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Me asombra y me llena de dudas que, después del 11 de julio, como tocados por unos polvos mágicos o por el beso de un príncipe en sus mejillas, despertaran a la realidad cubana publicando textos con redacciones improbables y aromas de dudosa autenticidad.
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| Muertos, heridos y desaparecidos en las protestas. |
Eche usted un vistazo al curso
de la Historia de la Música Cubana hasta 1959 y encuentre un nicho de mercado en
el que la llamada Nueva Trova hubiera colocado sus canciones: a mis
ojos, en ninguno. Tuvo que venir una dictadura, que como lava de diez volcanes sepultó
la cultura cubana, erigiendo sobre ella un sistema de propaganda castrista,
para que los boleros, sones, guarachas, danzones, pachangas, mambos, puntos, descargas,
etc., abandonaran sus nichos en el mercado y se colocara en ellos la voz de la propaganda
castrista, utilizando para tal empresa a quienes vinieron a cantar las
canciones que Celia Cruz no quiso cantar, y a componer las canciones que
Ernesto Lecuona no quiso componer. Y lo mismo pasó con los escritores,
periodistas, bailarines, artistas plásticos, etc., que estuvieron obligados a
emigrar, callar, o convertir el «arte en un arma de la revolución».
Y como el hubiera no
existe, sin ánimo de ser exhaustivo -como diría Cesar Vidal-, el hecho cierto
es que hoy, muchos de los que se enrolaron en la gran campaña de erradicación
de los «rezagos del pasado» y escribieron en sus banderas programáticas las ideas
del castrismo, que arrasó con la economía de mercado, terminaron siendo millonarios
en euros, esa fue la recompensa por haber realizado la «gentil misión de
aplaudir a la dictadura más longeva del hemisferio occidental», ese fue el
estímulo material por ser parte de la propaganda castrista. Sin ánimo de
anotar todos los despropósitos de estos artistas revolucionarios, entre
muchas acciones algunos firmaron cartas innombrables, o aplaudieron de manera
irrestricta la intransigencia revolucionaria del Partido, materializada
en persecución, encarcelamiento y tortura, otros ejercieron la violencia en
actos de repudio contra sus propios compañeros de labor, otros denunciaron las
desviaciones ideológicas de las personas que se movían en su radio de acción,
incluidos familiares y amigos íntimos, y otros cometieron todas las anteriores.
Por eso, y solo por eso, es mi
sentimiento de asombro y dudas -Benedetti hubiera dicho jodido y radiante-,
ante las denuncias de algunos de esos artistas que han militado hasta hace unos
días como voces de la propaganda castrista, quienes han firmado cartas
innombrables, han suscrito declaraciones en favor de la dictadura y han mirado
a otra parte cuando fusilaban a héroes de la República de Cuba o a simples ciudadanos. Me asombra
porque más de una vez muchos de ellos dijeron que no hablaban de política,
incluso, durante años yo he denunciado en este blog los desmanes del castrismo y
más de un amigo me aconsejó que no me metiera en política, que yo solo era
músico.
Por eso me asombra y me llena
de dudas que, después del 11 de julio, como tocados por unos polvos mágicos o por
el beso de un príncipe en sus mejillas, despertaran a la realidad cubana publicando
textos con redacciones improbables y aromas de dudosa autenticidad.
Sí, hay que sumar, pero sumar a los dispuestos a derrocar a la dictadura castrista, no a quienes están dispuestos a lavarle la cara con «críticas constructivas» y culpar al «imperialismo yanqui» y al «bloqueo» de los males que ha padecido Cuba y los cubanos durante más de sesenta años, no a quienes exculpen a la dictadura castrista. Por eso, parafreseando a Marcelo, repito: algo podrido hay Dinamarca... y gato encerrado en La Habana.
Con la lengua muerta y la mente tropelosa
Bloqueo es otro fetiche esgrimido hasta la saciedad y ante el cual la lengua se le pone estropajosa a más de uno, y les confunde de tal modo que les impide pensar en la palabra embargo, palabra esta última que pudiera abrir las puertas del conocimiento.
Durante los últimos sesenta y
pico de años, la dictadura castrista impuso palabras que han
obrado como talismanes ante todos en mayor o menor grado, durante más o menos
tiempo, ante propios y extraños, talismanes ante los que hemos tenido que rendir
nuestros votos y hacer patente nuestra pleitesía.
Sin ánimo de anotar todo el
diccionario castrista me referiré solo a los talismanes más vistos, y el
primero que me viene a la memoria es el estado cubano, una máscara nada
sutil para encubrir lo que en toda regla es una dictadura, la cual
tampoco definiré porque esa la han de conocer quienes lean.
Bloqueo es
otro fetiche esgrimido hasta la saciedad y ante el cual la lengua se le pone
estropajosa a más de uno, y les confunde de tal modo que les impide pensar en
la palabra embargo, palabra esta última que pudiera abrir las puertas del
conocimiento.
Y para no hacer esta nota más
larga, mencionaré el talismán de los talismanes: la palabra revolución.
Ante esta, quien no presenta sus ofrendas corre el riesgo de ser reprimido,
perseguido y condenado. Ante este talismán, quien no es convencido es vencido, es
aplastado con fuerza, es sometido con intransigencia revolucionaria. Y
así ha sido, porque quien llegara a descubrir que cambiando en todos los
discursos la palabra revolución por dictadura, pudiera comprender
de qué lado están sus devociones, pudiera descubrir que ser revolucionario
es beatificar la dictadura.
Sin embargo, la única palabra
que escapa de los diccionarios de propios y extraños es la palabra derrocar,
única que convoca ideas capaces de descubrir el método para acabar con los
sufrimientos que padecen quienes son hostigados por la dictadura.
En Cuba existe una dictadura
y a las dictaduras se derrocan, mientras esas dos palabras, al
menos, no sean aprehendidas por propios y extraños, nos mantendremos en este
limbo en el que nada avanza ni retrocede, sino todo lo contrario.
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Una nota de la prensa decimonónica
...los músicos se aferran a sus instrumentos,
aunque los peligros asechen. No paran, aunque las fieras les rodeen, no dejan
de tocar, aunque el cielo se les venga encima. Ellos pretenden, como Anfión,
domar las fieras y los elementos. Aunque a veces hay un enemigo letal. Desde el
principio de los tiempos solo los tipos con poder y amusia han sido capaces de dañar
el concierto.
Es clásica ya la escena de los
músicos de la película Titanic que James Cameron dirigió en 1997. Según
los inteligentes el guion está basado en hechos reales, y no hay que dudarlo,
porque los profesionales de ese ramo se toman muy en serio su trabajo y así son
muchas las historias que se conservan de músicos que permanecen tocando y dejan
de prestar atención a las más fuertes inclemencias del tiempo, sean truenos,
relámpagos o vientos huracanados, o a las más inusuales circunstancias, sean
como explosiones, calores con más grados que un doctor de la Sorbona o el más caótico
desorden en las localidades de un teatro. Así que transcribiré la siguiente
nota que publicó un cronista hace ya más de siglo y medio, en la que relata los
disturbios ocurridos en la función del domingo 25 de marzo de 1855 en el teatro
Tacón de La Habana, los que no impidieron que los músicos siguieran
tocando:
Raveles[1]. La
compañía de Raveles verificó en las noches del sábado y el domingo últimos las
dos funciones anunciadas, asistiendo a ellas la primera noche una concurrencia
numerosa y a la segunda una de aquellas que obtuvo la primitiva compañía en sus
mejores tiempos, pues no solo estaba el local completamente lleno y se veían
dobles y triples filas de espectadores, particularmente del sexo femenino que
se retiraron después de intentar conseguir un palmo de terreno en que sentarse
o permanecer paradas, pero de modo que algo pudieran ver. Por lo demás las
funciones citadas agradaron como era de esperarse, si bien la pantomima
«Mazahne» dejó bastante que desear el sábado respecto de la maquinaria, algo
más corriente el domingo, pero esta última función se hizo notable por un
incidente que por fortuna no tuvo las consecuencias funestas que muchos se
temieron y con razón. Hallábase el director de orquesta ejecutando el violín en
la pieza de Paganini titulada Las Brujas, cuando de resulta de un ruido que
provenía de las altas localidades se levantaron precipitadamente algunos
individuos, tras esos otros con aire despavorido y luego otros y otros
sobrecogidos de espanto, presentando el local en un momento una escena de
inexplicable confusión que se aumentaba con los gritos y demostraciones de los
que trataban de tranquilizar al resto del público, lo que al fin se logró a
virtud de estrepitosos aplausos que indicaron que no había motivo para
alarmarse. En efecto, según se dijo parece que el origen de tantos gritos, de
tantos síncopes, de carreras y saltos al escenario y de un sobresalto general
fue un barril de agua colocado en las altas localidades, y que alguno derribó
casualmente o con intención, si bien otros dicen que el que lo llevaba cayó con
él en una de las escaleras. Véase pues cómo una causa insignificante puede
producir grandes efectos, faltando poco para que unos cuantos galones de agua
hubieran causado tantos desastres como la repentina inundación de un gran río
(o el hundimiento de un trasatlántico). Debemos mencionar el hecho de que el
Sr. di Carlo continuó tocando el violín durante el alboroto con ánimo sin duda
de calmar aquel proceloso océano de cabezas humanas con los mágicos acentos de
su violín, como Anfión domaba las fieras con su arpa y probablemente su
serenidad, aparente al menos, contribuyó a restablecer bien pronto la
tranquilidad del auditorio, que lo colmó de aplausos al finalizar la pieza. La
función continuó y minutos después todo el mundo reía doblemente con las
gracias de Francisco Ravel y con el recuerdo de lo ocurrido.
Así ha sido casi siempre, la música debe continuar, y, como el Sr. di Carlo en el Tacón o el cuarteto del Titanic, los músicos se aferran a sus instrumentos, aunque los peligros asechen. No paran, aunque las fieras les rodeen, no dejan de tocar, aunque el cielo se les venga encima. Ellos pretenden, como Anfión, domar las fieras y los elementos. Aunque a veces hay un enemigo letal. Desde el principio de los tiempos solo los tipos con poder y amusia han sido capaces de dañar el concierto.
[1] Diario
de la Marina, 27 mar. 1855
En el bicentenario del natalicio de Giovanni Bottesini (1821-2021)
Bottesini
vuelve a La Habana listado en el elenco como Maestro director y compositor y Arditi
como director de orquesta. Arditi compone más danzas cubanas e introduce los
tambores cubanos. Vuelven a los Estados Unidos y regresan a La Habana para
hacer la quinta y última temporada. Arditi y Bottesini en Cienfuegos y
Trinidad. La commedia è finita... ma chissà. Bottesini torna di nuovo.
El elenco de la compañía italiana fue publicado
el 16 de septiembre, y en él aparecieron listados Bottesini como Maestro
director y compositor, y Arditi como director de orquesta. Bottesini
llegó a La Habana procedente de Southampton en el vapor Teviot el 29 de
septiembre de 1849 junto a los demás integrantes de la compañía contratada en
Europa, pero no pudieron bajar al puerto hasta el día 1 debido a restricciones
sanitarias[1].
Durante esta temporada, que comenzó el 10 de
octubre[2], he podido
encontrar solo dos menciones de Arditi en el DM. En una, se da la
noticia de que el miércoles 10 de octubre, en el intermedio de Lucia de
Lammermoor, Arditi hizo tocar su danza La llegada de Bottesini[3]; y en
otra, se dice que en la gran fiesta que el Capitán general dio en la «casa de
Gobierno para celebrar los días de S. M», la noche del 19 de noviembre,
[…] cuando la orquesta compuesta de cincuenta
profesores dirigidos por Arditi, […] dejaba escapar sus torrentes de armonía,
corría la juventud de ambos sexos a la sala principal y ya se deslizaban al
compás de la danza o del rigodón sobre la alfombra de grana, ya volaba
arrebatada entre los laberintos del wals y de la polka. […]
Magnífica orquesta acreedora de alabanzas por
la unión, el aplomo con que tocó bellas y escogidas piezas que agradaron universalmente,
entre ellas dos lindísimas danzas de un joven compositor perteneciente a
nuestra alta aristocracia[4].
La compañía italiana del Tacón se va al Norte
en el verano de 1850
El 17 de marzo[5]
terminó la temporada, y la troupe salió el 22 para Charleston[6] en el
vapor Isabel[7]. Las
próximas noticias llegaron en tres cartas remitidas al DM y publicadas
los días 7 de abril, 10 de mayo y 22 de junio, pero ninguna con noticias de
Arditi y Bottesini.
Temporada 1850-1851 de la compañía lírica del Teatro Tacón (10 oct. 1850-16 mar. 1851)
Según el anuncio publicado el 28 de septiembre
de 1850 en el DM, figuraban como parte del elenco el Sr. Juan Bottesini,
maestro de música y primer contrabajo, y el Sr. Luis Arditi, maestro de coros y
director de orquesta. Se hacía saber además que la
compañía llegaría el 4 de octubre, todo lo cual quedó verificado en el Parte
Mercantil que se publicó el día 5, en el que se confirma que, procedente de
Charleston, Savannah y Cayo Hueso habían llegado al puerto de La Habana, a
bordo del vapor Isabel, 145 pasajeros, «entre ellos la compañía de ópera
italiana».
El 9
de octubre de 1850 apareció el anuncio de la primera función de la temporada
50-51 y como parte del elenco aparecen:
Maestro de la compañía, Sr. Bottesini.
Director de la orquesta. Sr. Arditi.
Director de escena. Sr. Badiali (F)[8]
El cronista, salvo algunas menciones a la
orquesta, nada vuelve a comentarnos de Arditi y Bottesini durante el año 1850,
y así lo confirma en la Crónica Local[9].
Año 1850, donde no se nombran ni de pasada. Pero ambos tuvieron su función
de beneficio en la segunda parte de la temporada y así lo describió el cronista[10]:
El sábado anterior (15 feb.) […], el beneficiado (Bottesini) tocó en su instrumento
unas variaciones sobre el Carnaval de Venecia, de Paganini. Esta función
se repitió el domingo como función de abono. […].
El mismo número
recuerda que el Beneficio del distinguido artista-profesor señor Arditi
sería el jueves 20, y en
la crónica nos enteramos de sucesos muy peculiares en la escena habanera[11]:
[…] Los profesores Arditi y Bottesini
ejecutaron su introducción y variaciones sobre el Carnaval de Venecia con la maestría y gusto
que les son peculiares, […].
[…], y queriendo el beneficiado dar muestra de
sus buenos deseos por complacer a tan benigno público no solo tuvo la buena
ocurrencia de repetir su antigua danza El incendio, cuya introducción imitativa agradó tanto, sino que
compuso para esta noche un gran wals sobre motivos de la ópera favorita del
público Ernani, que gustó bastante, y otra danza titulada Los Tambores,
porque en efecto estaba acompañada por veinte de estos instrumentos de ruido.
[…].
Lo que se componía entonces en La Habana y se
estrenaba con el éxito de estas danzas, se imprimía y vendía inmediatamente
como lo documenta la siguiente nota:
Los tambores[12]. Fue el título de la danza que acaba de dar a luz el Sr. Arditi. Dicha
danza ha sido tocada ya en algunos lugares públicos y por su originalidad ha
llamado la atención general, gustando mucho. Véndese en el almacén de música de
Edelmann y en la litografía del Comercio.
Arditi y Bottesini durante el verano de 1851
La última función fue el 16 de marzo y quedó
disuelta la compañía, así que unos días después encontramos a los dos músicos
en Cienfuegos rumbo a Trinidad:
CORREO
DE LA ISLA[13]
Cienfuegos. Leemos en
la Hoja Económica del domingo 23:
El viernes último ha entrado en este puerto en
el vapor Isabel, con
dirección a Trinidad y Cuba (Santiago de), multitud de pasajeros,
distinguiéndose entre ellos […] la señora Bosio y los señores Bottesini y
Arditi. Con tal motivo […] se improvisó una función dramática por los señores
Robreño, […]. Después de concluida […], porción de personas se dirigieron a
bordo del vapor […] y tuvimos el grandísimo gusto de oír cantar una magnifica
aria de Roberto el Diablo […] por la señora Bosio, acompañándola al
piano el señor Bottesini. Celebramos sobremanera la complacencia de la señora
Bosio, como también la de los señores Bottesini y Arditi, los cuales ejecutaron
a cuatro manos la soberbia abertura de Guillermo Tell en el piano.
En la misma columna se menciona el correo llegado
de Trinidad en el que se confirma que: «Estaban ya en esa ciudad (con gran
contento de sus dilettanti) la señora Bosio y los señores Bottesini y Arditi».
Días después se supo que «solo dieron dos
conciertos con poco favorables resultados en cuanto a producto monetario», y
que se habían retirado de Trinidad porque al parecer «los precios fijados […]
se consideraron muy subidos»[14]. En otra
columna se confirma que los artistas habían regresado a La Habana[15] y que el
día 8 habían partido para Charleston en el vapor Isabel[16].
Y eso iba a ser todo para Arditi y Bottesini en
Cuba y en las páginas del DM. No hubo temporada
lírica y así lo lamentaba el cronista en su reseña de los acontecimientos más
relevantes del año 1851: «Lejos estábamos de pensar que al hacer esta reseña
nuestra pluma dejase de consignar los triunfos de los artistas que debieron
componer la compañía del 51 al 52»[17]. Por
su parte, Arditi recuerda que, en 1851, junto a Angiolina Bosio y Bottesini,
visitó Trinidad, Matanzas y Cienfuegos y después regresó a Nueva York, donde
fue contratado por Maretzek como director de la Academia de Música, y en 1852
firmó un contrato para acompañar a Alboni en una gira de ocho meses. (Arditi
1896, 16, 18)
La commedia è finita... ma chissà
Entre los días 3 de noviembre de 1846 y 8 de
abril de 1851, Arditi y Bottesini pasaron largas temporadas en La Habana y
algunas ciudades de los Estados Unidos, y como he podido demostrar
en este artículo, las páginas del DM documentaron buena parte de sus
presentaciones en público y del repertorio interpretado, convirtiéndose esta
publicación periódica en una fuente documental invaluable para las
investigaciones que tienen como objeto de estudio la vida y obra de estos dos
músicos. Sin embargo, esta fuente primaria ha sido muy poco frecuentada por los
investigadores a través del tiempo.
Quizás,
a partir de la información que he vertido en este artículo, se puedan encaminar
trabajos que concluyan con el descubrimiento de algunas de las obras de estos
autores que fueron anunciadas, tocadas e impresas en La Habana, pero que no
aparecen registradas en sus catálogos definitivos, así mismo pudiera
determinarse si estas no registradas fueron usadas para integrar otras, les
fueron cambiados sus títulos, o finalmente desaparecieron. Es mi intensión que
la Fiesta Gitana que comenzó en el Gran Teatro de Tacón hace casi
dos siglos, siga dando de qué hablar.
TORNA
DI NUOVO (1854-1855)
El
DM del 9 de noviembre de 1854, anotó en su columna de entradas de
travesía que el día anterior había llegado al puerto de La Habana el «vapor
inglés Teviot, capitán Sawyer», procedente «de Tampico y Veracruz, en una
travesía de seis días», y en la columna de pasajeros llegados hizo saber
que en el Teviot llegó «D. Amilcare Roncari con veinte y seis individuos
de la compañía de ópera italiana». El mismo periódico dio a conocer la noticia
del regreso a La Habana de la compañía de Ópera Italiana que a
principios de ese año se había presentado en el Gran Teatro de Tacón con
una temporada que duró del 9 de febrero al 25 de marzo de 1854.

La
función del día 19, en la que se presentó la ópera Atila por segunda
vez, estuvo «precedida de un Himno, que compuso el señor Bottesini, y
que en celebridad de los días de S. M. la Reina se cantó por toda la compañía»,
y según el anuncio del 24 de diciembre de 1854 el programa del día de navidad
sería el siguiente:
Octava función del segundo abono para el
lunes 25
La
empresa ha dispuesto para ese día una brillante función en la que a petición de
los concurrentes se presentará por primera vez en esta temporada el gran
concertista del contrabajo, el gran Bottesini, y ejecutará una pieza de su
composición.
El
concierto se verificó y esto fue lo que recogió en su crónica el localista[19]:
[…]
el Sr. Bottesini entusiasmó a la concurrencia ejecutando en su dificilísimo
instrumento, el contrabajo, una gran fantasía de su composición sobre «El
Carnaval de Venecia». La suavidad, la dulzura de los sonidos que el Sr.
Bottesini arranca a uno de los más ingratos instrumentos y la limpieza, la
rapidez y la seguridad con que ejecuta, particularmente en los armónicos, son
cosas cuyo mérito no podrán menos de conocer hasta los que no están iniciados
en las dificultades de este instrumento, y que a los que lo están dejan
convencidos de que el Sr. Bottesini es una verdadera notabilidad en el
contrabajo, acaso una notabilidad sin rival. El público entero lo aplaudió con
calor, lo llamó a la escena y volvió a aplaudir a su paso por el patio para ir
a ocupar su puesto a la cabeza de la orquesta.
El
domingo 18 de febrero de 1855 se verificó la función de beneficio de Bottesini
y el programa estuvo compuesto por los dos primeros actos de la ópera Don
Juan, de Mozart -que recién el día 11 se había estrenado en Cuba por esa
compañía-; el Gran dúo para clarinete, contrabajo y orquesta de Bottesini, que
el autor interpretó junto al clarinetista de la orquesta, el maestro Enrique
Belletti, primer clarinete de Su Majestad Británica[20],
[21],
[22];
y la gran fantasía sobre temas de La Sonámbula, y esto fue lo que
escribió el localista:
Gran
Teatro. […] Por lo que hace al Sr. Bottesini, que
tocó en el contrabajo una pieza de su composición arreglada para ese
instrumento y para el clarinete con acompañamiento de orquesta, y una gran
fantasía para el primero también de su composición sobre temas de «La Sonámbula»,
todo lo que pudiéramos decir no daría una idea de la perfección a que ha
llegado en el manejo de ese instrumento, uno de los más ingratos, y que parece
encerrar en su mismo nombre la idea de la inaudita constancia y de la
disposición natural que se necesita para brillar en él como brilla el Sr.
Bottesini, para arrancar como este arranca de sus toscas cuerdas esos sonidos
delicados, sonoros, que halagan el oído y penetran hasta el alma, y para
ejecutar con la rapidez y limpieza con que toca el mencionado artista. El
contrabajo en manos del Sr. Bottesini puede decirse que se transforma en un
violín. El público, entusiasmado, colmó de aplausos al gran contrabajista, a
cuya demostración se hizo igualmente acreedor el Sr. Belleti en el perfecto
desempeño de la parte de clarinete, y ambos fueron llamados a la escena[23].
Aquella compañía de ópera italiana alternó en el Tacón con otra de zarzuelas, y ambas se despidieron del público habanero con una función el día 22 de febrero, en la que volvieron a presentarse Bottesini y Belletti, y aunque ni en el anuncio[24], ni en la crónica[25] del localista se menciona la obra que tocaron, es de suponer que haya sido el dúo para clarinete y contrabajo.
Este
concierto se verificó como estaba anunciado, y según el localista, el
público, numeroso como pocas veces en el Villanueva, premió con aplausos
generales, frecuentes y entusiastas las actuaciones de la Fiorentini, quien
«cantó con tanto gusto como gracia», y a Bottesini, quien tocó El Carnaval
de Venecia.
El
día 4 apareció el anuncio de la función del jueves 8 en el Liceo Artístico y
Literario de la Habana, según el cual el concierto comenzaría con una Gran
fantasía para dos pianos, sobre temas de la Norma, ejecutada por
Desvernine y Aristi; a continuación, Belletti tocaría Souvenir de la Lucia
de Lammermoor; Salvi se presentaría con Romanza de La Favorita;
Bousquet, tocaría La Melancolía, y la primera parte terminaría con Rondó
final de la María de Rohan, interpretada por la soprano Fiorentini.
La
segunda parte comenzaría con la, Fantasía cerrito para contrabajo
interpretada por Bottesini; seguida de Romanza de Elixir de Amor,
interpretada por Salvi y luego el Gran dúo para clarinete y contrabajo
por Belletti y Bottesini; Bousquet tocaría un sorprendente solo en el violín, y
la velada terminaría con Mira la blanca luna, de Rossini, dúo nocturno
sentimental que cantarían Fiorentini y Salvi.
El
concierto se realizó, y según lo que anotó el localista en su crónica[26],
no hubo cambios en el programa, por lo que se volvió a escuchar en La Habana la
Fantasía cerrito, para contrabajo solo, y el Gran Dúo Concertante
para clarinete en La, contrabajo y orquesta / piano.
En
conclusión, durante esta última visita de Juan Bottesini a la Isla, las obras
que de él se interpretaron fueron: un Himno dedicado a Su Majestad la
Reina; se estrenó el dúo para clarinete y orquesta, que ya había tocado en
México con el mismo Enrico Belletti, y se volvieron a interpretar las muy
aplaudidas variaciones sobre temas de la Sonámbula y del Carnaval de
Venecia y la Fantasía Cerrito, tres obras que hasta prueba en
contrario tuvieron su estreno mundial en La Habana, en las fechas antes
citadas. Santo Domingo, 10 dic. 2020. Editado para el blog El
Tren de Yaguaramas 2da. Época el 17 de abril de 2021.
- (1 de 4) (Disponible el 17 abr. 2021) Arditi y Bottesini La Habana o La Fiesta de los Gitanos según el Diario de la Marina (1846-1851)
El entusiasmo juvenil de Bottesini y Arditi, y los designios de la providencia. Estreno de la ópera Ernani, de Verdi en La Habana por la compañía italiana de ópera del Gran Teatro de Tacón. Arditi violín y director de la compañía y Bottesini primer contrabajo al cémbalo. Estreno del Gran Dúo Concertante para contrabajo y violín. Arditi y Bottesini viajan por primera vez a Estados Unidos.
- (2 de 4) (Disponible el 17 abr. 2021) Arditi y Bottesini La Habana o La Fiesta de los Gitanos según el Diario de la Marina (1846-1851)
La compañía de ópera italiana del Gran Teatro de Tacón regresa a La Habana y Arditi estrena Gulnara y Bottesini Colón en Cuba, pero antes se presentan, en el mismo escenario del Tacón, el violinista Ernesto Sivori y el pianista Henry Herz. El trío Arditi, Bottesini y Desvernine se presenta en los Estados Unidos.
- (3 de 4) (Disponible el 18 jun. 2021) Arditi y Bottesini La Habana o La Fiesta de los Gitanos según el Diario de la Marina (1846-1851)
Los solos de Arditi en Los Lombardos llaman la atención del público y la prensa. Se estrena un Himno de Bottesini en el Tacón y se bailan las danzas de Arditi por toda la Habana. Bottesini viaja a Londres y desde allá le escribe una carta a su amigo Arditi.
Bibliografía:
Arditi, Luigi. 1896. My
Reminiscenses. Edited and compiled whit introduction and notes by the
Baroness von Zedlitz. Second Edition. London: Skeffington and Son.
Nelo Vetro, Gaspare.
1989. «Elenco delle composizioni e delle edizioni», en Giovanni Bottesini,
Centro Studi e Ricerche dell`Universita degli Studi di Parma, 165-184
Publicaciones periódicas en bibliotecas digitales
Diario de la Marina. 1844-1961. [En línea] [Fecha de consulta 11 de jul. de 2020] Disponible en:
https://www.dloc.com/UF00001565/06350/allvolumes?search=cuba
[1] 30 sep.
[2] 12 oct.
[3] 12 oct.
[4] 22 nov.
[5] 17 mar. 1850
[6]
19 mar.
[7]
23 mar.
[8]
Coincidieron en La Habana los hermanos César (C) y Federico (F) Badiali
[9]
1 ene. 1851
[10]
18 feb.
[11]
22 feb.
[12]
21 mar.
[13]
27 mar.
[14]
3 abr.
[15]
Ídem
[16]
9 abr.
[17]
1 ene. 1852
[18]
DM, 12 nov. 1854
[19]
27 dic.
[20]
Cf.: Elenco en DM, 12 nov. 1854
[21]
Olavarría de, Enrique. 1895. Reseña histórica del teatro mexicano. 2ª e.
México: La Europea. 147
[22]
«Belletti también se asoció con Lind, tocando solos en sus conciertos en 1851
en Nueva York y otros lugares. Todavía actuaba en Nueva York en 1853, pero después
se fue al sur a Charleston, Nueva Orleans y La Habana». The Clarinet. Vol. 43. Nº. 2, mar. 2016, p. 42.
[23] DM, 20 feb. 1855
[24] 22 feb.
[25] 24 feb.
[26]
10 mar.
Teatro Albisu (1870-1918). Brindis de Salas, Esperanza Iris y el cinematógrafo Teatro Albisu (1870-1918) En diciembre de 1900 volvió Brind...