lunes, 4 de junio de 2018

LA ENTUSIASTICA Y MUNDANA SOLICITUD A LA UNESCO PARA QUE EL SON CUBANO SEA DECLARADO COMO PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.

Cuando la Fania se presentó en el teatro Carlos Marx, en aquel memorable encuentro Cuba-USA, el público aprovechó para ir al baño. Entonces, en todo el mundo la Fania arrasaba, Fania divulgaba el Son cubano, el Son cubano que formó y forma parte de los hábitos de escucha de disímiles culturas, el Son cubano que hace parte del Patrimonio de la Humanidad, pero en La Habana de principios de los 80, aquellos sones del 50 eran música vieja.


Foto: Fuente externa
Hoy me entero -cuando la solicitud en la página de la Internet Change.org ya ha recogido 2,113 firmas de las 2,500 que se propone obtener-, que hay buen número de personas que clama por incluir el Son cubano en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.

Eso, a simple vista, está muy bien, pero solo a simple vista, porque, en  mi opinión, después de haber leído algunos de los procedimientos que utiliza la UNESCO y las listas en las que deben ser incluidos los bienes patrimoniales que esa institución registra, se me presentan al menos dos preguntas; una, ¿cómo se define el Son cubano?; dos, ¿está el Son cubano tan instalado en la cultura inmaterial de la humanidad como para inscribirse en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad?.

Para responder la primera pregunta: ¿Cómo se define el son cubano?
Es imprescindible acudir a los parámetros que han establecido los especialistas, es decir, musicólogos y etnomusicólogos, porque solamente definiendo la estructura de la música que genéricamente se define como Son cubano podremos saber qué es lo que se quiere incluir en las listas de la UNESCO.

Haciendo un breve recorrido por esas definiciones, dejándole muchos cabos sueltos a quienes los quieran atar, o lo que es lo mismo, dejando muchas líneas de investigación para quienes quieran llevar el tema hasta sus últimas consecuencias, tomo una de las primeras definiciones de Son cubano, la de más permanencia en la historiografía cubana, incluso, a pesar de que en 1971 fue vuelta patas arribas, desmitificada y descontinuada.

Según Alejo Carpentier[1], en el siglo XVI hubo en Santiago de Cuba una negra horra, que se hizo famosa por sus canciones; entre ellas, «la única composición que puede darnos idea de lo que era la música popular cubana en el siglo XVI: el famoso Son de la Má Teodora». De este Son, Carpentier reproduce la partitura que Laureano Fuentes había publicado en su obra Las Artes en Santiago de Cuba[2] en 1893, y a simple vista destaca que no está en 2/4 como los sones cubanos del siglo XX, sino en 6/8.

Alberto Muguercia Mugercia[3], en un extenso ensayo, demostró que la existencia de la Má Teodora era improbable por falta de documentación, y, desbrozando  muchas otras incongruencias en los dichos de Carpentier y otros autores que también tocaron el tema, echó por tierra la primera definición del Son cubano, el que según Alejo se bailaba y cantaba en Cuba desde el siglo XVI.

En el Diccionario de la Música[4], Elio Orovio nos anuncia que el Son cubano es un género vocal, instrumental bailable que constituye una de las formas básicas dentro de la música cubana.

Según Odilio Urfé, citado por Orovio en la mencionada obra[5], afirma que el Son cubano «es el exponente sonoro más sincrético de la identidad cultural nacional».

Emilio Grenet, también citado por Orovio[6], escribió que la estructura del Son cubano «consiste en la repetición de un estribillo de no más de cuatro compases».

Y Rosendo Ruiz y Vicente González Rubiera (Guyún), en la obra Polirritmia del Son, citados también por Orovio[7], afirman que en la estructura del Son cubano «se evidencia una constante y contrastante yuxtaposición de tres franjas rítmicas independientes en proyección dinámica. La primera línea (sincopada) se representa en el bajo anticipado. La segunda la integran a un tiempo la guitarra acompañante, las maracas y el bongó […]. Ambas franjas se […] someten al módulo métrico bicompasado del toque de claves».

Y finalmente citaré la definición de Armando Rodríguez Ruidíaz, quien en su obra El origen de la música cubana. Mitos y realidades[8], afirma que:

Dentro del proceso evolutivo del son podemos identificar varias etapas sin mayor dificultad. Una primera, en la cual su forma se limita a la repetición variada de una misma frase o estribillo, llamado «montuno» por su origen campesino, y donde la voz es usualmente acompañada por muy pocos instrumentos musicales, quizás uno o dos, que pudieran ser: un cordófono como la guitarra o el tres, además de un idiófono como el güiro o las claves. Una segunda etapa, más compleja, cuya estructura formal incluye una copla o cuarteta (llamada regina en las regiones orientales de Cuba) además del «montuno», y donde la instrumentación se amplía con otros instrumentos como la tumbandera, la botija, o la marímbula; y la tercera etapa que se caracteriza por una forma más profesional y sofisticada en el desarrollo de cada sección, además de mayores grupos, formados por seis o siete instrumentos, los cuales incluyen timbres característicos, como los del bongó y las claves, así como el del contrabajo y la trompeta. En esta tercera etapa arribamos a una estructura y sonoridad del son que pudiéramos llamar clásica, pero la evolución de este género no concluye en ese punto, sino que prosigue hasta nuestros días generando nuevas y atractivas modalidades (tales como el mambo, la timba y el songo).

Según esta definición de Rodríguez, una de las más actuales que he podido leer, el Son cubano ha estado en permanente evolución, por lo que para entender dónde está justamente no es asunto de coser y cantar, es decir, cuando al público profano se le diga que el Son cubano está también en los mambos de Pérez Prado, en el jazz, la música de Bernstein, Gershwin o en las canciones de Pablo Milanés, no podrá precisar exactamente en qué lugar.

Hasta aquí entiendo que por definición el Son cubano se canta y se baila, que tiene un estribillo y los instrumentos se desempeñan en tres franjas sonoras muy bien definidas (contrabajo, o botija, o marímbula; guitarra y clave) provocando una polirritmia muy sincopada que se ajusta con el toque de clave cubana, que ejecuta el instrumento conocido como clave, al que Fernando Ortiz definió como clave xilofónica, por tener sus orígenes en los clavos, claves o pasadores de madera con los que se ajustaban las maderas de los barcos que se construían en los astilleros de La Habana[9].

Para responder la segunda pregunta: ¿Cuál de las tres listas de la UNESCO debe integrar el son cubano?

La UNESCO tiene tres listas; una, la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, a la que pertenecen, por ejemplo, «Al-Qatt al-Asiri», decoración mural tradicional de las mujeres de Asir. Un tipo de ornamentación mural tradicional de Asir que practican las amas de casa de manera espontánea y constituye un elemento vivo del patrimonio cultural, «presente en la mayoría de los hogares de la comunidad»[10].

Otra es la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia, y en ella están, por ejemplo, los cantos de trabajo de Los Llanos de Colombia y Venezuela, debido a que «la práctica de este elemento del patrimonio cultural se ha visto mermada paulatinamente por toda una serie de cambios socioeconómicos y políticos que han modificado considerablemente el universo cultural de las comunidades de Los Llanos» [11]

Y la tercera y última lista es el Registro de buenas prácticas de salvaguardia, en el que fue seleccionado en 2016, por ejemplo, la protección que brindan los húngaros al método Kodály, un sistema creado por el compositor Zoltán Kodály hace más de un siglo y que hoy se mantiene vivo, gracias a las buenas prácticas en su salvaguardia.

Entonces, ¿en cuál de las tres listas cabe el Son cubano?

En mi opinión el Son cubano no cabe en la primera lista, porque durante más de medio siglo, el mercado, que era el motor que impulsaba la música en Cuba, fue demolido con las prácticas de la economía socialista provocando que el Son cubano y todos los demás géneros de la música cubana quedaran al pairo, y dejaran de tener la influencia que tuvieron durante la primera mitad del siglo XX -desde Cuba y como un producto cubano-, en el patrimonio de la Humanidad.

La industria del entretenimiento que utilizaba la música cubana como materia prima era muy próspera económicamente y no perdió por eso su profunda raíz cultural, ni su autenticidad. Constantemente se estaba reciclando, era un proceso en el que la sabia que la alimentaba circulaba por arterias expeditas. Entonces, el contacto entre Cuba y el mundo, era directo. Pero todo este lujurioso acontecer cultural y comercial tuvo un traumático corte, una contención abrumadora que comenzó a erigirse el primero de enero de 1959 [12].

Como en realidad el Son cubano de entonces sí pertenecía al Patrimonio de la Humanidad, otros grupos humanos lo hicieron suyo a través del mundo, convirtiéndolo en Salsa en la ciudad de Nueva York, y convirtiéndose así la Salsa en el reservorio más fiel que tuvo el Son cubano sin Cuba. La Salsa fue la reserva de las formas del Son cubano, desde aquel sencillo canto que consistía en la repetición de un estribillo de no más de cuatro compases con el acompañamiento de uno o dos instrumentos, hasta, La pachanga, de Eduardo Davidson, el último en pegar un hit en el mercado del disco, justo antes de que llegara el Comandante y mandara a parar.

El daño que provocó aquella ruptura es irreversible, por lo que tampoco tendría sentido incluir el Son cubano en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia. El Son cubano tuvo una vida dentro de Cuba y otra en el resto del mundo. Dentro de Cuba, tuvo la  misma vida que los cubanos, la de sobrevivencia, la de genios ignorados, muchas veces perseguidos por sus «malas virtudes» o por sus «desviaciones ideológicas». El son y los soneros quedaron varados en aquella isla, de la que habían salido miles de músicos durante la primera mitad del siglo XX a plantar bandera y esparcir su patrimonio, pero después de 1959 los músicos se quedaron en Cuba amasando un pan que enrumbó por otros caminos, al margen del mercado, al margen del mundo, creando un Son cubano que es hoy ajeno al Patrimonio de la Humanidad. 
 
Tres imágenes de las vidas paralelas del Son cubano

Cuando la Fania se presentó en el teatro Carlos Marx, en aquel memorable encuentro Cuba-USA, el público aprovechó para ir al baño. Entonces, en todo el mundo la Fania arrasaba, Fania divulgaba el Son cubano, el Son cubano que formó y forma parte de los hábitos de escucha de disímiles culturas, el Son cubano que hace parte del Patrimonio de la Humanidad, pero en La Habana de principios de los 80, aquellos sones del 50 eran música vieja.

Otro caso ilustrativo de las vidas paralelas que ha tenido el Son cubano, es el hecho cierto de que la Orquesta los Van Van, de excelente calidad artística y musical, única orquesta bailable que ha sobrevivido durante más de medio siglo y arrasa en Cuba, apenas si tiene un reducido círculo de seguidores fuera de la isla, a pesar de que en todos estos años no ha dejado de viajar, pero el mercado desde Cuba no funciona, el sistema no lo permite y el songo que creó Formell, como una evolución más del Son cubano, no forma parte aún del Patrimonio de la Humanidad.

Y un tercer ejemplo fue Buena Vista Social Club, una orquesta que se creó con los músicos que el sistema había descontinuado, con algunos que estaban fuera de los escenarios y otros que cargaban en el recuerdo sus glorias pasadas. Esta orquesta se convirtió en un éxito del mercado, en un producto que se vendió por un productor norteamericano en el mejor estilo de las campañas capitalistas fuera de Cuba. Aún resuenan los sones de BVSC, porque aquella música fue la que circuló frenéticamente en el mercado antes de 1959, la que formó parte de los hábitos de escucha de medio mundo y se convirtió, por eso, en Patrimonio de la Humanidad. Pero aquel experimento de BVSC llegó tarde para casi todos sus integrantes, y hoy forma parte de la Historia. Y BVSC nunca fue un éxito de público en Cuba, era música vieja.

En conclusión, solicitarle a la UNESCO que declare el Son cubano como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, es verdaderamente descabellado, no tiene asideros ciertos, porque el Son cubano que conoce la Humanidad es el mismo que mató el socialismo en Cuba, es en todo caso el que divulgaron las orquestas de Salsa y Buena Vista Social Club, proyectos que triunfaron porque en el marketing se tomó muy en cuenta las leyes del mercado y las necesidades del público, quienes a fin de cuentas son la Humanidad, es el público consumidor de la música el que goza de ese Patrimonio Inmaterial. Ojalá que los solicitantes lo consigan, que la UNESCO acceda, pero recuerden siempre: se los dije, es descabellado porque no se compadece con la realidad.

Artículos relacionados:


[1] Carpentier, Alejo. 1961. La música en Cuba. La Habana. Luz-Hilo. 28
[2] Ídem. 29.
[3] Muguercia, Alberto. 1971. «Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Año 62. No. 3. Sept-dic. 1971». La Habana. Instituto Cubano del Libro.
[4] Orovio, Helio. 1992. Diccionario de la Música Cubana. Biográfico y Técnico. La Habana. Letras Cubanas.
[5] Ídem. 455.
[6] Ídem. 456-457.
[7] Ídem. 460.
[8] Rodríguez, Armando. [En línea] [Fecha de consulta 4 de junio de 2018] Disponible en: https://docgo.net/philosophy-of-money.html?utm_source=el-origen-de-la-musica-cubana-mitos-y-realidades&utm_campaign=download 83.
[9] Ortiz, Fernando. 1984. La clave xilofónica de la música cubana. La Habana. Letras Cubanas.
[10] Cfr.: «Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad». [En línea] [Fecha de consulta 4 de junio de 2018] Disponible en: https://ich.unesco.org/es/00011?type=00002#tabs 
[11] Cfr.: «Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia».[En línea] [Fecha de consulta 4 de junio de 2018] Disponible en: https://ich.unesco.org/es/USL/cantos-de-trabajo-de-los-llanos-de-colombia-y-venezuela-01285
[12] Gómez Sotolongo, Antonio. Sin embargo son, con embargo salsa. [En línea] [Fecha de consulta 4 de junio de 2018] Disponible en: https://eltrendeyaguaramas2epoca.blogspot.com/p/sin-embargo-son-con-embargo-salsa.html

viernes, 1 de junio de 2018

«REGISTRO DE HUELLAS» O «PRESTIDIGITAR CON PALABRAS».

(Este artículo lo escribí cuando Maduro anunció el uso de un identificador biométrico para garantizar el reparto de los bienes y servicios, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, a la luz de la intervención total de la banca y el anuncio del petro, este texto está tan actualizado como si lo hubiera escrito hoy, así que ahí les va)

La miseria que engendran las sectas marxistas, a causa de sus inservibles sistemas económicos, jamás ha sido reconocida por sus «líderes», «funcionarios», «secretarios del partido» o «grandes hermanos» y mucho menos alguno de ellos ha reconocido sus culpas en el desastre.

La digitalización del reparto en Venezuela
Foto: Fuente Externa
Las sectas marxistas -que según mis entendederas no académicas son todas aquellas que tienen en su centro como piedra filosofal-propagandística la utopía de los clásicos del marxismo-, desde que aparecieron sobre la faz de la tierra como un poder real, allá por los primeros años del siglo XX, siempre apuntaron a un lado y dispararon al otro. Con ellas murió toda transparencia en la cosa pública, la privada fue abolida y renació fortalecida la doble moral.

Ni las campañas económicas de Lenin, ni luego las de Stalin, como tampoco las de una larga descendencia dinástica en la extinta Unión Soviética, ni sus calcadores satélites alrededor del mundo hicieron algo distinto: prestidigitaron las palabras para ocultar la discapacidad económica del sistema. Y dueños de todos los medios para divulgar la magia, consiguieron pasar gato por liebre durante el tiempo suficiente como para que el espectador quedara congelado y zas, partirle la siquitrilla.

Nada esencialmente diferente está ocurriendo en Venezuela desde hace 14 años, solo que por estos días, según las noticias, se introducen adelantos científico-técnicos en áreas inusitadas. En el ex coloso petrolero de Sudamérica reeditan la Historia, y lo que Castro resolvió en la isla perdida con una cartilla –que dura más de medio siglo y es copia fiel de la utilizada por cortos períodos en algunos países que sufrieron las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial-, Maduro y su séquito de adelantados científicos lo intentan resolver mediante un sofisticado aparato digital que registra las huellas digitales. Haciendo valer el pleonasmo, el chavismo apunta a las huellas para no digitar las palabras disfunción económica.

La miseria que engendran las sectas marxistas, a causa de sus inservibles sistemas económicos, jamás ha sido reconocida por sus “líderes”, “funcionarios”, “secretarios del partido” o “grandes hermanos” y mucho menos alguno de ellos ha reconocido sus culpas en el desastre, y muchísimo menos han descubierto las causas en el propio sistema, por lo que en Venezuela, el jefe que dicta los rumbos de ese país, ha publicado reiteradamente que la causa de la escasez que sufren los venezolanos está en el contrabando y el desatino de los comerciantes, por lo que la solución está en el control de los productos.

Nada más lejos de la verdad, nada mejor prestidigitado para el público desprevenido, excelente paralogismo, nada mejor para olvidar que Colombia siempre estuvo ahí, para ocultar que si los productores de riquezas no hubieran sido agredidos y congelados con prestidigitaciones económicas de todo tipo, la escasez no existiría, nada mejor para ocultar que la clase media está en retirada y ha dejado de ser motor en la creación de riquezas. Nada mejor para olvidar que el chavismo dejó al pairo las decenas de empresas privadas que expropió, que la industria nacional disminuyó sus producciones a causa del pésimo manejo económico que ha hecho de ellas la secta marxista del chavismo, nada mejor para dejar pasar inadvertida la causa real del desastre socio económico que vive Venezuela hoy.

Esta digitalización del reparto de la miseria, no es más que una actualización tecnológica de un mal que tiene sus causas en la disfuncionalidad socio-económica de las sectas marxistas, no es más que un nuevo pase mágico en la larga carrera del escapismo socialista, una distracción que como es sabido no producirá más riquezas, sino que clavará más profundamente los pilotes del poder vitalicio en la tierra de Bolívar.

viernes, 25 de mayo de 2018

DE CUANDO CECILIA VALDÉS CANTÓ EN SANTO DOMINGO

(Este artículo lo publiqué el 9 de febrero de 2013, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, estos despistes siguen ocurriendo, por lo que es bueno recordar la Historia para no repetirla, así que ahí les va) 

Es sabido que la rapidez en los medios impide muchas veces la corrección de faltas ortográficas, malas sintaxis y otras yerbas; pero además de eso, hay contenidos que matan.

Así como por el síndrome del envase vacío se me acumulan piezas que periódicamente debo desterrar de mis anaqueles, otro tanto me sucede con impresos de todo tipo. Revistas, periódicos, notas manuscritas, listas de supermercado, boletos aéreos, estados de cuentas se me acumulan de manera descontrolada, por lo que de tanto en tanto me veo obligado a llamar al orden y deshacerme de esa impedimenta.

Por supuesto, que cada una de esas campañas de persecución de papeles acumuladores de polvo y humedad debo realizarla con cuidado, porque no se debe lanzar a la basura ningún dato comprometedor -por si las moscas- y mucho menos un dato que pudiera necesitar para documentar algún diagnóstico.

Siendo esto así, durante la última campaña, mientras inventariaba lo que sí y lo que no, encontré una página de una publicación del Ministerio de Cultura de la República Dominicana, una crónica que se ha salvado del reciclaje y permanecerá, a partir de hoy, digitalizada, como uno de los más ensordecedores dislates que he tenido la oportunidad de leer.

Es sabido que la rapidez en los medios impide muchas veces la corrección de faltas ortográficas, malas sintaxis y otras yerbas; pero además de eso, hay contenidos que matan. He podido leer críticas de conciertos de música clásica en los que se mencionan obras que nunca se interpretaron, e incluso crónicas de eventos que fueron suspendidos. Sin embargo, el impreso al que me refiero sobrepasa lo imaginable.

En la página 23 de la revista Observatorio, editada por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana -en fecha que no pude rescatar-, bajo el título de “Conservatorio Nacional de Música de aniversario”, en uno de sus párrafos dice: “Como parte del programa, se interpretaron: “Un tango” de Claude Bolling, […]; también, “Quando me vo”, de Giaccomo Puccini; y “la Salida de la Zarzuela”, de Gonzalo de Roig, a cargo de Cecilia Valdés y Marianela Sánchez, como sopranos, […]” (Sic) (¡!)

Es decir, quien escribió esto, no tiene ni idea de lo que escuchó, si es que ciertamente estuvo en la sala. Lo que interpretó Marianela Sánchez fue la «Salida de Cecilia», de la zarzuela Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig. Esta es una parte emblemática de la obra, porque es donde se presenta la protagonista ante el público y canta una romanza conocidísima. Además, la zarzuela está basada en una obra clásica de la literatura americana; sin embargo, la crónica nos dice que «la Salida de la Zarzuela», estuvo a cargo de Cecilia Valdés y Marianela Sánchez como sopranos.

Este es uno de los síntomas que con mayor fuerza documenta la inopia de algunos medios tradicionales dominicanos; pero sobre todo, es la muestra del clientelismo político y del valor del “enllave” por encima del conocimiento.

domingo, 20 de mayo de 2018

SI LE IMPORTA UN PITO LA SINFÓNICA NO LEA ESTO


(Este artículo lo publiqué en 2008, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, forma parte de la Historia, así que ahí les va) 

«Si no puedes resolver un problema, crea otro».

Esta máxima tiene que estar escrita en las mentes de quienes rigen los destinos de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana en la actualidad, porque a su incapacidad para ponerla a sonar, literalmente, anteponen cualquier baladí empeño.

Foto: Fuente externa
La institución, que dejó de existir para la vida musical de Santo Domingo hace más de cuatro años –por aquello de que orquesta que no suena no es orquesta-, recibió el lunes 19 de mayo de 2008, junto con la noticia de una nueva suspensión de ensayos y conciertos, la entusiástica encomienda de participar junto a la administración en la actualización de sus reglamentos. Y sus integrantes, que somos dóciles, sanos e ingenuos asumimos la encomienda.

He aquí uno de esos raros y magníficos ejemplos de lógica irracional. Los administradores de la orquesta, son incapaces de crear la logística necesaria para la realización de ensayos y conciertos semanales, como se hizo desde la década del setenta del siglo XX hasta el año 2004. Esto quiere decir que no pueden cubrir los costos de los cuarenta (40) o cincuenta (50) conciertos anuales que incluyen, entre otros rubros, el alquiler de sala de ensayos-conciertos, del transporte de instrumentos, el pago del caché de solistas y directores, y los contratos de los músicos que le faltan al plantel.

Con esta persistente falta de lugar físico y de mano de obra para el trabajo, es imposible establecer reglas ciertas para laborar; sin embargo, los administradores concentran su acerba cultura gerencial en reglamentar horarios, composturas y otras normas, crean un nuevo problema y difuminan el medular ya existente.

Después de treinta (30) años tocando en orquestas sinfónicas, aprendí que una institución de este tipo no necesita más que tres cosas para existir dignamente: un director, un grupo de músicos y un local de ensayos-conciertos. Todo lo demás viene por añadidura.

Pero si a usted le importa un pito la sinfónica, y leyó esto por curiosidad, olvídelo.

Artículo relacionado: VUELVEN A SUBIR AL TREN ALGUNOS ARTÍCULOS QUE SE BAJARON EN LA PARADA EQUIVOCADA

viernes, 18 de mayo de 2018

YO EXIJO

(Este artículo lo escribí cuando se convocó un día por Cuba, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, a la luz de los hechos, está tan actualizado como si lo hubiera escrito hoy, así que ahí les va) 

Paráfrasis de algunas promesas incumplidas.

©ags
Para sumarme a la convocatoria de un día por Cuba he utilizado las mismas palabras que usó Fidel Castro en el juicio que se le siguió por haber participado en el ataque al cuartel Moncada de Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. Entonces, él enunció cinco leyes que serían puestas en vigor inmediatamente después de alcanzar el poder si aquel temerario e irresponsable acto hubiera tenido éxito. Hoy, aquellas promesas incumplidas hacen válidas esas palabras y parafraseándolas yo exijo:

Que se anule a todos los efectos la constitución actual, que ha sido impuesta por la violencia de un régimen unipartidista, que ha sido impuesta por un poder omnímodo que eliminó toda oposición, desterró el Estado de Derecho y la libertad de expresión.

Yo exijo que se devuelva al pueblo de Cuba la soberanía y sea proclamada la Constitución de 1940 como la verdadera Ley Suprema del Estado Cubano, hasta tanto el pueblo decida modificarla o cambiarla libremente.

Yo exijo que se conceda la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los campesinos que una vez fueron beneficiados por las leyes agrarias y que poco a poco fueron despojados de esas tierras para convertirlas en cooperativas o pasaron a manos del llamado Estado cubano.

Yo exijo que se indemnice a los antiguos propietarios de las tierras concedidas a los campesinos beneficiados por las leyes agrarias y que se devuelva a sus antiguos dueños la propiedad de las tierras que fueron expropiadas y que hoy permanecen inutilizadas.

Yo exijo que los obreros y empleados tengan el derecho de participar en el treinta por ciento de las utilidades en todas las empresas industriales, mercantiles y mineras incluyendo centrales azucareros.

Yo exijo que todos los empleados, tanto los que laboran en el país como los que cumplen las llamadas misiones, participen del treinta por ciento del rendimiento de las empresas en las que laboren, sean estas de capital nacional, extranjero o mixto.

Yo exijo que quienes ostentan el poder en Cuba asuman sus responsabilidades en la catástrofe económica que ha durado más de medio siglo, y que reconozcan que fueron incapaces de crear riquezas sin la dependencia financiera de los Estados Unidos, como lo demuestran más que fehacientemente las acusaciones que han hecho contra el embargo durante todos estos años.

Yo exijo que quienes han ostentado el poder durante estos últimos 56 años reconozcan que fueron incapaces de crear un país mejor sin la colaboración la potencia vecina, que fueron incapaces de propiciar un país más rico que el que encontraron en 1959.


Yo exijo que se respete mi derecho a expresarme con entera libertad. Sin ello no podrán llenarse ni las meras apariencias de justicia.

Artículo relacionado: VUELVEN A SUBIR AL TREN ALGUNOS ARTÍCULOS QUE SE BAJARON EN LA PARADA EQUIVOCADA

jueves, 17 de mayo de 2018

VUELVEN A SUBIR AL TREN ALGUNOS ARTÍCULOS QUE SE BAJARON EN LA PARADA EQUIVOCADA


©ags
A partir de hoy comenzaré a reeditar un montón de artículos que por algún quítame allí esa paja, o por poner el dedo donde no va, se me quedaron fuera de este blog, yendo a parar a la categoría de «programadas». Estas entradas salieron del camino, dejaron de estar a la vista, incluso, algunas en las que recibí piropos y regaños. Me imagino que quienes escribieron los primeros se habrán sentido defraudados y me habrán calificado de malagradecido al borrarlos junto con el artículo, y los segundos rápidamente pensaron que los había censurado por intolerante.

He titubeado en cómo dar solución a este asunto, pensé primero que no valdría la pena reeditar lo que ya había estado en el blog, lo que ya habían leído los que suben a este Tren; sin embargo, casi todos los artículos conservan algo que debe atraer nuevamente al lector, algo que puede interesar aún, algo de Historia reciente.

Como los he tenido que leer todos de nuevo, encontré, que en muchos casos, conservan plena actualidad, incluso, en algunos de ellos, lamentablemente, no me equivoqué, mis pronósticos pesimistas se cumplieron.

Y esto no me agrada, y aunque parezca una pose no lo es, ya no me agrada para nada tener que decir: «te lo dije», es una sentencia en la que quizás me regodeé cuando me creía sabio, en aquella lejana edad de la adolescencia, donde casi todos, hasta los genios, adolecemos de lo que nos provee la vida cuando la observamos por mucho tiempo y muy detenidamente: intuición, y no me daba cuenta que los errores y horrores del prójimo acaban siempre por tocarme. 

Claro, que ni es tanta la intuición que he podido acumular, porque si así lo fuera, hubiera escapado de detrás de este contrabajo que me secuestró y estaría por ahí dando cátedras con «intuición», estaría entre ese grupo élite que tanto admiro y hacen parte de las letras más leídas en la actualidad… o mejor aún, alguien me hubiera visto claramente, incluso, detrás del… palo iba a decir, pero debe ser detrás del contrabajo. En fin, y para que este cuento no te parezca largo, volveré a contarte algunas de las historias que ya habían subido a El Tren, ahí las iré dejando, me gustaría que te gusten y me gustaría saberlo.  

miércoles, 16 de mayo de 2018

ELEGIR NO ES COMULGAR

(Este artículo lo escribí hace tres años pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, a la luz de las elecciones en Cuba y las anunciadas en Venezuela, está tan actualizado como si lo hubiera escrito hoy, así que ahí les va) 

En Cuba, para la gran mayoría, ha sido imposible elegir entre un auto japonés o uno europeo, ha sido imposible, durante más de medio siglo, elegir libremente el vestuario, la comida, la escuela a la que asistirán sus hijos, el credo en el que crecerán sus familias, la carrera, el empleo, la ciudad en la que habiten.

Foto: Fuente externa
La lógica irracional de las «elecciones» en Cuba

Hace más de medio siglo, cuando la Coca-Cola solo existía en el recuerdo de los cubanos, se propagó el mito o leyenda según el cual, el entonces Comandante Ernesto Guevara, alias el Che, había dicho que la Coca-Cola sabía a cucaracha.

A pesar de que los cubanos habíamos probado la Coca-Cola muchos años antes de aquellos dichos «antiimperialistas», muchos llegamos a convencernos de que aquellas palabras eran ciertas, en definitiva, a veces la memoria falla, y, más aún, ya no había manera de elegir entre Coca-Cola Ironbeer, Jupiña, Materva, Pepsi-Cola o cualquier otra marca para hacerse una idea propia de aquel asunto. 

Entonces, a causa de las expropiaciones y las ineficiencias productivas del nuevo régimen, desaparecieron todos los productos de consumo -tal como sucede hoy en Venezuela-, y a fuer de no tener otra opción, junto con las marcas y la variedad de los productos de consumo, desapareció de la sociedad cubana la capacidad para elegir. Entonces debimos comulgar, emigrar o perecer.

Han pasado 56 años en los que varias generaciones han vivido sin la capacidad para elegir un buen café, un buen tabaco… y ni hablar de una buena fabada. Durante más de medio siglo, ha sido imposible para varias generaciones ir al mercado y elegir la marca de su preferencia. Algo tan simple como elegir el queso crema Philadelphia para los cascos de guayaba Conchita, ha sido extirpado de la mente de los cubanos que viven en la isla.

En Cuba, para la gran mayoría, ha sido imposible elegir entre un auto japonés o uno europeo, ha sido imposible, durante más de medio siglo, elegir libremente el vestuario, la comida, la escuela a la que asistirán sus hijos, el credo en el que crecerán sus familias, la carrera, el empleo, la ciudad en la que habiten, el lugar al que viajen, las palabras que digan, el periódico que lean, el canal de televisión que sintonicen, la emisora radial que escuchen y el lugar en el que han de reposar sus restos mortales y los de sus familias.

Para millones de cubanos ha sido imposible, durante cincuenta y seis años, elegir libremente cualquier cosa, eso desapareció de la ideología de la gran mayoría de los cubanos que viven en la isla; sin embargo, este fin de semana, el domingo 19 de abril -casualmente una fecha de gran importancia para la llamada «revolución cubana»-, quienes ejercen el poder en Cuba han echado a volar las campanas de unas «elecciones democráticas».

Sin dudas que este es un paso más en la ilusión que están vendido al mundo los hijos de Birán, y por supuesto, esa ilusión la pueden hacer pasar como verdad porque, entre otras cosas, la gran mayoría de los que han votado perciben que han elegido, que pudieron optar por el candidato de su preferencia; sin embargo, del mismo modo que no les ha sido posible elegir los productos que consumen, tampoco les ha sido posible elegir las ideas políticas en las que creen, no les ha sido posible elegir a los candidatos libremente, porque los candidatos, para ser elegibles, deben ser «revolucionarios» y ser «revolucionario», en el contexto de la llamada «revolución cubana», se define como el solidario del partido único, del partido liderado por el mismo hombre y su hermano desde hace más de medio siglo. Los candidatos deben coincidir en ideas o sentimientos con los líderes de la «revolución».

Para que los cubanos podamos elegir libremente, para que tengamos libertad para obrar, debemos tener opciones distintas, y para eso, quienes ostentan el poder deben descriminalizar la oposición y reconocerla como una fuerza esencial para la construcción de la verdadera democracia. Mientras no exista la posibilidad de que cada cual elija la opción que considere mejor entre propuestas distintas, mientras los que disponen del poder en Cuba continúen en la «batalla de ideas» -si antes no sucede lo inexorable-, los cubanos seguirán yendo a las urnas para comulgar, no para hacer una elección.


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