El
primer escache que tuve en la averiguación fue creer que hablábamos del mismo
nombre, pero al buscar en la geografía de las islas Trinidad y Tobago descubrí
que allí no hay ningún lugar que se llame Yaguaramas.
Desde que circula El Tren…,
con sus dos ramales: 2ª. Época y los 100 Músicos del Siglo,
varios lectores me han comentado que Yaguaramas es un lugar en la isla
Trinidad, donde existió una base naval que alcanzó renombre durante la II
Guerra Mundial.
Para mí Yaguaramas siempre
había estado en Cuba, en el mismo lugar desde mucho antes de que llegaran los conquistadores,
hacia el centro y sur de la isla, muy próximo a la Ciénaga de Zapata, casi en
el punto medio entre las bahías de Cochinos y de Cienfuegos.
Según está documentado, en
1511 Fray Bartolomé de las Casas, quien acompañó a Diego Velásquez en la conquista
y colonización de la isla, ofició misas en ese poblado, donde en 1515 fue
construida la primera iglesia, la que según algunos autores fundó el propio
Padre las Casas.
El nombre aborigen significa
abundante palma de corojo, y se
convirtió en Mayorazgo en 1560, llegando a ser uno de los más importantes de la
isla. En 1607, cuando la colonia española fue dividida en dos regiones, con una
capital en La Habana y otra en Santiago de Cuba, Yaguaramas quedó en la parte
occidental.
Cuando se acabaron las poquísimas
pepitas de oro que yacían en el lecho de los ríos de la zona, y que eran el
acicate para la colonización de la isla, los conquistadores debieron buscar una
nueva fuente de riquezas y esta la encontraron en la cría de ganado. Según
algunos autores fue el mismo Diego Velázquez quien se ocupó de introducir en la
región el ganado vacuno, caballar, bovino, caprino y las aves de corral,
empresas estas que necesitan una reducida mano de obra, y que por entonces, con
un puerto como el de la Fernandina, en la orilla occidental de la Bahía de
Cienfuegos -donde menudeaban las embarcaciones piratas-, tenían un mercado
excelente para los cueros, tan necesarios en la navegación de la época, y las
carnes curadas que constituían uno de los alimentos principales de los hombres
del mar.
Esta producción, además de
la extracción de maderas de los bosques que entonces abundaban en la zona,
fueron las fuentes de riquezas principales en Yaguaramas, hasta que a finales
del siglo XVIII, gracias a la debacle que en Haití provocó la revolución de
1791, comenzó a imponerse la producción azucarera. A partir de entonces, se
construyeron en Yaguaramas los primeros trapiches y las extensas planicies
comenzaron a alternar la ganadería con las plantaciones de caña de azúcar.
En el siglo XIX, cuando ya
Aguada de Pasajeros era una población de cierta importancia en la región,
Yaguaramas pasó a ser uno de sus barrios, hasta que en el siglo XX, fue
incluido como integrante del municipio Abreus, en la provincia Cienfuegos.
Es decir, que Yaguaramas
tiene una larguísima historia allí donde está, y yo estuve allí muchas veces.
Yo lo conocí en los primeros años de la segunda mitad del siglo XX, cuando la
carretera Circuito Sur unía toda la región con la Carretera Central y mi abuelo
era el Jefe de la Estación de Ferrocarril.
Por entonces, a Yaguaramas
llegaba aleatoriamente un tren que salía de La Habana, y que rara vez pudo
cumplir sus horarios, y es por eso que en mi familia quedó como un símbolo de
impuntualidad aquel tren de Yaguaramas, por eso, porque nunca sabré cuando ni a
que hora tendré listo un post para publicar en este blog, es que decidí ponerle
ese nombre. Dicho esto, hay que buscar entonces aquel Yaguaramas que según
comentarios está en otra isla del Caribe, en la isla de Trinidad.
El primer escache que tuve
en la averiguación fue creer que hablábamos del mismo nombre, pero al buscar en
la geografía de las islas Trinidad y Tobago descubrí que allí no hay ningún
lugar que se llame Yaguaramas, pero sí hay un Chaguaramas, una palabra muy
parecida pero con significado distinto: “costa rodeada de palmeras”.
El
poblado Chaguaramas está situado al nordeste de la isla Trinidad, y se tienen
noticias de que allí hubo asentamientos de amerindios desde 6,000 años antes de
la llegada de los primeros conquistadores europeos, y por ser un punto propicio
para el tránsito entre los antiguos habitantes de las islas del Caribe, en
Chaguaramas se asentaron integrantes de diferentes tribus, los que según la
página de la Internet Ichaguaramas.comdejaron
sus huellas en palabras que aun sobreviven; entre ellas, “Yaio,
Nepuyo, Chaima, Warao, Kalipuna, Carinepogoto, Garini, y Aruaca”; también en el
nombre de los ríos, entre ellos el “Caroní, Oropouche y Tamana”; y en el nombre
de lugares como “Arima, Paria, Arouca, el Caura, Tunapuna, Tacarigua, Couva,
Mucurapo, Chaguanas, Carapichaima, Guaico, Mayaro, Guayaguayare, y Chaguaramas”.
En 1498 Cristóbal Colón navegó por aquellas islas, las
que quedaron a partir de entonces como posesión de la corona de España. En los
años por venir sus primitivos habitantes murieron por enfermedades, por los
trabajos forzados a los que eran sometidos o tuvieron que huir, convirtiéndose
Chaguaramas por mucho tiempo en asentamiento de piratas al acecho de toda
embarcación que navegara con rumbo a Venezuela.
En 1783, después de un acuerdo entre el rey Carlos IV
de España y el francés asentado en Granada, Phillippe-Rose Roume de Saint
Laurent comenzaron a llegar a Trinidad, procedentes de otras islas del Caribe,
miles de franceses con sus esclavos, lo que le adicionó a la isla un nuevo
ingrediente cultural.
En 1797, después de trescientos años de dominio
español, la isla fue tomada por los ingleses. De nada valió que el Gobernador
Chacón mandara reforzar las defensas de la isla construyendo fortalezas y
aumentando el poder de su flota, que con la llegada del Almirante Apodaca en
enero de ese año, quedó integrada por cuatro buques y una fragata, lo que no significó mucho, porque después de
cruentos combates navales, se impuso el poderío del Almirante inglés Harvey,
quien contaba con diecisiete barcos armados, cuarenta medios de transporte y
ocho mil hombres bajo las órdenes de Sir Ralph Abercromby.
Así terminó el real decreto de 1498 que declaraba la
isla de Trinidad posesión española: el 18 de febrero de 1797 el gobernador José
María Chacón, entregó la isla a Sir Ralph Abercromby. Durante el siglo XIX, se produjeron acontecimientos de
gran relevancia en Chaguaramas; entre otros, se menciona en 1805 la sublevación
de esclavos en las plantaciones de azúcar, propiedad de colonos franceses. Se
menciona también que desde finales del siglo XVIII hasta el XIX se
establecieron prósperas empresas dedicadas a la caza y comercialización de las
ballenas.
En el siglo XX, comenzaron a llegar los marines
norteamericanos a la isla y se establecieron en la base naval de Chaguaramas.
Por su posición estratégica la base albergó a los entonces muy efectivos
“Destroyer”, mismos que el gobierno británico solicitó a los Estados Unidos a
cambio del arrendamiento en 1941 de bases por 99 años. Según la página citada,
“el gobierno británico, a cambio de más de cincuenta destructores, le entregó a
los Estados Unidos ocho bases. Chaguaramas se convirtió en una de ellas y
estuvo en pleno funcionamiento en 1943. La importancia de Chaguaramas aumentó
con la construcción en 1966 del sistema de navegación Omega”.
El siglo XX continuó su curso y la isla de Trinidad y
Tobago pasó por fuertes tensiones sociales, las que desembocaron en el cierre
de la base naval de Chaguaramas, y la plena independencia de la metrópolis británica.
Fuentes:
Instituto
de Historia de Cuba. La colonia T.I pág.99
Basta
ya de jugar con la cadena. De ahora en adelante, la pelea ha de ser
directamente con el mono. Eliécer Ávila.
Circula en varios medios de la Internet un artículo de
Leonardo Padura, bajo el título: Cuba: ¿odio o conciliación? En éste, el autor evade, por todos los medios, la
responsabilidad de llamar las cosas por su nombre, juega con la cadena pero
deja tranquilo al mono, un modo de escribir y hablar que se ha empleado por los
cubanos de todos los estratos durante más de medio siglo.
Pero ya el pensamiento cívico cubano no oficial, el
que representan muchos individuos capaces de emitir criterios y divulgarlos
desde el seno de la sociedad, ha llegado al grado de eliminar los eufemismos,
de quitar, en la exposición de las ideas, toda bruma.
Menciona la sociedad viciada por el inmovilismo, pero
no acude al sentido común para mencionar que quienes ostentan el poder son los
mismos desde hace más de medio siglo, y esa es la esencia del inmovilismo.
Menciona las críticas que ha recibido el cardenal
Jaime Ortega, pero no indica ni las causas ni los autores de esas críticas,
tampoco se refiere a los desaciertos cometidos por el purpurado en su rol de
mediador político. No menciona que la Iglesia, en su afán de mejorar sus
espacios, ha intentado ocupar el lugar de la oposición pacífica y ha aceptado
denostarla, en franco conciliábulo con quienes tienen el poder político en
Cuba.
Esa etapa del pensamiento cubano, en la que se hablaba
como quien anda en terreno minado quedó atrás. Entre otros, Eliécer Ávila, Yoani Sánchez, Guillermo Fariñas, Rodiles y Oswaldo Payátienen un discurso diáfano, con serias y bien fundamentadas
propuestas, sin odios, sin consignas que llamen a rebato o a hundir la isla en
el mar.
Esos críticos del cardenal no promueven ni el
inmovilismo ni el odio, sino todo lo contrario, estos críticos le piden a la
Iglesia Católica que desempeñe su rol y que no interfiera, no descalifique y
mucho menos trate de ocupar el lugar que le corresponde a la oposición interna,
precisamente en este momento, en el que las fuerzas de un pensamiento nuevo,
múltiple y democrático ha nacido en Cuba, y puja por ocupar el lugar que le
corresponde en la sociedad.
Le hubiera hecho mucho bien, a este bullir de ideas
que ahora recorre nuestra isla, que Espacio Laical, Cubadebate, el Granma,
Juventud Rebelde, IPS/ Internacional y Progreso Semanal, entre otras
publicaciones oficialistas y pro oficialistas, hubieran publicado además de los
elogios al cardenal algunas de aquellas críticas, pero esas publicaciones solo
las mencionan y denuestan a los opositores
que las suscriben, y, siguiéndole la rima al inmovilismo, juegan con la cadena y
dejan tranquilo al verdadero culpable de la
entronización de los odios en la sociedad cubana.
Desde la oposición ya se va directamente contra el mal,
los eufemismos quedaron a un lado, las palabras dejaron de sortear a los
intocables y corren por vías expeditas hacia la verdad. Es quizás por eso que el
autor del mencionado artículo piense, inmóvil, que quienes reclaman su espacio
con argumentos irrebatibles, quienes exigen su derecho a estar en contra de un
régimen que ostenta todo el poder desde hace más de medio siglo y difama a sus opositores, aborrecen al
cardenal y son unos ingratos.
El autor se mantiene en la línea del pensamiento inerte,
en consonancia con quienes desde el poder inculcan el
odio desde la mañana a la noche, pero le echan la culpa al otro. También
-se me ocurre ahora-, es posible que las críticas a las que él se refiere no
sean las mismas que yo he leído, pero en todo caso es su derecho a expresarse
libremente, el mío es escribir esto que usted acaba de leer.
Oswaldo Payá, Antonio G. Rodiles, Alexis Jardines, Mario J. Rivera y Miguel Saludes, son algunas de las voces que no comulgan con los puntos del Cardenal, pero ninguno de los entrevistados en este Dossier los menciona, sino que los descalifican.
Algunas afirmaciones del cardenal Jaime Ortega en su conferencia en la Universidad de Harvard -ver anexo al final-, han concitado el rechazo de algunas voces de la sociedad civil y la oposición cubana, y para contrarrestarlo y resaltar la imagen del purpurado, el pasado 4 de junio apareció en la Internet un Dossier Especial de Progreso Semanal, en el que un grupo de consultados exalta las virtudes del cardenal y del rol que viene desempeñando la Iglesia católica en Cuba. Sin embargo, estas apologías tienen también sus lados flacos, los que quiero comentar a grandes rasgos.
Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Distinguido Emérito de Economía, de la Universidad de Pittsburgh escribió:
«Por tanto, apoyo los programas y acciones de la Iglesia Católica que abren espacios para el debate respetuoso de cubanos dentro y fuera de Cuba, con diversas ideas, en busca de consenso, procurando las necesarias reformas económico-sociales que requiere el país».
Aquí, el señor Carmelo reduce el debate a dos grupos que no están en conflicto; además, no menciona que a los cubanos se les viola el derecho a desplazarse libremente, lo que impide la democratización de esos debates. Al anotar el adjetivo “respetuosos”, armoniza con el lenguaje oficial y reafirma que hay unos «irrespetuosos» que no califican. Por otra parte, se refiere nada más que a las reformas económico-sociales y deja de lado las políticas, que sin dudas propician todas las demás.
Más adelante Carmelo anotó:
«[…] espero que la Iglesia se abra también a la participación en los debates de disidentes políticos residentes en Cuba con posiciones documentadas y respetuosas».
En cuanto a esto, Carmelo desestima a los opositores que tienen desde hace muchos años propuestas muy bien documentadas, incluso basadas en la propia constitución, esa que supuestamente votaron casi el 100 % de los cubanos, pero en lugar de un espacio para el debate democrático lo que han recibido son muchísimos años de cárcel, la violación de todos sus derechos, el escarnio público y la humillación de ellos y sus familiares.
Oscar Espinosa Chepe, economista, expreso político de la causa de los 75 y activo opositor al gobierno cubano escribió:
«[…] los trabajos que está haciendo la Arquidiócesis de La Habana de unión de los cubanos, de servir de puente entre distintos sectores de nuestra sociedad es muy favorable; tanto la creación del Centro Cultural Padre Félix Varela, donde participan compatriotas de distinto signo político y debaten allí las ideas de una forma responsable, […]»
En realidad, este espacio adquiriría legitimidad en la medida que otros espacios se pudieran crear por libre iniciativa de los ciudadanos, y no por intervención o mediación de la Iglesia, la que, en última instancia, y solo en última instancia, consigue lo que la jerarquía política le permite.
Y más adelante Chepe, refiriéndose a las reformas anunciadas, continúa:
«Pero eso no se puede lograr con una varita mágica y, mucho menos, insultando a entidades que han sido nuestras aliadas, que han sido nuestras protectoras […]»
Oswaldo Payá, Antonio G. Rodiles, Alexis Jardines, Mario J. Rivera y Miguel Saludes, son algunas de las voces que no comulgan con los puntos del Cardenal, pero ni Chepe ni ninguno de los entrevistados en este Dossier los mencionan, sino que los descalifican. Habría que ver cuáles son las expresiones que Chepe toma como «insultos», pero seguramente que ninguna tan hiriente y mordaz como las que utiliza el Granma contra todos sus adversarios.
Julia Sweig, miembro principal del Nelson y David Rockefeller Center. Directora de Estudios Latinoamericanos del Concejo de Relaciones Exteriores, de Washington, DC escribió:
«Me eché a reír cuando leí la palabra lacayo, porque es un término que proviene […] de la Cuba de Batista. Es un término polarizador que también me entristeció verlo […] en cualquier lugar relacionado con Cuba».
Julia se asombra al leer la palabra «lacayo» en un editorial de Radio Martí, pero esa no es más que una caricia al lado de las injurias que ha publicado la prensa oficial cubana, contra sus opositores durante más de medio siglo. Y para muestra un editorial titulado Otro capítulo de irrespeto y falsedades.
Pero si le apetece como a Julia la palabra «lacayo», ahí la transcribo, utilizada no una, sino tres veces en dos de los párrafos de una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba:
¿Será acaso por eso que el Imperio se los traspasa al lacayo […]?
“Mientras, Cuba resiste al Imperio y desprecia al lacayo. […] Sabe que ni imperios ni lacayos impedirán que su pueblo construya la sociedad más culta, más justa y más solidaria que haya existido jamás”.
Más adelante Julia continúa:
«[…] el cardenal Ortega ha creado un espacio para el debate y el diálogo en Cuba, y no solo para los católicos».
Aquí Julia descalifica la labor de muchos opositores dentro de la isla, quienes han creado diversos espacios para el intercambio de información y el debate, lugares asediados por la policía política, bibliotecas, centros de reunión que nada han tenido que ver con el cardenal, y que si existen es por el coraje de sus creadores.
Y sigue escribiendo Julia:
«Sus esfuerzos por ayudar a la liberación de presos políticos –no solo en los últimos años, sino durante el tiempo que ha ocupado el cargo– ha sido eficaz e incluso heroico».
Si vamos a hablar llanamente, lo que ha conseguido el cardenal, en la mayoría de los casos, ha sido que les conmuten a algunos presos políticos cubanos la pena de cárcel por la de destierro -único procedimiento que durante décadas ha permitido la jerarquía política cubana-, y eso no significa la liberación. En todo caso, un cambio de condena muy beneficioso para la dictadura.
Julia también afirma que:
«Cuba está atravesando un período de cambio significativo. Creo que hay más espacio para el desacuerdo, disensión y el choque de ideas que en ningún otro momento desde que comencé a viajar a la Isla en 1984».
Buen año ese… 1984… Orwell lo describió a la perfección. ¡Pero no es posible tomar en serio esta data! De 1984 a 2012 han pasado nada más y nada menos que 28 años, por respeto a la inteligencia ajena… ¿¡o es que nuestra Nación tendrá que esperar a las calendas!? En 31 años se realizaron en Cuba dos Guerras de Independencia, y 4 años después fuimos República, pero dos décadas después ya la isla estaba en franca recuperación económica y pujaba por colocarse entre las naciones más prósperas del mundo, y en 1940, nos dimos una de las más avanzadas y democráticas Constituciones de América, fue la época en la que nuestro país más se pareció a una República con todos y para el bien de todos.
Y Julia concluye:
«El ataque político a la archidiócesis de La Habana y al liderazgo del Cardenal Ortega representa un importante paso atrás en el proceso de reconciliación que hasta la fecha él ha dirigido exitosamente. Nunca pensé que fuera posible».
Si el cardenal habla en términos políticos no puede esperar que le canten maitines, le van a responder con argumentos políticos. Y como lo único que se ha estado reconciliando hasta ahora es la jerarquía de la Iglesia con la jerarquía política en Cuba, el paso atrás en ningún caso afectará a los ciudadanos, el pueblo seguirá sufriendo igual, por él deberían doblar las campanas, pero no es así, el paso adelante o atrás en estos concilios nada significará para el pueblo, porque el pueblo está del otro lado del horizonte.
Aurelio Alonso, sociólogo, escritor, sub-director de la revista Casa de la Casa de las Américas escribió:
«[…] los entendimientos que pueden darse entre una Iglesia que sustenta sus posiciones en su propia doctrina social y el Estado socialista».
Aquí lo dice más claro Aurelio, aquí no tengo nada que agregar, porque más claro no canta un gallo.
Arturo López-Levy, académico, Investigador Asociado de la Universidad de Denver, Estados Unidos anotó lo siguiente:
«En contraposición a la ineficacia de aquellos actores que prefieren lo contencioso y hasta adoptan posiciones ambiguas o favorables hacia el embargo norteamericano, […]»
Así continúa la retahíla de descalificaciones y ofensas sin mencionar el santo. Son ineficientes «aquellos actores», según él, porque contienden y están a favor del embargo. Esas son las otras ideas, esa es la pluralidad, esos que piensan distinto son los que forman parte de la pluralidad que menciona Arturo, pero que en realidad no acepta.
Continúa Arturo:
«[…] el diálogo paciente de la Iglesia con el gobierno no solo alcanzó la liberación de los prisioneros de la primavera de 2003 sino también abrió nuevos canales de comunicación entre el Partido Comunista y la organización de más amplia membrecía dentro de la sociedad civil cubana».
No es difícil entender entonces, por qué la Iglesia Católica y el Partido se comunican, y dejan fuera a todas las demás organizaciones de la sociedad civil, incluida la oposición: porque tienen, supuestamente, entre ellos dos, la más amplia membrecía dentro de la sociedad civil cubana, con esto está dicho y repetido, que las demás organizaciones opositoras son, como se les llama desde los editoriales de la prensa oficial cubana, unos «grupúsculos» que no merecen ser invitadas a los concilios.
Y escribe Arturo:
«Resistiendo las caricaturas simplistas de ángeles y demonios en la política cubana, que llevaron a la guerra civil de los sesenta, las congregaciones de fe han preferido dotar la sociedad con una cultura de derechos humanos, fe y responsabilidad patriótica».
Crípticas conclusiones saca Arturo de la Historia de Cuba. No fue el maniqueísmo político lo que llevó a los cubanos a la última guerra civil del siglo XX, sino la traición de unos ideales que tuvieron su campo de batalla en las Sierras del Escambray. Unos volvieron a la guerra porque consideraron que la patria con todos y para el bien de todos había quedado aplazada y aplastada, la defensa de la Constitución del 40 y la vuelta a la democracia habían quedado truncas. Dos grupos de cubanos se enfrentaron porque la revolución que se prometió ser verde como las palmas fue escamoteada.
Difícil misión le achaca Arturo a la Iglesia, una misión imposible, misión que por demás le ha sido prohibida a muchos opositores. Divulgar la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha sido uno de los cargos por los que más de uno en Cuba ha ido a la cárcel.
Y continúa Arturo López:
«Es que de triunfar los proyectos reconciliadores, como el que el Cardenal promueve, habría que desmontar las estructuras de hostilidad a ambos lados del estrecho de la Florida. Y esa si sería la peor derrota para las industrias del odio».
Insiste en el conflicto entre los cubanos del exilio y los de la isla, una falacia que cabe solo en las mentes de algunos miembros del Comité Central y algunos cubano-americanos, un conflicto del cual a estas alturas no se presenta ni la más mínima prueba. Se trata de sustituir con esto a los reales contendores: la dictadura y la oposición.
Y sigue:
«En ese sentido político, quizás la Iglesia debería exigirle a esos sectores más firmeza y cooperación por los espacios y auditorios que les ha dado».
La Iglesia no es la llamada a darle ningún espacio al pueblo, más que sus templos y sus oraciones, la política es un asunto que está fuera de los templos, y si con alguien debe reconciliarse la iglesia es con los católicos que no aceptan la dictadura y se le oponen a ésta en los términos que en cada momento se hace necesario.
Peter Hakim, Director Emérito de Diálogo Interamericano, de Washington, DC escribió:
«El Cardenal hizo algunas declaraciones desafortunadas en Harvard, no solo porque eran insultantes para algunos individuos valientes, sino porque también pueden dificultar el trabajo de la Iglesia en Cuba y disminuir el apoyo a ese trabajo en Estados Unidos. Pero nadie tiene toda la razón todo el tiempo».
Peter reconoce el desaguisado, y admite que fue «insultante para algunos individuos valientes», pero en otro párrafo, descalifica a quienes criticaron ese despropósito:
«Las reacciones más virulentas al comentario del Cardenal provinieron de aquellos que consistentemente han buscado oponerse y desacreditar al líder eclesiástico. Sus palabras en Cambridge fueron nuevas armas para ellos».
Todos los que en este Dossier tratan de alzar la imagen de Ortega Alamino y el rol que en la política ha desempeñado la Iglesia, esgrimen los mismos argumentos, tratan de enarbolar la tolerancia, pero son intolerantes, exigen que no se les descalifique y descalifican, tratan de incluir, pero excluyen, y reconcilian a quienes nunca se han confrontado.
Además, existen demasiados puntos en común entre estas opiniones y los intereses de las dos jerarquías que, aunque ni se mencione, son las que en realidad se están reconciliando: La jerarquía Católica y la jerarquía política.
Pregunta en español:
Muchas gracias cardenal Ortega por estar aquí con nosotros y muchas gracias por el trabajo que ha hecho durante toda su vida casi a favor del pueblo cubano y de la Iglesia Católica cubana en particular. Mi pregunta se refiera a algo que mencionó usted anteriormente, y es que la Iglesia Católica no puede y no debe de ser la voz de la oposición en Cuba o un partido de oposición en Cuba. Habiendo estado yo dentro de la Iglesia casi toda mi vida igual siempre me enseñaron que la Iglesia sí es la voz por lo menos de los oprimidos, de los perseguidos y de los menos afortunados, entonces le pregunto si la Iglesia sigue siendo esa voz dentro de Cuba y en particular me refiero no solo a los trece disidentes que fueron sacados a la fuerza de una Iglesia Católica cubana, anterior a la visita del Papa, pero más allá de eso a un señor que fue igualmente sacado a la fuerza habiéndose manifestado en frente de la misa del Papa en Santiago de Cuba.
Respuesta del cardenal: Sí, la iglesia era de La Habana y no fueron sacados a la fuerza, ellos eran un grupo… me apena mucho pero todos eran antiguos delincuentes, había un ex preso cubano que había sido devuelto a Cuba, había estado 6 años aquí en la cárcel preso y fue de las personas… dijéramos excluibles que fueron mandados a Cuba, había toda una gente allí sin nivel cultural, algunos con trastornos sicológicos. Hay unos grupos que dañan mucho a cualquier tipo de oposición o disidencia, que se han ido creando hasta un número indeterminado y esos grupos buscan muchas veces poder abandonar el país, tener una condición de refugiados etc.
Esto fue organizado por un grupo desde Miami y al mismo tiempo fueron a varias iglesias. Hubo un grupo que nos llamó desde Pinar del Río para decir: “Nos han pedido que ocupemos la catedral de Pinar del Río, pero cardenal nosotros no vamos a ir allí”. Eran personas más equilibradas. Los que fueron a la Iglesia en La Habana llegaron como tantos fieles, es una iglesia muy visitada todo el día, y allí se fuero quedando y al llegar la noche dijeron que ellos no se iban porque los estaban persiguiendo, que les iban a golpear. No había nadie en los alrededores, yo llamé al párroco, el párroco me dijo: “Bueno, aquí no hay nadie en los alrededores, pero ellos no se quieren ir de aquí”. Entonces fue el canciller del obispado para acompañarlos: “Pero miren ustedes no tienen problemas, yo voy a ir con ustedes, los vamos a llevar a sus casas en un vehículo nuestro, nadie los está esperando para golpearlos, vamos a irnos”. “No, no, no, nosotros mañana en la mañana nos iremos vamos a pasar la noche aquí”.
Con celulares… de última generación… comunicaban y les decían que no se fueran, desde el extranjero. Estaba pasando eso al mismo tiempo en Holguín. El obispo tuvo que ir personalmente porque el párroco no estaba y no tenía a nadie y tuvo que ir personalmente a un lugar. El les dijo “miren, tienen que irse de aquí, esto no es una manera de proceder y no se querían ir, y al fin y al cabo: “ustedes se van o nosotros comunicamos esto a las autoridades que hay personas que están ocupando aquí…”. Y se fueron.
Yo llamé para decir la situación que teníamos allí y me dijeron: “Ah, nosotros, que sea uno de ustedes que los convenza de que se vayan, que sea uno de ustedes”. Se lo dijimos a ellos, no podíamos convencerlos. Ellos dijeron: “Bueno que nos digan eso las mismas autoridades, que nos lo vengan a decir ellos”. Es decir, ellos pidieron que la autoridad se los dijera “porque no creemos, sí creemos al cardenal, pero no creemos que el recado de ellos es verdad de que no nos va a pasar nada”. Entonces las autoridades fueron a invitarlos a irse. No hicieron resistencia, nadie fue arrastrado, todo eso es falso, dijeron de la diócesis de Holguín que la había dado un manotazo a alguien para que el celular callera al suelo, nada de eso pasó, él me escribió enseguida email para decir “aquí no ha pasado nada de eso”.
En otra iglesia el párroco dijo: “Tienen que irse”. Y el párroco resolvió el problema. En La Habana trascendió por el hecho de que no se fueron, estuvieron mucho tiempo, nadie se percató de la llegada de ellos a una iglesia donde va mucha gente y crearon este problema y así fue como salieron, sin resistencia, porque el párroco estuvo allí y los vio. A uno lo tomaron por el brazo, que se había escondido en el baño al momento de llegar la policía. Fueron y lo buscaron, lo tomaron por el brazo. Los demás se fueron. Fueron llevados a sus casas. Primero le levantaron un acta… no le levantaron un acta les hicieron una advertencia de que eso no se podía hacer. Yo dije: “No vayan a hacerle nada a esta gente”, pero yo quisiera que ustedes vieran el informe de las personas que tomaron esa iglesia, era lamentable. Algunos presos, habían cumplido meses de cárcel por exhibicionismo, otros por delitos comunes… en la prisión tres, cuatro años y le preguntaban: “Pero bueno, ¿y qué ustedes quieren, por qué ustedes están aquí?”. “No, hasta que no venga no nos vamos de aquí porque…”.
Había uno totalmente desquiciado que decía: “Yo personalmente voy a hablar con el Papa”. Era una situación difícil… pues se cumplió lo que ellos pidieron, fueron las autoridades, los sacaron, y después claro… pero ya había lo que querían desde esos centros, que quedara para la historia esto y que yo había llamado a la policía y que los saqué, y que los sacaron arrastrándolo y todo eso es falso, todo eso es falso. Como dijeron del otro obispo que había dado un golpe a uno, todo… las noticias se fabrican y salen una serie de noticias.
Por ejemplo, nadie nadie publicó si no esta noticia: “El cardenal ha ayudado a deportar a 130 presos y fueron las Damas de Blanco, cuando vinieron a conversar conmigo las que me dijeron: “Queremos que los saquen de Cuba”. Tres veces les dije: “Esto lo tengo que informar porque me han puesto de mediador, me ha dicho el gobierno que medie con ustedes. Ustedes están seguras, ¿son todos?”… “Esa es la opinión de todos”. “¿No es de sus esposos nada más?”. Porque era un grupo de siete. “No, es de todos”.
Bien, yo presenté esto y me acuerdo que éramos el arzobispo de Santiago y yo, lo presentamos al mismo Raúl Castro y él dijo: “Bueno, podrían salir, pero no solos, sino con sus familiares. Si un país los acoge pueden también los familiares no tienen que enviárseles solos. Y yo pregunté: “¿Y quien no quiera irse de Cuba?”. “Bueno, quien no quiera irse de Cuba que no se vaya”.
Bueno, pues salieron y hay doce que se quedaron en Cuba, ya uno se fue después, vino a Estados Unidos. Pero, se han quedado, es decir, no hubo deportación, cada uno de ellos firmó con Iberia, un papel de que ellos no eran… porque también podían acusar a la línea aérea o que… ellos se iban.
Es decir, hay que tener mucho cuidado porque se pueden fabricar noticias de una falsedad tremenda… hay algo que es difícil de explicar que sería muy largo pero…
La “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo
contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se
conviertan en aliados de los victimarios, y las cualidades, las cantidades y la
legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.
La palabra “reconciliación” se ha puesto de moda durante esta última campaña de la dictadura, y algunos de sus aliados; entre ellos, Mariela Castro, Eusebio Leal y el cardenal Jaime Ortega, la enarbolan por
los cuatro puntos cardinales, mientras el régimen aumenta la represión contra la
oposición interna, le conculca el derecho al diálogo y la sustituye por unos interlocutores,
internos y externos, creados a su imagen y semejanza.
Las barreras nunca han
estado entre cubanos, sino entre los cubanos y la dictadura. Todos los cubanos
hemos tenido siempre la buena voluntad de ser cubanos, ha sido la dictadura
quien nos ha impuesto, de mala voluntad, el tener que convertirnos en cubano-americanos,
en cubano-chinos, en cubano-rusos, en cubano-dominicanos y así hasta completar
más de un centenar de nacionalidades, las que hemos tenido que adoptar por
malicia expresa del castrismo.
Fue la dictadura la que
construyó a lo largo de más de medio siglo esas contradicciones, esos muros. La
dictadura sembró las tempestades, la clase política dominante es la victimaria
y los cubanos las víctimas.
En su arte de confundir,
los ideólogos del castrismo y sus usufructuarios o aspirantes a usufructuarios
onerosos, ponen de moda palabras que encierran conceptos equivocados y las
repiten con la intención de legitimarlas. Tal cual neolengua orwelliana esas
palabras encierran todo lo contrario de lo que aparentemente quieren expresar.
En este caso, la “reconciliación” de la que nos hablan pretende todo lo
contrario, pretende que nos confrontemos entre cubanos, que las víctimas se
conviertan en aliados de los victimarios, y que las cualidades, las cantidades y
la legitimidad de la oposición interna sean sepultadas.
Y por solo citar cuatro
ejemplares de la neolengua castrista, dígame si el concepto no es todo lo
contrario de lo que significan las palabras con las que el Hermano Mayor trató
de confundir a los cubanos, y legitimar su inocencia en el desastre: “Período
de rectificación de errores y tendencias negativas”, “Período especial en
tiempo de paz”, “Libreta de abastecimiento”, y “Cubadebate”. Del mismo modo,
ahora, cuando la caña se le puso a tres trozos, nos tira la “reconciliación”…
pero los cubanos estamos ya muy creciditos, así que… a otro perro con ese
hueso.
PE.: Pero tampoco olvidar
que la palabra "reconciliar", según el Diccionario de la lengua
española, indica en su sexta acepción lo siguiente: Rel. Confesarse,
especialmente de manera breve o de culpas ligeras. Así que, por esta vez, si
nos lanzamos por algunos retruécanos, damos por fin con el verdadero
significado de la palabra "reconciliación" en el contexto de
esta última campaña castrista. Quieren intercambiar nuestra inocencia por sus
culpas.
Este
juego tan abierto, con frentes tan diversos y distanciados, puede ser
definitivo, y no cabe dudas de que la clase dominante cubana está segura de
eso.
Si
la oposición sale fortalecida de ésta, y las propuestas consiguen llegar al
conocimiento de más ciudadanos, estaría en condiciones, muy probablemente, de
convocar a un referendo
La eficiencia con la que ha
manejado la dictadura cualquier oposición ha sido proverbial. Desde siempre han
sido cazados y puestos a buen recaudo tanto quienes se opusieron
destempladamente, como los que estuvieron a punto de hacerlo, e incluso quienes
crearon la percepción de que allá en el futuro lejano podrían cruzarse en el
medio. Todos fueron arrasados, fueran civiles o militares, nacionales o
extranjeros.
De tal modo que propios y
extraños fueron adoctrinados –porque la letra con sangre entra- en la idea de que en la isla no podían existir
más que “revolucionarios”, allí las calles, las universidades, el aire, el agua
y la tierra eran solamente para los “revolucionarios”, allí todos eran
“felices” con su único partido y su único tribuno.
Sin embargo, ese panorama es
bien distinto hoy. De aquella “revolución” no queda más que el recuerdo, queda
el desencanto provocado por las promesas que nunca se cumplieron, y el
despertar violento de unos sueños que nunca se convirtieron en realidad.
Acontecimientos duros
cimbraron la conciencia nacional; entre ellos, el éxodo de Mariel en el 80, el
caso Ochoa en el 89, la Primavera Negra en los albores del siglo XXI, y la
disponibilidad -mínima aun-, de medios tecnológicos para comunicarse, capaces
de evadir el cerco oficial que durante décadas asfixió la información que se
producía en la isla. Estos y otros sucesos cambiaron definitivamente el
panorama de la política cubana, y propiciaron que la correlación de fuerzas
comenzara a favorecer a la oposición.
Hoy existen voces que
consiguen dibujar una imagen más real del sueño comunista. Las Damas de Blanco,
Guillermo Fariñas, Oswaldo Payá, Yoani Sánchez y muchos otros opositores tienen
la capacidad de denunciar y registrar en tiempo real lo que acontece en Cuba
desde otra óptica distinta a la oficial, algo impensable hace unos veinte años
atrás, cuando la clase dominante cubana era dueña de todas las mordazas.
Incluso, la aparición y permanencia de un espacio público, aunque malamente
tolerado por la oficialidad, en el que se realizan debates de ideas, como el
llamado Estado de SATS, hacen que el panorama ideológico cubano sea bien distinto
en estos días.
El susto tan grande que esa
clase dominante se llevó en 2010, cuando las fuerzas de la oposición se
tensaron y la condena internacional contra el régimen fue contundente como
nunca antes, propició que desde entonces y hasta ahora, se embarcara en una
campaña de contraofensiva que cubre varios escenarios: Primero, para ordenar la
casa por dentro, mandó al destierro a la mayoría de un grupo de 130 presos de conciencia -más de cincuenta de ellos
detenidos durante la Primavera Negra de 2003-, quienes constituían la punta del iceberg, arreció la represión contra todos los grupos
de la oposición y le dio a la Iglesia, en la voz del Cardenal, un espacio para
que le ayudara a desplegar la cortina que necesita para tapar el crecimiento y
las acciones de la oposición y el recrudecimiento de la violencia oficial
contra ésta; y para ordenar la casa por fuera, de manera inédita, ha invadido
los territorios del “enemigo del norte”.
Este juego tan abierto, con
frentes tan diversos y distanciados, puede ser definitivo, y no cabe dudas de
que la clase dominante cubana está segura de eso. No está en condiciones de
errar el tiro, tiene que arrebatar o se le acaba el partido. Para recuperar lo
perdido y eternizarse en el poder apuesta fuerte a los grupos de “amigos” que
allende los mares le hacen el trabajo de obnubilar a la opinión pública
internacional, propician que el dedo se aparte de la llaga y la atención caiga
en otros asuntos, que se defiendan los derechos de otros y se tapen las
violaciones que se comenten contra los derechos de los ciudadanos en la isla.
Si la dictadura en esta
campaña -en la que cuenta con aliados recientes como la Iglesia Católica y
algunos grupos de intelectuales y académicos propios y extraños-, consigue el
súper objetivo de pasarle por encima nuevamente a la oposición, desmembrarla, denostarla
y aniquilarla, las posibilidades de democracia en Cuba serán inciertas; ahora,
si la oposición sale fortalecida de ésta, y las propuestas consiguen llegar al
conocimiento de más ciudadanos, estaría en condiciones, muy probablemente, de
convocar a un referendo en el que los cubanos respondan, finalmente, si quieren
o no ser gobernados eternamente por un solo tribuno y un solo partido.
Ayer fue 19 de mayo de 2012,
se cumplieron ciento diecisiete años de la muerte en combate de José Martí, el
Apóstol de Cuba. Y volví a leer lo que escribió Máximo Gómez ese día en su
diario:
El 19, a la Vuelta Grande, en donde
encuentro al General Bartolo Masó con más de 300 jinetes- y a Martí y mis
ayudantes.
Pasamos un rato de verdadero ardor y
espíritu guerrero; ignorando que el enemigo venía marchando por mi rastro […]
Dos horas después, nos batíamos a la
desesperada con una columna de más de 800 hombres, a una legua del campamento,
en Dos Ríos.
Jamás me he visto en lance más
comprometido- y Martí, que no se puso a mi lado, cayó herido o muerto en lugar
donde no se pudo recoger y quedó en poder del enemigo.
Cuando supe eso avancé solo hasta donde
pudiera verlo.
Esta pérdida sensible del amigo, del
compañero y del patriota; la flojera y poco brío de la gente, todo eso abrumó
mi espíritu a tal término, que dejando algunos tiradores sobre un enemigo que
ya de seguro no podía derrotar, me retiré con el alma entristecida.
¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la
noche; que al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo
dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del
levantamiento.
Así demostraba el General
Gómez el respeto y el cariño fraterno ante un hombre con quien había tenido un
fuerte encontronazo en Nueva York, en octubre de 1884. Había sido
verdaderamente fuerte el altercado entre los dos hombres, pero habían muchas y
más grandes cosas que los unían, por eso 1892, cuando Martí lo visitó en “La
Reforma”, en La República Dominicana, Gómez escribió en su diario:
Septiembre 11.- […] Muchos cubanos
prominentes de nuestro Partido, con aparente razón temían que ahora, guardando
yo algún resentimiento de Martí, por su conducta pasada, negase a la Revolución
que él trata de resucitar, mi apoyo moral y todos mis servicios.
No debe ser así, pues Martí viene a
nombre de Cuba, anda predicando los dolores de su Patria, enseña sus cadenas,
pide dinero para comprar armas; y solicita compañeros que le ayuden a libertar,
y como no hay un motivo, uno solo, ¿por qué dudar de la honradez política de
Martí? Yo, sin tener que hacer el menor esfuerzo, sin tener que ahogar en mi
corazón el menor sentimiento de queja contra Martí, me he sentido decididamente
inclinado a ponerme a su lado y acompañarlo en la empresa que acomete.
Así pues Martí ha encontrado mis brazos
abiertos para él, y mi corazón, como siempre, dispuesto para Cuba.
Aquella
desavenencia entre Gómez y Martí, del todo ríspida, quedó registrada también en
el diario del General dominicano:
Agregaré a esto que no faltaba alguien,
como José Martí, que le tenga miedo a la dictadura, i que cuando más dispuesto
lo creía se retiró de mi lado furioso según carta suya insultante, que
conservo; porque no dejándolo yo, inmiscuirse en los asuntos del plan general
de la Revolución, a cargo mío en estos momentos, y deseando enseñarle su papel,
se ha creído que yo pretendo ser un dictador i dando a éste frívolo pretexto,
la gravedad que jamás en si puede tener se ha alejado de mi lado vertiendo
especies que no creo favorezcan a las cosas i a los hombres. He empezado de
nuevo a saborear gotas amargas, pero yo seguiré mi camino sin miedo ni
contemplaciones.
Ambos hombres, ya desde
entonces, debatían acerca del valor de la libertad y la democracia. Para Gómez,
Martí se inmiscuía en sus asuntos, en los que nadie tenía derecho a opinar y
mucho menos a fiscalizar; y para Martí, Gómez estaba en el deber de actuar de
manera transparente y democrática. Y ese ideal de libertad y democracia el
Apóstol lo enunció en la mencionada carta, dirigida al general Gómez con fecha
20 de octubre de 1884:
Un pueblo no se funda,
General, como se manda un campamento:-y cuando en los trabajos preparatorios de
una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo
sincero de conocer y conciliar todas las labores, voluntades y elementos que
han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia,
sino la intención, bruscamente expresada a cada paso, o mal disimulada, de hacer
servir todos los recursos de fe y de guerra que levante este espíritu a los
propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se
presentan a capitanear la guerra, ¿qué garantías puede haber de que las
libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean
mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?: ¿los servidores heroicos y
modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un
pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo
en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo,
para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Uds. en una empresa, la
fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra?-Si la guerra es
posible, y los nobles y legítimos prestigios que vienen de ella, es porque
antes existe, trabajado con mucho dolor, el espíritu que la reclama y hace
necesaria:-y a ese espíritu hay que atender, y a ese espíritu hay que mostrar,
en todo acto público y privado, el más profundo respeto;- porque tal como es
admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se
vale de una gran idea para servir a sus esperanzas personales de gloria o de
poder, aunque por ella exponga la vida.—El dar la vida constituye un derecho
cuando se la da desinteresadamente.
Entiendo que Martí tenía
muy claro los peligros que corría la Patria que estaban tratando de fundar, y
no se equivocó, porque aunque el general Gómez nunca estuvo en condiciones ni
en el camino de ser un dictador, muchos otros llegaron, desde 1902 hasta hoy,
para comandar a Cuba como si la isla fuera un regimiento; y ayer, a ciento
diecisiete años de su muerte, José Martí seguía teniendo sobradas razones para
desconfiar.
La pedantería cubana fue tan notoria y nociva para la
reputación de las tropas castristas en África, como lo es ahora usándola en
contra de los afroamericanos, los latinos, los indios y demás comunidades que
cohabitan con nosotros en el sur de la Florida.
Por Paquito
D´Rivera
Hace unos días
llegó a mis manos (o más bien a mi Mac) un ilustrativo artículo firmado por
Jesús García titulado “El Cubano No Cae Bien”, que enumera y describe los
múltiples logros de muchos exiliados nacidos en la mayor de las Antillas y el
efecto negativo que dichos logros pudieran haber tenido en el resto de los
mortales. Pero analizando las cosas desde otro punto de mira, los indiscutibles
éxitos de algunos coterráneos nuestros, es quizás una de las peores e
injustificables razones de esa desagradable petulancia por la que algunos nos
llaman con sorna y alguna razón "Los Argentinos del Caribe", o “El
Pueblo Elegido” (por nosotros mismos). O sea que –como diría mi abuela Panchita
–, poco a poco nos hemos ido convirtiendo en un bando de engreídos y sangrones.
Pero como dicen que lo último que se pierde es la esperanza, quizás
aún estemos a tiempo de aplicarnos la sabia frase del filosófico Bill Cosby que
dice que: “el reconocimiento de nuestros propios defectos es la única forma de
enmendarlos”. En caso de que sea esa la intención, agregaría yo.
Conversando cierta vez con un psicólogo en La Habana,
este me decía que la arrogancia tiende a aflorar cuando consciente o inconscientemente
se trata de cubrir o disimular alguna deficiencia o defecto personal o social
(que pal’ caso es lo mismo). Yo he conocido cubanos que después de 30 o 40 años
de vivir en este país, dicen hasta con orgullo no hablar o entender “ni una
papa de ingles", o hablan del éxito obtenido en los negocios siendo casi
analfabetos. Y no es que sea deshonroso carecer de determinados conocimientos,
pues todos tenemos “handiaps” en nuestra formación personal (mi propia abuela
nunca aprendió a leer o escribir), sino que el "ser cubano", cuando
es mal educado, es el único en el mundo que alardea de su propia ignorancia. Es
lo que yo llamo el Cuban-Non-Sapiens.
Uno de los siete
pecados capitales, la envidia es indudablemente un sentimiento vil y
recriminable, pero propiciar el resentimiento con ostentaciones y desmanes
contra individuos o grupos étnicos de menor éxito es aun mas vergonzoso, y a mi
me produce muchas veces vergüenza ajena.
La pedantería
cubana fue tan notoria y nociva para la reputación de las tropas castristas en África,
como lo es ahora usándola en contra de los afroamericanos, los latinos, los
indios y demás comunidades que cohabitan con nosotros en el sur de la Florida.
Esa es la triste realidad que además, estamos pasando como pésimo ejemplo a las
nuevas generaciones. ¿Podremos algún día superar tanta estupidez y falta
de tacto y sentido común? Lo dudo. Son demasiados años de creernos la
"raza superior", sin darnos cuenta de que –como bien dijo aquel
psicólogo habanero– la arrogancia en el fondo no es mas que un tremendo complejo
de inferioridad, y que la superioridad de los verdaderamente grandes
radica –por el contrario –, en su humildad y sencillez. Celia,
Martí, Monseñor Román, Montaner, Cachao, Andy, y Bebo Valdés son solamente unos
pocos ejemplos de ello. Ojalá nuestros hijos y nietos siguieran ese patrón.
Supongo que entonces no caerían tan mal.