lunes, 10 de septiembre de 2018

«EL RUIDO DE LA FUENTE NO NOS DEJA TRABAJAR»

(Este artículo lo publiqué hace mucho tiempo ya, pero se quedó fuera de este blog por algo que no pude descubrir, así que como forma parte del diario vivir, ahí se los dejo otra vez)

Tristemente, quien diseña una fuente, imparte una clase o atiende a un paciente es quien sabe crear los vínculos más fuertes con el empleador, quien sea mejor amigo o batalle más en las campañas.

Estoy seguro que desde la antigua Roma hasta nuestros días nunca nadie tuvo que detener su trabajo por el ruido de una fuente, nadie tuvo que decir o escribir frases como: «el ruido de la fuente no nos deja trabajar«.

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Estos artilugios fueron creados para servir de remansos de paz, de aguadas para viandantes acalorados y más recientemente para celebraciones multitudinarias. Pero jamás se escuchó el tronar del agua de una fuente. La paz que de ellas emana provocó siempre la inspiración de los poetas.

Pero eso fue hasta que remodelaron el Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo, hasta que al otrora estanque apacible con chorros discretos se le adicionaron tecnologías de luces y chorros de agua de alta presión que toman alturas irreverentes, masas de agua que al caer producen sonidos ensordecedores, imposibles de sobrepasar, imposibles de contrastar con las voces del Coro, los tambores folclóricos, los instrumentos de la Sinfónica o las voces humanas que dialogan.

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La fuente poco funciona y los miles que costó su remodelación naufragan. Desde su reapertura pocas veces se ha visto trabajando, unas por las deficiencias en el abastecimiento de electricidad y agua, y otras por el ruido que produce, un estruendo que impide laborar a las instituciones artísticas con sede en el clásico y bello edificio.

Esas cosas suceden porque no asistimos al bello espectáculo de una sociedad donde los méritos profesionales sean el valor primero para acceder a la realización de una obra, o simplemente obtener un empleo. Tristemente, quien diseña una fuente, imparte una clase o atiende a un paciente es quien sabe crear los vínculos más fuertes con el empleador, quien sea mejor amigo o batalle más en las campañas. Trágicamente, por inopia e indolencia, el currículo dejó de ser carta de presentación en la mayoría de los casos. Es por eso necesario que el 4 % del Producto Interno Bruto se dedique finalmente a la educación, que el Estado Dominicano simplemente cumpla y haga cumplir la Ley sin chistar.

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jueves, 6 de septiembre de 2018

HAGIÓGRAFA, MONSIEUR

(Esta crónica de ficción se salió del tren en algún momento y por algún motivo fortuito, así que como estoy seguro de que alguien lo va a leer con mucho gusto, lo vuelvo a subir)

Las cosas de Baldomero
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Ya no recuerdo cuándo murió Baldomero, la fecha se me pierde, pero su presencia es constante; ayer, como siempre, supe que reproducía una de tantas conversaciones con él porque me escuché diciendo: «Tienes toda la razón compadre».
«Me alegro de mi ignorancia», dijo él, pero como para entonces yo estaba acostumbrado a estos rebrotes, frases que le llegaban a la boca como si por ella el cerebro le drenara, no me provocó, como las primeras veces, ninguna duda. No pensé que estaba loco de atar ni que trataba de tomarme el pelo, ya me había dado cuenta que por momentos se iba, entraba en el pasado y se le escapaban fragmentos de conversaciones, frases que se le salían del recuerdo, ideas que no quería compartir ni mucho menos, pero que la lengua, como gaita que suena sin gaitero, sonaba.

En realidad, siempre eran como enunciados, como temas de una muy larga y razonada introversión, hervores que por lo general su inconsciente le obligaba a compartir aunque su conciencia así no lo quisiera, exhalaba una palabra, una oración que diera pié para debatir con algún prójimo, motivos que terminaban por convertirse en conceptos lapidarios, en categorías filosóficas, en juicios sociológicos, «en columnas dóricas del pesimismo» o en «centelleantes alucinaciones de optimismo».

Por todo esto y mucho más, me quedé en silencio un rato, el tiempo prudencial para que él terminara lo que estaba haciendo por allá, «en los recodos de sus neuronas», volviera a mirarme y sintiera que estábamos a punto de ser cagados por las palomas que, en bandadas, acababan de levantar el vuelo y pasaban por sobre el banco del parque en el que estábamos sentados. Le di tiempo para que lo despertara el sabor del café que se acababa de tomar en la cafetería de enfrente, y comenzara a hablar.
Entonces, cuando me volvió a mirar, como asombrado por mi presencia, le pregunté:
-¿Te refieres a la ignorancia tuya o la de…?
La de mi doméstica –respondió, y sin detenerse continuó-, eso decía ella mientras planchaba, y yo, que no me aguanto tampoco ante frases como esa, le hice la misma pregunta que me acabas de hacer.
Los días en que ella no iba a mi casa, ayudaba a una señora que recién se había regresado a París, una especialista en iconografía religiosa, una hagiógrafa… dime tú… y eso qué es aquí en esta ciudad, entre la Catedral, el Alcázar, Las Reales Casas y el realengo que le rodea. Entre esa fetidez que antes solamente venía del Río, pero que de un tiempo a esta parte se robustece en cada esquina, como si los restos de algún adelantado se estuvieran pudriendo todavía. ¿¡Qué pinta aquí una dama como esa!?
Ella estaba en mi puerta, había tocado muy discretamente y me preguntaba por Altagracia, mi doméstica, después supe que vino a pedirle que no fuera al otro día por su casa, que viajaría a alguna ciudad cercana muy temprano en la mañana… Para no sacarte de tus planes por los cambios en los míos te traigo tus honorarios, yo sé lo que es vivir al día… para la dama gala su viaje imprevisto no podía cambiar lo pactado entre ellas...
Pues cosas de cerebros del primer mundo, ella había venido una vez a esta ciudad con el sueño de ver la colección de piezas religiosas que hay en el Museo, sabía muy bien, por haber leído, que era valiosísima, y que algún Generalote las había comprado o las había recibido en donación cuando se le metió en la cabeza aquello de limpiar su ensangrentada imagen. Le dio por creerse que, apantallando al mundo con rescates patrimoniales, tiraría una cortina de humo a los…
…Y entonces supo que no había información cierta, ni estudios científicos, ni catálogo, ni catalogación, que faltaban piezas…y Altagracia se alegra de su ignorancia, porque como nunca antes la francesa le ilustró que el saber cuesta muy caro… bueno, en su caso ni tanto, con su mente europea finalmente se fue a la Otra Isla y dicen que por allá se la desquitó… ella fue una pieza clave en la reanimación de tres de los museos más importantes de allá… y que su padre tenía razón. Nada de escuela, nada de libros porque quien más sabe es quien más sufre…
Y entonces, después de todo eso, me volví a encontrar con la dama por aquí, salía ella de la Catedral, andaba aun con un tapabocas enrollado al cuello, y sus ojos rebosaban la felicidad que le provocaron algunas de las maravillas que vio en la cripta, a donde le llevó el mismísimo Cardenal, quien ensimismado con las valoraciones que hacía la dama acerca de lo que allí había, no pudo más, y como un amor a primera vista, la quiso contratar, pero ya el daño estaba hecho… ella se iba al día siguiente…
La invité a un café y allí hablamos largamente. De niña había estudiado en una escuela de monjas en Toulouse, al sur de Francia, donde vivían entonces sus padres, quienes murieron años después en un dramático atentado terrorista en Dublín. Ella por entonces ya estaba en un convento pero…
Su vocación, al parecer descolocada por la sacudida que le dio aquella tragedia, se inclinó por la vida laica, salió del convento, sepultó a sus padres y colgó los hábitos, aunque su pasión por las imágenes católicas no la abandonó nunca. Estudió Historia del Arte y terminó haciendo de la Sorbona su nuevo claustro, donde se doctoró en lo que es hoy su profesión. Ella está segura de que aquel bombazo pudo provocarle todo lo contrario, y estar hoy donde Dios la hubiera reclamado… pero ya ves. No vine a cambiar nada, pero suponía que no eran así las cosas, que las meritocracias existen a pesar de todo, que cuesta trabajo pero se llega, no podía imaginar que quienes están obligados a forjar una Nación la corroan…
Después de mi primer viaje me regresé a París y me puse a estudiar las fotos que había hecho y descubrí muchísimas cosas nuevas, lo cual no tiene la menor importancia, ese es el trabajo de un historiador, volver y volver sobre lo ya visto, volver sobre las piezas… a las que nos lleva sin frenos un deseo de disfrute, de emprender con ellas el largo y a veces interminable viaje del descubrimiento, de la impetuosa necesidad de remover los misterios que se esconden dentro de cada pieza de arte, dentro de cada objeto doméstico o religioso, no importa… Cuanto disfrutaron aquella vez mis estudiantes, casi niños, cuando les mostré en el Louvre, después de haber leído el Quijote, una bacía y su verdadero uso… el supuesto casco que le hizo portar Cervantes al Ingenioso Hidalgo… ver el objeto descorrió en sus mentes la caricatura que había querido pintar el genio español… y mis niños rieron con conocimiento de causa…
La risa que es tan buena para reconocer las inteligencias… dime de qué te ríes y te diré… Y a la dama se le ocurrió que todas esas nuevas las debíamos conocer aquí, en uno de los espigones de la conquista… de donde partieron muchos de aquellos locos hacia nuevos y mejores destinos…
En la embajada en París hubo una exposición de dos pintores de la Isla que viven en Francia y allí conocí a algunas personas con las que pude comentar mis hallazgos… claro que sí, pues vamos a vernos por allá, aquello es muy chulo, le va a encantar nuestra cocina criolla… sí… ya estuve y me encantó… El Agregado Cultural me visitó en mi apartamento de Montmartre y charlamos largamente, le mostré algunas fotos y le comenté algo de lo que yo había descubierto, y se mostró muy interesado, sobre todo cuando le dije que yo pagaría mi pasaje… De una vez le pidió que pasara por el consulado para firmar un pre contrato o carta de intención. En la capital de La Isla esperaban por mí.  
No pasó de la primera página el informe de la Dama, cuando comenzaba a redactar la segunda apareció un virus informático, un Troyano. Ya para ese entonces parece que ella había visto y escuchado cosas que le hicieron pensar en la posibilidad de que estuviera creado para monitorear, subrepticiamente, todo lo que ella hacía en las computadoras… pero sabiendo la prosapia de mis compatriotas, yo no lo creo, fue pura casualidad.
Pudo rescatar alguna información, evadir los daños y terminó su primer informe y lo envió, pero horror…, error le rectifiqué yo, no hubo respuesta, y como creyó que quien calla otorga, continuó. Un buen día llegó a la oficina y no había nada, ni escritorio, ni computadora, ni nada, sólo un papel con algunas faltas ortográficas y rocambolescas redacciones en el que «la parte contratante» daba por «terminado el vínculo laboral».
Ni Kafka lo hubiera hecho mejor monsieur, me quedé sin palabras, pero eso no fue todo. Un funcionario del Ministerio la llamó a su celular para decirle que era impensable que alguien viniera de afuera a cambiar nuestra historia, las descripciones de las piezas que allí están son infalibles y usted no puede estar creando conflictos. Aquí no creemos en sus títulos de la Sorbona ni en su currículo.
Me alegro de mi ignorancia don Baldomero, ¿usted no cree que esté en lo cierto? Me dijo finalmente la muchacha mientras planchaba. Para ella lo más fácil era cortar por lo sano, seguir en la inopia era lo que menos trabajo le costaría, así que le pregunté: ¿Tú me admiras o me envidias? y ante su cara de «despalabrada», comencé una larga disquisición.
No sé si ella habrá entendido algo, pero… la admiración, que es eso que algunos llaman la envidia buena… no hay envidia buena, jamás podrá ser buena la envidia, porque es un sentimiento asqueroso, propio de los enanos mentales, de los inseguros, de los que odian ver en otros las virtudes que saben imposibles en ellos… pero como te decía, la admiración es un sentimiento dulce, que te ensancha el espíritu y te hace muy feliz porque sabes que al menos hay alguien capaz de hacer lo que tú no has podido, que hay otros que pueden hacer lo que tú sueñas hacer en algún momento, y si otros lo hacen tú también puedes, la admiración se siente como un dulce cuando el admirador no se ofende por la sabiduría de otros, y toma al admirado como ejemplo para seguir sus pasos. El admirador construye y el envidioso destruye, esa es la cuestión.

Después de esto Baldomero se levantó del banco en el que estuvimos sentados por más de media hora, y como si yo no existiera se fue andando lentamente… entonces ayer, afeitándome frente al espejo, me escuché decir: «Tienes toda la razón compadre». 

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lunes, 3 de septiembre de 2018

¿¡EL 4 POR CIENTO PARA QUÉ!?

(Este artículo lo publiqué hace muchos años y se salió de este blog por alguna razón que nunca pude conocer; sin embargo, como esta sociedad aún está muy lejos de ser una meritocracia, su contenido está tan vigente como en su día de publicación, así que ahí se los dejo) 

Mientras existan empresarios que prefieran a un pariente incapaz en un puesto de gran demanda profesional, y funcionarios públicos que promuevan a incapaces acólitos de nada valdrá la inversión en la educación.

No es que quiera privar en rosca izquierda, pero los problemas de nuestra sociedad no se resuelven SOLAMENTE con dedicar el 4 % del Producto Interno Bruto a la educación. El problema es más complicado que eso.
Si se produjera el milagro de que mañana amaneciéramos con la Ley aprobada, firmada y puesta en vigor, ese manantial de dinero no sería la solución del problema, porque peor que la ineficiencia en la educación es el clientelismo político en los predios oficiales y el amiguismo, por decirlo de algún modo, en el sector privado.
Con más dinero dedicado a la educación se conseguirían, después de un largo período de formación, una mano de obra más calificada y profesionales más capaces; sin embargo, mientras el currículo siga tan subvaluado como en nuestros días, nada cambiará.
Hoy no es el más calificado quien accede a un empleo, sino aquel que esté más cerca de la casta o el partido de quien oferta el empleo, hoy no está en las mentes de los estudiantes ser los más diestros en sus competencias, sino tener más “enllaves”, conocer más amigos con acceso a las fuentes de empleo, tener amigos empleadores, que es como tener un central azucarero.
Si no se empuja simultáneamente por todos los flancos, la sociedad dominicana difícilmente saldrá del estancamiento educacional en el que se encuentra, difícilmente, siendo una economía de servicios, pueda competir con los vecinos del área.
La campaña sin dudas ha sido una de las mejores en materia de publicidad e impacto, pero habría que ver los resultados a mediano y largo plazo, porque por otra parte, y no menos importante aún, mientras aprender no se convierta en una necesidad para los ciudadanos nada cambiará, mientras los estudiantes persigan solamente un documento que los acredite y no los conocimientos, nada cambiará, y para que el conocimiento sea una necesidad para la sobrevivencia y una carta de garantía de que el saber y no la suerte o los “enllaves” son los que valen, la sociedad en su conjunto y simultáneamente tiene que poner por encima de todo el valor académico y la capacidad profesional de quienes acceden a los mejores empleos, a las mejores calidades de vida.
Mientras existan empresarios que prefieran a un pariente incapaz en un puesto de gran demanda profesional, y funcionarios públicos que promuevan a incapaces acólitos, de nada valdrá la inversión en la educación. Por eso digo que no es privar en rosca izquierda, sino llamar la atención de que el daño es tan complejo y antiguo que si no se le ataca con los remedios adecuados por todos los flancos, esta campaña para compulsar al gobierno a dedicar el 4 % del Producto Interno Bruto a la educación no pasará de ser una más de las cruzadas con buenas intenciones y pocos resultados. Mientras se permita poner dos tornillos donde el fabricante recomienda cuatro, la batalla estará perdida, la rosca estará en su sitio, pero vacía. 

domingo, 2 de septiembre de 2018

LA GRUTA DE FINGAL EN LA SALUD DIGITAL DE UNA ORQUESTA SINFÓNICA

Cartas a un colega

Con el tiempo, en algunos lugares, las orquestas sinfónicas se han convertido en parte de la sociedad, en un tema que suena en la intelligentsia de esas sociedades, donde el músico es reconocido como lo que es: un fabricante de ilusiones y de estados de ánimo placenteros. 

La gruta de Fingal es una cueva marina de Escocia  situada
en el islote de 
Staffa, en el archipiélago de las Hébridas.

Foto: Fuente externa

Estimado colega, a esto me refería cuando te decía que la obertura Las Hébridas es una obra que debería «obrar» en el repertorio de campaña de cualquier orquesta que vele por su «salud digital» y todas sus consecuencias, o al menos formar parte de su bibliografía pasiva.

Vamos por partes: el tempo, según dice la partitura es un Allegro moderato, y no hay ninguna variación hasta el compás 217 donde aparece un Animato, pues bien, como te dije, es el mismo de principio a fin, por lo que desde ese punto no tiene el más mínimo problema técnico, tú o yo podemos dirigir esa obra. ¡Ah!, pero eso no es todo, para llegar a esa conclusión, para llegar a esa solución tan simple, para llegar ahí hay que comprender; primero, cómo consigue el compositor, entonces, las tensiones y distenciones naturales que debe tener toda historia para que, de principio a fin, capte la atención del público.

Pues bien, en esta obra, Mendelssohn, quien, hasta aquí, según sus catalogadores había escrito solamente 24 obras, lo resuelve con la simplicidad de los genios, agrega más notas por compás al tema, sí, tan simple como eso. Ahora, ¿por qué lo hace? ¿por qué ese es el recurso que utiliza Félix para establecer el ritmo interno de la obra?

Según la partitura, la obertura fue compuesta en 1830, tres años después de la muerte de Beethoven, dos años antes de la muerte de Goethe y cuando Mendelssohn tenía 21 años, era la Europa de las primeras décadas del siglo XIX, iba naciendo lo que después conocimos como Romanticismo. Goethe había nacido en 1749, había escrito Los sufrimientos de Joven Werther en 1774, en mi opinión, la obra que hizo explosión en las mentes de los milenians del siglo XIX y que finalmente, en 1789, comenzaría, implosionando también en las acciones de toda Europa, a hacer volar en pedazos, junto con la Bastilla, el sistema feudal y a dar paso al capitalismo… claro, pero esto, dicho así a tan largos trancos puede parecer una digresión o un disparate -Ojo, Goethe no fue el autor intelectual de la toma de la Bastilla-, pero lo hago para exponerte el camino por el cual trato de entrar en la mente, en el intelecto y en la estética de Félix, de entender el contexto en el que se movía entonces Mendelssohn cuando compuso Las Hébridas. Es mi modo de entender sus hábitos de escucha y cómo debo disfrutar la obra, cómo enfrentarla y sacarle partido emocional, pero como somos de profesión músicos, también arrancarle a la obra sus aportes técnicos.

Sí, es una hipótesis algo macarrónica… ¿y si no? Pero, para lo que quiero demostrar es suficiente. Para él, para el joven Félix, quien aún no era protestante, ¿o sí?... ahí habría otra línea de investigación, porque como sabes su familia era de origen judía y se volvió al protestantismo… pero esa es otra harina… aunque, eso sí, antes o después de Las Hébridas, la música que pasó por sus oídos tuvo fuentes muy diversas… Como te decía, la cuerda sonaba más bien soplada, aún los grandes teatros no eran un espacio a llenar con la música, aún Berlioz no se había obsesionado con las grandes masas sonoras aunque ese mismo año estrenó su Sinfonía Fantástica, así que en el oído de Félix cabían menos, muchísimos menos decibeles que en los oídos de los románticos posteriores, donde la cuerda comenzó a ser; primero, lamida y, después, mordida, como lo quiso Chaikovski en algunos pasajes de sus sinfonías, pero aún faltaban diez años para que naciera el genio ruso y morder la cuerda no era parte de la estética.

Ahora, las semicorcheas en la cuerda, que son en mi opinión las que ejercen la tensión de la obra ¿para qué más nos pueden servir? Pues te digo, si hablamos de técnica monda y lironda, estas figuras, tocadas por toda la cuerda durante pasajes largos, tocables y muy agradables al oído son la perfecta medicina para ensamblar la orquesta. ¿Cómo? Pues primero lo primero, cada músico debe desentrañar su parte y poner en dedos estos magníficos pasajes que, como verdaderos estudios para violín, viola, violonchelo y contrabajo, Félix escribió para La Gruta de Fíngal.

¿Y cómo así? Pues como todo instrumentista debe hacerlo, como se hace desde tiempos inmemoriales: abordando la obra nota por nota y dedo por dedo. Aquí te recomiendo ver el filme El Violín Rojo, y si ya lo viste vuelve a verlo. La película, además de una deliciosa historia, finamente construida, con un cuido especial por toda la estética cinematográfica, es una verdadera clase magistral de ciencias de la música. Fíjate en la escena en la que el maestro le enseña al estudiante como usar el metrónomo para alcanzar la habilidad de tocar a la velocidad de la luz… en el caso que nos ocupa, a tocar todas las semicorcheas en tempo, afinadas y todos juntos… ¡Ah! Aquí debería hablarte del tono, pero ya será en otro momento… ¿o no?

Bueno, va a ser una digresión a quemarropa, pero ahí te va: El tono es eso que puede parecerle al público un misterio indescifrable, pero que es simplemente el resultado de una serie de acciones coordinadas que ejerce con ambas manos el instrumentista sobre su instrumento, la izquierda pisando firme con los dedos la cuerda contra el diapasón, como una cejilla mecánica, y la derecha frotando el arco contra la cuerda firmemente de manera tan perpendicular como sea posible, propiciando la vibración de la cuerda. Eso, la justa afinación, el vibrato controlado y la eliminación de todo ruido constituyen el tono, que es quizás, un peldaño más alto que el sonido, la afinación o el toque por separados, es todo eso y mucho más. El tono es el resultado, en última instancia, de la cultura del instrumentista…

 Como te decía, en todo esto debe enfocarse una orquesta cuando ve en sus atriles las partichelas de La Gruta de Fíngal. Claro, y aquí hay especificaciones también. Si la orquesta está en dedos, si la orquesta está «hecha» y por sus atriles han pasado muchas sinfonías de Mozart… y ojo, más adelante te comentaré por qué esta obra es superior a casi todas las de Mozart para la salud digital de una orquesta y a qué me refiero con «hacer» la orquesta … Como te decía, si la orquesta está hecha, si viene de tocar muchos pasajes escabrosos y los ha estudiado como en la escena de El Violín Rojo, pues al director no le queda más que hacer su versión de la música, pero si la orquesta no está hecha, es decir, no suena ensamblada y la afinación, a consecuencia de la inseguridad digital, está afectada, pues le toca al incumbente hacer lo que nunca se hizo: el papel del metrónomo. Muy probablemente, a estas alturas, un director sensato optará por tocar a como dé lugar, pero un director sabio optará por hacer de metrónomo y ajustar el tempo a las posibilidades del conglomerado y como último recurso cambiar la obra, como han hecho muchos directores en semejante encrucijada.

¿Y a qué me refiero con «hacer» la orquesta? Aunque algo te he dicho en los párrafos anteriores y aunque creo que alguna vez hablamos del asunto, creo que este es un motivo que da para muchas sinfonías. Con el tiempo, en algunos lugares, las orquestas sinfónicas se han convertido en parte de la sociedad, en un tema que suena en la intelligentsia de esas sociedades, donde el músico es reconocido como lo que es: un fabricante de ilusiones y de estados de ánimo placenteros. Pero también hay orquestas, que alcanzado esto y por su alto grado de especialización, por estar hechas con meticulosidad y memoria histórica, han alcanzado una personalidad capaz de elegir cómo desean sonar y a quién desean ver en el podio… pero este no es el caso, aquí, en Nuestra América, son pocos los casos como ese, así que de este lado del mundo, «hacer la orquesta», en mi opinión, es trabajar un repertorio coherente desde el punto de vista técnico y artístico, como hace un estudiante en una academia, con método y metodología y con el objetivo de alcanzar cada vez mayores niveles artísticos… y aquí vuelvo a la salud digital… porque para eso, para alcanzar el arte musical en una orquesta sinfónica, es indispensable la salud de la cuerda… y eso se obtiene pasando por los dedos de los instrumentistas muchas obras que establezcan un sello de solvencia técnica. Es esa la única ruta por la que se llega a altos niveles en la escala de valores estéticos.

Creo que hasta aquí pudiera quedarte claro lo que entiendo por «hacer la orquesta», me falta ahora el asunto «Mozart». Mira, aún en el siglo XVIII el contrabajo no era un instrumento respetado, aún estaba «en construcción», las técnicas de interpretación se estaban explorando, las cuerdas eran de tripas, muy largas, poco duraderas, etc., y, sobre todo, los contrabajos servían solamente para doblar a los violonchelos, era el contra bajo de la orquestación, eso, a pesar de que ya Haydn le hubiera dado un solo de 16 compases al contrabajo en su Sinfonía No. 31, pero eso no significó que se escribieran pasajes contrabajísticos.

Mira si no la Sinfonía No. 35, donde lo escabroso de los pasajes no se recompensa con la belleza sonora, aporta al malabarismo, pero no al arte y a la técnica, algo que no sucede con Félix, todos los pasajes de La Gruta de Fíngal devuelven en oro las horas de trabajo, todos son absolutamente contrabajísticos, todas sus notas se pueden tocar, incluso a velocidades supersónicas, pero ya, si el director viola el tempo destroza la belleza de la obra. En fin querido amigo, ahí te dejo un enlace para que disfrutes de una versión de La Gruta de Fíngal que me parece justa, bella, sensata y emocionante, interpretada por una directora que no conozco personalmente, pero con la que me gustaría poder trabajar algún día, me refiero a Patricia Pouchulo.

En conclusión, para hacer la orquesta es indispensable cuidarle la salud digital, y, claro, para estos menesteres, La Gruta de Fíngal es una magnífica medicina… pero como toda cura, es menester aplicarla en las dosis que recomienda el médico, de lo contrario pudiera ser venenosa. Así que, como dice el prospecto, manténgase alejado del alcance de los niños.

Un abrazo y seguimos en contacto.

jueves, 30 de agosto de 2018

LA MUJER DE SU VIDA (*)

Por Roberto Sotolongo[1]

Es común el criterio de culpar de manera absoluta a Carmen Zayas Bazán por el creciente descalabro de sus relaciones con Martí. Sin embargo, no disminuye en nada las virtudes de este si llegamos a decir que ambos fueron responsables del fracaso. 

José Martí, José Francisco y Carmen
Unos dicen que conoció a la camagüeyana en un baile; otros señalan el momento del encuentro en la propia casa del padre de esta, durante una visita hecha por Martí. No importa en qué lugar, desde el primer instante Martí se vio invadido por un sentimiento nuevo, grato y avasallante. Ante ella experimentó una mezcla de admiración y deseo, que el tiempo haría crecer.

Fueron las circunstancias, originadas un tanto por la casualidad y la necesidad, las que pusieron en un mismo camino a Martí y a Carmen. Al morir Ana, hermana de Martí, su familia se vio precisada a cambiar de domicilio, residiendo a partir de entonces en la casa de don Ramón Guzmán. Precisamente gracias a esto es que Martí conoció a Francisco Zayas Bazán, un acomodado abogado cubano a quien no le importaba nada más que su fortuna, su familia y la paz que se había forjado.

En aquel remanso -una de las pocas y pequeñísimas treguas que le concedió el destino a Martí- el Apóstol anuló temporalmente sus desvelos por Cuba. Se le vio alegre en sus conversaciones con las hijas del abogado e inmerso en las partidas de ajedrez con don Francisco.

Y fue durante aquella breve intermisión el tiempo del nacimiento de los amores de Martí y Carmen. Primero Carmen se sintió atraída por la impresión que dejó en ella el hombre de «frente despejada, ojos soñadores y bigote romántico». Y luego la subyugó su voz apasionada, sus maneras galantes y su rara fe, tan rara como incomprensible para algunos.

La Zayas Bazán era una típica camagüeyana, de piel blanca sin exageración, pies pequeños, elegante, mesuradamente delgada, enérgica y dulce a la vez. Así la vio Martí: «tiene el color blanco anacarado, los labios de un punzó natural, con la suavidad del terciopelo, los ojos pardos y rasgados con mirada angelical, y el cabello de ese color castaño dorado, como lo pintaba Ticiano, muy apreciado y poco común»[2].

Pero también su exquisito espíritu quedó tocado por la «inteligencia natural y culta conversación de Carmen». Y allí quedó sellada la última relación amorosa de José Martí. Surgió en contra del padre de Carmen, para quien era una locura verla unida a un hombre sin futuro claro.

Lo curioso es conocer que esta vez Martí está pensando más en la definitiva construcción del hogar, su hogar, que en los destinos de Cuba. Así lo confiesa:

La voz de la mujer amada
habló de amor con sus acentos suaves,
y las rebeldes aves,
en trémula bandada
las alas que su cárcel fatigaron
en mi cráneo y en mi pecho reposaron.
Aquel noble intento habla de la grandeza de espíritu, tantas veces demostrada, de José Martí. Su afán por darle oportunidad a su vida íntima no respondía a la ambición natural de todo hombre de tener esposa, trabajar por ella y por sus hijos, y aspirar al progreso personal y al de su familia. Ese instante de vacilación, en que peligró su batallar por la patria, fue hijo del deseo de alegrar a sus padres -que tanto penaban por el incierto porvenir del hijo- y de satisfacer los deseos de Carmen. No hay dudas de que, de todas maneras, aún habiéndose anulado como luchador, Martí hubiera ocupado un lugar notable en la vida de América. Y no hay por qué no suponer que Carmen y él habrían sido felices. Entonces la historia no sería esta que hoy nos ocupa y no tendría sentido el interés de reflexionar sobre aquella relación inestable, maltratada, dolorosa y desafortunada.
No pudo Martí mentirse a sí mismo, no pudo impedir que las alas de las rebeldes aves batieran al viento. ¿Y cómo reaccionó entonces Carmen y qué esperaba de ella Martí? Aquella que, al decir de Toledo Sande, fue la mujer de su vida, ¿cómo se condujo ante la decisión de aquel que una vez llamaron Cristo inútil?
Es común el criterio de culpar de manera absoluta a Carmen Zayas Bazán por el creciente descalabro de sus relaciones con Martí. Sin embargo, no disminuye en nada las virtudes de este si llegamos a decir que ambos fueron responsables del fracaso. Veamos por qué, y hagámoslo señalando los momentos claves de aquel sendero de frustración.
-I-
Comienza a incubarse con la relación de Martí ante la amenaza anticonstitucional del general Porfirio Díaz. Desde 1878, cuando apareció en La revista universal la candidatura de Lerdo para la reelección, Martí se erigió, aunque de manera discreta, por su condición de extranjero, a favor del presidente mexicano y de la Constitución; los preferiría al militarismo ambicioso de Porfirio Díaz y cuando en noviembre el general entra triunfante en la ciudad de México, José Martí se proyecta prácticamente como un verdadero opositor: publica en El Federalista su artículo «La situación», que fustiga la conducta del nuevo gobierno, contrario a las libertades públicas. Y el 16 de diciembre de ese mismo año da a conocer su trabajo «Extranjero». En él da argumentos que justifican su decisión de abandonar México.
Y es aquí donde se inician las borrascas a que hacemos referencia: el hombre que había en Martí no podía convivir en aquel mundo de mando y tiranía; ni siquiera Carmen podía hacerle quedar callado y estático. Entonces asume a Cuba como su destino inmediato para después saltar a Guatemala. Terminó el equilibrio mexicano para ambos pretendientes. Y cuando enrumba a Cuba le acompaña un presentimiento: «la que ha de ser mi esposa ha comenzado a sufrir». En efecto, ella quedó con lágrimas en los ojos y con un brazalete, entregado por él, donde se podía leer: «Espérame».
-II-
Tras casi un mes de incansable peregrinar llega a Guatemala con el propósito de buscar trabajo y armar un apacible nido en esta tierra de cambios. Sueña con hacer feliz a Carmen brindándole la holgura y el sosiego que merece. Por ello se hace profesor de la Escuela Normal y catedrático de la Universidad de Guatemala. Su prestigio crece, su popularidad desborda las aulas, se extiende por toda la tierra del Quetzal. Su entusiasmo le hace optimista. Otra mujer se le instala, desde la belleza y la ternura, en sus sentimientos, abiertos siempre a lo hermoso y a lo grande. Pero lo que flamea en sus aires de hombre agradecido es la bandera de la amistad. Puede que María García Granados no lo comprendiera, pero él no olvida su compromiso con la camagüeyana. Por él regresa a México. Y el 20 de diciembre de 1877 la parroquia del Sagrario Metropolitano de México asume la responsabilidad del casamiento. Y hubo fiesta en casa de Mercado. José Martí y Carmen Zayas Bazán inician su trayecto matrimonial sin sospechar las sinuosidades del camino.
En enero del 78 ya está de vuelta en Guatemala, esta vez con su Carmen. La dicha le abre los brazos: él, adquiriendo cada vez más prestigio como maestro, escritor y orador; ella orgullosa de su hombre; ambos agradecidos de las bondades de aquel país… Sin embargo, el rebelde que nunca dejó de existir en él no duerme: el 8 de marzo tomó una determinación irreversible: se marchará del país porque en las esferas oficiales ya no es simpático. Y al ser destituido su amigo José María Izaguirre del cargo de director de la Escuela Normal, renuncia él mismo a las cátedras que atendía en dicha institución. Abandona Guatemala porque «con un poco de luz en la frente no se puede vivir donde mandan tiranos»[3]. Quedan rotos los sueños de estabilidad y ventura. El dolor lacera a Carmen; la amargura a él; mas aún ella le sigue.

-III-
Para entonces ya Cuba vivía la paz del Zanjón, que provocó el regreso a la patria de muchos cubanos que andaban desperdigados por Estados Unidos y el resto de América. Martí, entre ellos, se deja llevar por los ruegos de su esposa y obsequie a Cuba con su presencia. ¿Qué anidaba en el pensamiento del gran cubano en aquel instante de tristeza? No entraba a una tierra vencedora ni cagado él de glorias. Sin embargo, ya en suelo cubano se sabe que realizó las siguientes acciones en busca de trabajo:
-       Hizo una solicitud de habilitación para trabajar como abogado.
-       Presentó solicitud para dar clases de segunda enseñanza en colegios privados.

Sin duda tal manera de proceder expresa su voluntad temporal de consagrarse a su ideal matrimonial. Ahora no solo escucha el reclamo de Carmen: piensa también en su hijo, nacido el 22 de noviembre.

Pero al mismo tiempo el hombre público no se da tregua y por ese camino se adentra en el mundo de la conspiración contra la prepotencia española, que lo lleva a ocupar la vicepresidencia del Club Central Revolucionario Cubano, recién constituido, y la subdelegación del Comité Revolucionario de New York.

El 24 de agosto del 79 el Pacto del Zanjón se va a bolina: la Guerra Chiquita termina de hacerlo caer en el descrédito y la inutilidad. Veinticuatro días después un almuerzo entre Juan Gualberto Gómez, Martí y Carmen es interrumpido por la llegada de un hombre que habla a solas con el Apóstol. Y con él se marcha. Entonces se escuchan gritos desesperados de la camagüeyana: «Se lo llevan Juan; ¡se lo llevan, Juan; ¡se llevan preso a Pepe!»[4].

Y comienza así su segunda deportación. Carmen queda sola, con la carga de la ausencia inevitable y la presencia de un hijo sin padre. Un nuevo vacío, el mismo obstáculo, ahora más desgarrador e invencible.

¿Hacia dónde quedaron tiradas aquellas palabras escritas por Martí a Mercado?: «Casándome con una mujer haría una locura. Casándome con Carmen, aseguro nuestra más querida paz -la que a menudo no se entiende-, la de nuestras pasiones espirituales. Afortunadamente viviré poco y tendré pocos hijos: -no la haré sufrir»[5]. ¿Y qué no ha hecho hasta ahora Carmen sino sufrir?

-IV-

Este estuvo señalado por dos determinaciones. Por un lado, acosada por las circunstancias de su soledad y por la no armonía con la familia de Martí, Carmen decidió refugiarse en Camagüey, al abrigo del padre. Las cartas de ella al esposo han estado cargadas de un tono frío y reprobatorio, y esta manera de actuar agudiza el conflicto que ya es evidente, pues Martí se siente humillado. Por otra parte, a pesar de que le duele no poder cumplir con el deber de todo hombre de consagrarse a su familia, ha resuelto escapar a Estados Unidos para, desde allí organizar la batalla por Cuba. Ha encontrado una solución que le permite armonizar su vocación revolucionaria con su vida íntima: que los suyos vayan a él, que se reúnan con él para poder ayudarlos sin abandonar su obsesión por Cuba.

-V-

A partir de su estancia en Estados Unidos Martí insiste con denuedo en la esperanza de tener a Carmen y al hijo consigo. Mas ella no se apura en alcanzarlo, y el deseo de ver reordenada su vida conyugal se pospone una y otra vez, en tanto aumentan sus ajetreos independentistas. Tiene la delicadeza de enviar a José Francisco un abriguito y un sombrero; pero nada inmuta a la madre relegada. Así, nuevamente ella alimenta la frustración del hogar.
-VI-

Al fin, la orgullosa hija del Camagüey responde al llamado del esposo: el 3 de marzo de 1880 lo sorprende con su hijo en brazos. Él cierra en los suyos, «que quieren ser, a pesar de todo, fieles y leales»[6], a Carmen y a su José Francisco. En ese instante supremo de luz y esperanza, solo desea salvar la felicidad del hogar. Sin embargo, ya ella no es la misma y no ha venido a darle aliento a su lucha: persiste en apartarlo de esta, tratando de hacerle volver a Cuba. Su ideal se limita a la prosperidad del hogar y al futuro del hijo. Por eso experimenta celos de la Patria y de todo aquello que le rodea a su esposo. Está decidida: volverá a Cuba con o sin él.

Con amargura Martí se convence de la inutilidad del encuentro: sus almas son incompatibles. Se pregunta: «¿qué quieres tú, mi esposa?», ¿que haga la obra que ha de serme aplaudida en la tierra o que yo viva, mordido de rencores, sin ruido de aplausos, sin las granjerías del que se pliega, haciendo sereno la obra cuyo aplauso ya no oiremos». Y a Mercado le confiesa: «Carmen no comparte, con estos juicios del presente que no siempre alcanzan a lo futuro, mi devoción a mis tareas de hoy»[7].
Y más desgarradora es la verdad que se abre paso anunciando un insalvable fracaso. Él lo expresa así: «En el matrimonio en cuanto empieza la falta de identidad, ya no cabe felicidad. Nada menos que la identidad necesaria»[8].
Es lamentable, dura como piedra y cortante como cuchillo la diferencia entre esta conclusión a la que llega Martí y aquel criterio que tenía de su Carmen cuando pensaba: «¿Qué deber ha de estorbarme mi Carmen, ella que vive de mi misma clase de pasiones?»[9].
El 21 de octubre, vencida en su intento de arrastrar consigo a Martí, Carmen, con su hijo, regresa a Cuba, a refugiarse en la colonia. Pasarán dos años antes de volverlos a ver en la fría ciudad de Nueva York. No puede escapar a nuestra observación la buena voluntad de Carmen, quien permanece junto al esposo hasta el año 1885, momento en que nuevamente le abandona. Entonces serán seis años de ausencia, de separación doblemente dolorosa para Martí: la lejanía de «la mujer de su vida», y por saber que su hijo se educa según los preceptos de la metrópolis.
1891 es la fecha del último reencuentro. Durará dos escasos meses. Los reproches y exigencias de Carmen son desmedidas. ¿De qué valen los intentos de reconciliación? Chocan dos caracteres inflexibles, dos identidades opuestas, dos espíritus que jamás debieron unirse. ¿Alguien pudo pensar que el gozo de la paternidad lograría el milagro de aherrojar al redentor en la cárcel familiar? Sumo dolor, gran tristeza de hombre terrenal el estar alejado del hijo del alma y de la sangre; mas, su obsesión por Cuba no es un simple capricho, es una vocación sin límite sobre una fe en el triunfo.
Ya no hay oportunidad para el diálogo sensato; se ofenden y se separan. Martí hacia el franco refugio de Carmen Millares; Carmen hacia Cuba, ayudada por el desleal Enrique Trujillo, quien le gestiona un pasaporte emitido por el gobierno español.
El postrer encuentro sella el rompimiento: de una parte, ella y José Francisco; de otra, él sin ambos, «con el corazón que lleva rota el ancla fiel del hogar». En aquel momento oscuro y de golpes de martillo en el corazón, se le escapa este lamento: «Y pensar que sacrifiqué a la pobrecita, a María por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado español para pedir protección de mí».
Mas, al instante reacciona como un relámpago en la noche, se repone, recobra su armonía anterior y se convence de que:
Cuando al peso de la cruz
El hombre morir resuelve,
Sale a hacer el bien, lo hace, y vuelve
Como de un baño de luz.

Y pensar que Carmen Zayas Bazán fue «la mujer de su vida».



(*) Tomado de La revista cultural de Cienguegos «Ariel». Año IX, No. 2-3 Cuarta época, 2006: 6-11

Roberto Sotolongo (1956)
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[1] Roberto Sotolongo (Aguada de Pasajeros 1956) Es graduado en Filosofía por la Universidad Lomonósov de Moscú. Narrador, poeta e investigador. Miembro de la Sociedad Cultural «José Martí». En 1976 Obtuvo el Premio Nacional de Narrativa. En 1987 obtuvo Primer Premio en el Concurso Provincial «Raúl Aparicio». Ha publicado cuentos, poemas y artículos en Conceptos, Creación, Revista cultural Ariel y en el Boletín Literario Mercedes Matamoros.
[2] Gonzalo de Quesada Miranda, Martí hombre, Seoane, Fernández y Cía., S. en C. Compostela, 1960. pág. 17.

[3] Obras completas, t. 20, p. 47
[4] Jorge Mañach. Martí, el Apóstol. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1990, p. 65.
[5] Luis Toledo Sande. Cesto de llamas, La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1996, p. 98.
[6] Ídem al 1, p. 125.
[7] Ibrahím Hidalgo Paz. José Martí, Cronología, La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1992, p. 48.
[8] Ídem al 1, p. 127.
[9] Ídem al 4, p. 97-98.

EL CÓLERA ESTÁ EN TUS MANOS

(Este artículo lo publiqué hace algunos años, pero por causas que aún no descubro se quedó fuera de este blog; sin embargo, como forma parte de la cotidianidad, debe ser recordado, así que ahí se los dejo)


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En pleno siglo XXI el cólera cabalga de nuevo en la República Dominicana y según los poco confiables dichos oficiales, se originó en Haití, de allá viene a paso lento y arrasador. Pero sea cierto o no, da lo mismo donde se haya localizado el primer caso de la fatal enfermedad, la realidad es que en la República Dominicana de hoy, con todos los avances de la industria química a la plena disposición de todos, la insalubridad compite con la del siglo XXVII, cuando Boukman, Mackandal, Louverture y Dessalines, para abolir la esclavitud e independizarse de Francia, destruyeron la más pujante colonia del nuevo mundo.

Desde entonces Haití se fue convirtiendo en uno de los países más pobres del mundo. Del lado oeste de la isla La Española nunca más volvió a existir un país viable, no volvió a existir un líder capaz. No lo fueron ninguno, ni aquellos que en 1791 ordenaron degollinas sin fin, ni este Preval inepto para administrar los multimillonarios fondos de ayuda que le llovieron desde el terremoto del pasado febrero.

Pero del lado oriental las cosas no anduvieron mucho mejor, y si nos atenemos al tema del encabezado, la insalubridad ha sido una constante hasta hoy, cuando los adelantos de la ciencia y la técnica están al alcance de la gran mayoría de los ciudadanos.

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Durante los últimos veinte años escuché a todos los síndicos del Distrito Nacional asegurar en sus consignas de campaña que podrían solucionar el problema de la “recogida de basura en la Ciudad Primada de América” y acabarían con los “apagones” (¡!), pero ninguno resolvió ni una ni otra cosa y los niveles de insalubridad de Santo Domingo, una de las más emblemáticas ciudades del Nuevo Mundo, compite fácilmente con los índices de insalubridad anteriores a la revolución industrial, cuando fueron inventados los principales productos para la higiene personal.

Cuando no es el dengue, es un ciclón, cuando no la amebiasis o el cólera, el caso es que nada es prevenible cuando la indolencia se empoza en las manos de los líderes políticos y para colmo en los de la llamada sociedad civil. Todas las catástrofes que afectan la salud de los Humanos pasa por los hábitos de higiene y en eso no existen en nuestro país ni las más mínimas normas de conducta y las leyes al respecto se violan olímpicamente.

Los alimentos se expenden por cualquiera, en cualquier lugar y sin observar ni las más mínimas normas de salubridad, y nos los comemos con las manos enchumbadas de las mil y una enfermedades, incluida el cólera. Las aguas negras se mezclan con las de consumo humano, la atención médica es deficiente y los laboratorios no cuentan con la rapidez necesaria para hacer frente a enfermedades en las que, como en el caso del cólera, el paciente puede morir al tercer día de presentarse los primero síntomas.

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Todo es politizado al oriente de La Española, los voceros oficiales de todos los partidos que tienen acceso a los medios lo hacen. Quienes están en el poder ocultan y minimizan el alcance tanto de un ciclón como de una epidemia, y la oposición arremete con todo lo contrario aunque ni unos ni otros hagan algo por mejorar la salubridad de todos. La ciudad se derrumba y ellos cantando, como dice la canción, la ciudad es un caldo de cultivo para cualquier pandemia.

Las intenciones de poner coto a las inconductas se ven frustradas, nadie tiene la capacidad de hacer valer la ley y sacar de las calles -y a veces de lujosos locales-, a quienes con la mala manipulación de los alimentos ponen en riesgo las vidas humanas, nadie tiene lo necesario para hacer valer el Estado de Derecho, pero eso sí, si se les califica de indolentes y lo más justo, si se califica al Estado como un Estado Fallido, pues allá va el coro de Tirios y Troyanos a poner el grito en el cielo, donde todos, absolutamente todos, corremos el riesgo de estar antes de tiempo si seguimos llevando el cólera de nuestras manos a la boca.

lunes, 27 de agosto de 2018

DESCARGA SOBRE UN DISCURSO HECHO COMO NUNCA

(Este artículo lo escribí en noviembre de 2012, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, a la luz de los hechos, está tan actualizado como si lo hubiera escrito hoy, así que ahí les va) 

El expresidente Leonel Fernández por una cadena nacional de radio y Tv.

Dijo que Suecia y Finlandia tienen impuestos superiores a los de la República Dominicana, ya quisiera yo pagar lo que paga un sueco o un finlandés y que el Estado me devuelva en calidad de vida esos impuestos.


Foto: Fuente externa
Lo primero que me llamó la atención fue el anuncio de que el expresidente nos explicaría el asunto ese del déficit fiscal y de la Reforma Tributaria. Algunos para protestar contra la nueva carga impositiva llamaron a apagar los radios y televisores, pero como no me gusta que me cuenten, no hice caso al llamado, así que cuando el ex comenzó, yo lo estaba esperando, y justamente, como había trascendido que Fernández tendría en el estudio una claque partidaria para batir palmas, y nadie que le repostara, me conecté a la Internet y me dispuse a ir colocando mis comentarios en facebook y en twitter -porque desde que descubrí esos dos aliviaderos, ningún discurso me ha vuelto a dejar como antes, con la procesión por dentro y discutiendo con el radio o el televisor, con la pared o con el que más cerca me quedaba, ahora puedo responder en tiempo real y compartir mi opinión con miles de personas y leer lo que opinan esos miles-, así que ahí les va lo que fui tirando al ciberespacio durante los minutos que duró un discurso hecho como nunca.

Ya Leonel ha tratado de profanar mi inteligencia y no lleva ni 10 minutos hablando. Ya dijo que estamos confundidos, cuando lo que estamos es en contra de ese aumento desmedido de los impuestos. Ya dijo que Suecia y Finlandia tienen unos impuestos superiores a los de la República Dominicana, pues como alguien dijo, “las comparaciones siempre son odiosas" y esta no es la excepción, ya quisiera yo pagar lo que paga un sueco o un finlandés y que el Estado me devuelva en calidad de vida esos impuestos. Es deplorable que el ex presidente además ataque con descalificaciones a quienes se han opuesto al paquetazo afirmando que es una manipulación de la opinión pública. Entiendo que manipulación atroz es ese discurso con claque incluida en una cadena de radio y televisión, eso sí que es una manipulación de la opinión pública y sin derecho a réplica, en el más irreverente estilo de los regímenes totalitarios. Espero que esta no sea la primera escena de una tragedia de dimensiones inimaginables. Seguimos escuchando. Y siguen las comparaciones y justificaciones de los gastos en los que incurrió su gobierno.

Ahora Leonel hace una lista de las construcciones y las inauguraciones, algo que no es más que el deber de cualquier gobierno. "Por la cantidad de obras -.dijo- podrá advertirse que el déficit fiscal no es un delito, sino la obra de gobierno. Realizada en medio de una crisis mundial y en uno de los países más débiles en términos de recaudación fiscal". Entonces, si no es un delito y gastó más de lo debido, es una irresponsabilidad...

Ha dicho: "Hay en el país fuerzas que se dedican a la maledicencia, pero la calumnia no pasará, la mentira no encontrará terreno fértil", para eso están modificando el Código Penal incluyendo la figura de injuria a políticos. Esa es una amenaza rampante a todos los que estamos en contra de sus dichos y sus acciones.

El ex presidente de la República Dominicana Leonel Fernández, ha terminado un discurso sin precedente, ha ocupado el lugar del Presidente cuando ya no le corresponde, y si su objetivo era esclarecer a los que no estamos muy informados de los verdaderos números de la economía nacional, no lo consiguió pero sí ha conseguido con creces ponernos sobre aviso de sus dotes de demagogo, de político intolerante, ha conseguido dejar en claro su desprecio por los que se le oponen tratándolos de mentirosos, equivocados, y descalificándolos de manera amenazante, blandiendo una reforma en el Código Penal en el que esos calificativos pueden llevar a la cárcel a todo el que diga que no cree en su discurso”.

Después conseguí el discurso íntegro, el Proyecto de Reforma Tributaria -que como pasó sin discusión es lo mismo que la Ley que entrará en vigor a pesar de la oposición de la gran mayoría de los ciudadanos-, y mañana, con la fresca, comenzaré a leer despacio todo eso, pero lo que está más que claro para mi es que esta noche del martes 13 de noviembre de 2012, sucedieron en un día lo que nunca, o muy pocas veces, había sucedido en la República Dominicana.

UN GIGANTE DEL ARTE

El Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana Por M. C. † Isabel María Serrano Fuentes (1963-2023) (*) No echen de menos, los viejos h...