lunes, 26 de julio de 2010

YAYABO ESTÁ EN LA CALLE. Un ejercicio por el camino de Santiago

 
"Los jueces de este Estado pueden condenarnos tranquilamente por nuestras acciones; mas, la Historia, que es encarnación de una verdad superior y de un mejor derecho, despreciará un día esta sentencia, para absolvernos de toda culpa".

Adolf Hitler.( )

Ahora que Yayabo está en la calle y su último detalle es anunciarle al mundo la inminente guerra nuclear que provocará el “imperialismo yanqui”, hoy, día de Santiago Apóstol, víspera del quincuagésimo séptimo aniversario de la agresión a la fortaleza militar de Santiago de Cuba, su primera gran muestra de incapacidad para comandar y del gran desprecio que siente por las vidas ajenas, me parece oportuno hacer un ejercicio, una prueba que recomiendo.

Voy a olvidar todas mis convicciones y, como un adoctrinado hasta la coronilla, repetiré con él, con Yayabo, que el causante de todos los males de la humanidad es el “Imperio del Norte”.

De tal modo, voy a aceptar también que el embargo -o “bloqueo” como dice él-, es la causa de todas las calamidades que ha sufrido el pueblo cubano durante los últimos 51 años. Voy a aceptar que las agresiones y la constante oposición de ciertos sectores radicales en los Estados Unidos han propiciado un estado de guerra tal, que no le ha quedado más remedio que reprimir todas las libertades cívicas en la isla. Voy aceptar que es cierto, que con un enemigo tan poderoso a 90 millas es imposible tolerar la disidencia política. Voy a aceptar que Yayabo tiene razón.

Desde este ángulo, al darle la razón, el pensamiento lógico deriva hasta comprender también que el “enemigo” pudo bloquear, agredir y destruir, porque él, que se puso al mando a sangre y fuego para impedirlo, no pudo hacerlo. Él no pudo, ni construir durante medio siglo, ni impedir que el “enemigo destruyera”.

Al aceptar que tiene razón, comprendo que durante medio siglo él ha sido incapaz de fundar una nación al margen del “imperialismo yanqui”, incapaz de crear una economía sólida, de crear riquezas. Infiero que en sus acusaciones al “imperio” está la aceptación de su incapacidad para contener a los “malos”.

Al admitir sus “palabras orientadoras”, concluyo que fracasó por su incapacidad para producir riquezas suficientes, que desperdició una fuerza laboral impresionante, capaz de los más increíbles sacrificios para producir fortunas, una fuerza laboral que había creado durante la primera mitad del siglo XX una de las naciones más prósperas en el continente, una fuerza laboral que en el destierro ha sabido crear riquezas inconmensurables.

Al organizar el pensamiento al derecho o al revés, inevitablemente el conocimiento deriva en que la dictadura castrista fracasó porque sus grandilocuentes promesas de libertad e independencia, sus ofertas mesiánicas de un país industrializado con ciudadanos sanos y cultos no se hicieron realidad. Que fracasó porque con su venia Cuba ha sido dependiente de la URSS, China, la Conchinchina, Venezuela, etc. Que fracasó porque él fue incapaz de crear un clima propicio para producir y distribuir riquezas en abundancia.

Dándole la razón, aceptando que “los enemigos de la revolución” provocaron el calamitoso nivel de vida de los cubanos, aceptando sus dichos llego a la misma conclusión: Fidel Castro fue incapaz de fundar una sociedad libre, rica e independiente, fue incapaz de “domesticar” al “enemigo del Norte” y convertirlo en un buen socio comercial.

( ) Adolf Hitler. Mi Lucha. Primera Edición electrónica, 2003.Jusego-Chile. p. 407

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