papel tremendo y a mi entender debiste obtener un premio, pero así son los concursos» María Luisa Anido.

Niño que no llora… 
Durante más de dos décadas, el guitarrista Rubén González ha dedicado su talento pedagógico a la formación de instrumentistas profesionales en la República Dominicana. Profesor del Conservatorio Nacional de Música desde 1994 hasta la actualidad, ha conseguido que sus estudiantes alcancen niveles nunca antes experimentados, e incluso que algunos de ellos resultaran premiados en prestigiosos concursos internacionales, algo absolutamente inédito en la historia pretérita de la guitarra local.

Ha introducido la Escuela Cubana de Guitarra en el país y esto, por los resultados obtenidos, debe ser anotado, documentado y divulgado. Pero además de su labor como pedagogo, su persistente y sólida calidad como guitarrista de concierto le ha ganado un extenso público, y como para no dejar espacios vacíos, su capacidad organizativa la ha encaminado a la creación del Concurso y Festival de Guitarra de Santo Domingo, escenario en el que se han presentado importantes figuras del arte de las cuerdas pulsadas, y que ha servido fundamentalmente como plataforma para que los guitarristas noveles se abran paso en el difícil arte de la música de conciertos.

Y para que tan brillante labor no permanezca oculta, olvidada y sin documentar, aquí comparto, con todo el que esté interesado en la vida musical de esta media isla, una extensa entrevista que le hice al Maestro González y donde rememora algunos de los hitos más importantes de su vida profesional.

Antonio Gómez Sotolongo: ¿Cómo conociste la guitarra?

Rubén González: Mi abuelo por parte de padre tocaba algo de tres y guitarra, pero yo nunca lo vi tocar, ya él estaba muy viejito cuando yo lo conocí y no tocaba, pero un tío mío sí, un hijo de él tocaba guitarra. Además, todos en mi familia por parte de padre eran muy afinados, era una familia muy grande y se reunían a hacer fiestas en las que cantaban rancheras mexicanas, boleros cubanos, canciones popularizadas por los tríos puertorriqueños y toda esa música que entonces estaba de moda. Y fue con ese tío con el que comencé a fijarme en la guitarra. En realidad la guitarra que compraron mis padres era para mi hermano, pero a él no le interesó mucho y el tío comenzó a darme algunas clases a mí.

Todo esto sucedió en Holguín, en los primeros años de la década del 70, en el pasado siglo XX cuando yo era un niño de unos nueve años más o menos. Después de estos primeros pasos con mi tío, mi papá me puso a tomar clases privadas con un señor que se llamaba Guillermo Sánchez, quien era uno de los mejores profesores que había en Holguín, y aunque no leía música era muy bueno tocando la guitarra y enseñando.

No tengo idea de cómo lo logró, pero me enseñó mucho y llegó un momento en el que le dijo a mi papá que yo había aprendido todo lo que él me podía enseñar, y le recomendó que me llevara a la escuela de música, y mi padre le hizo caso, así que hice mi examen de admisión en la Escuela Provincial de Arte de Holguín y fui admitido, pero con tan mala suerte que entonces había un solo profesor de guitarra, que era Aldo Rodríguez, y no tenía cupo para darme clases, entonces me pusieron a estudiar saxofón con el objetivo de que al año siguiente me cambiaran, pero eso no me gustaba y duré solamente un mes, después no aguanté, no me gustaba el profesor, le hice rechazo.

Un día llegué llorando a mi casa y mi mamá habló con Aldo y consiguió que me admitiera, pero con la condición de que me haría una prueba de aptitud, resultando de todo esto que a pesar de que comencé el curso de guitarra casi dos meses después que los demás, fui el primero en terminar el método de Isaac Nicola, que era el que entonces se llevaba. Así que como dice el refrán: “Niño que no llora… no hubiera sido guitarrista”.

Después de terminar los estudios en Holguín me fui a Cubanacán (Escuela Nacional de Música ENA), en total pudimos pasar a La Habana tres de los estudiantes de mi grupo: Alejandro Puente, Lilliam Rodríguez y yo, y de esos tres el único que llegó al ISA (Instituto Superior de Arte) fui yo, y de todos los de mi grupo inicial el único que ha hecho carrera como guitarrista y profesor he sido yo.

Resumiendo, estuve en Holguín tomando clases con Aldo un año porque él terminaba el servicio social y se regresó a La Habana, entonces vino Alina Quesada, una profesora también de La Habana quien me dio clase por dos años. Después de eso, por algún problema que no recuerdo ahora tuvimos que continuar los estudios en La Habana, donde terminé el nivel elemental justamente con Aldo Rodríguez, el profesor con quien lo había comenzado, y con quien continué todo el nivel medio hasta que me gradué.

AGS: ¿Durante estos años de estudio participaste en algún concurso?

RG: Sí, estando en Holguín participé en concursos y en La Habana gané el Primer Premio del concurso Amadeo Roldán en 1982, en el que había obtenido un Tercer Premio en años anteriores. Terminando el Nivel Medio me fui a trabajar a Holguín donde estuve desde 1982 hasta 1984, después fui a Matanzas a trabajar y estuve allí desde 1984 hasta 1991. En 1985 ingresé al ISA y tomé clases con el Maestro Efraín Amador y en 1986 participé en el Concurso de Guitarra de La Habana, en el que no obtuve ningún premio. Pero en 1988 repetí la experiencia y obtuve el Premio a la Mejor Interpretación de una obra de Leo Brouwer.

El concurso de La Habana, en 1988, fue una experiencia muy bonita; entre otras cosas, porque aunque en casi todos los concursos está prohibido al público aplaudir, en el de La Habana siempre lo permitieron. Y por eso me sucedió algo inolvidable durante mi participación en la primera y la segunda vuelta de ese concurso, algo que yo no recuerdo haber visto nunca, creo que lo más parecido lo vi en el Primer Concurso cuando Pellegrini tocó una pieza de Barrios Mangoré, muy rápida, y la gente aplaudió muchísimo, pero no recuerdo que se pusieran de pie; sin embargo, en mi caso, en la primera y la segunda vuelta, el público del Teatro Nacional aplaudió de pie. Entonces yo no me daba cuenta de lo que estaba pasando, no me daba cuenta. Entonces llegué a la final, donde toqué el concierto de Giulliani con la Camerata Brindis de Salas, bajo la dirección de Tomás Fortín, que fue mi primera experiencia con orquesta, y tengo que subrayar que Fortín fue muy gentil conmigo y me ayudó mucho. 

Ese concurso fue para mí uno de los más fuertes, porque ahí estuvieron guitarristas que hoy en día son de los mejores del mundo. Con la excepción de Per Skaren, de Suecia, que no sé dónde se ha metido, todos los demás finalistas de aquella edición han hecho carrera y se mantienen activos; ellos son, Aniello Desiderio, de Italia; Antigoni Goni, de Grecia; Alexander Swete, de Austria, Jozsef Eotvos, de Hungría; Joaquín Clerch, y yo. Éramos siete finalistas. 

Tengo muchos recuerdos bonitos de ese Concurso… te digo lo que me pasó: después de aquella presentación muchos amigos míos vinieron al camerino, recuerdo a Miguelito Núñez, el que después fue pianista de Pablo Milanés; Anabel, la que entonces era esposa de Miguelito, y otros más vinieron a saludarme y algunos venían llorando a abrazarme y yo no sabía por qué, y era de la emoción que sintieron al ver ese espectáculo… ahora comprendo que era muy fuerte ver aquel Teatro Nacional repleto aplaudiendo de pie… Pero yo estaba ahí, y no tenía consciencia plena de lo que estaba pasando. Recuerdo que también vino Aldo y me dijo: “Óyeme, Costas Cotsiolis ha hablado maravillas de ti”. Y Cotsiolis estaba en el jurado. 

Finalmente pasé, pero en la última vuelta me sucedió algo. Como era mi primera vez con orquesta, le presté mucha atención al director y para eso tenía que mover mucho el ángulo de la guitarra y al desviarla, el micrófono no recogía lo suficiente, no sé, pero no me dieron ningún premio; sin embargo, recibí elogios muy importantes de figuras como María Luisa Anido, quien integraba también el jurado en esa oportunidad. Ella me dijo: «Hiciste un papel tremendo y a mi entender debiste obtener un premio, pero así son los concursos». A pesar de todo, aquel concurso me abrió puertas y fue mi primer encuentro con algunos de los guitarristas más importantes de mi generación, y que, como te dije, hoy están entre los más destacados del mundo.

En 1991 me gradué del ISA con el Maestro Efraín Amador, y en 1992 participé otra vez en el Festival de La Habana. Entonces estrenamos el Concierto Andaluz de Joaquín Rodrigo. En aquella oportunidad estuvo la hija de Rodrigo como invitada de honor del Festival y tocamos la obra Aldo Rodríguez, Jorge Luis Zamora, Jesús Cantero y yo, con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Matanzas, bajo la dirección de la Maestra Elena Herrera. Eso fue en la Sala Avellaneda y fue un éxito tremendo, incluso la grabación está en Youtube. Después seguí haciendo mis conciertos, ingresé en la Agrupación Nacional de Conciertos y paralelamente trabajaba dando clases de guitarra en la Escuela de Arte de Matanzas. 

AGS: Esta entrevista continuará…

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martes, 19 de agosto de 2014

PAQUITO D´RIVERA Y EL CONCIERTO PARA SAXOFÓN DE BUSTAMANTE

Muy probablemente, a partir de este nuevo relumbre que ha tenido la obra, al ser interpretada por uno de los músicos más conocidos en todo el mundo, otros saxofonistas se interesen por disfrutar esa experiencia.

Crónicas domincanas
La historia de la música académica está llena de obras que en su estreno no tuvieron suerte ni con el público ni con la crítica, pero luego se convirtieron en parte incuestionable del repertorio de todas las orquestas del mundo, así como también han habido muchas que siendo recibidas con grandes reverencias, pasaron, en un abrir y cerrar de ojos, al olvido; por eso, cuando una obra de arte nos mueve el tapete, nos saca del curso tradicional, o nos llena de dudas, lo mejor es esperar a que el tiempo diga la última palabra.

El párrafo anterior no es más que un pie forzado para reflexionar acerca del Concierto para saxofón y orquesta de Bienvenido Bustamante, el cual siempre me ha parecido que tiene demasiada carga de música popular para ser un concierto académico y demasiados elementos académicos para ser música bailable.

Eso es por una parte, pero por la otra, no tengo dudas, desde la primera vez que lo escuché, que es una de esas obras que no admite indiferencias, cuando ella suena, suena, y es casi imposible voltear para otro lado, sobre todo si uno ha nacido por el Mar de las Antillas. Es una obra que se nos acomoda en el oído de principio a fin.

Las últimas experiencias ante esta pieza las tuve el pasado 13 y 15 de agosto, cuando el saxofonista Paquito D´Rivera la interpretó, primero en el Teatro Nacional Eduardo Brito y después en la Fortaleza Ozama en una fiesta popular.

El señor D´Rivera reúne lo mejor de lo culto y de lo popular, su formación académica es estricta y su gran solvencia intelectual le permiten descubrir las esencias de los estilos musicales, tiene una inagotable capacidad para improvisar y una depurada técnica que le posibilitan pasar por el instrumento todos aquellos complicados temas repentistas que su mente crea. 

Así, un artista con estas cualidades, ante una obra como la de Bustamante constituyó, a mi entender, un suceso importante para la obra, le dio una perspectiva diferente, trató de equilibrar las fuerzas de ambos estilos. Por una parte el señor D´Rivera fue estricto en la dicción, preciso en las digitaciones, incluso en los pasajes que exigen velocidades supersónicas -en los que la tradición popular convoca a tocar a grosso modo-, y la presencia de un sonido culto a través de toda la obra -incluso donde la tradición popular convocaría a romperlo-.

El hecho cierto es que la obra de Bustamante, se ha ido internacionalizando y eso le hace bien. Ha sido estrenada en Cuba y Chile por Miguel Villafruela, ha sido interpretada en la República Dominicana por algunos de los más importantes solistas de ese instrumento; entre ellos, Choco de León, quien la estrenó; Luis Ruiz, quien hizo una versión para flauta, Remy Vargas y Sandy Gabriel, y muy probablemente, a partir de este nuevo relumbre que ha tenido la obra, al ser interpretada por uno de los músicos más conocidos en todo el mundo, otros saxofonistas se interesen por disfrutar esa experiencia, la cual, dicho sea de paso, es todo un reto, porque la obra es demandante, y así, como quien no quiere la cosa, está llena de pasajes de ardua solución.

Además, la obra para saxofón y orquesta de Bustamante contiene esa exigencia extra a la que me he referido, entiendo que para abordarla con suerte es necesario equilibrar los lenguajes diferentes que se tejen en ella de manera feroz, de tal modo, que si el solista no se pone a tiro, le puede salir un baile en lugar de un concierto. 

PE.: No estaría de más que alguien comisionara la escritura académica de la güira y la tambora que lleva la obra de Bustamante, porque como es sabido, esos instrumentos folclóricos rara vez se escriben por el compositor, debido a que se tiene por descontado que en el patio siempre aparecerá quien toque de oído esos instrumentos. Pero sucede que cuando la obra sale del patio y llega a los atriles de otros países, en los que esos instrumentos no son conocidos, pues se arma la de San Quintín.

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viernes, 8 de agosto de 2014

EL ESPECTÁCULO DE UNA CIVILIZACIÓN SIN PARADIGMAS

Una cosa es democratizar el conocimiento de la cultura artística y literaria; y otra bien distinta, es pretender que las expresiones instintivas, al margen del yugo de las leyes estéticas, tienen por fuerza que suplantar la ética.

Uno de los recuerdos que con más devoción atesoro, es la curiosidad que me causaba ver a mi abuelo sentado ante el televisor escuchando los comentarios de Luis Gómez Wangüemert o los de Mario Kuchilán. Por supuesto, que todos los días a las ocho de la noche había toque de queda en su casa, y hasta mi abuela tenía que hacer mutis a la hora del noticiero, pero los comentarios internacionales de Wangüemert o Kuchilán ponían a mi abuelo en tensión. Quizás mi abuelo imaginaba preguntas  y respuestas -como es posible hacer hoy utilizando las llamadas redes sociales-, ante aquellos análisis. Me parecía entonces, que su atención a lo dicho en la pantalla le impedía verme o escucharme.

No recuerdo que me pidiera alguna vez que lo acompañara en aquellos momentos; sin embargo, su estado me obligó un día a sentarme junto a él y tratar de entender aquello que tanta curiosidad le causaba.

Un día él se fue, pero aquella costumbre de prestar atención, sobre todo a lo desconocido, se me pegó en la sesera, y quizás pude hacerme algunas de las preguntas que él se hacía ante aquellos dos comentaristas de gran fuste. ¿Cómo podría ser cierta la libertad de expresión, como afirmaba el entonces líder de la llamada “revolución” y proclamaban los mismos comentaristas, si ambos, Kuchilán y Wangüemert, eran militantes activos de la ideología oficial y ningún otro análisis en contrario podía acceder a los medios de información? ¿Cómo era posible que quienes pusieran en riesgo sus vidas, Kuchilán y Wangüemert, por una patria con todos y para el bien de todos carecieran de la sensatez suficiente como para darse cuenta de la traición y condenarla?

Acabo de leer “La civilización del espectáculo”, de Mario Vargas Llosa, con la misma atención que mi abuelo veía aquellos comentarios por la televisión cubana durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XX, y después de tantas preguntas y respuestas, puedo ver que ese olvidar o no tener ejemplos, paradigmas o caminos ciertos que enrumbar, es la médula de estos tiempos, en los que la Gironda no pretende ascender a las montañas, ni los valles tratan de aproximarse a las altas cumbres, sino donde la fama rápida, fácil y efímera, que enriquece lícitamente, se han convertido en el camino para mantenerse en el pantano y enaltecerlo. Y esta es una opción peligrosa, porque produce poderes desmedidos, muchos más que los adjudicados a los buenos ejemplos, los valores morales y las buenas costumbres. Es peligroso porque la balanza se va de un solo lado, la correlación de fuerzas entre el bien y el mal está descosida.

Los valles han pretendido, por intereses mezquinos de políticos y líderes inescrupulosos, hacernos ver que no existen élites, que en nombre de la igualdad debemos hacernos igualitarios, que en nombre de la libertad debemos hacer el libertinaje y en nombre de la fraternidad destrozarnos unos contra otros.

Eso que desde algunas importantes atalayas con desprecio llaman “élites”, no son más que los compartimientos estancos en los que durante siglos se conservaron, en las diferentes sociedades, las más importantes conquistas de la Humanidad. Sin embargo, como escribe MVL, “El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial al gesto, que importa más que sus valores y convicciones”, y los gestos de hoy van contra esas llamadas “élites”, porque supuestamente son la prueba de la “opresión”, cuando en realidad son la luz hacia la que deberíamos andar.

Una cosa es sacar a la luz todo el conocimiento que sobrevive, para que todos seamos iguales ante la oportunidad de acceder a ellos; y otra bien distinta, es fusilar públicamente el valor de sacrificarse personalmente para adquirir esos conocimientos y disfrutar de lo más depurado de las artes y la cultura. Una cosa es democratizar el conocimiento de la cultura artística y literaria; y otra bien distinta, es pretender que las expresiones instintivas, al margen del yugo de las leyes estéticas, tienen por fuerza que suplantar la ética. Una cosa es tener iguales oportunidades para adquirir los conocimientos; y otra bien distinta, es acusar y condenar por  “elitistas” a quienes con su aptitud y actitud aprehendieron lo necesario para ascender a las cumbres del saber.

Es muy común escuchar y leer aquello de “llevar el arte hacia las masas”, es un eslogan que da votos a los políticos y funcionarios que pretenden hacerse con el favor del llamado “pueblo”, y esto lo hacen sin darse cuenta -o quizás con pleno conocimiento de causa-, que con esto no están elevando el pueblo a las cimas del arte, sino todo lo contrario, están limpiando el arte de todas sus cualidades esenciales para ponerlo “a la carta” en la mesa de unos comensales que solamente tienen apetito ante el entretenimiento.

Lo esencial en las obras de los clásicos debería ser aprendido en las escuelas, pero eso no les va a los políticos ni a los líderes prosaicos, porque eso tiene costos que sobrepasan sus intereses personales. Y si esto se ve en los países de larga historia, en los que la Democracia y las ideas de República han calado profundamente, ¿¡cómo será en algunas de nuestras patrias, que por no dejar de olvidar, han olvidado ser  países para convertirse en paisajes!?

Quizás la Humanidad deba vivir un nuevo Renacimiento, esta vez sería un Renacimiento Posmoderno que nos convocaría a volver la mirada hacia el siglo XV. No sé si estaremos a tiempo, pero pensando que la Humanidad ha estado tantas veces al borde de la extinción, y constatando que la tozudez y la casualidad aun nos mantienen sobre el planeta, muy probablemente algún día, el sueño de que los valles se eleven hacia las cumbres se vuelva realidad. Y nunca más la ignorancia pretenda ahogar la Inteligencia Humana. Nunca más se les falte a los mayores, verdaderos recipientes estancos en quienes se conservan los valores más puros de la Humanidad.

Quizás debamos vivir un Renacimiento Posmoderno, para que nunca más se discrimine, acuse y condene a la élite en la que se condensa el saber de nuestras sociedades, donde se preservan los paradigmas sagrados del conocimiento.


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martes, 15 de julio de 2014

GRANMA FUNDAMENTA ADUANAZO

Para una estadística futurista
“En un año un pasajero importó, […] 41 monitores de computadoras y 66 televisores de pantalla plana. Otra persona trajo 34 impresoras, 58 monitores y 74 torres de computadoras, todo ello entre el 2011 y el 2014. […] un pasajero llevó en su equipaje 1 695 unidades de rodamiento y otro en el mes de marzo cargó con 400 […] bombillos intermitentes para motos; todas esas mercancías fueron decomisadas por comprobarse su carácter comercial.”
Si desapareciera en un cataclismo todo lo escrito entre 1959 y 2014 acerca de la economía cubana, y algún historiador del futuro descubriera este párrafo publicado en el tabloide Granma en fecha 10.07.14, llegaría rápidamente a la conclusión de que durante todos esos años la indigencia se salió de madre en la isla.
¿En qué lugar del mundo se pueden dar tales estadísticas?; pero peor aun, que éstas sean tomadas en cuenta para justificar la puesta en vigor de disposiciones que profundizarán aun más la debacle económica. ¿Cómo es posible que un monopolio se sienta superado por la insignificante importación que hace un reducido número de personas en sus equipajes?
Esas importaciones informales existen en todas partes del mundo, pero ningún empresario, ninguna distribuidora, ningún importador, nadie en el mercado se siente agobiado por estas nimiedades. En casi todos los países de nuestra América ese mercado informal existe, pero ni por asomo en las cantidades ridículas que publica el Granma, magnificándolas como si estas fueran la lanza contra el costado de Jesús, como si estas pacotillas significaran la causa de la indigencia económica de la isla.
Controlar la pacotilla que llevamos a Cuba los emigrados o los nuevos emprendedores cubanos no sería necesario si el Estado monopólico cubano hubiera sido capaz de producir riquezas suficientes y sostenibles, y esas impresoras, monitores, computadoras, papel sanitario, bombillos, zapatillas para grifos, tornillos, bisagras y todo lo demás estuviera en el mercado de la isla.
En la República Dominicana, por ejemplo, el mercado de pacas o informal ha llegado a cifras
Mercado de la pulga en Santo Domingo
que en realidad alarman a algunos comerciantes formales, pero eso no invita todavía a las autoridades a emitir decretos y disposiciones ridículas para regular la “pacotilla” que en cantidades irrisorias importan los dominicanos como equipaje. Según las estadísticas publicadas en el portal de la Internet
diario3.com “para 2011 entraron al país 22,515.1 toneladas métricas (TM) de pacas por un valor de más de RD$606.7 millones. Esto representó un volumen de 20,627.8 TM más que en 2005, cuando se trajeron 1,887.3 TM, y 920.2 TM menos que en 2010, cuando entraron 23,435.3 TM”.
En Cuba no existe ni siquiera el mercado de pacas, de lo que se trata allí es de las libras y los artículos que puede un pasajero llevar consigo como equipaje, y es verdaderamente dramático, que un cubano necesite pasar tanto trabajo y gastar tanto dinero para importar 41 monitores como equipaje, una carga, que ni por el peso ni por el volumen pudiera considerarse de provecho comercial en ningún lugar del mundo con una economía medianamente sana.
Esas importaciones informales son necesarias cuando el monopolio del mercado lo mantiene un dueño inoperante, incapaz de abastecer los artículos que satisfagan las demandas. Si el mercado cubano estuviera abarrotado de monitores, impresoras, computadoras, televisores, papel sanitario, cepillos de diente, fusibles, interruptores, niveles de burbuja, serruchos, planchas, rodamientos, etc., los cubanos no tendríamos que llevar o mandar, para comercializar o para simplemente avituallar a nuestros seres queridos varados en esa isla, cualquier cosa, porque sería muchísimo más rentable comprar todo eso allá.
Pero la enajenación de la realidad es tan colosal en la isla del Dr., que para la economía cubana el “pasajero” adquiere categoría de empresario privado, cuando no es más que un pasajero con sus maletas, y en todo caso un comerciante informal, y nunca ningún artículo en esas cantidades pudiera ser tenido en cuenta por el mercado. Por supuesto, que como el dueño monopolista de toda la actividad comercial es el dueño del estado, y ese dueño es incapaz de producir riquezas, se siente temeroso de ser puesto en ridículo con cada monitor o computadora que un Juan Pérez cualquiera es capaz de importar y poner en manos de 41 cubanos.
No hay que ser muy ducho en delirios para entender el estado de las cosas en la isla y sus causas, pero cada día comprendo más, que para quienes nunca la han sufrido, comprender estos dislates es una empresa inalcanzable. 

Si toda la literatura acerca de la economía cubana desapareciera, y solamente quedara ese párrafo publicado por el órgano oficial del PCC, sería fácil concluir que: “Hubo una isla en el Caribe llamada Cuba, en la que de acuerdo a las pocas estadísticas encontradas los resultados económicos debieron ser catastróficos”.

sábado, 28 de junio de 2014

CARLOS LUIS CANTARÁ A SERRAT EN CASA DE TEATRO

Seis preguntas a Carlos Luis antes del concierto

El próximo viernes 4 de julio, Carlos Luis se presentará en Casa de Teatro a las nueve de la noche con un repertorio integrado por canciones de Joan Manuel Serrat.

El concierto lleva por título: “Sinceramente tuyo”, y para hablar de lo que sucederá durante la velada le hice al cantautor cubano-dominicano la siguiente entrevista:

1- Pregunta: Estoy seguro que habrás tenido que contarlo muchas veces, pero me gustaría comenzar esta entrevista haciéndote la pregunta que nos hacemos casi todos los cubanos cuando nos encontramos con un compatriota en el extranjero: ¿Desde cuándo saliste de Cuba?

Respuesta: Salí de Cuba hace 22 años y vine a vivir a República Dominicana.

2- P: Y otra que siempre le sigue como coletilla: ¿A qué te has dedicado durante todo ese tiempo en Santo Domingo?

R: ...a la música, a mostrar mi trabajo como solista y como compositor. Tal es así que muchos artistas han grabado e incluido en su repertorio mis canciones; entre ellos, Maridalia Hernández, Adalgisa Pantaleón, Frank Ceara, José Antonio Rodríguez, Víctor Víctor y Cecilia García.

3- P: Sin dudas has trabajado mucho, eso se puede apreciar en la cantidad de conciertos y el extenso catálogo de canciones que has compuesto. ¿Cuántos discos has grabado hasta ahora?

R: Con mi propia obra, dos, en colaboraciones más de quince.

Joan Manuel Serrat y Carlos Luis
4- P: Serrat es sin dudas un referente para la canción cubana; sin embargo, no es usual dedicar todo un concierto a sus canciones. ¿Por qué decidiste hacerlo?

R: Personalmente, tengo una relación muy estrecha con la obra de Joan Manuel porque fue el artista que me creó la inquietud de acercarme a la música de manera activa y no como simple espectador; por eso le tengo un eterno agradecimiento… En una ocasión en que pudimos trabajar juntos se lo confesé.

5- P: ¿Cómo surgió la idea del concierto?

R: En casi todas mis presentaciones, durante casi 40 años de carrera, he incluido canciones de este magnífico compositor y el público que las ha escuchado me comenta que tengo una forma muy personal y profunda de interpretarlas. Esto me ha permitido embarcarme en esta deliciosa aventura en la que puedo satisfacer el deseo de mis seguidores y además, es una forma de agradecerle a Serrat lo que hoy he llegado a ser como artista y el respeto que me he ganado entre mis compañeros al inclinarme por la alta propuesta que él lanzó al mundo de la canción y a la que soy tan leal.

6- P: ¿Por qué el público no debe perderse este concierto? ¿Cuáles serán las novedades y quienes serán tus invitados?

R: Pues porque está hecho para acercarse a la buena música y a una de las poesías más sublimes que se ha escrito en habla hispana y porque se escucharán canciones conocidas y otras no tan conocidas pero de igual belleza, y que por azares de la vida y el mercado han quedado guardadas en los discos.

Y por último porque los invitados serán amigos muy conocedores y amantes de la obra de El Nano; entre ellos, Yuyú Ramírez, José Antonio Rodríguez y Pedro Delgado Malagón.

AGS: Muchas gracias.

CL: Gracias a ti… y nos vemos en el concierto.



LOS TEATROS EN CUBA COLONIAL Y REPUBLICANA:

Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo Teatro Albisu (1870-1918) En diciembre de 1900 volvió Brind...