martes, 31 de mayo de 2016

RECLAMACIÓN DE DERECHOS AL GOBIERNO DE CUBA

Carta abierta a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba.

Xalapa, Ver, 1 de junio de 2009
Señor Ricardo Alarcón Quesada
Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba

Señores Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba.

Ref. POR EL LEVANTAMIENTO DEL BLOQUEO.

Compatriotas:

Durante el último medio siglo, a quienes nacimos en Cuba, se nos ha bloqueado la posibilidad de obtener la propiedad privada sobre los medios de producción y crear en nuestro país un sistema económico distinto al estatista. El bloqueo del acceso a la propiedad privada sobre los medios de producción impidió que pudiéramos contribuir de manera eficiente en la creación de bienes y servicios que elevaran el nivel de vida de nuestros conciudadanos, algo que el Gobierno Cubano, que posee la propiedad monopólica de todos los medios no ha hecho.

El Gobierno Cubano al bloquear toda posibilidad de crear un sistema político pluripartidista, impidió la viabilidad de la concordia nacional, frustró el anhelo martiano de fundar “una patria con todos y para el bien de todos”, fomentó de manera violenta la intolerancia contra quienes piensan diferente a lo oficialmente establecido, y llenó las cárceles de presos políticos como nunca antes en la historia de nuestro país.

El bloqueo al derecho a intervenir en la política de nuestro país mediante el pluripartidismo y en la economía mediante la posesión de la propiedad privada, provocó la miseria de nuestra sociedad y la permanencia de un solo hombre en el poder por más de cuatro décadas.

Señoras y señores asambleístas, como ciudadano nacido en Cuba, me dirijo a ustedes para que legislen en favor del levantamiento del bloqueo a nuestros derechos y les exijo:

1. La aprobación de Leyes que propicien el derecho de los cubanos a la propiedad privada, la libertad de asociación, la libertad para viajar a otro país, residir en el extranjero por tiempo ilimitado y regresar a casa, sin que esta salida de la patria sea causal de la expropiación de todos los bienes en beneficio del Gobierno Cubano.
2. La aprobación de Leyes que levanten el bloqueo al libre acceso a la información a través de todos los medios; entre otros, libros, periódicos, revistas, televisión por cable y la creación de redes apropiadas para que el uso de la Internet se convierta, como en muchos otros países de la región, en una herramienta de uso cotidiano.
3. Que propicien el levantamiento del bloqueo impuesto contra varios Proyectos de Ley presentados a esa Asamblea; entre otros, el Proyecto de Ley de Reencuentro Nacional, el Proyecto de Ley de Amnistía, y el Proyecto Varela, todos los cuales permanecen ocultos a la discusión y difusión, y en los cuales se reclama el levantamiento del bloqueo a los derechos civiles de los ciudadanos nacidos en Cuba.
4. Que reconozcan que el llamado “Bloqueo de Los Estados Unidos Contra Cuba”, tiene su origen en las acciones del entonces Gobierno Revolucionario, que confiscó todas las empresas propiedad de extranjeros y que hasta 1968 expropió además todos los medios de producción propiedad de ciudadanos cubanos, evento que propició el inicio de un descalabro económico que se extiende hasta nuestros días.
5. Que reconozcan que es responsabilidad del Gobierno Cubano la pobreza del país que me vio nacer, porque al tomar la decisión de nacionalizar toda la economía cubana lo hizo bajo la promesa de que ese sería el modo más apropiado de elevar el nivel de vida de todos los ciudadanos; sin embargo, las expropiaciones provocaron todo lo contrario, produjeron el empobrecimiento, la falta de libertades cívicas y un consecuente éxodo masivo que llevó al extranjero a millones de cubanos.
6. Que reconozcan que es responsabilidad del Gobierno Cubano que en mi país natal no exista una moneda nacional, un hecho deplorable que tiene su origen en la nacionalización de la banca y el llamado “cambio de la moneda” que en 1961, por orden del entonces Gobierno Revolucionario, llevó a la pobreza a millones de compatriotas.
7. Que reconozcan que aquellos polvos trajeron estos lodos, aquella es la causa de que hoy el Gobierno Cubano, como único empleador, pague los salarios en una moneda subvalorada -el llamado peso cubano que se cambia 25 por 1 CUC- y cobre, como único vendedor, los bienes y servicios en otra moneda sobrevalorada –el llamado peso convertible o CUC-, lo cual provoca una depresión del salario real de los trabajadores y los coloca en su gran mayoría por debajo del nivel de pobreza.
8. Que redacten y propicien la puesta en vigor de leyes que levanten el bloqueo contra las iniciativas de emprendedores cubanos, quienes están imposibilitados por la legislación vigente a llevar a cabo pequeñas y medianas empresas, necesarias para la economía cubana, negocios en los que el Gobierno Cubano ha demostrado su absoluta incapacidad como administrador.
9. Que legislen para que la agricultura cubana se recupere del deplorable estado en que se encuentra y que reconozcan como único responsable de su ruina al Gobierno Cubano, heredero del Gobierno Revolucionario que en marzo de 1959 aprobó la Primera Ley de Reforma Agraria, la cual nunca cumplió con el objetivo de proveer alimentos suficientes a las despensas de todos los cubanos.
10. Que reconozcan que esta situación de pobreza económica y de derechos es causada por el bloqueo impuso por el Gobierno Cubano desde hace cinco décadas a los nacidos en Cuba.
11. Que reconozcan su obligación de legislar para que participen en esa asamblea ciudadanos de todas las tendencias políticas, incluidos quienes estamos en contra de los lineamientos del Partido Comunista de Cuba.
12. Que renuncien a sus cargos si son incapaces de contribuir al levantamiento del bloqueo impuesto por el Gobierno Cubano a los derechos de quienes piensan distinto.

Y para que así conste firmo y hago pública esta carta.

LA TÁNGANA DE MEL

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Por supuesto que esto no lo digo yo, lo escribió Carlos Marx en El 18 brumario de Luis Napoleón Bonaparte, lo que yo quiero agregar ahora es que si la segunda es como farsa, la tercera es un sainete y a partir de la cuarta no es más que una tángana.

Ahora tenemos a Mel haciendo el camino de Santiago con rumbo a Tegucigalpa, vaya, como quien dice, buscando el oriente por el occidente, rememorando el irresponsable asalto al cuartel santiaguero que lideró el ilustre hijo de Birán, único oriental de la pandilla, quien perdió el rumbo a la hora de nones y llegó muy distante de la vanguardia, cuando la debacle era inminente y estaba más cerca la retirada, y quien, para rematar, cuando se dio la estampida de los pocos que lograron salvar la vida en aquel acto temerario, nadie sabe cómo fue a dar el baon en Boniato, un intrincado lugar de la Sierra Maestra, donde la guardia lo agarraró en brazos de Morfeo, como quien dice, asando maíz en el quinto sueño.

La tángana de Mel desdibuja también el regreso de Napoleón Bonaparte a Francia, aquella resurrección del imperio que derrumbó durante cien días la restauración y que Louis de Aragón describió bellamente en la novela La Semana Santa. El tirano desembarcó en las costas de su país y para cuando llegó a París, ya se le había unido un gran ejército, quizás mayor al que tuvo en la Batalla de las Naciones, de donde había regresado en 1814 con la derrota a cuestas y la consecuente expulsión a la isla de Elba en el Mediterráneo.

Zelaya entra en suelo hondureño y da la tángana irresponsable, instigando a la violencia, convencido de que no estará donde le pueda pesar ni pasar nada, no protagonizará un suicidio, como en la Moneda el 11 de septiembre de 1973, no cabalgará en un blanco corcel rodeado de un napoleónico ejército delirante, no podrá rehacer nada, pero sí es posible que a la hora de nones pierda la brújula y le atrapen en los brazos de Morfeo, o haciéndose el sueco, si tiene su Waterloo las víctimas serán las mismas, él tendrá, a lo sumo, su Santa Elena.

LO MISMO ME DA JUANES QUE SU HERMANA

En Cuba, desde hace casi medio siglo, el arte es un arma de la revolución. Así lo decretó explícitamente “el gran hijo de Birán” y lo ha hecho cumplir a raja tabla, quien no entra por el aro es multiplicado por cero. Con esas normativas los artistas pueden estar abiertamente contra la guerra, pero ojo, contra las guerras “injustas” y estas son las guerras desatadas por el “imperialismo yanqui”. Guerras justas son -aunque no lo publique el Granma y los revolucionarios culipandeen en foros internacionales al emitir juicios sobre el tema-, las que en estos momentos protagonizan las guerrillas de las FARC contra el Estado colombiano. Para los revolucionarios cubanos, la lucha armada continúa siendo “la única vía para resolver los males ancestrales que aquejan a nuestros pueblos”, por eso, cuando Chávez vaticinó guerras si Estados Unidos y Colombia deciden aumentar sus relaciones militares, yo sentí un profundo temor, porque en él y sus iguales de La Habana las ansias de poder –que ellos llaman liberación de los pueblos- superan a la razón, y de la palabra a los hechos no hay más que un click.

Siendo así las cosas en Cuba, el concierto por la paz en el que participarán Juanes, Olga Tañón, Miguel Bosé y otros artistas será sin dudas un evento en el que no se condenará a la narco guerrilla que desangra desde hace décadas el país de Juanes, porque aunque mucho culipandeen en La Habana y no lo publique el órgano oficial del PCC, para los revolucionarios cubanos los injustos son los oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas Colombianas -aliados estratégicos del gobierno de Los Estados Unidos- y los justos son las FARC “porque siguen siendo la única vía para alcanzar la verdadera libertad de nuestros pueblos”.

Muy probablemente Juanes no haya votado por Uribe, pero Colombia es un país democrático, donde el presidente tiene la obligación de gobernar para todos los ciudadanos y de combatir el narcoterrorismo, porque ese fue el mandato que le dieron en las urnas. Álvaro Uribe, por esa guerra que libra contra las FARC en estrecha alianza con los Estados Unidos, es para los revolucionarios cubanos un “traidor”, así que Juanes, muy probablemente, llevará la voz cantante en un evento que, sin culipandeo de ningún tipo, estará abiertamente en contra del gobierno de su país, incluso cuando no mencionen su nombre.
Ya sucedió muchas veces en el pasado, que un visitante extranjero, con una alta dosis de buenas intenciones e ingenuidad, se convirtió en un aliado de la revolución cubana, todo por obra y gracia de la manipulación de la información en los medios totalitarios de adoctrinamiento, que son absolutamente todos los que existen legalmente en la isla.

Recuerdo muchos casos, pero los más sonados fueron los de Oscar D’León y Juan Pablo II. El primero recorrió la isla en una gira electrizante, que paró de cabeza a bailadores, estremeció incluso a los “patones” y dejó una huella indeleble en los músicos cubanos, pero cuando todo se acabó y la venta de sus discos sufrió una sensible baja por haber cantado en Cuba, Oscar tuvo que decir cosas que entonces no gustaron en La Habana, donde le cerraron las puertas a cal y canto y dejó de escucharse en la radio cubana por muchos años.
El Vicario de Cristo consiguió pasearse por toda Cuba, decir un par de molestas oraciones, los feligreses pudieron manifestar su júbilo religioso como nunca antes, el 25 de diciembre volvió a ser feriado, pero el Papa debió, entre el cielo y la tierra, pedir el cese del “bloqueo”, y acusar al “imperialismo yanqui” de sus injusticias contra los revolucionarios cubanos.

Este otro Juan, ya ha conseguido su plusvalía, ya tuvo suficiente propaganda gratis como para poder decir y hacer en La Habana todo lo que le sea sugerido, por ahora va ganando. Después -y ojalá que no sea así-, cuando disminuyan sus ventas y sus fanáticos dejen de ir a sus conciertos, dirá lo que tenga que decir aunque sea repudiado y acusado de traidor por los revolucionarios cubanos, y su voz no se escuchará por muchos años en la radio de la isla.
A mi me da lo mismo que cante Juanes en La Habana o que los Van Van toquen en Miami, lo que sí me molesta mucho es que tanto de un lado como del otro se manipule el suceso. Juanes o su hermana, tienen el derecho de tocar donde les contraten, pero si el artista va a meterle el pecho a la política, como es el caso de hacer un concierto por la paz en La Habana, debe tener la responsabilidad suficiente como para poder entender que Cuba, es el único país de este hemisferio que puede competir con los Estados Unidos por su participación en guerras fuera de su territorio, incluido el apoyo –antaño sin tapujos- a todos los llamados movimientos de liberación, incluidos las FARC.

Es absolutamente falso que la música nada tenga que ver con la política, ni en democracia ni en dictaduras. El artista es un ser pensante, unos más otros menos, el asunto está en la presencia que tenga en el espectáculo tal o cual mensaje. En el caso de un concierto por la paz, por África, o por las víctimas de un desastre natural el interés político es explícito y quienes participan en él deben asumirlo con gran responsabilidad y conocimiento; sin embargo, me parece que los participantes en este concierto por la paz en La Habana no han dicho todo o no les han formulado las preguntas correctas. En todo caso habría que preguntarle a Juanes ¿contra qué guerra será el concierto?, ¿contra la guerra de las FARC o contra la del Ejercito Colombiano?, ¿a favor de quienes será el concierto?, ¿a favor de los secuestrados o de los secuestradores?

lunes, 30 de mayo de 2016

UNA CELEBRIDAD EN EL TANQUE

Pánfilo, a quien nadie conocía más allá de las fronteras de su barrio hace unos meses, se convirtió en una celebridad instantánea gracias a su intempestiva aparición en un video que, subido a youtube, le dio la vuelta al mundo en pocos segundos, y hasta el 31 de agosto de 2009 lo habían visto 413 465 Internautas.

Pánfilo no cantó, no rompió una marca deportiva, no batió un Guinnes, nada, no dijo nada que un cubano residente en la isla no haya repetido en privado millones de veces durante el último medio siglo. Pánfilo, visiblemente embriagado por mieles fermentadas de improbable procedencia, hilvanó frases rudimentarias sin tropos ni metáforas, sin rodeos eufemísticos, sin parábolas ni alegorías, sin una pizca de indecencia, iniquidad o ficción. Pánfilo no dijo nada que El Bobo de Abela no hubiera dicho.

Según fuentes no oficiales, Pánfilo fue juzgado y condenado a dos años de privación de libertad a los pocos días del hecho, pero “nada tiene que ver una cosa con la otra. El haberse convertido en una celebridad instantánea por denunciar de manera tan pintoresca las calamidades alimentarias en Cuba, nada tiene que ver con la pena impuesta, todo fue pura casualidad o mala suerte, nada que ver lo dicho por este nuevo Liborio con los dos años que le cantó el juez revolucionario”, quien lo hizo, según la información, basado en una figura establecida por las leyes del Estado Cubano, que prevén y sancionan a quien potencialmente pudiera delinquir, algo así como ganarse el infierno por tener sueños voluptuosos o decir que la tierra se mueve.

Pánfilo fue sentenciado para por si acaso hiciera, y también -digo yo-, el tribunal le puso a buen recaudo para evitarle los tormentos que le pudieran provocar esa abrupta fama. Es así como se tejen las leyendas en Cuba, donde según las estadísticas oficiales no hay presos políticos ni se violan los derechos humanos.
Artículo 11
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Suponiendo que el caso de Pánfilo no esté bien documentado, conozco a más de uno que fue a parar a la cárcel por expresar sus deseos de irse de Cuba, por hacer comentarios inapropiados a un extranjero, o por escribir o decir que no está de acuerdo. Yo los conozco ¿y usted?

ARREMETER CONTRA VAN VAN EN MIAMI ¿A QUIÉN LE CUADRA?

Cada vez que un político se interesa en los votos de algún sector, acude, entre otras cosas, a poner de su lado a los individuos admirados por esos votantes. Esta afirmación, que por conocida puede parecer una perogrullada, es la que no observan algunos sectores del exilio cubano cuando de ganar adeptos dentro de la isla de Cuba se trata.

Cuba es cada vez más un mundo aparte, una sociedad fuera de este universo, y no es una metáfora sino pura realidad. Por las calles de La Habana, tan paupérrimas como las de cualquier barrio haitiano, no se escucha a nadie hablando de política, casi nadie pone el tema, curados por medio siglo de trampas que pueden conducir, por un quítame allí esta paja, a entuertos inimaginables, todos somos cautos al hablar en cualquier rincón de La Habana; sin embargo, cuando suenan los Van Van, orquesta que como todas las demás nunca se anuncia por ningún medio salvo por transmisión oral, no se queda un bailador sin acudir a la cita.

Su líder, Juan Formell, tiene la virtud de ser uno de los más importantes creadores de música bailable en nuestra patria, es decir, es el favorito de casi todos los cubanos de la isla. A pesar de que su vida y milagros no aparecen en ningún medio porque las revistas y programas radiales y televisivos dedicados a regodear el ambiente farandulero dejaron de existir hace casi medio siglo, y se los llevó el castrismo junto a la libertad de expresión, Formell, a base de trabajo se convirtió en un orgullo para los isleños.

También es una perogrullada afirmar que el exilio, sobre todo en La Florida, ha sido el blanco predilecto de los espías de Castro, allí se cuentan por decenas los conocidos y acudiendo a la lógica, deben ser cientos los desconocidos. Sembrar cizaña, más que traspasar información a un país extranjero ha sido la ocupación de muchos de ellos, si no, recordemos al que penetró a Hermanos al Rescate y propició la voladura en pleno vuelo de dos avionetas civiles, el tipo que se las puso a tiro de escopeta, un falso anticastrista que había realizado la “hazaña” de “robarse” en la isla un destartalado Mig 21 y aterrizó en La Florida para convertirse en miembro activo de la prestigiosa y caritativa organización anticastrista.

Cuando a Ricardo Alarcón se le preguntó una vez por los actos de repudio en Cuba, su respuesta, hecha, meditada y en el sutil estilo de quienes sufren el síndrome del desenmascaramiento, respondió que el único acto de repudio que recordaba en ese momento era el que habían sufrido en Miami un grupo de artistas de la isla. Aunque parezca una elucubración sin motivos, estoy convencido de que fue una respuesta premeditada, tal como si hubiera participado en los hechos que le permitieron elaborar esa convicción.

En Cuba no hay fuentes de información, sino de adoctrinamiento, por lo que los ciudadanos no se informan sino que se fanatizan, así que es demasiado fácil desvirtuar cualquier realidad, y si para eso el castrismo cuenta con la ayuda desinteresada de un sector del exilio, entonces me parece que hay algo que se disloca, algo que no cuadra, un billete que no viene con la lista. Aquí hay algo que enmendar.

El hecho de que podamos vivir en una sociedad con límites de tolerancia amplísimos en comparación con los de Cuba, la posibilidad de llevar nuestras ideas al tamaño de una valla gigantesca, tan gigantesca como la que adversa la presentación en Miami de la orquesta Los Van Van, no debe hacernos olvidar esa perogrullada de que para conseguir votos y seguidores en cierto grupo humano es bueno ganarse a los preferidos por ese grupo.

Siempre ayuda también en estas disquisiciones saber qué le conviene a quien. Y en este caso, me parece tan obvio que catalogar de asesino a Juan Formell, uno de los ídolos más conspicuos de los cubanos en la isla, es grotesco por lo desproporcionado. Pienso que da una señal que ofende a nuestros paisanos en la isla, que ataca al ícono, que siembra más cizaña y pone distancia entre las dos orillas. Y eso, ¿a quien le cuadra? ¿A la democracia o a la dictadura?

¡COÑO QUE VIVA FIDEL! ¿Y QUÉ MÁS QUIERES QUE TE DIGA?

Hace unos días María Elvira, en su programa María Elvira Live que se trasmite por Mega TV, entrevistó vía telefónica a Juan Formell, quien compartirá el escenario con Juanes en el concierto del próximo día 29 de septiembre en La Habana, y aunque el hombre está escamado en esas lides y se mantuvo en control todo el tiempo -algo que no consiguió hacer Silvio Rodríguez hijo en otra exclusiva-, la intención de que el director de los Van Van dijera algo contra el régimen de los Castro fue infructuosa, pero sobre todo abusiva. No se le puede pedir a nadie que declare en contra de si mismo, y no se puede esperar respuestas comprometedoras de nadie que tiene su vida hecha a su manera bajo una dictadura. El principio número uno para la supervivencia en Cuba es la simulación, ya lo cantó hace décadas el propio Formell: “nadie quiere a nadie, se acabó el querer”. Y como alcanzó a decir en la entrevista, hay múltiples motivos por los cuales las personas deciden vivir en Cuba, un derecho, digo yo, que hay que respetar y a nadie se le debe reprochar.

María Elvira se enfrascó, más que en una entrevista, en un debate, y expuso sus ideas con tanta o más profusión que el entrevistado. Ella increpó mucho más que lo que preguntó, y no propició que el músico abundara en sus respuestas.

Formell se sintió sin dudas confrontado más que entrevistado, y eso lo hizo ser más cauto que lo habitual. Es más que suficiente que no sea él uno de los que levanta, ante esos cuestionamientos, la bandera de la “revolución” y sus maravillas como lo hacen Silvio o Amaury, quienes aunque por lo que dicen representan al régimen, por lo que hacen culipandean un tanto; el primero, ni siquiera vive en Cuba y según noticias cambió su nacionalidad; y el segundo, jinetea por doquier un viajecito al extranjero y hace algunos años, según se sabe de fuentes muy bien informadas, estuvo a punto de dar el salto al exilio pero le faltaron “riñones”.

¿Qué hubiera sido de la música de Formell sin sus bailadores cubanos? Nada. Algo de eso quiso decir en la entrevista pero María Elvira no le prestó atención, nada hubiera sucedido con los Van Van si Juan viviera en Estocolmo, Madrid o Londres como nada ha pasado con la música bailable de muchos compositores cubanos que al irse al exilio perdieron la conexión con sus bailadores y los consumió la llama de un mercado que anda por rumbos muy distantes al marcado por la música popular contemporánea hecha en la isla.

Tampoco el concierto de Juanes tiene mucha importancia para los cubanos de a pie, sobre todo para los de Plaza, El Vedado y Centro Habana, que son los que sin gran esfuerzo pueden ir y regresar en la guagua de San Fernando, tampoco se promocionan en Cuba los conciertos habituales de cualquier artista, ni siquiera los de Silvio Rodríguez o los Van Van, nadie anunció, por ejemplo, el encuentro Cuba-USA donde estuvieron, entre otras luminarias la Fania All Star.

Verán a Juanes los que puedan, y llenarán la plaza los mismos de siempre: tres o más policías por un civil y serán impedidos de asistir quienes estén fichados, algo que forma parte del paisaje cubano y que siendo una barbaridad no podrá cambiar un músico por denunciarlo en una entrevista, una verdad conocida y arduamente reprimida, una verdad tan sabida como las “hospitalarias habitaciones” de Villa Maristas o cualquiera de sus franquicias en toda la isla, donde los “cuidados” de los “anfitriones” a los visitantes son tan “exquisitos” que cualquiera, al poco rato de haber puesto un pie allí, es capaz de gritar: ¡Coño que viva Fidel! ¿Y qué más quieres que te diga?

EN CUBA NO HAY «REVOLUCIONARIOS» NI «CONTRARREVOLUCIONARIOS»

Cuba podría albergar espléndidamente una población tres veces mayor; no hay razón, pues, para que exista miseria entre sus actuales habitantes. Los mercados debieran estar abarrotados de productos; las despensas de las casas debieran estar llenas; todos los brazos podrían estar produciendo laboriosamente. La Historia me absolverá. Fidel Castro.

El 2 de enero de 1959, Fidel Castro habló por primera vez desde el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba como Jefe de una guerrilla triunfante y desde allí designó las personas que ocuparían los cargos claves del Gobierno Provisional. A partir de entonces su voz lo cubrió todo. Su elocuencia comenzó a ser proverbial, convencía con palabras o vencía con poder. Su verbo escamoteó las razones a todas las disidencias, conformó todas las consignas, las normas, transfiguró conceptos, fanatizó, e instauró el Gobierno Tribunicio más largo del que se tenga memoria en la isla.

El deber de todo revolucionario. Cómo ser revolucionarios fue el primer conflicto de quienes creían en su doctrina. El 15 de enero de 1959, asistió a la sesión del Club Rotario y respondió algunas preguntas: «Yo no soy comunista», aseguró y quien dijo lo contrario fue castigado y acusado de contrarrevolucionario; sin embargo, el 16 de abril de 1961, ante una gran multitud proclamó que la revolución cubana era socialista.

Durante la zafra azucarera 69-70 la misión de un revolucionario fue colaborar con la producción de 10 millones de TM de azúcar; entonces, el Ministro del ramo se adelantó a los acontecimientos y demostró lo impracticable del propósito. El visionario estudio le costaó el puesto, el anonimato perpetuo y el peligroso estigma de contrarrevolucionario. Unos meses después, el Dr. Fidel Castro declaró ante una multitudinaria concentración que los 10 diez millones no iban.

En 1975 se inició en Cuba un período de cambios en el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (S.D.P.E.) El Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba había aprobado una serie de medidas que apuntaban a retomar la Ley del Valor y las Relaciones Monetario-Mercantiles como mecanismos para impulsar la economía por la vía del socialismo.

Ser revolucionario entonces era apoyar al S.D.P.E. Pero en 1985, cuando comenzaron a fluir algunas riquezas y a acumularse en otras arcas que no eran las del Estado, él comenzó desde la tribuna a desprestigiar el Sistema. Martirizó tanto con el tema, que poco después, en un Pleno del Comité Central del P.C.C., soltó uno de esos epigramas o epitafios de los que está lleno su discurso: «Lo único que creció con el S.D.P.E fue el consumo». Entonces, para ser revolucionario había que participar en la degollina del Sistema y su creador.

Y todo volvió a lo mismo de las décadas pasadas, a la economía que propició la adhesión de un sólo hombre al poder y la subversión de todos los valores sociales y económicos, creció la pobreza a extremos nunca antes vistos en Cuba, se desplomó la calidad de vida y la sociedad se dividió definitivamente en clases políticas.

Bienvenido Juan Pablo II. 
Cuando el 21 de enero de 1998 el periódico Granma publicó la noticia de la llegada a La Habana del Padre Universal, la tolerancia y el respeto a la Iglesia Católica, la fe cristiana y el proselitismo religioso se habían convertido en una misión para “revolucionarios”. Habían pasado casi 40 años de combativa, permanente y vigilante contención a todo acto de fe que no fuera la fe revolucionaria.

Para entonces, quien hubiera dicho que la Encíclica Laborem Exercens de 1981 es antimarxista. Quien hubiera hecho referencia a la Sagrada Congregación para Defensa de la Fe, donde se critica a los teólogos de la liberación, hubiera estado haciendo contrarrevolución. Si alguien hubiera apelado al texto de Carl Berstein y Marco Politi (Doubleday, 1996) Su santidad Juan Pablo II y la Historia Oculta de Nuestro Tiempo, lo hubiera lamentado porque en él se lee: «La cumbre Reagan-Wojtyla cimentó la idea compartida de que cada hombre utilizaría el enorme poder de que disponía para propiciar un cambio fundamental en el mundo que, en opinión de ambos, estaba inspirado en Dios: el eclipse del comunismo por los ideales cristianos».

Hay que esperar la seña. 
De esto no habló el Comandante en ninguna de sus referencias al Papa, cuando abordó el tema apuntó otras virtudes de Wojtyla, fue conformando la imagen a su manera mientras todo el mundo estaba «quieto en base». Incluso, la comparecencia del Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino por Cubavisión la noche del martes 13 de enero convocando a los cubanos para darle un merecido recibimiento a su Santidad, no tuvo la menor resonancia en los medios de difusión locales ni en la ciudadanía, había que esperar «la seña». No sería hasta tres días después que el fervor revolucionario se volcara, entusiasta y combativo, a cumplir la nueva tarea asignada por la revolución: Recibir al Sumo Pontífice.

Durante la noche del 16 de enero de ese año, Castro compareció en la televisión cubana. Habló por más de tres horas sobre las elecciones parlamentarias realizadas el día 11 del mismo mes, y después, en las primeras horas de la madrugada, y como quien no quiere las cosas, comenzó a hablar sobre la visita del Papa.

En primer término dejó esclarecido que con esa visita el Gobierno no buscaba beneficios políticos o económicos y dejó sentado que es la contrarrevolución quien describe al Papa «como alguien cuya visita pudiera ser perjudicial para Cuba y para la revolución, lo presentan –dijo- como una especie de ángel exterminador de socialismos, comunismos y revoluciones».

Quedaba dicho que quien reconociera en Wojtyla a un anticomunista y expresara en palabras o actos su sentir usando las viejas reglas sería clasificado entre los contrarrevolucionarios. Ahora ser revolucionario era recibir al Papa como a un Jefe de Estado. «Recibir al Papa con todo el respeto que merece el Jefe de una Iglesia que ejerce la mayor influencia en el mundo occidental» -fue lo que él dijo-, y esta sería la nueva misión de los revolucionarios.

Más adelante hizo la clásica polarización revolución-exilio, recurso eficaz que pretende colocar en Cuba sólo a los revolucionarios y en el exterior a los contrarrevolucionarios, para darle el tono nacionalista que él manejaba cual si fuera el líder de una secta apocalíptica. «Algunos –dijo- no entienden y están descontentos de que el mensaje religioso del Papa haya salido en la primera página de Granma». Y más adelante precisó: «Hay gente por allá por Miami tan confundida porque vieron eso en Granma o porque escucharon las palabras del Cardenal en la Televisión, que se preguntan si es que no se estará cayendo el comunismo en Cuba». Quedaba dicho que sólo los contrarrevolucionarios dudaban de la justeza de la visita papal. Era al llamado de la revolución y no al de la Iglesia al que estaba respondiendo el pueblo, era al llamado del Comandante al que estaba respondiendo el pueblo y no al llamado del Arzobispo de La Habana. Era a Castro y no a Dios a quien respondía el pueblo cubano. 
Amordazó durante décadas a la Iglesia Católica cubana y después llevó al Papa Juan Pablo II por toda la isla en un inigualable tour... de force.

Castro dijo en 1959: «Yo no soy comunista», y acusó de contrarrevolucionarios a quienes no le creyeron; luego, cuando se declaró comunista, acusó de contrarrevolucionarios a quienes no le siguieron en el Partido Comunista. En 1970 dijo: «Los 10 millones van», y acusó de contrarrevolucionarios a quienes creyeron que no era posible.
 
No sucedió nada en la isla durante el último medio siglo que no fuera absoluta responsabilidad de Fidel Castro, quien desbrozó toda oposición quitando del camino a quienes intentaron entorpecer su accionar en todas las esferas. Desde las artes culinarias, hasta las artes de pesca; desde el expolio de la banca privada, hasta la abolición de la moneda nacional; desde la abolición de la propiedad privada, hasta la hecatombe económica que provocó el deshacerse de los Estados Unidos como el socio comercial más importante; desde el paternalismo que anquilosó la iniciativa individual, hasta las leyes que persiguen todo vestigio de ingenio mercantil; desde el alegre despilfarro de las riquezas materiales y humanas en guerras megalomaníacas, hasta el intercambio de profesionales por favores políticos.

Y nada cambió con el traspaso del poder de un Castro a otro. Cuba sigue siendo el reino de un dictador, donde no hay "revolucionarios" ni contrarrevolucionarios, sino castristas y anticastristas.

UN GIGANTE DEL ARTE

El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*) No echen de menos, los viejos h...