sábado, 16 de junio de 2012

¿UN YAGUARAMAS EN TRINIDAD Y TOBAGO?


La nimia diferencia entre dos letras

El primer escache que tuve en la averiguación fue creer que hablábamos del mismo nombre, pero al buscar en la geografía de las islas Trinidad y Tobago descubrí que allí no hay ningún lugar que se llame Yaguaramas.

Desde que circula El Tren…, con sus dos ramales: 2ª. Época y los 100 Músicos del Siglo, varios lectores me han comentado que Yaguaramas es un lugar en la isla Trinidad, donde existió una base naval que alcanzó renombre durante la II Guerra Mundial.

Para mí Yaguaramas siempre había estado en Cuba, en el mismo lugar desde mucho antes de que llegaran los conquistadores, hacia el centro y sur de la isla, muy próximo a la Ciénaga de Zapata, casi en el punto medio entre las bahías de Cochinos y de Cienfuegos.

Según está documentado, en 1511 Fray Bartolomé de las Casas, quien acompañó a Diego Velásquez en la conquista y colonización de la isla, ofició misas en ese poblado, donde en 1515 fue construida la primera iglesia, la que según algunos autores fundó el propio Padre las Casas.

El nombre aborigen significa abundante palma de corojo, y se convirtió en Mayorazgo en 1560, llegando a ser uno de los más importantes de la isla. En 1607, cuando la colonia española fue dividida en dos regiones, con una capital en La Habana y otra en Santiago de Cuba, Yaguaramas quedó en la parte occidental.

Cuando se acabaron las poquísimas pepitas de oro que yacían en el lecho de los ríos de la zona, y que eran el acicate para la colonización de la isla, los conquistadores debieron buscar una nueva fuente de riquezas y esta la encontraron en la cría de ganado. Según algunos autores fue el mismo Diego Velázquez quien se ocupó de introducir en la región el ganado vacuno, caballar, bovino, caprino y las aves de corral, empresas estas que necesitan una reducida mano de obra, y que por entonces, con un puerto como el de la Fernandina, en la orilla occidental de la Bahía de Cienfuegos -donde menudeaban las embarcaciones piratas-, tenían un mercado excelente para los cueros, tan necesarios en la navegación de la época, y las carnes curadas que constituían uno de los alimentos principales de los hombres del mar.

Esta producción, además de la extracción de maderas de los bosques que entonces abundaban en la zona, fueron las fuentes de riquezas principales en Yaguaramas, hasta que a finales del siglo XVIII, gracias a la debacle que en Haití provocó la revolución de 1791, comenzó a imponerse la producción azucarera. A partir de entonces, se construyeron en Yaguaramas los primeros trapiches y las extensas planicies comenzaron a alternar la ganadería con las plantaciones de caña de azúcar.

En el siglo XIX, cuando ya Aguada de Pasajeros era una población de cierta importancia en la región, Yaguaramas pasó a ser uno de sus barrios, hasta que en el siglo XX, fue incluido como integrante del municipio Abreus, en la provincia Cienfuegos.

Es decir, que Yaguaramas tiene una larguísima historia allí donde está, y yo estuve allí muchas veces. Yo lo conocí en los primeros años de la segunda mitad del siglo XX, cuando la carretera Circuito Sur unía toda la región con la Carretera Central y mi abuelo era el Jefe de la Estación de Ferrocarril.

Por entonces, a Yaguaramas llegaba aleatoriamente un tren que salía de La Habana, y que rara vez pudo cumplir sus horarios, y es por eso que en mi familia quedó como un símbolo de impuntualidad aquel tren de Yaguaramas, por eso, porque nunca sabré cuando ni a que hora tendré listo un post para publicar en este blog, es que decidí ponerle ese nombre. Dicho esto, hay que buscar entonces aquel Yaguaramas que según comentarios está en otra isla del Caribe, en la isla de Trinidad.

El primer escache que tuve en la averiguación fue creer que hablábamos del mismo nombre, pero al buscar en la geografía de las islas Trinidad y Tobago descubrí que allí no hay ningún lugar que se llame Yaguaramas, pero sí hay un Chaguaramas, una palabra muy parecida pero con significado distinto: “costa rodeada de palmeras”.

El poblado Chaguaramas está situado al nordeste de la isla Trinidad, y se tienen noticias de que allí hubo asentamientos de amerindios desde 6,000 años antes de la llegada de los primeros conquistadores europeos, y por ser un punto propicio para el tránsito entre los antiguos habitantes de las islas del Caribe, en Chaguaramas se asentaron integrantes de diferentes tribus, los que según la página de la Internet Ichaguaramas.com dejaron sus huellas en palabras que aun sobreviven; entre ellas, “Yaio, Nepuyo, Chaima, Warao, Kalipuna, Carinepogoto, Garini, y Aruaca”; también en el nombre de los ríos, entre ellos el “Caroní, Oropouche y Tamana”; y en el nombre de lugares como “Arima, Paria, Arouca, el Caura, Tunapuna, Tacarigua, Couva, Mucurapo, Chaguanas, Carapichaima, Guaico, Mayaro, Guayaguayare, y Chaguaramas”.

En 1498 Cristóbal Colón navegó por aquellas islas, las que quedaron a partir de entonces como posesión de la corona de España. En los años por venir sus primitivos habitantes murieron por enfermedades, por los trabajos forzados a los que eran sometidos o tuvieron que huir, convirtiéndose Chaguaramas por mucho tiempo en asentamiento de piratas al acecho de toda embarcación que navegara con rumbo a Venezuela.

En 1783, después de un acuerdo entre el rey Carlos IV de España y el francés asentado en Granada, Phillippe-Rose Roume de Saint Laurent comenzaron a llegar a Trinidad, procedentes de otras islas del Caribe, miles de franceses con sus esclavos, lo que le adicionó a la isla un nuevo ingrediente cultural.

En 1797, después de trescientos años de dominio español, la isla fue tomada por los ingleses. De nada valió que el Gobernador Chacón mandara reforzar las defensas de la isla construyendo fortalezas y aumentando el poder de su flota, que con la llegada del Almirante Apodaca en enero de ese año, quedó integrada por cuatro buques y una fragata, lo que  no significó mucho, porque después de cruentos combates navales, se impuso el poderío del Almirante inglés Harvey, quien contaba con diecisiete barcos armados, cuarenta medios de transporte y ocho mil hombres bajo las órdenes de Sir Ralph Abercromby.

Así terminó el real decreto de 1498 que declaraba la isla de Trinidad posesión española: el 18 de febrero de 1797 el gobernador José María Chacón, entregó la isla a Sir Ralph Abercromby. Durante el siglo XIX, se produjeron acontecimientos de gran relevancia en Chaguaramas; entre otros, se menciona en 1805 la sublevación de esclavos en las plantaciones de azúcar, propiedad de colonos franceses. Se menciona también que desde finales del siglo XVIII hasta el XIX se establecieron prósperas empresas dedicadas a la caza y comercialización de las ballenas.

En el siglo XX, comenzaron a llegar los marines norteamericanos a la isla y se establecieron en la base naval de Chaguaramas. Por su posición estratégica la base albergó a los entonces muy efectivos “Destroyer”, mismos que el gobierno británico solicitó a los Estados Unidos a cambio del arrendamiento en 1941 de bases por 99 años. Según la página citada, “el gobierno británico, a cambio de más de cincuenta destructores, le entregó a los Estados Unidos ocho bases. Chaguaramas se convirtió en una de ellas y estuvo en pleno funcionamiento en 1943. La importancia de Chaguaramas aumentó con la construcción en 1966 del sistema de navegación Omega”.

El siglo XX continuó su curso y la isla de Trinidad y Tobago pasó por fuertes tensiones sociales, las que desembocaron en el cierre de la base naval de Chaguaramas, y la plena independencia de la metrópolis británica.

Fuentes:

Instituto de Historia de Cuba. La colonia T.I pág.99



lunes, 11 de junio de 2012

ODIOS Y CONCILIÁBULOS: ¿QUIÉNES, DÓNDE Y CUÁNDO?


Basta ya de jugar con la cadena. De ahora en adelante, la pelea ha de ser directamente con el mono. Eliécer Ávila.
Circula en varios medios de la Internet un artículo de Leonardo Padura, bajo el título: Cuba: ¿odio o conciliación? En éste, el autor evade, por todos los medios, la responsabilidad de llamar las cosas por su nombre, juega con la cadena pero deja tranquilo al mono, un modo de escribir y hablar que se ha empleado por los cubanos de todos los estratos durante más de medio siglo.
Pero ya el pensamiento cívico cubano no oficial, el que representan muchos individuos capaces de emitir criterios y divulgarlos desde el seno de la sociedad, ha llegado al grado de eliminar los eufemismos, de quitar, en la exposición de las ideas, toda bruma.
El autor menciona los odios, pero no dice quienes los siembran en un país donde desde la mañana a la noche, los 365 días del año, por todos los medios oficiales, dormidos o despiertos se inocula a los ciudadanos el más decidido rencor contra todos aquellos que enarbolan ideas contrarias a las oficiales. El odio, la intransigencia revolucionaria, la injuria, el acoso y la violencia verbal y física en los actos de repudio contra los opositores, tienen nombres y apellidos, pero el autor no los menciona.
Menciona la sociedad viciada por el inmovilismo, pero no acude al sentido común para mencionar que quienes ostentan el poder son los mismos desde hace más de medio siglo, y esa es la esencia del inmovilismo.
Menciona las críticas que ha recibido el cardenal Jaime Ortega, pero no indica ni las causas ni los autores de esas críticas, tampoco se refiere a los desaciertos cometidos por el purpurado en su rol de mediador político. No menciona que la Iglesia, en su afán de mejorar sus espacios, ha intentado ocupar el lugar de la oposición pacífica y ha aceptado denostarla, en franco conciliábulo con quienes tienen el poder político en Cuba.
Esa etapa del pensamiento cubano, en la que se hablaba como quien anda en terreno minado quedó atrás. Entre otros, Eliécer Ávila, Yoani Sánchez, Guillermo Fariñas, Rodiles y Oswaldo Payá tienen un discurso diáfano, con serias y bien fundamentadas propuestas, sin odios, sin consignas que llamen a rebato o a hundir la isla en el mar.
Esos críticos del cardenal no promueven ni el inmovilismo ni el odio, sino todo lo contrario, estos críticos le piden a la Iglesia Católica que desempeñe su rol y que no interfiera, no descalifique y mucho menos trate de ocupar el lugar que le corresponde a la oposición interna, precisamente en este momento, en el que las fuerzas de un pensamiento nuevo, múltiple y democrático ha nacido en Cuba, y puja por ocupar el lugar que le corresponde en la sociedad.
Le hubiera hecho mucho bien, a este bullir de ideas que ahora recorre nuestra isla, que Espacio Laical, Cubadebate, el Granma, Juventud Rebelde, IPS/ Internacional y Progreso Semanal, entre otras publicaciones oficialistas y pro oficialistas, hubieran publicado además de los elogios al cardenal algunas de aquellas críticas, pero esas publicaciones solo las mencionan y denuestan a los opositores que las suscriben, y, siguiéndole la rima al inmovilismo, juegan con la cadena y dejan tranquilo al verdadero culpable de la entronización de los odios en la sociedad cubana.
Desde la oposición ya se va directamente contra el mal, los eufemismos quedaron a un lado, las palabras dejaron de sortear a los intocables y corren por vías expeditas hacia la verdad. Es quizás por eso que el autor del mencionado artículo piense, inmóvil, que quienes reclaman su espacio con argumentos irrebatibles, quienes exigen su derecho a estar en contra de un régimen que ostenta todo el poder desde hace más de medio siglo y difama a sus opositores, aborrecen al cardenal y son unos ingratos.
El autor se mantiene en la línea del pensamiento inerte, en consonancia con quienes desde el poder inculcan el odio desde la mañana a la noche, pero le echan la culpa al otro. También -se me ocurre ahora-, es posible que las críticas a las que él se refiere no sean las mismas que yo he leído, pero en todo caso es su derecho a expresarse libremente, el mío es escribir esto que usted acaba de leer.

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jueves, 7 de junio de 2012

DEL OTRO LADO DEL HORIZONTE

El Cardenal mediador

Oswaldo Payá, Antonio G. Rodiles, Alexis Jardines, Mario J. Rivera y Miguel Saludes, son algunas de las voces que no comulgan con los puntos del Cardenal, pero ninguno de los entrevistados en este Dossier los menciona, sino que los descalifican.

Algunas afirmaciones del cardenal Jaime Ortega en su conferencia en la Universidad de Harvard -ver anexo al final-, han concitado el rechazo de algunas voces de la sociedad civil y la oposición cubana, y para contrarrestarlo y resaltar la imagen del purpurado, el pasado 4 de junio apareció en la Internet un Dossier Especial de Progreso Semanal, en el que un grupo de consultados exalta las virtudes del cardenal y del rol que viene desempeñando la Iglesia católica en Cuba. Sin embargo, estas apologías tienen también sus lados flacos, los que quiero comentar a grandes rasgos.

Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Distinguido Emérito de Economía, de la Universidad de Pittsburgh escribió:

«Por tanto, apoyo los programas y acciones de la Iglesia Católica que abren espacios para el debate respetuoso de cubanos dentro y fuera de Cuba, con diversas ideas, en busca de consenso, procurando las necesarias reformas económico-sociales que requiere el país».

Aquí, el señor Carmelo reduce el debate a dos grupos que no están en conflicto; además, no menciona que a los cubanos se les viola el derecho a desplazarse libremente, lo que impide la democratización de esos debates. Al anotar el adjetivo “respetuosos”, armoniza con el lenguaje oficial y reafirma que hay unos «irrespetuosos» que no califican. Por otra parte, se refiere nada más que a las reformas económico-sociales y deja de lado las políticas, que sin dudas propician todas las demás.

Más adelante Carmelo anotó:

«[…] espero que la Iglesia se abra también a la participación en los debates de disidentes políticos residentes en Cuba con posiciones documentadas y respetuosas».

En cuanto a esto, Carmelo desestima a los opositores que tienen desde hace muchos años propuestas muy bien documentadas, incluso basadas en la propia constitución, esa que supuestamente votaron casi el 100 % de los cubanos, pero en lugar de un espacio para el debate democrático lo que han recibido son muchísimos años de cárcel, la violación de todos sus derechos, el escarnio público y la humillación de ellos y sus familiares.

Oscar Espinosa Chepe, economista, expreso político de la causa de los 75 y activo opositor al gobierno cubano escribió:

«[…] los trabajos que está haciendo la Arquidiócesis de La Habana de unión de los cubanos, de servir de puente entre distintos sectores de nuestra sociedad es muy favorable; tanto la creación del Centro Cultural Padre Félix Varela, donde participan compatriotas de distinto signo político y debaten allí las ideas de una forma responsable, […]»

En realidad, este espacio adquiriría legitimidad en la medida que otros espacios se pudieran crear por libre iniciativa de los ciudadanos, y no por intervención o mediación de la Iglesia, la que, en última instancia, y solo en última instancia, consigue lo que la jerarquía política le permite.

Y más adelante Chepe, refiriéndose a las reformas anunciadas, continúa:

«Pero eso no se puede lograr con una varita mágica y, mucho menos, insultando a entidades que han sido nuestras aliadas, que han sido nuestras protectoras […]»

Oswaldo Payá, Antonio G. Rodiles, Alexis Jardines, Mario J. Rivera y Miguel Saludes, son algunas de las voces que no comulgan con los puntos del Cardenal, pero ni Chepe ni ninguno de los entrevistados en este Dossier los mencionan, sino que los descalifican. Habría que ver cuáles son las expresiones que Chepe toma como «insultos», pero seguramente que ninguna tan hiriente y mordaz como las que utiliza el Granma contra todos sus adversarios.

Julia Sweig, miembro principal del Nelson y David Rockefeller Center. Directora de Estudios Latinoamericanos del Concejo de Relaciones Exteriores, de Washington, DC escribió:

«Me eché a reír cuando leí la palabra lacayo, porque es un término que proviene […] de la Cuba de Batista. Es un término polarizador que también me entristeció verlo […] en cualquier lugar relacionado con Cuba».

Julia se asombra al leer la palabra «lacayo» en un editorial de Radio Martí, pero esa no es más que una caricia al lado de las injurias que ha publicado la prensa oficial cubana, contra sus opositores durante más de medio siglo. Y para muestra un editorial titulado Otro capítulo de irrespeto y falsedades.

Pero si le apetece como a Julia la palabra «lacayo», ahí la transcribo, utilizada no una, sino tres veces en dos de los párrafos de una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba:

¿Será acaso por eso que el Imperio se los traspasa al lacayo […]?

“Mientras, Cuba resiste al Imperio y desprecia al lacayo. […] Sabe que ni imperios ni lacayos impedirán que su pueblo construya la sociedad más culta, más justa y más solidaria que haya existido jamás”.

Más adelante Julia continúa:

«[…] el cardenal Ortega ha creado un espacio para el debate y el diálogo en Cuba, y no solo para los católicos».

Aquí Julia descalifica la labor de muchos opositores dentro de la isla, quienes han creado diversos espacios para el intercambio de información y el debate, lugares asediados por la policía política, bibliotecas, centros de reunión que nada han tenido que ver con el cardenal, y que si existen es por el coraje de sus creadores.

Y sigue escribiendo Julia:

«Sus esfuerzos por ayudar a la liberación de presos políticos –no solo en los últimos años, sino durante el tiempo que ha ocupado el cargo– ha sido eficaz e incluso heroico».

Si vamos a hablar llanamente, lo que ha conseguido el cardenal, en la mayoría de los casos, ha sido que les conmuten a algunos presos políticos cubanos la pena de cárcel por la de destierro -único procedimiento que durante décadas ha permitido la jerarquía política cubana-, y eso no significa la liberación. En todo caso, un cambio de condena muy beneficioso para la dictadura.

Julia también afirma que:

«Cuba está atravesando un período de cambio significativo. Creo que hay más espacio para el desacuerdo, disensión y el choque de ideas que en ningún otro momento desde que comencé a viajar a la Isla en 1984».

Buen año ese… 1984… Orwell lo describió a la perfección. ¡Pero no es posible tomar en serio esta data! De 1984 a 2012 han pasado nada más y nada menos que 28 años, por respeto a la inteligencia ajena… ¿¡o es que nuestra Nación tendrá que esperar a las calendas!? En 31 años se realizaron en Cuba dos Guerras de Independencia, y 4 años después fuimos República, pero dos décadas después ya la isla estaba en franca recuperación económica y pujaba por colocarse entre las naciones más prósperas del mundo, y en 1940, nos dimos una de las más avanzadas y democráticas Constituciones de América, fue la época en la que nuestro país más se pareció a una República con todos y para el bien de todos.

Y Julia concluye:

«El ataque político a la archidiócesis de La Habana y al liderazgo del Cardenal Ortega representa un importante paso atrás en el proceso de reconciliación que hasta la fecha él ha dirigido exitosamente. Nunca pensé que fuera posible».

Si el cardenal habla en términos políticos no puede esperar que le canten maitines, le van a responder con argumentos políticos. Y como lo único que se ha estado reconciliando hasta ahora es la jerarquía de la Iglesia con la jerarquía política en Cuba, el paso atrás en ningún caso afectará a los ciudadanos, el pueblo seguirá sufriendo igual, por él deberían doblar las campanas, pero no es así, el paso adelante o atrás en estos concilios nada significará para el pueblo, porque el pueblo está del otro lado del horizonte.

Aurelio Alonso, sociólogo, escritor, sub-director de la revista Casa de la Casa de las Américas escribió:

«[…] los entendimientos que pueden darse entre una Iglesia que sustenta sus posiciones en su propia doctrina social y el Estado socialista».

Aquí lo dice más claro Aurelio, aquí no tengo nada que agregar, porque más claro no canta un gallo.

Arturo López-Levy, académico, Investigador Asociado de la Universidad de Denver, Estados Unidos anotó lo siguiente:

«En contraposición a la ineficacia de aquellos actores que prefieren lo contencioso y hasta adoptan posiciones ambiguas o favorables hacia el embargo norteamericano, […]»

Así continúa la retahíla de descalificaciones y ofensas sin mencionar el santo. Son ineficientes «aquellos actores», según él, porque contienden y están a favor del embargo. Esas son las otras ideas, esa es la pluralidad, esos que piensan distinto son los que forman parte de la pluralidad que menciona Arturo, pero que en realidad no acepta.

Continúa Arturo:

«[…] el diálogo paciente de la Iglesia con el gobierno no solo alcanzó la liberación de los prisioneros de la primavera de 2003 sino también abrió nuevos canales de comunicación entre el Partido Comunista y la organización de más amplia membrecía dentro de la sociedad civil cubana».

No es difícil entender entonces, por qué la Iglesia Católica y el Partido se comunican, y dejan fuera a todas las demás organizaciones de la sociedad civil, incluida la oposición: porque tienen, supuestamente, entre ellos dos, la más amplia membrecía dentro de la sociedad civil cubana, con esto está dicho y repetido, que las demás organizaciones opositoras son, como se les llama desde los editoriales de la prensa oficial cubana, unos «grupúsculos» que no merecen ser invitadas a los concilios.

Y escribe Arturo:

«Resistiendo las caricaturas simplistas de ángeles y demonios en la política cubana, que llevaron a la guerra civil de los sesenta, las congregaciones de fe han preferido dotar la sociedad con una cultura de derechos humanos, fe y responsabilidad patriótica».

Crípticas conclusiones saca Arturo de la Historia de Cuba. No fue el maniqueísmo político lo que llevó a los cubanos a la última guerra civil del siglo XX, sino la traición de unos ideales que tuvieron su campo de batalla en las Sierras del Escambray. Unos volvieron a la guerra porque consideraron que la patria con todos y para el bien de todos había quedado aplazada y aplastada, la defensa de la Constitución del 40 y la vuelta a la democracia habían quedado truncas. Dos grupos de cubanos se enfrentaron porque la revolución que se prometió ser verde como las palmas fue escamoteada.

Difícil misión le achaca Arturo a la Iglesia, una misión imposible, misión que por demás le ha sido prohibida a muchos opositores. Divulgar la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha sido uno de los cargos por los que más de uno en Cuba ha ido a la cárcel.

Y continúa Arturo López:

«Es que de triunfar los proyectos reconciliadores, como el que el Cardenal promueve, habría que desmontar las estructuras de hostilidad a ambos lados del estrecho de la Florida. Y esa si sería la peor derrota para las industrias del odio».

Insiste en el conflicto entre los cubanos del exilio y los de la isla, una falacia que cabe solo en las mentes de algunos miembros del Comité Central y algunos cubano-americanos, un conflicto del cual a estas alturas no se presenta ni la más mínima prueba. Se trata de sustituir con esto a los reales contendores: la dictadura y la oposición.

Y sigue:

«En ese sentido político, quizás la Iglesia debería exigirle a esos sectores más firmeza y cooperación por los espacios y auditorios que les ha dado».

La Iglesia no es la llamada a darle ningún espacio al pueblo, más que sus templos y sus oraciones, la política es un asunto que está fuera de los templos, y si con alguien debe reconciliarse la iglesia es con los católicos que no aceptan la dictadura y se le oponen a ésta en los términos que en cada momento se hace necesario.

Peter Hakim, Director Emérito de Diálogo Interamericano, de Washington, DC escribió:

«El Cardenal hizo algunas declaraciones desafortunadas en Harvard, no solo porque eran insultantes para algunos individuos valientes, sino porque también pueden dificultar el trabajo de la Iglesia en Cuba y disminuir el apoyo a ese trabajo en Estados Unidos. Pero nadie tiene toda la razón todo el tiempo».

Peter reconoce el desaguisado, y admite que fue «insultante para algunos individuos valientes», pero en otro párrafo, descalifica a quienes criticaron ese despropósito:

«Las reacciones más virulentas al comentario del Cardenal provinieron de aquellos que consistentemente han buscado oponerse y desacreditar al líder eclesiástico. Sus palabras en Cambridge fueron nuevas armas para ellos».

Todos los que en este Dossier tratan de alzar la imagen de Ortega Alamino y el rol que en la política ha desempeñado la Iglesia, esgrimen los mismos argumentos, tratan de enarbolar la tolerancia, pero son intolerantes, exigen que no se les descalifique y descalifican, tratan de incluir, pero excluyen, y reconcilian a quienes nunca se han confrontado.

Además, existen demasiados puntos en común entre estas opiniones y los intereses de las dos jerarquías que, aunque ni se mencione, son las que en realidad se están reconciliando: La jerarquía Católica y la jerarquía política.




Pregunta en español:

Muchas gracias cardenal Ortega por estar aquí con nosotros y muchas gracias por el trabajo que ha hecho durante toda su vida casi a favor del pueblo cubano y de la Iglesia Católica cubana en particular. Mi pregunta se refiera a algo que mencionó usted anteriormente, y es que la Iglesia Católica no puede y no debe de ser la voz de la oposición en Cuba o un partido de oposición en Cuba. Habiendo estado yo dentro de la Iglesia casi toda mi vida igual siempre me enseñaron que la Iglesia sí es la voz por lo menos de los oprimidos, de los perseguidos y de los menos afortunados, entonces le pregunto si la Iglesia sigue siendo esa voz dentro de Cuba y en particular me refiero no solo a los trece disidentes que fueron sacados a la fuerza de una Iglesia Católica cubana, anterior a la visita del Papa, pero más allá de eso a un señor que fue igualmente sacado a la fuerza habiéndose manifestado en frente de la misa del Papa en Santiago de Cuba.

Respuesta del cardenal: Sí, la iglesia era de La Habana y no fueron sacados a la fuerza, ellos eran un grupo… me apena mucho pero todos eran antiguos delincuentes, había un ex preso cubano que había sido devuelto a Cuba, había estado 6 años aquí en la cárcel preso y fue de las personas… dijéramos excluibles que fueron mandados a Cuba, había toda una gente allí sin nivel cultural, algunos con trastornos sicológicos. Hay unos grupos que dañan mucho a cualquier tipo de oposición o disidencia, que se han ido creando hasta un número indeterminado y esos grupos buscan muchas veces poder abandonar el país, tener una condición de refugiados etc.

Esto fue organizado por un grupo desde Miami y al mismo tiempo fueron a varias iglesias. Hubo un grupo que nos llamó desde Pinar del Río para decir: “Nos han pedido que ocupemos la catedral de Pinar del Río, pero cardenal nosotros no vamos a ir allí”. Eran personas más equilibradas. Los que fueron a la Iglesia en La Habana llegaron como tantos fieles, es una iglesia muy visitada todo el día, y allí se fuero quedando y al llegar la noche dijeron que ellos no se iban porque los estaban persiguiendo, que les iban a golpear. No había nadie en los alrededores, yo llamé al párroco, el párroco me dijo: “Bueno, aquí no hay nadie en los alrededores, pero ellos no se quieren ir de aquí”. Entonces fue el canciller del obispado para acompañarlos: “Pero miren ustedes no tienen problemas, yo voy a ir con ustedes, los vamos a llevar a sus casas en un vehículo nuestro, nadie los está esperando para golpearlos, vamos a irnos”. “No, no, no, nosotros mañana en la mañana nos iremos vamos a pasar la noche aquí”.

Con celulares… de última generación… comunicaban y les decían que no se fueran, desde el extranjero. Estaba pasando eso al mismo tiempo en Holguín. El obispo tuvo que ir personalmente porque el párroco no estaba y no tenía a nadie y tuvo que ir personalmente a un lugar. El les dijo “miren, tienen que irse de aquí, esto no es una manera de proceder y no se querían ir, y al fin y al cabo: “ustedes se van o nosotros comunicamos esto a las autoridades que hay personas que están ocupando aquí…”. Y se fueron.

Yo llamé para decir la situación que teníamos allí y me dijeron: “Ah, nosotros, que sea uno de ustedes que los convenza de que se vayan, que sea uno de ustedes”. Se lo dijimos a ellos, no podíamos convencerlos. Ellos dijeron: “Bueno que nos digan eso las mismas autoridades, que nos lo vengan a decir ellos”. Es decir, ellos pidieron que la autoridad se los dijera “porque no creemos, sí creemos al cardenal, pero no creemos que el recado de ellos es verdad de que no nos va a pasar nada”. Entonces las autoridades fueron a invitarlos a irse. No hicieron resistencia, nadie fue arrastrado, todo eso es falso, dijeron de la diócesis de Holguín que la había dado un manotazo a alguien para que el celular callera al suelo, nada de eso pasó, él me escribió enseguida email para decir “aquí no ha pasado nada de eso”.

En otra iglesia el párroco dijo: “Tienen que irse”. Y el párroco resolvió el problema. En La Habana trascendió por el hecho de que no se fueron, estuvieron mucho tiempo, nadie se percató de la llegada de ellos a una iglesia donde va mucha gente y crearon este problema y así fue como salieron, sin resistencia, porque el párroco estuvo allí y los vio. A uno lo tomaron por el brazo, que se había escondido en el baño al momento de llegar la policía. Fueron y lo buscaron, lo tomaron por el brazo. Los demás se fueron. Fueron llevados a sus casas. Primero le levantaron un acta… no le levantaron un acta les hicieron una advertencia de que eso no se podía hacer. Yo dije: “No vayan a hacerle nada a esta gente”, pero yo quisiera que ustedes vieran el informe de las personas que tomaron esa iglesia, era lamentable. Algunos presos, habían cumplido meses de cárcel por exhibicionismo, otros por delitos comunes… en la prisión tres, cuatro años y le preguntaban: “Pero bueno, ¿y qué ustedes quieren, por qué ustedes están aquí?”. “No, hasta que no venga no nos vamos de aquí porque…”.

Había uno totalmente desquiciado que decía: “Yo personalmente voy a hablar con el Papa”. Era una situación difícil… pues se cumplió lo que ellos pidieron, fueron las autoridades, los sacaron, y después claro… pero ya había lo que querían desde esos centros, que quedara para la historia esto y que yo había llamado a la policía y que los saqué, y que los sacaron arrastrándolo y todo eso es falso, todo eso es falso. Como dijeron del otro obispo que había dado un golpe a uno, todo… las noticias se fabrican y salen una serie de noticias.

Por ejemplo, nadie nadie publicó si no esta noticia: “El cardenal ha ayudado a deportar a 130 presos y fueron las Damas de Blanco, cuando vinieron a conversar conmigo las que me dijeron: “Queremos que los saquen de Cuba”. Tres veces les dije: “Esto lo tengo que informar porque me han puesto de mediador, me ha dicho el gobierno que medie con ustedes. Ustedes están seguras, ¿son todos?”… “Esa es la opinión de todos”. “¿No es de sus esposos nada más?”. Porque era un grupo de siete. “No, es de todos”.

Bien, yo presenté esto y me acuerdo que éramos el arzobispo de Santiago y yo, lo presentamos al mismo Raúl Castro y él dijo: “Bueno, podrían salir, pero no solos, sino con sus familiares. Si un país los acoge pueden también los familiares no tienen que enviárseles solos. Y yo pregunté: “¿Y quien no quiera irse de Cuba?”. “Bueno, quien no quiera irse de Cuba que no se vaya”.

Bueno, pues salieron y hay doce que se quedaron en Cuba, ya uno se fue después, vino a Estados Unidos. Pero, se han quedado, es decir, no hubo deportación, cada uno de ellos firmó con Iberia, un papel de que ellos no eran… porque también podían acusar a la línea aérea o que… ellos se iban.

Es decir, hay que tener mucho cuidado porque se pueden fabricar noticias de una falsedad tremenda… hay algo que es difícil de explicar que sería muy largo pero…

lunes, 4 de junio de 2012

LOS QUE NO SE HAN CONFRONTADO NO TIENEN QUE RECONCILIARSE


La “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se conviertan en aliados de los victimarios, y las cualidades, las cantidades y la legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.


La palabra “reconciliación” se ha puesto de moda durante esta última campaña de la dictadura, y algunos de sus aliados; entre ellos, Mariela Castro, Eusebio Leal y el cardenal Jaime Ortega, la enarbolan por los cuatro puntos cardinales, mientras el régimen aumenta  la represión contra la oposición interna, le conculca el derecho al diálogo y la sustituye por unos interlocutores, internos y externos, creados a su imagen y semejanza.

Las barreras nunca han estado entre cubanos, sino entre los cubanos y la dictadura. Todos los cubanos hemos tenido siempre la buena voluntad de ser cubanos, ha sido la dictadura quien nos ha impuesto, de mala voluntad, el tener que convertirnos en cubano-americanos, en cubano-chinos, en cubano-rusos, en cubano-dominicanos y así hasta completar más de un centenar de nacionalidades, las que hemos tenido que adoptar por malicia expresa del castrismo.


Fue la dictadura la que construyó a lo largo de más de medio siglo esas contradicciones, esos muros. La dictadura sembró las tempestades, la clase política dominante es la victimaria y los cubanos las víctimas.


En su arte de confundir, los ideólogos del castrismo y sus usufructuarios o aspirantes a usufructuarios onerosos, ponen de moda palabras que encierran conceptos equivocados y las repiten con la intención de legitimarlas. Tal cual neolengua orwelliana esas palabras encierran todo lo contrario de lo que aparentemente quieren expresar. En este caso, la “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se conviertan en aliados de los victimarios, y que las cualidades, las cantidades y la legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.


Y por solo citar cuatro ejemplares de la neolengua castrista, dígame si el concepto no es todo lo contrario de lo que significan las palabras con las que el Hermano Mayor trató de confundir a los cubanos, y legitimar su inocencia en el desastre: “Período de rectificación de errores y tendencias negativas”, “Período especial en tiempo de paz”, “Libreta de abastecimiento”, y “Cubadebate”. Del mismo modo, ahora, cuando la caña se le puso a tres trozos, nos tira la “reconciliación”… pero los cubanos estamos ya muy creciditos, así que… a otro perro con ese hueso. 


PE.: Pero tampoco olvidar que la palabra "reconciliar", según el Diccionario de la lengua española, indica en su sexta acepción lo siguiente: Rel. Confesarse, especialmente de manera breve o de culpas ligeras. Así que, por esta vez, si nos lanzamos por algunos retruécanos, damos por fin con el verdadero significado de la palabra "reconciliación" en el contexto de esta última campaña castrista. Quieren intercambiar nuestra inocencia por sus culpas.

sábado, 2 de junio de 2012

QUIEN PIERDA ESTA DATA, NO TENDRÁ DOMINÓ POR MUCHO TIEMPO


Este juego tan abierto, con frentes tan diversos y distanciados, puede ser definitivo, y no cabe dudas de que la clase dominante cubana está segura de eso.

Si la oposición sale fortalecida de ésta, y las propuestas consiguen llegar al conocimiento de más ciudadanos, estaría en condiciones, muy probablemente, de convocar a un referendo

La eficiencia con la que ha manejado la dictadura cualquier oposición ha sido proverbial. Desde siempre han sido cazados y puestos a buen recaudo tanto quienes se opusieron destempladamente, como los que estuvieron a punto de hacerlo, e incluso quienes crearon la percepción de que allá en el futuro lejano podrían cruzarse en el medio. Todos fueron arrasados, fueran civiles o militares, nacionales o extranjeros.

De tal modo que propios y extraños fueron adoctrinados –porque la letra con sangre entra-  en la idea de que en la isla no podían existir más que “revolucionarios”, allí las calles, las universidades, el aire, el agua y la tierra eran solamente para los “revolucionarios”, allí todos eran “felices” con su único partido y su único tribuno.

Sin embargo, ese panorama es bien distinto hoy. De aquella “revolución” no queda más que el recuerdo, queda el desencanto provocado por las promesas que nunca se cumplieron, y el despertar violento de unos sueños que nunca se convirtieron en realidad.

Acontecimientos duros cimbraron la conciencia nacional; entre ellos, el éxodo de Mariel en el 80, el caso Ochoa en el 89, la Primavera Negra en los albores del siglo XXI, y la disponibilidad -mínima aun-, de medios tecnológicos para comunicarse, capaces de evadir el cerco oficial que durante décadas asfixió la información que se producía en la isla. Estos y otros sucesos cambiaron definitivamente el panorama de la política cubana, y propiciaron que la correlación de fuerzas comenzara a favorecer a la oposición.

Hoy existen voces que consiguen dibujar una imagen más real del sueño comunista. Las Damas de Blanco, Guillermo Fariñas, Oswaldo Payá, Yoani Sánchez y muchos otros opositores tienen la capacidad de denunciar y registrar en tiempo real lo que acontece en Cuba desde otra óptica distinta a la oficial, algo impensable hace unos veinte años atrás, cuando la clase dominante cubana era dueña de todas las mordazas. Incluso, la aparición y permanencia de un espacio público, aunque malamente tolerado por la oficialidad, en el que se realizan debates de ideas, como el llamado Estado de SATS, hacen que el panorama ideológico cubano sea bien distinto en estos días.

El susto tan grande que esa clase dominante se llevó en 2010, cuando las fuerzas de la oposición se tensaron y la condena internacional contra el régimen fue contundente como nunca antes, propició que desde entonces y hasta ahora, se embarcara en una campaña de contraofensiva que cubre varios escenarios: Primero, para ordenar la casa por dentro, mandó al destierro a la mayoría de un grupo de 130 presos de conciencia -más de cincuenta de ellos detenidos durante la Primavera Negra de 2003-, quienes constituían la punta del iceberg, arreció la represión contra todos los grupos de la oposición y le dio a la Iglesia, en la voz del Cardenal, un espacio para que le ayudara a desplegar la cortina que necesita para tapar el crecimiento y las acciones de la oposición y el recrudecimiento de la violencia oficial contra ésta; y para ordenar la casa por fuera, de manera inédita, ha invadido los territorios del “enemigo del norte”. 

Este juego tan abierto, con frentes tan diversos y distanciados, puede ser definitivo, y no cabe dudas de que la clase dominante cubana está segura de eso. No está en condiciones de errar el tiro, tiene que arrebatar o se le acaba el partido. Para recuperar lo perdido y eternizarse en el poder apuesta fuerte a los grupos de “amigos” que allende los mares le hacen el trabajo de obnubilar a la opinión pública internacional, propician que el dedo se aparte de la llaga y la atención caiga en otros asuntos, que se defiendan los derechos de otros y se tapen las violaciones que se comenten contra los derechos de los ciudadanos en la isla.

Si la dictadura en esta campaña -en la que cuenta con aliados recientes como la Iglesia Católica y algunos grupos de intelectuales y académicos propios y extraños-, consigue el súper objetivo de pasarle por encima nuevamente a la oposición, desmembrarla, denostarla y aniquilarla, las posibilidades de democracia en Cuba serán inciertas; ahora, si la oposición sale fortalecida de ésta, y las propuestas consiguen llegar al conocimiento de más ciudadanos, estaría en condiciones, muy probablemente, de convocar a un referendo en el que los cubanos respondan, finalmente, si quieren o no ser gobernados eternamente por un solo tribuno y un solo partido.

domingo, 20 de mayo de 2012

DICTADURA Y DEMOCRACIA: UN DEBATE ENTRE GÓMEZ Y MARTÍ


Ayer fue 19 de mayo de 2012, se cumplieron ciento diecisiete años de la muerte en combate de José Martí, el Apóstol de Cuba. Y volví a leer lo que escribió Máximo Gómez ese día en su diario:

El 19, a la Vuelta Grande, en donde encuentro al General Bartolo Masó con más de 300 jinetes- y a Martí y mis ayudantes.

Pasamos un rato de verdadero ardor y espíritu guerrero; ignorando que el enemigo venía marchando por mi rastro […]

Dos horas después, nos batíamos a la desesperada con una columna de más de 800 hombres, a una legua del campamento, en Dos Ríos.

Jamás me he visto en lance más comprometido- y Martí, que no se puso a mi lado, cayó herido o muerto en lugar donde no se pudo recoger y quedó en poder del enemigo.

Cuando supe eso avancé solo hasta donde pudiera verlo.

Esta pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota; la flojera y poco brío de la gente, todo eso abrumó mi espíritu a tal término, que dejando algunos tiradores sobre un enemigo que ya de seguro no podía derrotar, me retiré con el alma entristecida.

¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la noche; que al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento.

Así demostraba el General Gómez el respeto y el cariño fraterno ante un hombre con quien había tenido un fuerte encontronazo en Nueva York, en octubre de 1884. Había sido verdaderamente fuerte el altercado entre los dos hombres, pero habían muchas y más grandes cosas que los unían, por eso 1892, cuando Martí lo visitó en “La Reforma”, en La República Dominicana, Gómez escribió en su diario:

Septiembre 11.- […] Muchos cubanos prominentes de nuestro Partido, con aparente razón temían que ahora, guardando yo algún resentimiento de Martí, por su conducta pasada, negase a la Revolución que él trata de resucitar, mi apoyo moral y todos mis servicios.

No debe ser así, pues Martí viene a nombre de Cuba, anda predicando los dolores de su Patria, enseña sus cadenas, pide dinero para comprar armas; y solicita compañeros que le ayuden a libertar, y como no hay un motivo, uno solo, ¿por qué dudar de la honradez política de Martí? Yo, sin tener que hacer el menor esfuerzo, sin tener que ahogar en mi corazón el menor sentimiento de queja contra Martí, me he sentido decididamente inclinado a ponerme a su lado y acompañarlo en la empresa que acomete.

Así pues Martí ha encontrado mis brazos abiertos para él, y mi corazón, como siempre, dispuesto para Cuba.

Aquella desavenencia entre Gómez y Martí, del todo ríspida, quedó registrada también en el diario del General dominicano:

Agregaré a esto que no faltaba alguien, como José Martí, que le tenga miedo a la dictadura, i que cuando más dispuesto lo creía se retiró de mi lado furioso según carta suya insultante, que conservo; porque no dejándolo yo, inmiscuirse en los asuntos del plan general de la Revolución, a cargo mío en estos momentos, y deseando enseñarle su papel, se ha creído que yo pretendo ser un dictador i dando a éste frívolo pretexto, la gravedad que jamás en si puede tener se ha alejado de mi lado vertiendo especies que no creo favorezcan a las cosas i a los hombres. He empezado de nuevo a saborear gotas amargas, pero yo seguiré mi camino sin miedo ni contemplaciones. 

Ambos hombres, ya desde entonces, debatían acerca del valor de la libertad y la democracia. Para Gómez, Martí se inmiscuía en sus asuntos, en los que nadie tenía derecho a opinar y mucho menos a fiscalizar; y para Martí, Gómez estaba en el deber de actuar de manera transparente y democrática. Y ese ideal de libertad y democracia el Apóstol lo enunció en la mencionada carta, dirigida al general Gómez con fecha 20 de octubre de 1884:

Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento:-y cuando en los trabajos preparatorios de una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar todas las labores, voluntades y elementos que han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia, sino la intención, bruscamente expresada a cada paso, o mal disimulada, de hacer servir todos los recursos de fe y de guerra que levante este espíritu a los propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se presentan a capitanear la guerra, ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?: ¿los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Uds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra?-Si la guerra es posible, y los nobles y legítimos prestigios que vienen de ella, es porque antes existe, trabajado con mucho dolor, el espíritu que la reclama y hace necesaria:-y a ese espíritu hay que atender, y a ese espíritu hay que mostrar, en todo acto público y privado, el más profundo respeto;- porque tal como es admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus esperanzas personales de gloria o de poder, aunque por ella exponga la vida.—El dar la vida constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente.

Entiendo que Martí tenía muy claro los peligros que corría la Patria que estaban tratando de fundar, y no se equivocó, porque aunque el general Gómez nunca estuvo en condiciones ni en el camino de ser un dictador, muchos otros llegaron, desde 1902 hasta hoy, para comandar a Cuba como si la isla fuera un regimiento; y ayer, a ciento diecisiete años de su muerte, José Martí seguía teniendo sobradas razones para desconfiar.

sábado, 12 de mayo de 2012

LA ARROGANCIA INFINITA DEL CUBAN-NON-SAPIENS


La pedantería cubana fue tan notoria y nociva para la reputación de las tropas castristas en África, como lo es ahora usándola en contra de los afroamericanos, los latinos, los indios y demás comunidades que cohabitan con nosotros en el sur de la Florida.


Por Paquito D´Rivera


Hace unos días llegó a mis manos (o más bien a mi Mac) un ilustrativo artículo firmado por Jesús García titulado “El Cubano No Cae Bien”, que enumera y describe los múltiples logros de muchos exiliados nacidos en la mayor de las Antillas y el efecto negativo que dichos logros pudieran haber tenido en el resto de los mortales. Pero analizando las cosas desde otro punto de mira, los indiscutibles éxitos de algunos coterráneos nuestros, es quizás una de las peores e injustificables razones de esa desagradable petulancia por la que algunos nos llaman con sorna y alguna razón "Los Argentinos del Caribe", o “El Pueblo Elegido” (por nosotros mismos). O sea que –como diría mi abuela Panchita –, poco a poco nos hemos ido convirtiendo en un bando de engreídos y sangrones. Pero como dicen que lo último que se pierde es la  esperanza, quizás aún estemos a tiempo de aplicarnos la sabia frase del filosófico Bill Cosby que dice que: “el reconocimiento de nuestros propios defectos es la única forma de enmendarlos”. En caso de que sea esa la intención, agregaría yo.

Conversando cierta vez con un psicólogo en La Habana, este me decía que la arrogancia tiende a aflorar cuando consciente o inconscientemente se trata de cubrir o disimular alguna deficiencia o defecto personal o social (que pal’ caso es lo mismo). Yo he conocido cubanos que después de 30 o 40 años de vivir en este país, dicen hasta con orgullo no hablar o entender “ni una papa de ingles", o hablan del éxito obtenido en los negocios siendo casi analfabetos. Y no es que sea deshonroso carecer de determinados conocimientos, pues todos tenemos “handiaps” en nuestra formación personal (mi propia abuela nunca aprendió a leer o escribir), sino que el "ser cubano", cuando es mal educado, es el único en el mundo que alardea de su propia ignorancia. Es lo que yo llamo el Cuban-Non-Sapiens.
Uno de los siete pecados capitales, la envidia es indudablemente un sentimiento vil y recriminable, pero propiciar el resentimiento con ostentaciones y desmanes contra individuos o grupos étnicos de menor éxito es aun mas vergonzoso, y a mi me produce muchas veces vergüenza ajena.

La pedantería cubana fue tan notoria y nociva para la reputación de las tropas castristas en África, como lo es ahora usándola en contra de los afroamericanos, los latinos, los indios y demás comunidades que cohabitan con nosotros en el sur de la Florida. Esa es la triste realidad que además, estamos pasando como pésimo ejemplo a las nuevas generaciones. ¿Podremos algún día superar tanta estupidez y falta de tacto y sentido común? Lo dudo. Son demasiados años de creernos la "raza superior", sin darnos cuenta de que –como bien dijo aquel psicólogo habanero– la arrogancia en el fondo no es mas que un tremendo complejo de inferioridad, y que  la superioridad de los verdaderamente grandes radica –por el contrario –,  en su humildad y sencillez. Celia, Martí, Monseñor Román, Montaner, Cachao, Andy, y Bebo Valdés son solamente unos pocos ejemplos de ello. Ojalá nuestros hijos y nietos siguieran ese patrón. Supongo que entonces no caerían tan mal.

Paquito D’Rivera
Mayo 2012

MÉXICO: A CIEN AÑOS DE LAS GUERRAS CRISTERAS

La lección histórica continúa vigente: ningún régimen puede gobernar las conciencias. Por Enrique Krauze Ejército Unión Popular Cristera. ...