lunes, 20 de agosto de 2018

PUBLICA EL LISTIN LA CRITICA DE UN CONCIERTO QUE NO SE HA TOCADO

(Este artículo lo publiqué en 2014, pero por alguna causa que aún no descubro se quedó fuera de este blog; sin embargo, como forma parte de la Historiografía de la Música en la República Dominicana, debe ser recordado, así que ahí se los dejo)

El Listín Diario de Santo Domingo, ha publicado en su página de entretenimiento la crónica de un concierto que aún no se ha realizado. Aunque la página en la Internet fue retirada, todavía se podía ver a media noche la versión en caché, que también pudiera ser eliminada; sin embargo, en la página 58 del periódico impreso perdurará por mucho tiempo.

Foto: Fuente externa
Personalmente he podido conocer historias parecidas, como la de un periodista que no fue al concierto y publicó tal o cual comentario, o la crítica de una obra que no se llegó a tocar, o la crónica de un concierto que se suspendió, pero esto de publicar con más de 48 horas de antelación lo sucedido en un concierto, es algo absolutamente novedoso y futurista, un desliz que no debe pasar inadvertido por su significado. 

El periódico Listín Diario es uno de los más antiguos del país, de gran prestigio y según algunas estadísticas el más leído, en sus páginas se ha publicado crítica musical de muy alto valor. El Maestro Carlos Piantini en sus memorias, Los Sonidos y el Tiempo, en las páginas 54 y 55, refiriéndose a la crítica musical en Santo Domingo durante la primera mitad del siglo XX dice:

«Entonces casi todos los periódicos tenían en su nómina a un destacado crítico musical... [...]

En el Listín Diario estuvo Enrique de Marchena Durarric desde 1929 hasta su muerte, sucedida en 1988. Él [...] fue músico, compositor, diplomático y un intelectual de fuste, que ganó en 1982 el Premio Nacional de Música, "José Reyes" [...]

En el diario La Nación estaba Eugenio Fernández Granell. [...] (quien) había estudiado violín en el Real Conservatorio de Madrid y en Santo Domingo estuvo entre los miembros fundadores de la Sinfónica Nacional. Fue también pintor, poeta, narrador y publicó críticas musicales, literarias y de artes plásticas. Como poeta fue una figura importante en el movimiento de la Poesía Sorprendida, como pintor obtuvo críticas favorables y se convirtió en uno de los últimos surrealistas del siglo XX.

Por los periódicos La Opinión, El Caribe y La Nación pasó Manuel Valldeperes, quien utilizaba el seudónimo de Fidelio. [...]. Él estudió periodismo en Barcelona y ejerció en el diario Vanguardia desde 1934 [...]. Fue crítico de arte y publicó poesía, teatro y novela [...]

En La Opinión estuvo también Alfredo Matilla, quien fue designado Critico Musical de ese periódico en 1940 [...] Era Doctor en Derecho, diplomático y crítico musical".

Sin dudas aquellos tiempos ya pasaron, pocos especialistas hay en la prensa dominicana que se dediquen habitualmente a cubrir los eventos artísticos con la suficiente solvencia, y más allá del entretenimiento y el cotilleo de farándula no hay nada, algo que si bien es cierto es un mal de muchos -incluso en el llamado primer mundo-, no debe servirnos de consuelo.

Las artes todas no son merecedoras de livianas crónicas de farándula, la música sinfónica, de cámara, la ópera, el ballet, el cine, las artes plásticas, la literatura, la arquitectura, el teatro no forman parte del entretenimiento solamente, no se quedan en la capa que forma el espectáculo, sino que contienen mensajes y lecturas muy diversas, para las cuales la educación, la información y el conocimiento son elementos imprescindibles. 

Sin la preparación adecuada no es posible alcanzar el total disfrute de las Artes, no se puede llegar al Arte sin un conocimiento previo. Y es en ese ámbito de la información y la formación del público donde la educación artística y el periodismo cultural tienen su perfil. Pero tanto una como el otro han sido abandonados a su suerte, el periodismo cultural se convirtió en crónica de farándula, y la educación musical en el espectáculo de navidad y fin de curso, y aunque ese es un mal de muchos -incluso en en el llamado primer mundo-, no nos debe servir de consuelo.



23 septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:41 AM


Entretenimiento 23 Septiembre 2014

Concertista

Caonex Peguero seduce público en Teatro Nacional

Concierto. Las obras interpretadas por Caonex fueron la Obertura Carnaval de Dvorak, la Valse de Ravel y España de Chabier.

Arlene Reyes
Santo Domingo

El Teatro Nacional se vistió de distinción al tener en escena al reconocido concertista dominicano Caonex Peguero-Camilo.
La sala Carlos Piantini parecía conquistar los corazones de los presentes, al mezclarse la seducción del violín con el sonido angelical de la Sinfónica Nacional.
Las obras interpretadas fueron la Obertura Carnaval de Dvorak, la Valse de Ravel y España de Chabier.
Asimismo, el espacio se llenó de júbilo, al deleitar con el debut de Nicole Peña Comas en el concierto de cello de Lalo, y los estrenos del compositor dominicano, Darío Estrella.
La experiencia y la dedicación del maestro clásico son visibles y palpables. Peguero-Camilo ha realizado una importante carrera como concertista, ofreciendo más de 40 conciertos como solista y recitalista junto a orquestas en los más importantes escenarios de Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos y República Dominicana. Fue miembro prominente de la Orquesta de Cámara de Dallas, la Sinfónica de Phoenix, la Filarmónica de Rochester y el Cuarteto de Cuerdas ‘Medici’.
El aplaudido del arte musical dominicano se distinguió desde temprana edad, comenzando sus estudios de violín a los 10 años. A los 11 años debutaba junto al insigne compositor Julio Alberto Hernández y ya a los 13 era miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional. A los 16, se traslada a los Estados Unidos, donde obtiene los títulos de Licenciatura y Maestría de la prestigiosa Escuela Juilliard de Nueva York, bajo la tutela de la connotada pedagoga Miss Dorothy Delay.
En la actualidad es director Asociado de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, como asistente de su titular, el maestro José Antonio Molina. Ha sido director titular y fundador de la Orquesta Filarmónica del Cibao.


domingo, 19 de agosto de 2018

EL SOCIALISMO Y EL HOMBRE EN CUBA… EL REGGAETON Y EL QUIBÚ

Casando las noticias… camino del puente me iré

No, yo no soy síquico, los síquicos no existen, solo presto atención. El Mentalista.

El Quibú, antes de 1959, cuando Cuba era un país capitalista y a nadie le preocupaba el socialismo, era un río cristalino, de lo contrario la historia de la arquitectura en Cuba hubiera sido distinta.

Río Quibú, en su serpentear por el reparto Cubanacán,
otrora uno de los más lujosos en Cuba.
Foto: Fuente externa
Claro, yo tampoco soy psíquico, pero hago mi mejor esfuerzo por prestar atención. En eso, prestando atención, hace seis años, cuando se suscitó un conato de altercado entre el Instituto Cubano de la Música y algunos géneros musicales que estaban aflorando con mucha fuerza en los barrios de La Habana, escribí el artículo Contra el reggaeton y otras yerbas, en el que vislumbré que a todas esas manifestaciones culturales se le vendría encima una censura -espasmódica, violenta e hipnotizante-, como la que el socialismo le había impuesto en Cuba al jazz, al rock y a todo el que por pito o por flauta disintiera con el pétalo de una rosa de la voluble y monolítica política cultural de la revolución cubana; vislumbré -no por psíquico sino por haber prestado atención-, el fuerte gardeo que le vendría a todas las ventanas de información que como hipidos pudieran entreabrirse aquí o allí, tanto al muy tecnológico, «clandestino» y ultimageneracionista paquete semanal, como a los que cantan bajo la ducha.

Y a riesgo de perder el buen ritmo de este artículo debo hacer una digresión por si las dudas: Digo «voluble», porque puede adaptarse a cualquier escenario, esa licencia se la dan hasta los clásicos del marxismo, y como en Rebelión en la Granja es lícito y necesario escribir «digo» donde decía «Diego»; y «monolítica», porque no se aparta un ápice del dogma fundacional que reza: «Con la revolución todo, contra la revolución ningún derecho».

Y continúo: Después de seis años, en los que supongo el legislativo hizo estudios detallados, académicos, jurisprudentes y jurisconsultos, el pasado día 10 de julio, 14ymedio.com lanzaba al ciberespacio la Gaceta de Cuba en pdf, conteniendo el Decreto No. 349/2018, el que, después de leído, me resultó una ejemplarizante pieza de lo que debe y no debe hacer el hombre nuevo con el socialismo en Cuba, una icónica manera de apergollarlo, una vara para medir «quienes sí y quienes no».

No es difícil comprender, teniendo en mente las definiciones ya existentes en los manuales, discursos y propiamente en la PCRC, que este Decreto es una pieza ilustre del «mecanismo» que permite «la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudica el premio y el castigo a los que cumplen o atentan contra la sociedad (socialista) en construcción»[1], una pieza que «encaja perfectamente en el concepto de institucionalización como el conjunto de […] aparatos bien aceitados que permitan esa marcha»[2].

Hoy, la noticia que voy a casar con el Decreto viene de la mano de Luz Escobar, es una nota que aparece bajo el titulo: «Animales muertos, heces y plástico cubren el río Quibú a su paso por La Habana».

Pero y ¿dónde, se preguntará el lector, estará la compatibilidad de caracteres entre una noticia y otra? Pues allá vamos: Ese río Quibú no siempre estuvo así, no siempre fue fétido, putrefacto y contaminante como documenta el artículo, porque, si la lógica no falla, si hubiera sido así, los muy arquitectos e ingenieros que diseñaron el Country Club de La Habana no lo hubieran construido en sus serpenteantes riberas, jamás se les hubiera ocurrido crear en el curso de un río putrefacto uno de los barrios más lujosos de toda Cuba, no hubieran asentado, los muy capitalistas empresarios cubanos sus mansiones, muchas de las cuales son copias fieles de casas de películas o castillos medievales, donde hoy aún anida una buena parte de la rancia aristocracia en Cuba.

El Quibú, antes de 1959, cuando Cuba era un país capitalista y a nadie le preocupaba el socialismo, era un río cristalino, de lo contrario la historia de la arquitectura en Cuba hubiera sido distinta; sin embargo, después de 1959, cuando en medio del campo de golf del Country Club de La Habana, unos apócrifos golfistas barbudos y vestidos de verde decidieron enclavar allí una escuela de arte, comenzó el socialismo a cambiar al hombre en Cuba, a desviar el curso de los ríos, a demoler el medio ambiente y a la madre de los tomates.

Country Club de La Habana
Todos, los muy capitalistas que vivían en aquel lujoso barrio, fueron expropiados, el Country, con su campo de golf, no volvería a ser nunca más lo que fue, y aquel maravilloso espacio se convirtió en el hábitat de un arma de la revolución: el arte. Un arte, que al igual que el río comenzó a cambiar con el hombre, un arte que comenzó a recrear una sociedad  como el río, un río putrefacto que comenzó a mencionarse en canciones.

Pero ojo, si le prestamos atención a los textos, no es su vulgaridad o chabacanería lo que más hiere los oídos del hombre socialista en Cuba -porque la timba se las trae en eso de textos violentos, lenguaje de adultos y escenas que pudieran herir la sensibilidad del público-, sino a sus disparos directos al mono, sin jugar con la cadena, la verdadera ojeriza es a las denuncias sin ambages a los verdaderos culpables del desastre, los fogonazos públicos contra el sistema, entre los que puedo mencionar dos de certera puntería: Háblame, de Tribu Mokoya[3], y Mi Hermosa Habana, de Aldo y los Aldeanos.

No es a la estética a lo que le teme el Estado Socialista, sino a la ética: quienes hayan aprehendido la autocensura y jueguen con la cadena deben estar tranquilos, pueden seguir cantando, como Frank Delgado, su popular Río Quibú, e incluso, seguir escribiendo textos académicos, entre ellos la tesis de maestría que cita Luz en su artículo, publicada por Edgar Alexander Amaya Vázquez en 2015, en el que se afirma «que el origen de la contaminación de la cuenca del Quibú es de origen tanto doméstico como industrial». 

Orillas del río Quibú
Un texto en el que aparentemente no se avizora la verdadera causa del desastre[4], al menos en el texto citado por Luz y tampoco en lo que pudiera ser el resumen de la tesis que aparece en el perfil de LinkedIn del autor, donde se puede leer: «La investigación tiene como propósito contribuir con futuras acciones de gestión integrada que se realicen sobre la zona costera del municipio Playa, en La Habana, Cuba, para sensibilizar a la comunidad en general por su manejo eficiente y se gestione la participación de todos». Y aquí se declara que los culpables somos todos y de hecho la acción política así lo establece cuando son los propios ciudadanos los designados para limpiar la inmundicia[5], que no es más que el resultado del abandono en el que dejó el Estado Socialista al río Quibú y a la madre de los tomates. Menudo estudio.

Puede ser que aún no quede clara la compatibilidad de caracteres para casar a estas dos noticias, pero usted verá por dónde le entra el agua al coco: Simple, el Quibú, cuando era lindo y sus aguas eran claras y cristalinas, formaba parte del imaginario colectivo de los vates cubanos y muy probablemente, en uno parecido al Quibú, cuando era lindo, se inspiró Pituko Rigual para tirar su cariño al río. Para componer uno de los boleros más bellos de su tiempo, con un texto digno de cualquier antología.


Ahora, cuando el rio Quibú es una fuente de contaminación también forma parte del imaginario colectivo, es como el colectivo. Así que, a un Quibú contaminado corresponde -y allá los marxistas con su materialismo histórico, su realidad objetiva y su última instancia-, un arte que recrea esa contaminación. El Decreto y el Quibú son la expresión genuina del socialismo y el hombre en Cuba.

Si alguien tiene algo que decir, que hable ahora o calle para siempre.

 



[1] Guevara, Ernesto. 1988. El socialismo y el hombre en Cuba, La Habana. Editora Política. 14
[2] Ídem.
[3] «Háblame de ti, de tus mañas, tus estupideces,
Y de un comunismo fusionado con tus intereses
Del odio que crece por oírte hablar tantas sandeces
Y de la miseria porque el pueblo no se lo merece»
[4] Debo advertir que el texto íntegro de la tesis no lo pude encontrar en la Internet, pero sigo buscándolo.
[5] Cfr. Ángela Corvea Martínez. Acciones de limpieza en el río Quibú. [En línea] [Consultado el 19 de agosto de 2018] Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146840

viernes, 17 de agosto de 2018

NOS AHOGARÁN NUESTRAS HECES ANTES QUE EL PETRÓLEO DEL GOLFO

(Este artículo lo publiqué en 2010, pero por algún motivo que aún no descubro se quedó fuera de este blog; sin embargo, de estas y otras travesuras estamos rodeados, así que ahí les va para que recuerden)


La creación en Santo Domingo de una comisión para monitorear el curso del derrame de petróleo que afecta el Golfo de México, por un desastre en una de las plataformas de BP, profana la inteligencia.

Según una nota que circuló en medios nacionales y extranjeros «el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales creó una comisión permanente para monitorear el curso del derrame de petróleo que afecta el Golfo de México, ante la posibilidad de que por efecto de la temporada ciclónica, afecte las costas dominicanas».

La ineficacia de las instituciones del Estado Dominicano, la estulticia de sus funcionarios y la modorra de todos nosotros propician que para cualquier «periquito» se cree una comisión. No es suficiente lo ya creado, sino que es necesario más y más aparataje. Más y más despilfarro de dinero, más y más gasto de tiempo, más allante, más simulación de que se emplea la fuerza de trabajo y la inteligencia en solucionar «gravísimos problema»”.

La creación en Santo Domingo de una comisión para monitorear el curso del derrame de petróleo que afecta el Golfo de México, por un desastre en una de las plataformas de BP, profana la inteligencia.

El petróleo que se derrama en el Golfo de México no llegará a las costas dominicanas si antes no se produce un cataclismo de proporciones bíblicas para las cuales no está preparada la Humanidad.

La Corriente del Golfo o Gulf Stream lo impide, pero no solamente eso, antes de llegar a las costas de Puerto Plata ese petróleo subiría por toda la costa este de los Estados Unidos y llegaría hasta Canadá, después atravesaría el Océano Atlántico y bañaría las costas de la Península Ibérica, y de regreso haría la ruta descubierta por Cristóbal Colón hace más de cinco siglos, que parte de la península ibérica, donde nace la corriente de las Canarias; al sur de estas islas viraría bruscamente al oeste y desembocaría en la Corriente Ecuatorial del Norte. 

Sobre esta última corriente atravesaría el Océano Atlántico en la zona de alisios del este y llegaría a las costas de Cuba y La Florida, por lo que finalmente el petróleo que se derrama ahora en el Golfo de México no llegaría a Puerto Plata, ni siquiera después de darle la vuelta al Océano… del mismo modo que Colón llegó primero al oriente de Cuba y después, en navegación de cabotaje, a La Hispaniola en aquellos lejanos días de diciembre de 1492. 

Si después de todo ese recorrido del petróleo que ahora se derrama en el Golfo de México queda algo vivo en esta parte del planeta, será muy poco lo que podrá hacer la comisión creada por Medio Ambiente.

Lo que sí puede y debe hacer ahora el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales es prever cómo se abastecerán de agua potable las decenas de torres que se elevan hacia el cielo de Santo Domingo y a dónde se irán las toneladas de excremento que en ellos produciremos. Eso sí es una necesidad perentoria, sobre todo si a ojos vista no alcanza el agua potable ni para quienes la pagan y se derrama casi la mitad de la que se bombea. A ojos vista las aguas negras salen por cualquier esquina y se empozan no solamente en los barrios marginales sino frente a cualquier centro comercial de la ciudad.

Sin suficiente agua potable y con aguas negras jugueteando por las esquinas, sin suficiente energía eléctrica para conservar los alimentos, con miles de vehículos automotrices en malísimas condiciones contaminando el aire que respiramos, con cero intolerancia ante los vertidos tóxicos de las fábricas, con cero intolerancia ante quien tira la basura en la vía pública, con cero intolerancia ante quienes manipulan de mala manera los desechos sólidos, con la total incapacidad de las instituciones para reciclar la basura que sale de nuestras manos, cuando las heces en esta ciudad capital nos llegan a las narices es demasiado cuesta arriba pensar que el peligro a nuestro medio ambiente nos vendrá del petróleo que se vierte hoy en el Golfo de México.

Pero ya lo dijo quien lo dijo: «Si no los puedes convencer, confúndelos».

jueves, 16 de agosto de 2018

LA RESEÑA COMO PARTE DE LA CRÍTICA LITERARIA (*)


Por Roberto Sotolongo[1]

La reseña crítica no puede dejar de ser noticia y análisis somero de una obra literaria. Si transgrede esos límites deja de serlo para convertirse en otra cosa, en algo de mayor envergadura. Entonces pierde su utilidad y deja de funcionar como tal.

Roberto Sotolongo (1956) ©ags
Como sabemos todos los que hoy ocupamos un espacio aquí, el problema de la crítica es antiquísimo, al igual que el de la propia literatura. Y pudiéramos –no lo haremos, por supuesto– evocar nombres como el del crítico que fue Aristóteles, o el de otros, seguidores o no, innovadores o no. Pero creo una obligación de mi parte atenerme al origen de la palabra crítica.

Conocemos bien que esta proviene del griego [krinein], que significa juzgar, opinar. Es decir, criticar implica definir el valor que posee una creación, y no se restringe solo a descubrir los defectos que en ella existan, sino, además, señalar virtudes. Lo mismo en una actividad humana que en otra. De ahí que exista una crítica científica, filosófica, estética, artística, etc.

Ahora bien, aunque este concepto ha evolucionado extraordinariamente hasta nuestros días, la esencia de su significado se conserva. Del mismo modo podemos seguir contando con su clasificación tradicional, a saber: en dogmática, impresionista e histórica. Durante centurias enteras preponderó la crítica dogmática, en la que el crítico hacía el análisis partiendo de un concepto predeterminado sobre las categorías de lo bello, el arte y la literatura: los textos que estaban en correspondencia con ese concepto se consideraban buenos, y los que no, eran reprobados. Recordemos lo que ocurrió con la tromba poética de Walt Whitman a la vista de sus contemporáneos norteamericanos.

En cambio, la crítica impresionista expresa el efecto provocado por la obra en el lector-crítico, impresión que debe enriquecerse y de cierto modo superarse a través de un análisis concienzudo. Por su parte, la crítica histórica juzga la obra atendiendo a la época en que se produjo y lo que ella significó en el momento de ser elaborada. Por cierto, es muy frecuente la interrelación entre estos dos últimos tipos de crítica. En cuanto a la crítica literaria, igualmente aparece en la antigüedad con grandes de la talla de Cicerón y Quintiliano. Y en España, cuna de nuestra lengua, tuvo su desarrollo entre los siglos XVII y XVIII. Después conocemos nombres como los de Clarín, Menéndez y Pelayo, Azorín y Emilio Bobadilla «Fray Candi», etc. Sean cuales fueren las definiciones de la crítica literaria, lo absoluto es que el crítico de este tipo deviene una especie de intermediario entre la obra y el público, pues en todo momento emitirá un juicio sobre la primera. De ahí la responsabilidad que asume, pues si bien toda obra literaria es la transformación en lenguaje y espíritu de la experiencia del autor, así la crítica de la obra implica la conformación de la experiencia del lector como crítico.

No hay duda de que en nuestros tiempos tal como en la antigüedad la crítica literaria «significa apreciación, valoración, juicio, entendimiento» de la obra literaria, ya sea adversa o favorable a esta, aunque como aceptadamente ha afirmado Antonio Alatorre «no hay aquí nada por cierto negro ni cien por ciento blanco»[2]. Ciertamente, siempre me gusta poner el ejemplo de los lectores de las novelas del oeste. Hay quienes se escandalizan ante este tipo de literatura, viéndola como «la negación misma de la creación literaria». Sin embargo, como librero, me siento feliz ante la cantidad de lectores de estas novelas, pues en ellos también se crean emociones y se operan mejorías con dichas lecturas. 

Ello es la mejor prueba de que toda obra literaria tiene valores, y el deber del crítico es descubrirlos, y no solo señalarle los lunares… Lo triste para mí es esa masa de no-lectores, esa parte del público que no conoce la apasionante aventura que significa leer; es necesario insistir que en la crítica literaria se identifican sujeto y objeto. Por tanto, puede afirmarse que toda crítica literaria es subjetiva. No existe crítica objetiva. Otra cosa es hablar de la objetividad del crítico. ¿En qué sentido? En el sentido de que quien ejerza la crítica debe estar desprovisto de todo sentimiento de simpatía o de antipatía, ya sea por amistad o enemistad, con el autor, o por la impresión que le causa la fama de este.

Es decir, la objetividad de la crítica consiste en que el crítico literario se limite exclusivamente al texto que tiene ante sí. Solo así el crítico literario podrá llegar a ser un verdadero creador. Y lo será si coparticipa en el mensaje de la obra objeto de su crítica. Mario Benedetti lo ha llamado «lector cómplice». Y Norma Pérez Martín ha dicho: «cómplice, no verdugo, ni contemplador distraído».

Todo lo que hemos expresado hasta aquí puede atribuírsele a lo que se conoce con el nombre de reseña crítica, teniendo claridad –sobra decirlo– de lo que ella significa. La reseña crítica no puede dejar de ser noticia y análisis somero de una obra literaria. Si transgrede esos límites deja de serlo para convertirse en otra cosa, en algo de mayor envergadura. Entonces pierde su utilidad y deja de funcionar como tal.

Precisamente la utilidad de la reseña crítica emana de esa noticia centellante que trasmite sobre determinado texto, noticia que no debe carecer de un análisis simple, sin profundizar en el tema. Muchas son las funciones que pudiéramos señalarle a la reseña crítica, pero prefiero enumerar solo estas:

• Orientar el juicio del público sobre la obra literaria, más bien llamar la atención sobre esta.

• Convertirse en una ayuda para el lector, sean estos críticos o no.

• Restituir la unidad que existe entre literatura y realidad, o sea, entre la obra objeto de la reseña crítica y la realidad.

• Mediar entre el lector y la obra de manera dinámica, breve y evitando a toda costa la paráfrasis.

Todas estas funciones redundan en la utilidad inobjetable de la reseña crítica, utilidad avalada por el fructífero tiempo de su existencia y por tantos grandes críticos que la han cultivado con esmero, confianza y respeto.

Muchas gracias.

(*) Conferencia dictada por el autor en la Sala Mecenas, de la Biblioteca Ateneo «Dionisio San Román» de la ciudad de Cienfuegos, el día 31 de marzo del 2008, en el acto de premiación del Concurso Nacional de Reseñas Literarias «Segur» 2008.



[1] Roberto Sotolongo (Aguada de Pasajeros 1956) Es graduado en Filosofía por la Universidad Lomonósov de Moscú. Narrador, poeta e investigador. Miembro de la Sociedad Cultural «José Martí». En 1976 Obtuvo el Premio Nacional de Narrativa. En 1987 obtuvo Primer Premio en el Concurso Provincial «Raúl Aparicio». Ha publicado cuentos, poemas y artículos en Conceptos, Creación, Revista cultural Ariel y en el Boletín Literario Mercedes Matamoros.

[2] Teoría de la crítica y el ensayo en Hispanoamérica. Colectivo de autores. Editorial Academia, La Habana (p.18)

lunes, 13 de agosto de 2018

EN CUBA: «DEBATE», «CONSTITUCIÓN» Y «DEMOCRACIA» vs CORRECCIÓN, NORMATIVA Y DICTADURA.

Me da miedo, pero no le cambiaré ni una coma

Imaginen que, en sus países, en las próximas elecciones, solo tengan un candidato, o muchos, pero todos del único partido permitido, que tengan por constitución el recipiente en el que se vierten las normas de ese partido único. Piensen que elegir, en sus países, pudiera ser tan traumático como votar en el Vaticano por un papa musulmán.  

Foto: Fuente externa
Este llamado «debate» no ha sido y no será más que un bonito trabajo para aumentar el texto y corregir el estilo, esta vez con un espíritu más académico, es cierto, y sin la tutela del Gran Hermano, pero con el mismo objetivo: marear a los desprevenidos, que son muchos, y nada más.

Y a quienes estén mareados, hacerles pasar otra vez por Constitución Cubana lo que en realidad no es más que una normativa, un documento que reafirma al PCC como «la fuerza dirigente superior de la sociedad» -según reza el Artículo 5, versículo 38 del «Proyecto»-, y que el PCC es el único que tiene el deber y el derecho de decidir sobre los destinos de toda la sociedad, lo que implica, de paso, que existe una clase inferior, incapaz de dirigirse por sí misma; así que, quienes estén mareados, entenderán que así es la «democracia», o al menos así es en Cuba, distinta, como algún día dijo Mel Zelaya en una entrevista, pero democracia al fin.
Con el mareo se consigue la deformación en el pensamiento colectivo de, por lo menos, tres conceptos básicos: «debate», «Constitución» y «democracia». Es el «gato por liebre» que se le vende a los desprevenidos, es la prestidigitación de las palabras que dura ya más de seis décadas. Es la práctica, durante más de sesenta años, que ha impuesto el concepto de Constitución a lo que no es más que la «Normativa» de un partido, el concepto de Democracia a lo que no es más que una «Dictadura», y el concepto de Debate a lo que no son más que revisiones de textos y estilo en documentos en los que no se puede disentir del autor.

Esta es la esencia del llamado «Proyecto de Constitución de la República de Cuba». No hay ni un paso atrás, como afirma Oppenheimer, ni uno adelante, porque este es el mismo cuadro que se plantea desde hace seis décadas, ni un paso atrás, ni uno adelante, no me dejo marear con este discurso, en el que se le llama «Constitución» a la normativa del partido único, «debate» al aumento y corrección de textos y estilo y «democracia» a lo que no es más que la dictadura de un partido.

Por eso en mi criterio, quienes escuchan deben tratar de pensar como el otro, aunque este ejercicio sea tan demandante como hacer 100 lagartijas. Pónganse en el pellejo de quienes pueden «debatir», pero tan solo si tienen el cuidado de no disentir de lo normado, de no romper la normativa, de colar las palabras por el estrecho aro del dogma que reza: con la revolución todo, contra la revolución ningún derecho, o lo que pudiera ser interpretado también como: con el partido todo, contra el partido ningún derecho, o también: con Dios todo, contra Dios nada.

Imaginen que, en sus países, en las próximas elecciones, solo tengan un candidato, o muchos, pero todos del único partido permitido, que tengan por constitución el recipiente en el que se vierten las normas de ese partido único. Piensen que elegir, en sus países, pudiera ser tan traumático como votar en el Vaticano por un papa musulmán.  

Entonces podrán sobrevivir al mareo, descubrir la prestidigitación de palabras y entender que, en Cuba, todo cambiará para que todo siga igual, y nadie pueda dar un paso atrás ni uno adelante.

Nota: Después de haber releído este comentario, me siento como Virgilio en la Biblioteca Nacional de Cuba por aquellos días de 1961, pero como él, lo soportaré y no borraré ni una coma de lo escrito. Solo le pido perdón a mi familia, que tanto se preocupa por mí cuando no puedo colar las palabras por el estrecho aro del dogma.

Para bajar el Proyecto íntegro pinche aquí:

PA´LO QUE SEA LEONEL, PA´LO QUE SEA

(Este artículo lo escribí en 2010, hace dieciocho años, casi dos décadas, pero se quedó fuera de este blog por algún motivo que aún no descubro; sin embargo, a la luz de los hechos, está tan actualizado como si lo hubiera escrito hoy, así que ahí les va. Haga usted los pequeños ajustes temporales que correspondan)

Sea por maldición, destino manifiesto o fatalismo geográfico en nuestro continente los dictadores se dan más y mejor que la verdolaga, y tenemos a la vista una nueva ronda de ellos, un atado que a diferencia de los anteriores procede de la llamada izquierda.  


Foto: Fuente externa
Para quien ha sido adoctrinado por una dictadura, ha tenido la suerte de escapar de ella y la capacidad para desprogramarse es fácil discernir con claridad si las intenciones de un político son las de respetar las instituciones y así la democracia, o las de erigirse en un nuevo caudillo. Sobre todo, cuando esos políticos son poco originales, trillan caminos conocidos y se acercan en público y privado a los dictadores más notorios del momento; entre ellos, Fidel y Raúl Castro y el «adelantado» Hugo Chávez.

Por eso puedo ver que no son inocuos e inocentes los aprestos reeleccionistas de Leonel Fernández, sino los deseos de perpetuarse en el poder, de establecerse como uno más en el retablo de caudillos que ya se acomoda en el panorama futuro de nuestra América.

No son ingenuas las manifestaciones de apoyo irrestricto que el Presidente ha recibido de un puñado de aduladores que avergüenzan -«lambones» dijo el chofer del carro público cuando comentó la noticia-, quienes declaran sin ambages que apoyarán al Presidente tanto si decide reelegirse como si no.


Hay que tener muy pocos valores morales para declarar semejante cosa, algo que para oídos desprevenidos tiene poca importancia; sin embargo, es jugada clásica en la historia de las dictaduras, es, para la vida de las instituciones democráticas, un mazazo en donde más duele, un disparo a quemarropa a las libertades y al Estado de Derecho.

Sea por maldición, destino manifiesto o fatalismo geográfico en nuestro continente los dictadores se dan más y mejor que la verdolaga, y tenemos a la vista una nueva ronda de ellos, un atado que a diferencia de los anteriores procede de la llamada izquierda –dicho sea de paso, el ala política que más eficacia ha demostrado a través de la Historia para perpetuarse en el poder-, y entre ellos se deben amores que de contarlos rebasarían los fines de este post.

Foto: Fuente externa
Es muy fácil saber lo que viene después de esas consignas cuando se han vivido sus consecuencias, cuando a los gritos de «pa´lo que sea Fidel, pa´lo que sea», sucedieron tropelías inauditas, desde la cárcel, el destierro y el paredón para los opositores, hasta la intervención de tropas castristas en conflictos extraterritoriales; es fácil saber lo que viene después cuando se conoce que a la sombra de aquellos lemas se entrenaron en suelo cubano hombres y mujeres que esparcieron el terrorismo, que inocularon durante décadas en la juventud de los cinco continentes «la inmaculada» leyenda de «la lucha armada como único camino para alcanzar la verdadera libertad e independencia», cuando se sabe que aquella consigna fue el báculo ideológico para cometer crímenes de Estado y para intervenir en conflictos internacionales bajo el eufemístico acápite del «internacionalismo proletario».

Es atormentador escuchar esas consignas cuando están echadas las bases para perder de un porrazo las libertades de las que hoy gozamos. Y si sucede que no somos suficientes los ciudadanos con vocación para impedir la perpetuidad en el poder de los nuevos caudillos, los años por venir serán terribles. Ojalá que me equivoque, ojalá.






viernes, 10 de agosto de 2018

MANUEL SIMÓ: CUARTO DIRECTOR TITULAR DE LA OSN-RD (1959-1980)


Las Vanguardias Artísticas del siglo XX

Escuchar lo que no queremos y tolerarlo es uno de los principios más elementales de la democracia, pero también la bujía que enciende los motores que nos impulsan en el infinito camino del conocimiento.

Manuel Simó (1916-1988)
El 9 de agosto de 1959 Manuel Simó (1916-1988) fue nombrado Director Titular de la OSN-RD,[1] cargo en el que se desempeñó hasta el 28 de enero de 1980, cuando fue nombrado en ese puesto el maestro Jacinto Gimbernard[2]. Quizás uno de los logros artísticos más notables en la labor del Maestro Simó como director de la Orquesta fue su interés por llevar a los atriles las obras que marcaron la estética del siglo XX.

De tal modo, desde sus primeras apariciones como invitado en el podio, propuso obras de autores contemporáneos; entre ellas, Pastoral de verano, de Arthur Honegger (1892-1955) -que si bien es una obra con fuerte influencia del impresionismo, lleva el aroma de las vanguardias-; Sinfonía No. 5 para orquesta de arcos, de Carlos Chávez (1889-1974); Retrato de Lincoln, Rodeo y Obertura al aire libre, de Aaron Copland (1900-1990); La sinfonía de los salmos y la suite de El Pájaro de fuego, de Igor Stravinski (1882-1871); El Teniente Kije, de Serge Prokófiev (1891-1953); La sinfonía simple, Op. 4 y Matinées musicales, Op. 24 (Rossini suite No. 2), de Benjamín Britten (1913-1976); Homenaje a Federico García Lorca y Sensemayá, de Silvestre Revuelta (1899-1940); Suite San Pablo, de Gustav Holst (1874-1934); Sinfonía concertante para piano y orquesta, de Héctor Tosar (1923-2002); Intermezzo de Harry Janos, de Zoltán Kodály (1882-1967); Tres danzas del ballet Gayané, de Aram Jachaturián (1903-1978); Danzas del ballet La estancia, de Alberto Ginastera (1916-1983); Concierto en fa, de George Gershwin (1898-1937); y El Flautista increíble, de Walter Piston (1894-1976).

Tan alto llegó el interés del Maestro Simó por las vanguardias y los compositores vivos, no solamente dominicanos sino de todo el mundo, que presentó como parte de la Temporada de Primavera del año 1969 un ciclo de dos conciertos titulados «Fluxus Música de Vanguardia», que estuvieron precedidos por dos conferencias en el Auditorio del Palacio de Bellas Artes; una, el día 14 titulada Fluxus-Media, a cargo del pianista, compositor y crítico musical Francis Schwartz; y otra, el 15, titulada Técnica y estética de la música contemporánea, a cargo del compositor y pedagogo Rafael Aponte-Ledée, ambos codirectores del Grupo Fluxus.

El primero de estos conciertos fue el día 16 de mayo, en el Auditorio del Palacio de Bellas Artes y el programa estuvo integrado por: Sincronismo, de M. Davidevski; Ambage, de R. Reynolds; Seis piezas para piano, de Arnold Schönberg; Magna II para cuatro trombones, de G. Paraskevaidis; Time-Light, de F. Schwartz; Ekphonesis III, de A. Lanza; Tres piezas en forma de pera, de Erik Satie; y Presagios de pájaros y muertos, de R. Aponte Ledée.

El segundo concierto tuvo lugar el día 18 en el mismo lugar y estuvo integrado por las siguientes obras: Tres piezas del Chu-U, de Kaseu Fukushima; Density, de Edgar Varese; Un pájaro de papel en el pecho dice que el tiempo de los besos no ha llegado, de R. Aponte Ledée; Omagio a Joyce, de Luciano Berio; Juego uno, de Mariano Etkin; y Lectura sobre la nada, de J. Cage; y Auschwitz, de F. Schwartz.

Los objetivos y los resultados de aquellos empeños del Maestro Simó, los describe Arístides Incháustegui de la siguiente forma:

El movimiento Fluxus, originado en Estados Unidos bajo la influencia de John Cage, había actuado previamente en Buenos Aires, Montevideo y Puerto Rico.

Los responsables de estas presentaciones en el país las consideraron como una confrontación con la realidad local que serviría para planear futuras actividades en colaboración. Estos proyectos no llegaron a materializarse debido a la indiferencia del público y los profesionales de la música locales de entonces, y quizás en esa actitud de rechazo a lo nuevo se pueda encontrar la causa determinante de que músicos, público y críticos dominicanos se quedaran al margen de las inexorables corrientes de la intelectualidad musical vanguardista.[3]

A pesar de estos esfuerzos encaminados a sintonizar al público, los músicos y la intelligentsia dominicana con lo que acontecía en el arte musical en las plazas más importantes del mundo, Simó «enfrentaría, desde los días iniciales de su trabajo con Casal Chapí, críticas por su adhesión al lenguaje musical contemporáneo».[4] Estas críticas, que se basaban en la supuesta falta de elementos nacionalistas en sus obras, Simó las rebatía con argumentos como este:

¡Qué importa que las bases de nuestros conocimientos hayan tenido otro origen si somos nacionalistas y sentimos como dominicanos; por ende, tanto la música con base folklórica como la que usa métodos modernos, si es obra de un dominicano, pues es dominicana! [5]

Escuchar lo que no queremos y tolerarlo es uno de los principios más elementales de la democracia, pero también la bujía que enciende los motores que nos impulsan en el infinito camino del conocimiento; sin embargo, al día de hoy, agosto 10 de 2018, cuando se desgrana ante nosotros la segunda década del siglo XXI, todavía la música académica en la República Dominicana tiene esa asignatura pendiente con el arte musical del siglo XX, el repertorio que abordan los músicos, las academias y las orquestas, no incluye ese periodo tan importante en la Historia de la Música, y si no lo hacen sonar, sea este de vanguardia nacional o extranjera, nunca formará parte de los hábitos de escucha del pedagogo, el músico y el público.

Solo la abulia de la intelligentsia dominicana es responsable de eso, y el no haber querido estudiarla, escucharla e interpretarla a profundidad nos ha mantenido alejados de la estética de ese periodo -tan lejano ya-, de las Vanguardias Artísticas del siglo XX, donde se encuentran muchas de las claves de lo que suena hoy en los cuatro puntos cardinales del planeta.

Manuel Simó lo intentó, pero aún no ha sido escuchado, a pesar de haber escrito «las páginas académicamente más consistentes del repertorio culto dominicano».[6]



[1] Incháustegui, 1998 440
[2] Incháustegui, 1999 341
[3] Ídem. 92, 93
[4] Jorge. 2010 176
[5] Simó. 1982. Citado por Jorge. 2010 176
[6] Jorge. 2010 177

Bibliografía
Incháustegui, Arístides y Blanca Delgado Malagón. 1998. Vida Musical en Santo Domingo (1940-1965), Santo Domingo.

Incháustegui, Arístides y Blanca Delgado Malagón. 1999. Vida Musical en Santo Domingo (1966-1996), Santo Domingo.

Jorge, Bernarda. 2010. Caracterización del modernismo en la música dominicana 1940-1945. Santo Domingo. Editora Nacional.

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